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El déjà vu de la media sonrisa

 Es una de esas poquísimas veces en que ves que lo que planificas llega tal cual a los medios de comunicación. Debía ser la mañana del jueves 13 de enero de 2004, cuando llevábamos nueve meses en Moncloa (los mismos que llevan nuestros colegas del PP). En nuestra reunión diaria en la Secretaría de Estado de Comunicación, la consigna fue “media sonrisa”: Zapatero, pensábamos, debía lucir una modesta media sonrisa al recibir a Ibarretxe, que llegaba a Madrid a registrar su plan para un referendum de autodeterminación, con la aprobación del Parlamento Vasco. Es muy probable que Zapatero no prestara la más mínima atención a nuestra recomendación, pero lo cierto es que la media sonrisa le salió tal cual – no sé hasta qué punto espontáneamente – y la prensa lo reflejó de esa manera, señalando literalmente que Zapatero había estado cortés, pero rotundo; sonriente, pero solo a medias. Por ejemplo, decía El Mundo:

El recibimiento que le ha brindado Zapatero a Ibarretxe en esta ocasión ha sido muy diferente al que le dio en julio. Entonces el presidente del Gobierno bajó toda la escalera para recibir a su invitado, le saludó con una palmada en el hombro y una amplia sonrisa. Ambos posaron de forma distendida ante los fotógrafos durante largo tiempo. Hoy Zapatero apenas bajó un escalón, le tendió una mano de forma protocolaria y el pose ante las cámaras fue breve y frío.

Pues bien, el que ha esbozado una media sonrisa hoy ha sido Mas, como puede verse también en este vídeo. Mas ha debido planificar con todo detalle su viaje: cómo iba a llegar, qué iba a decir, cómo comparecería luego. La Vanguardia ha recogido la media sonrisa del encuentro de esta manera:

Rajoy recibe con frialdad a Mas en la Moncloa para hablar del pacto fiscal Sin las sonrisas de hace casi un año y sin que el presidente del Gobierno bajara  los escalones, Rajoy y Mas se han saludado de manera más fría y seria que en  enero, cuando se confesaron vivir “en el lío”     | La  reunión ha acabado casi dos horas después y Mas dará cuenta de ella desde la  delegación del Govern en Madrid

Ante el desafío de Mas, la estrategia de Rajoy está clara: bajonazo. En la nota de prensa de Moncloa (en 2005 dio explicaciones del encuentro la vicepresidenta de la Vega; en esta ocasión, simple comunicado), se habla varias veces del resto de comunidades autónomas, poniendo a Cataluña entre ellas. Se equivoca en eso Rajoy, porque en Cataluña duele mucho que no se consideren las diferencias culturales, que nada tienen que ver con las de Madrid o La Rioja, por poner dos ejemplos.

El president Mas tiene una narrativa muy distinta a la de Rajoy, y muy parecida a la de Ibarretxe. Va más o menos así: “España nos trata mal y por eso no tengo más remedio que pedir un Estado propio. Vengo aquí a Moncloa para decírselo al presidente de España. En realidad a mi me gustaría comparecer después junto con él, privilegio que se concede solo a los jefes de Gobierno que le visitan. Como eso de la independencia no es tan fácil, necesito convocar elecciones para obtener el favor de mi pueblo.” A Ibarretxe le salió mal, y el descenso del PNV en las elecciones autonómicas siguientes obligó a meter el Plan Ibarretxe en el cajón (quién sabe si Urkullu lo sacará en breve…). Pero la Calaluña de hoy no es el Euskadi de 2005. Ni la Moncloa de hoy la Moncloa de entonces. Ahora en Cataluña hay gente muy razonable que cree que se la expolia, a pesar de lo atinados que son los argumentos en contrario (como los de hoy de mi amigo Gabriel Elorriaga). Y ahora hay una crisis económica angustiosa. Creo que es la primera vez que la independencia de Cataluña, siendo como sería un desastre en todos los sentidos, no suena sin embargo imposible como sí sonaba la de Euskadi en 2005.