The Economist acaba de publicar un inútil pero divertido artículo sobre las etiquetas con que clasificamos a los países. Me ha parecido tan curioso que me he tomado el tiempo de traducirlo para que lo leas mejor. El original está en este link. Y aquí abajo te dejo la traducción.
Demos las gracias a la prestigiosa revista por no haber incluido a España esta vez entre los “cerdos” (PIGs) de Europa, aunque me temo que ha sido simplemente un olvido.
Por cierto, la revista incluye en el mismo número un artículo sobre España y su relación con la Unión Europea (sin mucho interés), y otro sobre Cataluña. En este último la revista prevé una victoria de CiU en las elecciones autónomicas de este año, y un quid pro quo entre CiU y el PSOE para pactar en Cataluña y en España. Me da que mucho no afinan, pero veremos…
Colección de alias
¿Recuerda la Región del Levant? ¿O los Antiguos Dominios? ¿O el Lejano Oriente? Si los recuerda, no se altere. Las etiquetas son formas fáciles de clasificar a las naciones por historia o geografía. Pero las que no sean escogidas con cuidado o las caducas pueden ser ofensivas o confusas.
Algunas apestan a colonialismo (“Africa Negra”) o a persistente imperialismo (“el cercano exterior”, que es el término que utilizan los rusos para describir el antiguo imperio soviético). La creciente diversidad hace de “Europa del Este” una manera inútil de hablar de los países ex comunistas. La descripción de Donald Rumsfeld de la antiamericana “Vieja Europa” y la proamericana “Nueva Europa” era muy vívida pero también fuera de lugar: el atlantismo y la oposición a él están presentes a los dos lados del antiguo Telón de Acero.
El “Lejano Oriente”, que es como se solía llamar a Asia Oriental, está de hecho muy lejos de Europa, pero bastante cerca de la gente que vive allí. “Oriente Próximo” se utiliza todavía en la jerga diplomática americana, y “Oriente Medio” es un término cotidiano, quizá porque a la gente le gusta estar en el centro. El “mundo Musulmán” y el “mundo Arabe” se utilizan a veces como sinónimos. Pero no todos los árabes son musulmanes, y la mayoría de los musulmanes no son árabes: Indonesia es la mayor nación musulmana del mundo; los más de nueve millones de musulmanes de Rusia superan en número a los de Líbano y Libia juntos.
La “Commonwealth Blanca” incluía Australia, Nueva Zelanda y Canadá. Pero sus habitantes originarios no eran blancos y sus poblaciones son crecientemente de colores diversos. Los anglohablantes de India superan en número a la suma de los de Australia, Canadá y Nueva Zelanda, a los que se censura que se describa como la “Commonwealth de habla inglesa”. América “Latina” es otra invención colonial, que es despreciada por Brasil, el poder regional actual.
Todavía tiene menos sentido hablar del “sur” para describir los países pobres del planeta (¿qué pasa entonces con Australia o con Singapur?), o de “Occidente” como sinónimo de la industrialización o de la libertad política. ¿Qué tiene Japón de “occidental”?. El “Tercer Mundo” se remonta a la Guerra Fría , cuando el planeta tenía por un lado el “primer” mundo capitalista y el “segundo” mundo comunista. El reemplazo más reciente, “economías emergentes”, ya parece caduco, pues algunos antiguos miembros, como Argentina, se hunden. Además, el término agrupa fabricantes industriales (como Vietnam) y economías de servicios (Dubai) con otros bendecidos – o condenados – con sus recursos naturales (Nigeria, Arabia Saudita, Rusia). Tampoco tienen mucho en común los países del “mundo rico”: Canadá y Kuwait, con similares niveles de riqueza, no podrían ser más distintos.
Sin embargo, las viejas etiquetas tienen sus usos, y las nuevas no parecen funcionar mucho mejor. “Chimérica”, para describir el duopolio de poder, se mostró tan ilusoria como la criatura que la inspiró; ¿y qué demonios quieren decir los banqueros cuando hablan del “N11”? Pero otras han funcionado mejor. La “Angloesfera” y los BRICs han cuajado; el “Eje del Mal” de George Bush tuvo una pegada eficaz. El G20 (las grandes economías) frente al G77 (las economías pobres pero con empuje) han probado su eficacia en las negociaciones financieras, aunque la última decayó cuando se hablaba de clima. Todas esas Gs son útiles, pero un poco aburridas. Nos gusta más el reino animal. Los “tigres” de la economía eran tan reconocibles en los 80 como en estos tiempos de apuros lo son Portugal, Italia y Grecia, los vulnerables PIGs (cerdos) de Europa. Ya es hora de añadir a la colección a los osos perezosos y las mofetas.
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