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La excelente comunicación de un tumor

El príncipe y la princesa son unos profesionales. Te gustará o no la Monarquía, pero te digo que son unos profesionales impecables. Lo sé, lo he vivido y lo puedo decir sin lugar a dudas. Lo mismo se puede decir del Rey y de la Casa en su conjunto. Sé que por allí hay discrepancias a veces entre la gente de prensa, y que algunos quisieran cosas nuevas y un poquito más de modernidad, pero este fin de semana la Casa Real ha hecho, con la ayuda del Clínic de Barcelona, una comunicación impecable, al hilo de la operación a que se ha sometido el Rey. Puntos favorables:

Se comunica la operación cuando el Rey está ya en el quirófano. Para evitar filtraciones, rumores y especulaciones. Un punto.

La Casa antes avisa al presidente del Gobierno, a los presidentes de Congreso  y Senado y al president de la Generalitat («anfitrión» de la operación). Dos puntos.

Rueda de prensa impecable del equipo médico en la que se explica todo con todo detalle. Perfecta comparecencia. Tres puntos.

Sábado a las 9 de la mañana, para evitar demasiado ruido. La gente durmiendo mientras se le opera y se levanta ya con el diagnóstico favorable. Cuatro puntos.

Hospital público y catalán: dos puntos más, seis puntos.

El príncipe habla a la nube de periodistas a unos cuantros metros de distancia: no es una fría declaración, pero tampoco una peligrosa rueda de prensa. Siete puntos.

Atuendo informal, buen rollo, escenas familiares: sin corbata el príncipe, abrigo en mano la princesa, sin ayudantes que les lleven el paraguas o el bolso, Letizia al lado de su esposo dejándole hablar (aprendió, sin duda), la reina amorosa todo el día allí y comiendo con el equipo médico. Ocho puntos.

El príncipe conduce su coche. Todo el mundo sabe que el tipo no conduce como cualquier otro ciudadano, pero se agradece verle al volante de su propio coche, como uno más. Otros dos: 1o puntos.

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