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SuperSarko, salvador del universo

Cuando Sarkozy hace política exterior viajando fuera y comportándose como un líder mundial, sube su popularidad doméstica. Cuando se queda en casa, baja. La relación es coherente con el relato que el presidente cuenta: una Francia orgullosa que manda en el mundo.

La relación según la cual cuanto más tiempo pasa fuera más se le quiere, o cuanto más se queda más baja su valoración, empezó con la presidencia de la Unión Europea en la segunda mitad de 2008 (¿dónde ha quedado la de Zapatero, por cierto, ahora que falta un mes para que termine?): intermedió entre Georgia y Rusia y coordinó la primera respuesta global del G20 ante la crisis: SuperSarko defensor de la paz y economista global. Su aprobación pasó del 38 al 46. En España antes nos había dado un repasito trayéndonos a las azafatas secuestradas en el Chad.

Cuando la presidencia acabó tuvo que volver a casa y enfrentarse con los profesores, los estudiantes, los conductores de trenes, los trabajadores de la industria y los jueces. La aprobación volvió a caer al 40 por ciento. En una encuesta reciente el 45 por ciento de los franceses cree que Sarkozy es capaz de abordar bien las reformas de Francia, pero el 70 por ciento cree que defiende bien a su país.

Aunque ninguna de las dos responsabilidades suele dar titulares extraordinarios, Sarkozy sabrá sacar partido a sus próximas presidencias del G20 (desde noviembre) y del G8 (en 2011). Ya ha propuesto refundar el sistema financiero mundial y asumir el liderazgo en la negociación con Irán sobre su ambición nuclear.

Su liderazgo internacional será un activo electoral indiscutible en las Elecciones presidenciales de 2012. Si por los socialistas va Martine Aubry, la jefa del partido, eso se notará más que si el candidato es el jefe del FMI, Dominique Strauss-Kahn.

(Tomo estas reflexiones de un artículo de The Economist).