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Por qué el rey no va a abdicar y por qué sería un error hacerlo

Es evidente que se trata de un fiasco monumental: que se sepa que andas cazando elefantes en África con el nieto en el hospital porque se ha disparado en un pie, el yerno imputado por fraude fiscal y con tu país en una brutal crisis económica… y tú solo con unos amigotes pasándolo bien matando animales…. en fin, no hace falta ser el más sagaz de los analistas para ver que es un desastre para la reputación del rey. Pero igual que ha hecho muy bien el líder de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, pidiéndole que abdique, porque así sigue haciendo guiños a la izquierda, que es donde está el mercado del PSOE en estos momentos, y porque él puede hacerlo porque no es un líder nacional, el Rey sin embargo haría muy mal abdicando, y es seguro que no lo hará. ¿Por qué?

Primero, porque no es la primera vez que el rey sufre tensiones como esta o mayores. Recuérdense viajes previos, la polémica por el regalo que recibió de poderosos amigos, en forma de barco de nombre Bribón, los rumores de sus escarceos y francachelas, las propias implicaciones de Urdangarín… Pero el rey acumula una reputación – seguramente mitificada, pero muy sólida – de buen tipo que se preocupa por su país. Sí, zascandil y jueguetón, como sus antepasados, pero buen tipo. Aún acumula mucho trabajo y mucho mito – la transición, el golpe… – como para que un escándalo más le tumbe.

Segundo, porque a pesar de lo que creen los ciberutópicos, que creen que el mundo empieza y termina en Twitter, lo cierto es que los medios que sirven para la información del 90 por ciento de la gente, no están tan ardientes con el tema como Internet. Yo, de estar en el pellejo de mi amigo Javier Ayuso, trataría de evitar por todos los medios que el Gobierno y el PSOE hicieran leña del árbol, y, sobre todo, que los programas de audiencias millonarias de Telecinco y Antena 3, y no digamos TVE, y los grandes editoriales de la prensa de Madrid, extendieran el debate más de lo imprescindible. El lunes habrá que estar muy atento y aguantar el chaparrón, pero es probable que la discusión no dure mucho más de una semana y poco probable que nadie del mainstream (los grandes periódicos, los grandes partidos, los grandes opinantes), pidan la abdicación. El Annus Horribilis hispano puede terminar con un simple gesto, reconociendo de alguna manera más o menos laxa el error (y dejando de cazar elefantes, que ya estamos mayores para eso…).

Y tercero, porque sería ridículo que el Rey dejara su reinado de esa manera tan poco digna. Anda gestionando en el filo de la navaja el asunto del yerno, el verdaderamente importante, y por ahora no va tan mal. Su hijo y su nuera son verdaderos profesionales a los que he visto varias veces en el tajo, y no pueden llegar al trono por una mera caída en desgracia del rey.

El rey y su Casa lo pasarán mal unos días – seguramente muy mal, porque deben resultar insufribles los descubrimientos de los últimos meses – pero pasará la tormenta, el rey volverá a hacer el papel de buen tipo que ya se le conoce, y quizá en un año o dos, ya veremos si es el turno del príncipe.

Las instituciones añejas como las iglesias, las monarquías y los ejércitos no actúan al ritmo caprichoso de los trending topics. Están hechas precisamente para lo contrario.

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