Sarkozy se parece a Napoleón. Tiene la misma estatura física, y pretende tener su estatura política e histórica. Se presenta como el gran patriota, animado a devolver la grandeza a su país. Y pretende estar por encima de las minucias burocráticas de los partidos para convertirse en el gran líder de la Nación.
Por las pretensiones de grandeza de SuperSarko no estaban claras, hizo preparar el mismísimo Pacio de Versalles para recorrer su alfombra roja entre espadas alzadas del Ejército, después de siglo y medio. La última vez que se organizó una reunión del Senado y de la Asamblea allí fue en 1848, convocada por Luis Napoleón. El hiperactivo Sarkozy quiere ser Rey de la República Francesa.
Pero no le sonríen los datos. Su popularidad sigue estancada en los 40 puntos. No le basta con “triangular” como hace usualmente. El último ejempo ha sido el nombramiento de un sobrino de Mitterrand en su remodelado gabinete.
Desde que es presidente de Francia, Sarkozy ha ofrecido puestos clave a sus “adversarios” socialistas, en lo que llamamos gestos de “triangulación”, en forma de guiños al campo enemigo. Ahí cuadraban Kouchner en Exteriores o Besson en Inmigración. El lo llama “apertura”, y nosotros vemos deseos de mostrar grandeza y generosidad. Pero en las encuestas no se refleja tanto… Quenes sí parecen notarlo son los magullados socialistas, deprimidos y rotos por dentro.


