El pasado día 2 el magnate ruso Mijail Jodorkovski, tuvo que defenderse ante el tribunal que le juzga en Moscú, en un alegato final. Jodorkovski era el multimillonario propietario de la petrolera Yukos, y se convirtió en enemigo de Putin cuando pretendió jugar en política. Muchos dicen que su caso es puramente político y fruto del sistema autoritario que reina en Rusia.
El discurso de Jodorkovski, encarcelado desde hace siete años, fue político, emotivo y bellamente escrito. Recuerda a aquel otro que hiciera, salvando las distancias, Nelson Mandela ante el tribunal que lo juzgaba en 1964: “Estoy preparado para morir”, dijo. Algo parecido dijo en su juicio el ruso.
Extractos del discurso de Mijail Jodorkovski (discurso completo en inglés aquí, y “centro de información de Jodorkovski”, aquí).
Puedo acordarme de octubre de 2003: mis últimos días como hombre libre. Varias semanas tras mi arresto, se me informó de lo que el presidente Putin había decidido: iba a “tragar quina” durante ocho años. Era difícil de creen entonces. Siete años han pasado desde entonces. Siete años – un período largo de la vida, más aún si lo pasas en prisión. (…) No quiero volver al aspecto legal de mi caso esta vez. Todo aquel que quiso entender algo, desde hace tiempo lo habrá entendido todo. (…) Quiero hablarles de la esperanza: el principal ingrediente de la vida. Recuerdo el final de los 80. Tenía 25 años. Nuestro país vívía en la esperanza de la libertad (…). Vivíamos con esa esperanza. En algunos aspectos, se materializó; en otros, no. (…) Recuerdo también el comienzo del siglo. Tenía 35 años. Estábamos construyendo la mejor compañía petrolera de Rusia. (…) Sentíamos que los períodos turbulentos habían quedado atrás, y que la estabilidad que habíamos logrado con gran esfuerzo y sacrificio nos permitiría dotarnos de una nueva vida en un gran país. Pero este deseo aún tiene que ser justificado. La estabilidad se ha convertido en paralización. La sociedad ha parado en su camino. Aunque la esperanza aún vive. Vive incluso aquí, en esta sala de juicios, cuando tengo ya más de 50 años.
Con la llegada de un nuevo presiente, la esperanza pareció llegar a mis compatriotas también. Esperanza en que Rusia se convertiría en una sociedad civilizada. Libre la arbitrariedad de sus cargos públicos, libre de corrupción, libre de injusticia.
Avergonzado. Estoy avergozado de mi país. Todos entendemos muy bien que el significado de nuestro juicio se extiende más allá de mi causa (…) e incluso de la causa de los que han sufrido en el curso del caso contra Yukos, aquellos que me he sentido incapaz de proteger, pero a los que recuerdo cada día.
Preguntémonos: ¿qué estará pasando por la cabeza de los empresarios, de los directivos o simplemente de cualquier persona creativa y educada, observando hoy nuestro juicio y sabiendo que su resultado es absolutamente previsible? La conclusión obvia para cualquiera que lo piense es muy sencilla: la burocracia siloviki es capaz de cualquier cosa. No hay derecho a la propiead privada. Una persona que choca con “el sistema” no tiene derechos. Incluso aunque brillan en la ley, los derechos no son defendidos por los tribunales. Porque los tribunales están o bien asustados, o bien son ellos mismos parte del “sistema”. (…)
¿Quién va a modernizar la economía? ¿Los fiscales? ¿Los policías? Ya hemos intentado esa modernización. Y no funcionó. Pudimos construir la bomba de hidrógeno, e incluso un misil, pero no somos capaces de construir nuestra buena televisión, nuestro moderno automóvil o nuestro teléfono móvil, así como otros muchos bienes actuales.
¿Cómo va Moscú a convertirse en el centro financiero de Eurasia si nuestros fiscales, como hace 30 o 50 años, están denunciando en un juicio claramente el deseo de incrementar la producción y la capitalización en el mercado de una compañía privada (…) y una persona podría ser encerrada 14 años por ello? (…) Un país que tolera que la burocracia siloviki tenga a decenas e incluso cientos de miles de empresarios con talento, directivos y gente ordinaria en prisión por su propio interés, en lugar de encerrar a criminales, es un país enfermo. Un país que destruye sus mejores compañías, que están preparadas para ser campeones globales; un país que mantiene a sus ciuadanos a la expectativa, confiando sólo en su burocracia y sus servicios especiales, es un país enfermo.
Esperanza: el principal motor de las grandes reformas y transformaciones, la garantía de su éxito. Si la esperanza se apaga, si es suplantada por la profunda desilusión, ¿quién y qué será capaz de liderar a nuestra Rusia para salir de la depresión? No exagero si digo que millones de ojos en Rusia y en el mundo entero están observando el resultado de este juicio. Están mirando con la esperanza de que Rusia se convierta después de todo en un país de libertad y ley, donde la Ley esté por encima de cualquier burócrata. Donde los partidos de oposición dejen de ser objeto de represalia. Donde los servicios especiales protejan a la gente y la ley. (…) Donde los derechos humanos no dependan del estado de ánimo del zar. Donde, por el contrario, el poder dependa de los ciudadanos y de los tribunales. (…).
No soy una persona ideal, pero sí una persona con una idea. Para mi, como para cualquiera, es duro vivir en prisión, y no quiero morir aquí. Pero si tengo que hacerlo, no dudaré. Merece la pena morir por las cosas en las que creo. (…)
Todo el mundo entiende que vuestro veredicto en este caso, sea el que sea, será parte de la historia de Rusia. (…) Todos los nombres, los de los fiscales y los jueces, quedarán para la historia, como quedaron para la historia después de los infames juicios de los Soviets. Imagino que esto no debe ser fácil para todos vosotros; debe ser incluso atemorizador. Yo os deseo coraje.

