Skip to content

Breve antología de la petición de perdón

El rey de España no lo había hecho nunca, pero es indudable que una petición de perdón a tiempo es una buena manera para la restauración de la reputación. Las condiciones para que la petición tenga efecto en la opinión pública son más o menos las siguientes.

1. Que el error sea un clamor popular. No, una vez más, no eran unos cuantos miles o cientos de miles en Twitter quienes comentaban el periplo de caza del rey. Era todo un país en sus conversaciones de café, y también los medios internacionales, quienes obligaban al rey a afrontar el asunto de cara. En la campaña de primarias demócratas de 2008 el candidato Edwards pidió perdón por una relación extramatrimonial antes de que fuera de conocimiento general, y ese fue el final de su carrera presidencial.

2. Que la petición de perdón sea contundente y sin medias tintas. Basta con decir algo tan sencillo como “lo siento,” o “perdón.” Si, además, como el rey, se dice “no volverá a ocurrir,” mejor aún.

3. Que no vuelva a ocurrir. Sí, parece obvio, pero si el rey fuera sorprendido en algo parecido en los próximos meses tendría un problema de imposible solución. Pedir perdón una vez o dos vale, pero estar todo el día pidiéndolo no sirve.

4. Que el propio afectado purgue simbólicamente su “pecado”: En España sería raro ver al rey, como se vio a Clinton, ir a la Iglesia para pedir el perdón divino tras sus excusas públicas sobre el asunto Lewinsky, o aparecer en prime time con su mujer de la mano, pero sería bueno ver al rey pronto reestablecido, sonriente y con una agenda, quizá, algo más intensa de lo habitual.

Aquí dejamos (gracias, Oscar), una antología limitada y de urgencia de políticos, o casi políticos, pidiendo perdón:

POR HECHOS HISTÓRICOS O ERRORES DE OTROS (ESO PARECE FÁCIL):

POR CUESTIONES PERSONALES Y SEXUALES: