Skip to content

El bosón de Higgs o por qué habla todo el mundo de algo de lo que no tenemos ni puta idea

Interesante fenómeno de opinión pública. Hoy en las conversaciones de café europeas – en Estados Unidos, y no digamos en el resto del mundo, la reacción ha sido infinitamente menor – la gente habla, entre bromas, de ese descubrimiento increíble que nos ayudará, ni más ni menos, a la “comprensión del universo” y que “nos abre las puertas del mundo subatómico” (El País) después de “una aventura de más de 20 años” (Le Monde), que nos ha llevado a ese “Momento Eureka” que hizo que el “futuro Nobel” Peter Higgs rompiera a llorar (The Times).

El asunto abrió ayer los informativos de televisión europeos y llenó ayer y sigue hoy llenando las tertulias de radio y los artículos de opinión, también a través de Internet. No tenemos ni idea de lo que hablamos, pero hablamos de ello. Interesante. Algunos factores que incrementan el interés de la historia, con enseñanzas prácticas para los contadores de historias:

1) La fascinación por lo que no se ve ni se entiende. “La partícula de Dios”, “el bosón,” la “antimateria,” el “big-bang”… fascinante precisamente porque para el mortal común es difícil de entender. Los propios investigadores del CERN hacen broma de sus pesquisas con este rap, con casi ocho millones de visitas:

2) Una historia con comienzo, desarrollo y supuesto final. Y con un protagonista adorable. Fundamental. Las buenas historias tienen esas tres fases. En este caso muy bien definidas. Desde que el tal Higgs, un venerable científico de avanzada edad, formulara su hipótesis, hasta ayer en que los científicos en Ginebra dieron su aplauso cerrado, han pasado casi cincuenta años de investigación con un montón de científicos trabajando en sitios distintos. Por cierto, la hipótesis fue formulada por seis investigadores, pero hablar del “bosón de Kibble, Guralnik, Hagen, Higgs, Englert y Brout,” sería un crimen. Que lo dejen en el “Bosón de Higgs,” que cabe en un titular y está fenomenal.

3) Disonancia cognitiva. Sería terrible haberse gastado 6.000 millones de euros en un acelerador de partículas, un tunel de casi 30 kilómetros y miles de salarios de investigadores y no ofrecer resultados más o menos “tangibles.” El CERN, recuérdese, anunció hace unos meses que la teoría de la relatividad de Einstein quedaba refutada, y que probablemente podríamos viajar a través del tiempo (literalmente). Luego tuvo que desdecirse. El experimento estaba mal hecho.

4) Física y metafísica, Dios y el Diablo. La Iglesia Católica salió rápido a explicar que la partícula de Higgs no era contradictoria con la existencia de Dios. Un inútil pero interesante debate del que la gente se siente más o menos proclive a participar aunque sea dando vueltas sobre el asunto sin salida posible.

5) Imágenes, esquemas, fórmulas incomprensibles. Los periódicos hoy están llenos de imágenes que tratan de explicar lo invisible, con metáforas como la de la sardina y la ballena o el hipopótamo en el agua… Buen objetivo para periodistas y “todólogos” y buen material de entretenimiento: hacer mínimante comprensible lo que nadie entiende, excepto Higgs, sus colegas y quizá un par de cientos de los mil que había sentados en Ginebra.

 

6) El atajo de confiar en los expertos. Es inapelable. Si mil físicos de todo el mundo (europeos, sobre todo, insisto, hay mucha política aquí), hacen noche a las puertas de la sede del CERN en Ginebra, abarrotan la sala y terminan con un aplauso, eso debe ser algo grande. Aunque mañana ya la cosa no vaya a más para la gente corriente, confiamos en que esos tipos sepan de qué hablan. Como confiamos en los expertos que nos decían que el crecimiento económico no cesaría, que el precio de los inmuebles no bajaría, o ahora confiamos en que la única medida posible es recortar de todos los sitios posibles. Lamentablemente los expertos no aciertan tanto como parece, como saben bien en el CERN. (Véase a este respecto el magnífico trabajo de Philip Tetlock).

7) Una excelente comunicación. No les resultaría muy difícil, porque el asunto tiene ribetes de ciencia ficción muy atractivos, pero el CERN (y sus patrocinadores, supongo) hicieron una buena comunicación: esos mil científicos campechanos reunidos con la presencia de Higgs, los esquemas y las explicaciones preparados, la entrevista con Higgs hoy en The Times, los portavoces por países… Me da que el CERN necesita un Nobel.

La semana que viene ya no hablaremos del bosón, ni de Higgs, ni de la antimateria, pero hoy estamos todos encantados de lo bien que lo hemos hecho. A disfrutar.

(Una felicitación especial a Rato y el resto de presuntos rufianes de Bankia. La investigación básica de Higgs y sus colegas tiene ya una primera aplicación en ciencias aplicadas. El bosón ha desplazado el interés por la imputación de la cúpula de Bankia, que hoy sería objeto de un tratamiento mucho mayor si no fuera por el CERN).