Acabamos de publicar en El Molinillo de ACOP y en la web de Asesores de Comunicación Pública un artículo muy interesante escrito por John Shosky en la revista Total Politics en el que hace una analogía entre el ataque al adversario y el “momento drácula” tan de moda últimamente. Aquí os dejamos el artículo traducido.
“El momento Drácula” por John Shosky.
Jimmy Carter habló repetidamente sobre las soluciones gubernamentales para los problemas de la nación. Llegados a un punto, comenzó una elocuente referencia al sistema sanitario: seguridad social para los ancianos, control de gastos, fondo sanitario de emergencia para aquellos que se enfrentan a inesperados y costosos tratamientos -cuestiones de peso para que el gobierno financiase un seguro de salud nacional- concluyendo así: “Gobernador Reagan, otra vez, como es habitual, estará en contra de tales propuestas”. Reagan sonriente después de cada una de las apreciaciones de Carter, respondió encantado, casi riéndose: “Ya empiezas otra vez“.
Fue mucho más que una frase despectiva. Carter defendía más programas gubernamentales, más gasto federal, más impuestos, y más erosión de la libertad individual. Reagan, por su parte, se mostraba a favor de menos intervencionismo, menores porcentajes de gasto público, menos impuestos, menos intrusión en la libertad individual. El contraste estaba claro; el comentario lo dijo todo. Y con ese comentario Reagan hizo que se notara más la diferencia. Fue a la yugular. El periodista Bret Schulte examinando el debate el año pasado, dijo que la frase de Reagan “perforó la presidencia de Carter”, y la conclusión es que fue un “golpe ganador”.
Cuando un político ataca la yugular, significa, por lo general, que están cortando la vena con un argumento con el objetivo de debilitarla, y aprovechando que la vena está abierta, rasgarla hasta que llegue el momento en que se haya derramado tanta sangre que el argumento pierda sustento y muera.
¿Cómo hacerlo? En realidad, es una estrategia política para hematólogos. Por lo general, se desarrolla en varias etapas:
1. Busca una debilidad devastadora
La mayoría de los argumentos en la arena pública se refieren al toma y daca de la actividad política, intercambios, un grupo heterogéneo de argumentos buenos y no tan buenos. Atacar a la yugular es un intento de exponer una debilidad que es letal. ¡Cuando la haya encontrado, no hay desvío, reanimación, transfusión o torniquete posible! ¡La idea es dejar que sangre!
¿Cómo encontrarla? A veces hay que mirar detrás de los titulares o más allá de la sucesión acontecimientos. A menudo, la retórica política está diseñada para desviar la atención de la debilidad. Por eso no debe seguir a su oponente tanto como buscar lo que usted necesita. Y la debilidad del discurso de su oponente puede aparecer en un error espontáneo. Así que busque una debilidad. Sea paciente. Si no es evidente a priori, es probable que aparezca en el transcurso de una discusión. Casi siempre, la encontrará ahí.
2. Aprovechar el momento
Cuando su oponente cometa el error, abaláncese sobre él. No desaproveche la ocasión. Una oportunidad no se presenta dos veces.
He aquí un ejemplo. En 1990, Louis W. Sullivan era Secretario del Departamento de Sanidad de Estados Unidos. El Dr. Sullivan era un eminente hematólogo, fundador del Morehouse School of Medicine, una facultad tradicionalmente de médicos de raza negra en Estados Unidos.
Sullivan fue atacado a comienzos de agosto de ese mismo año por Pete Stark, un congresista del norte de California. Stark, que era blanco, llamó a Sullivan “vergüenza para su raza” porque “no tenía la valentía” (de oponerse a las políticas de la Administración Bush que perjudicaban a los ciudadanos pobres y pertenecientes a minorías). Sullivan respondió en cuestión de minutos exigiendo una disculpa, diciendo, con efecto devastador, “¡Yo no trabajo en la plantación de Pete Stark!”. Este acalorado comentario cambió el debate, e hizo pedazos la yugular de Stark. Sullivan agregó, “deseo que tenga el coraje de hacerme sus comentarios a la cara”. La Casa Blanca tachó los comentarios de Stark de “intolerantes” y fueron distribuidos por los medios de comunicación con entusiasmo. Stark, que fue desautorizado incluso por su propio partido, dijo más tarde “La pifié”. ¡Si señor!
3. Hacerlo Explotar
No es suficiente identificar el error y atacar a la yugular. La retórica debe centrarse de forma inamovible. No introduzca nuevos temas. Manténgase en dicho error y hágalo crecer. Colapse el argumento. Éste es el lugar para ampliar enormemente su respuesta -que sea más grande, ¡mucho más grande! Éste es el momento en el que usted debe utilizar su tiempo, dejando el tema de lado sólo cuando haya hecho tanto daño como le sea posible. Así que no hable sólo de sus razones para oponerse, destruya el argumento de su adversario. Aquí puede ganarlo todo.
He aquí un caso clásico de corte de yugular, extracción de sangre y desecho de la misma; un caso que perdura en el tiempo y nuestras memorias hasta el día de hoy. A finales de junio de 1960, el ex Presidente Harry Truman pronunció un discurso afirmando que el candidato presidencial Jack Kennedy era muy joven y sin la suficiente experiencia para ser Presidente. Asunto complejo para una respetable cifra. Kennedy contrarrestó su efecto en una conferencia de prensa televisada. Argumentó que no debía existir un “test de madurez” para políticos que rondan los 40 (Kennedy tenía 43). Luego fue a por todas. Para ello, dijo, que se le habrían negado al pueblo las contribuciones de Theodore Roosevelt, William Pitt (apodado el Joven) y otros. Pero no paró ahí. Siguió: “Excluir de cargos de mando y responsabilidad a todos aquellos por debajo de 44 años habría alejado a Jefferson de escribir la Declaración de Independencia, a Washington de dirigir el Ejército Continental, a Madison de la paternidad de la Constitución, a Hamilton de servir como Secretario del Tesoro, a Clay de ser elegido Presidente de la Cámara, e incluso a Cristóbal Colón de descubrir América”
Añadió que, hasta ese momento, América había tenido seis presidentes que rondaban los cuarenta. Así que si estas personas no estaban cualificadas para cumplir el cargo, entonces, ¿quién lo estaría? Si sólo los viejos pueden asumir la responsabilidad, el vigor y la resistencia de la juventud se podría perder. Ciertamente, Kennedy ganó esa polémica con un “quién es quién” de líderes americanos.
La sangre llama la atención. Usted no tiene que hacer todo el trabajo. En algún momento los medios de comunicación le tomarán el relevo. Ellos huelen la sangre. Los medios de comunicación son buenos para hacer añicos algunos argumentos. Déjelos aporrear y machacar. Deje que muestren el vídeo una y otra vez. Deje que los “think tanks” participen (recuerdo una grandiosa y devastadora sesión sobre “políticas de las plantaciones” en un think tank en Washington después del intercambio de Stark/Sullivan). Y, por supuesto, la blogosfera estará ahí, sin descanso, 24 horas, 7 días a la semana. Cada vez más, vemos como los medios siguen a los blogs y no al revés (un ejemplo es la evolución de los acontecimientos en el reciente escándalo de Damian McBride).
4. Cuénteles qué hacer a continuación
No deje que sólo brote la sangre. Dígale a todo aquél que le escuche lo que debe suceder después. Defina los términos del asunto. Defina el debate. Deje clara que la próxima respuesta debe basarse en sus propios supuestos, de acuerdo a sus propias exigencias.
Si lo hace de manera eficaz, será quién mande en dicha cuestión y su oponente no podrá hacer nada, no hay manera de retroceder. Tuve un entrenador de debates, que una vez llamó a este momento, “la hora de justificar o negar”. Haga que su oponente justifique el mal argumento o se niegue a hablar del tema. En el momento de atacar a la yugular, cuando tiene la razón y lo ha explicitado, no habrá ninguna otra opción posible. No habrá ninguna explicación aceptable, no hay forma posible de negar la discusión. Éste es un momento poderoso en una discusión. La otra parte está atrapada por sus propias palabras y acciones. Usted puede ver y sentir que ha ganado. Así que puede que todo el mundo también pueda, excepto aquellos que por alguna razón, crean en su propia persuasión.
5. Siga con la esperanza y la visión
Si todo lo que hace es explotar las debilidades, sólo ha hecho la mitad del trabajo. Los políticos no pueden ser eficaces si sólo son perros de presa. Ganar una discusión no es necesariamente una prueba de que sea un creador de opinión o un líder. No es necesariamente la cualificación para un gobernante. Los eficaces argumentos directos a la yugular están seguidos por posiciones y políticas que están llenas de vidas y compromiso[...]. Kennedy demostró que entendió esto en el discurso de la Convención de su partido en 1960. Después de atacar la yugular de Nixon, dijo: “Pero creo que los americanos esperan de nosotros más que gritos de indignación y ataques. Los tiempos son demasiado graves, el reto es demasiado urgente, y la apuesta demasiado alta para permitir las habituales pasiones políticas en el debate. No estamos aquí para maldecir la oscuridad, sino para encender la luz de la vela que nos puede guiar a través de la oscuridad a un futuro sano y seguro”.
Por eso, la próxima vez que el “Momento Drácula” llegue, esté preparado. Descubra el Bela Lugosi, que hay en su interior ¡Ataque a la yugular! Pero el derramamiento de sangre no es igual a sabiduría… esté dispuesto también a ofrecer nuevas perspectivas, mejora de programas, optimismo sobre los próximos años, esperanza para avanzar, y una visión, una visión que, incluso incluye generosamente a alguien que acabas dejar seco.