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OTRAS ocho razones por las que Twitter no sirve para (casi) nada en política

 

Me ha sorprendido el “impacto” (en Twitter, quiero decir) de “Diez razones por las que Twitter no sirve para (casi) nada en política.” La gente ha remitido el post, se ha viralizado y, en algunos muy pocos casos incluso me han escrito algo más de 140 caracteres. Llevo un mes en Twitter de manera activa, y mis dos peores sospechas se están confirmando. Primera, Twitter está muy bien para difundir noticias e información (por ejemplo, sobre un libro o un artículo o una película o un evento…) y es por tanto una excelente herramienta periodística, pero no es realmente una conversación con nadie, ni sirve de mucho en lo que tiene que ver con la influencia real en la opinión pública en sentido amplio, si no es con ayuda de los medios de comunicación de masas.

Segunda, Twitter es muy adictivo. Sí, lo confieso: soy twitterdependiente. Miro cada rato qué pasa, incluso en mitad de la noche; más de dos horas sin mirar, y me falta algo; compito como un gilipollas para tener más seguidores; me he convertido en un cotilla, aunque sea sobre asuntos pretendidamente serios como los que me interesan; y en un narcisista que mira cuántas veces le citan. Afortunadamente, mi adicción no llega al punto de no saber – aún – que el mundo no empieza ni termina en Twitter.

En esto estábamos y me encuentro a un friki de Internet, Rich Mulholland, un sudafricano muy divertido “especialista” en Internet y en cómo hacer presentaciones eficaces, que explica diez efectos secundarios de Twitter que merecen una reflexión. Aquí tienes el vídeo. Y yo recojo sus ocho notas, en versión propia aplicada a la opinión pública.

1. Twitter roba la atención. Confesémoslo. He visto a prestigiosos catedráticos de universidad mirando Twitter en mitad de una lectura de tesis. En mis clases y conferencias frecuentes ya es raro que haya más de una decena de personas que no estén, como mínimo, mirando sus Tweets, si es que no están transmitiendo directamente lo que pasa ahí dentro. No me incomoda nada, pero es evidente que mirar una ristra de mensajes breves sobre asuntos diversos y prestar atención a otra cosa es imposible. Twitter es como organizar una fiesta con amigos en casa y poner la televisión. En la políica eso significa déficit de atención, el mal infantil de moda. No prestas de manera sostenida tu atención, y cuanto menos la argumentación plural sobre un asunto concreto.

2. Twitter provoca infoesclerosis. Hay tanta información, que obstruye tu cerebro. Es sencillamente demasiado: no puedes prestar procesar la información porque enseguida el pajarito te manda a otro lado. Uno cuenta un chiste, otra te dice que entra en Starbucks. Imagínate que entras en Starbucks y llamas a tus cien contactos por teléfono móvil y les dices que estás en Starbucks. Se quedarían pasmados de tu llamada. Pero en Twitter es frecuente. El usuario se siente como si tratara de jugar al tenis con diez pelotas en la pista. Sí, es muy entretenido, pero poco más. En política, además, Twitter pone a la misma altura al tipo que entra en Starbucks con el que pide una donación para Haití. Puro sofactivismo, una vez más.

3. Twitter mata la conversación. No sólo no la fomenta. La mata. Si te sigue demasiada gente, obviamente no puedes hablar con ella, como decía en mi post anterior. No puedes mantener una conversación con nadie con 140 caracteres y cientos de mensajes cruzados. Mi post sobre la (casi) inutilidad de Twitter en política no ha generado una conversación, sino una lista de exclamaciones: “¡¡Hala… mira lo que ha dicho…!! ¡¡Estoy de acuerdo…!!! ¡¡¡¡No estoy de acuerdo…!!! Conversación, ninguna (excepto con los cuatro que han escrito o los tres que me han llamado por teléfono para regalarme el oído). ¿Hay alguien por ahí que pueda decirme de una, sólo una, conversación con algo de sustancia, sobre algún asunto político relevante?

4. Twitter refuerza tus prejuicios. Porque sólo sigues a quien te interesa, y no prestas la mínima atención a quien discrepa, como no sea precisamente para confirmar tu opinión. Lo mismo sucede con otros medios de comunicación, pero Twitter te permite configuarar una carta mucho más ajustada a tus intereses. Eso está bien en un sentido, pero es nefasto para abrir la perspectiva política de un individuo.  En el informativo de televisión de máxima audiencia ves, generalmente, la visión de uno y de su contrario. En Twitter sólo ves la de los tuyos.

5. Twitter sobrestima la importancia del AHORA. Es espasmódico y crea la sensación de que estás haciendo historia. Pero la historia va más despacio, y no se hace con golpes de impactos de 14o caracteres y conversaciones cruzadas. Para la política, puede generar “trending topics”, como Kony2012, que duran nada. Así no puede hacerse política de verdad. Eso es política pop, trivializada, vulgar.

6. Twitter es un ejercicio de onanismo y eleva la sensación de que eres importante. Te crees genial porque te siguen unos cuantos, te dicen lo bueno que fue tu mensajito, te ponen una estrella, te siguen y te crees que les influyes. Tú alimentas también esa sensación en otros devolviendo el favor, etc…. Una orgía colectiva que empieza y termina en la misma habitación.

7. Twitter termina con tu privacidad: dentro de poco se van a tuitear hasta las reuniones del Pentágono. Hace años, cuando la ministra González Sinde se reunió con “los internautas,” me contó lo sorprendente que le pareció que aquella docena de jóvenes activistas de Internet, que se reunían allí para plantar cara a ley contra la piratería, estuvieran más interesados en tuitear la reunión que en sus resultados. Las embajadas y los partidos deberían tomarse muy en serio hasta qué punto permiten que un embajador, un agregado de embajada, una secretaria o el ordenanza, esté autorizado a tuitear las cosas que pasan en el trabajo.

8. Twitter no es una red social, ni de lejos: es una manera de compartir información, pero no permite establecer redes de las de verdad. Para que haya una red social con vínculos afectivos fuertes, que es la que moviliza de verdad a la gente en causas comunes, serias y duraderas, la gente tiene que saludarse, iniciar una conversación auténtica, sin límites de caracteres, tomarse un café o una cerveza y seguir viéndose la cara cierto tiempo.

Llevo un par de horas sin mirar. Veámos cómo estoy de menciones y seguidores… Entretenido, pero por ahí no cambiamos la política.