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Por mucho que se diga lo contrario, importa más lo que se dice que cómo se dice

Las notas de Biden durante del debate vicepresidencial de 2012, en foto de AP

Echando un simple vistazo a estos hiperexpresivos flashes de imágenes de Biden y Ryan en el debate vicepresidencial, cualquiera podría decir, aunque viniera de Marte, quién de los dos ganó la batalla. Aunque no lleven audio, las imágenes dejan ver a un Biden dominante, como diciendo: “No puedo creer lo que está diciendo este tipo…” y a un Ryan en pose de alumno que traga saliva ante el maestro que le da lecciones. Parece que Biden llevaba bien interiorizada, quizá, la primera anotación en su papel: “Sin pedir perdón”: así de duro resultó frente al neófito Ryan.  

Las imágenes podrían reforzar el mito extendido y falaz del 55/38/7: que el 55 por ciento de lo percibido por la audiencia depende del lenguaje no verbal, el 38 por ciento del tono del orador u oradora, y sólo el 7 por ciento del mensaje. Esos datos, repetidos hasta la saciedad en infinidad de documentos y seminarios, proceden del antiguo libro de Albert Mehrabian (Silent Messages, 1971), que luego el mismo, ante la expansión sin fin del mito, tuvo que recontextualizar.

No, no es verdad: lo que se dice es más importante que cómo se dice, aunque obviamente pueda haber muchos casos en los que la forma de decir sea tan incoherente con el contenido que éste resulte increíble. Un estudio relativamente reciente (“Is There a Visual Dominance in Political Communication? How Verbal, Visual, and Vocal Communication Shape Viewers’ Impressions of Political Candidates”), lo demostró con un experimento a partir del debate presidencial entre Gerhard Schroeder y Angela Merkel en 2005. Los investigadores contaron con 72 voluntarios que vieron y calificaron cada tramo del debate mediante medidores manuales de gusto y disgusto. El resultado fue que lo que decían los candidatos era mucho más importante que su lenguaje corporal o la entonacion. Los momentos en que cada uno de ellos gustaba más coincidían con aquellos en que interpretaban su propio guión. El presidente Schroeder cuando hablaba de sus éxitos de Gobierno, y Merkel cuando hablaba de los fracasos del socialdemócrata.

Eso no quiere decir que el tono y el gestual no tuvieran importancia: sí ejercían una influencia en la percepción del público, pero menor que el contenido verbal. Por ejemplo, Angela Merkel resultaba más eficaz cuando hablaba en una frecuencia algo más alta de lo normal.

Anexo 1: Un interesante análisis del gestual habitual de Romney y Obama en el New York Times.

Anexo 2: Un paper que revisa la literatura sobre la dimensión vertical (de dominación) en el lenguaje no verbal, en relación con el comportaniento no verbal, y que viene a expresar lo difícil de su medición: “Nonverbal Behavior and the Vertical Dimension of Social Relations: A Meta-Analysis (2005)”

El error 82 de Los cien errores en la comunicación de las organizaciones es, precisamente, “Creer que la imagen vale más que el mensaje.