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Cosas para las que sí sirve el activismo en Internet

Entre sushi y sashimi, cortesía de mis colegas emprendedores de Change.org, hablamos Francisco Polo, Albert Medrán y yo mismo sobre el famoso post “10 cosas por las que Twitter no sirve para (casi) nada en política.” Y no nos cuesta demasiado, creo, ponernos de acuerdo en algunas cosas, dejando los desacuerdos para la próxima, en la que prometo invitar yo:

1. El microactivismo genera pequeños cambios que, sin embargo, son relevantes para mucha gente. Si gracias a una petición firmada por unos cuantos miles de personas una empresa renuncia a poner en la calle a una mujer embarazada, a cobrar una comisión bancaria o a retirar un cartel publicitarios histórico, pues muy bien. Eso en unos cuantos cientos de causas con unos cuantos cientos de cambios produce cambio, y está muy bien. Lo que antes requería escribir una carta, comprar un sello, ponerlo en el buzón, y hacerlo de manera solitaria, sin saber qué hacían los demás, ahora es más fácil, colectivo y genera un fuerte sentimiento identitario. El sofactivismo no ha de ser malo necesariamente.

2. Internet como plataforma para acceder a los medios de masas. Los responsables de Change.org no son nada ingenuos. Saben que el punto de ebullición de los asuntos se logra con el apoyo de los medios de masas tradicionales. Y lo buscan y en muchas ocasiones lo encuentran para las causas que su plataforma acoge. Para el macroactivismo hacen falta los grandes medios de masas, pero para “vender” las causas antes de esa ebullición, Internet ayuda a calentar el agua previamente.

3. Las causas pueden ser caprichosas, coyunturales y espasmódicas, pero entre ellas las puede haber sostenidas y estructurales. Las causas pequeñas bastarían por sí solas y Change.org hace ya un buen servicio a quien quiere promoverlas. Si, además, ayuda a que algunas de ellas pasen a ser causas más largas, voluminosas y estructurales, entonces será un extraordinario lugar de influencia social global.

4. Para ello, sugiero yo, no basta con pedir. Hay que exigir. Hay que desafiar. Por ejemplo, “si el día x los directivos de Bankia no renuncian todos ellos a sus indemnizaciones millonarias, habrá 20.000 tipos que retirarán sus ahorros.” Y así sucesivamente. Es necesario elegir bien al adversario, como hace la gente que inicia peticiones en Change.org. Pero también hay que perseguirle, acorralarle; resistir pacíficamente ante él, molestando. Recibir 20.000 peticiones por correo electrónico es molesto como una mosca, pero 20.000 retiradas de 2.000 euros son 40 millones menos en la caja de repente. Por cierto, dice Francisco y estoy muy de acuerdo, que el gran invento es, paradógicamente, el uso masivo de ese “viejo” utensilio que es el correo electrónico, porque, añado yo, es interruptivo, se cuela en tu vida aunque no quieras, en cirto modo como la radio o la tele.

5. Internet y la vida real son la misma cosa. Por eso las acciones de sofá deben ser completadas con convocatorias de calle y con esa tan emocionante sensación de sentirse parte de un colectivo que hace cosas y que se compromete y arriesga por ellas. Quedarse en Internet puede ser tan inútil como absurdo no contar con la red. Nada puede sustituir al contacto cara a cara y la actividad física del grupo. Precisamente hoy The Democratic Strategist envía un interesante memorando en el que explica, en texto de Andrew Levison, cómo Working America, la poderosa organización progresista de movilización, mantiene causas en el tiempo, sin someterse a los caprichos del día a día, y cómo Internet, siendo una herramienta maravillosa no puede sustituir a la actividad física y personal de sus activistas para lograr cambios importantes y sostenidos. Sólo así, con un verdadero, auténtico y sostenido movimiento de base, de grassroots, puede competirse con la abundancia de recursos de los conservadores, que de otra manera sólo percibirán el activismo como pequeños pellizquitos de monja.

Deseo de verdad que Change.org sirva como plataforma para muchos activistas valientes y comprometidos, y también, por qué no, a los que lo son menos. (El sashimi, excelente. Gracias, amigos).