Sabemos ya que la gente más alta tiene mayores ingresos y más estatus. Sabemos que la estatura media de los goberantes es mayor que la talla media de sus conciudadanos. Sabemos que los líderes tratan de parecer más altos: usando alzas en sus zapatos (como Sarkozy o el fallecido Kim Jong Il), subiéndose a banquetas (como Franco en el Palacio de Oriente o Hitler en Nuremberg), o poniéndose inmensas pelucas (como Luis XIV en Francia).
Ahora sabemos también, por tres interesantes experimentos, que la gente que se siente poderosa, tiende a percibirse físicamente más alta.


