Criticar al Gobierno de Israel no es ser antisemita. En solidaridad con Javier Valenzuela y Sami Naïr

21 de enero de 2010

Trabajé dos años con Javier Valenzuela en Moncloa y le tengo por buen amigo. Es un excelente conocedor del conflicto árabe-israelí, un militante activísimo pero muy pragmático de la tolerancia y el ecumenismo, y un enemigo de los radicales y los intolerantes. También es un progresista convencido, de voz libre que critica lo que quiere, a veces para desvelo de sus colegas, que lo quisiéramos algo más domesticado.  

Así que vaya aquí mi apoyo en el cruce de cartas que él y Sami Naïr, otro ejemplo de tolerancia, han protagonizado con el embajador de Israel en Madrid. En un artículo en El País, Javier se atrevió a criticar al Gobierno ultraderechista de Netanyahu en Israel, por resistirse a la construcción de un Estado palestino. También lo hizo Sami. Y, claro… ya se sabe que quien critica a Israel, quien denuncia los abusos de Israel, es un antisemita, o casi, como deja entrever la carta de respuesta del embajador.

Naïr contesta hoy mismo al embajador en carta al director.

Javier no puede contestar a la réplica del embajador en El País, porque es directivo del periódico, pero en su blog se defiende.

No me gusta el actual Gobierno de Israel, como no me gusta, por ejemplo, el de Italia, y no soy ni antisemita ni antiitaliano ni nada parecido. Ya está bien de despreciar  y trivializar el Holocausto identificándolo sesenta años después con cualquier cosa.

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