Debía correr 2000 o 2001 cuando se produjo en el socialismo madrileño la elección del nuevo secretario general. Era un congreso convulso, como todos los del Partido Socialista de Madrid de los últimos lustros. Yo andaba por allí ayudando en el discurso del candidato finalmente perdedor, José Antonio Díaz. Un tipo del que no he vuelto a tener noticias, un tal Alvaro, se descolgó aquella tarde con una idea peregrina:
- Ya lo tengo – dijo – “Tengo un sueño”… “el sueño de un partido socialista unido… Sueño que nuestras compañeras y compañeros…
Los diez que andábamos allí dando ideas para el discurso de marras – (imagínate, diez para un discurso… pandilla de inútiles éramos…), nos miramos atónitos. Aquel individuo pretendía emular a Martir Luther King en un congreso a navaja volante en la federación socialista de Madrid…. Un despropósito que finalmente no cometimos, claro.
Me ha acordado de esta pintoresca anéctoda porque Félix Ovejero Lucas ha escrito recientemente en un artículo maravilloso en El País en el que habla de la necesaria coherencia entre quién habla, lo que dice, cómo lo dice, y el momento en qué lo dice. Difiero en las cosas que dice sobre Zapatero, y difiero porque algún dato tengo que seguro el profesor no conoce, pero me parece que apunta muy bien y acierta en el diagnóstico general. No te lo piedas.


