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El lodo tóxico es bueno para ti. La “ciencia” al servicio de la mentira

Toxic Sludge is Good For You: Lies, Damn Lies and the Public Relations Industry

“Medicamentos en busca de enfermedad” es el título de un valiente reportaje de Milagros Pérez Oliva en El País, en el que se recogen los casos reconocidos de mentiras por parte de laboratorios farmaceuticos como Glaxo o Abbott, que han llegado a acuerdos extrajudiciales millonarios reconociendo que pagaron a médicos para que recetaran sus productos, que “inventaron” enfermedades nuevas para viejos principios activos, y que ocultaron efectos secundarios que conocían.

En 1996, antes de que este servidor comenzara a trabajar para algunos de esos laboratorios farmacéuticos, cuando era solo un profesor visitante de marketing en la Universidad de Florida Atlantic, encontré en la biblioteca un librito que me bebí en una noche: Toxic Sludge is Good for You, una crónica extremadamente crítica del sector de las relaciones públicas. Confieso que en lugar de alejarme de la profesión, el libro, ya un clásico que ha sido versionado en vídeo, me atrajo, porque pensé, como pienso hoy, que las mismas técnicas que pueden utilizarse para engañar al personal pueden usarse para inspirarle. Aquí está el vídeo:

Cuando pasé de trabajar del sector privado al sector público me encontré con una gran paradoja: aunque lo que veía en la política era una práctica mucho más amable, sincera, ingenua y responsable que la que había visto en los laboratorios farmacéuticos, las tabaqueras o las grandes corporaciones multinacionales en general, los políticos seguían siendo los villanos de la historia. Un laboratorio tiene dinero más que suficiente para callar a los críticos: un gobierno no. Un laboratorio tiene el control real del dinero, y la manera de presionar a los gobiernos. Un laboratorio puede ocultar, simular, empaquetar… los políticos cada vez menos.

Conociendo a unos y a otros, si alguien me preguntara hoy entre quién abunda más la mentira, si entre los laboratorios farmacéuticos en general, o los políticos en general, yo no tendría ninguna duda en señalar a los primeros.

(Pequeño homenaje a los sociólogos de los 80 que han perdido hace unos días al profesor Angel de Lucas: Nos contó de Lucas en una de sus clases en la Complutense que en una ocasión Jesús Ibáñez, el promotor de la investigación cualitativa en España, preguntó en un estudio a la gente: “¿A quién mataría usted antes: a un homosexual o a un farmacéutico?” El estudio estaba destinado a desvelar los estereotipos contra los homosexuales. Y, en efecto, había un pequeño porcentaje de gente que preguntaba…. “¿Un farmacéutico? ¿Por qué un farmacéutico?”. Como si matar a un homosexual, de alguna manera, estuviera justificado…).