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Si te quieres ir, no vayas

Qué impresión tan triste, tan impresentable, tan torpe, la que dio recientemente el ministro de Economía Hernán Lorenzino en una entrevista que, de no haber sido por el incidente, no habría tenido la más mínima repercusión, puesto que se producía ante una periodista griega y en Grecia.

Es sabido que hay en Argentina una encendida polémica sobre la credibilidad de los datos económicos que el Gobierno proporciona, y que, según los críticos, tiende a minimizar la inflación. Pues bien, la entrevistadora se limita a hacer la pregunta más previsible y simple del momento: «¿Cuál es la inflación en Argentina?» Lo curioso del caso es que el ministro contesta: 10,2, décima arriba o abajo, viene a decir. Pero se complica luego, corta la conversación… «Me quiero ir», dice. Y luego una ayudante explica que hablar de eso es complicado y que por eso el ministro ha cortado. El corte se expandió a toda velocidad, generó amplia cobertura en el país y fuera, y hasta Cristina Fernández hizo broma del sucedido, salvando la cara de su ministro.

Surgen varias preguntas que son muy ilustrativas del funcionamiento de una entrevista como esta:

  • Si se quería ir, ¿por qué fue?
  • Si tenía la respuesta, y la dio de hecho, ¿por qué se quiere ir después de darla?
  • ¿No había previsto el ministro que le preguntarían esas cosas cuando el mundo entero se cuestiona sobre la credibilidad de las cuentas argentinas?
  • ¿No sabía el ministro que su espantada en la entrevista generaría una polémica infinitamente mayor que si simplemente hubiera dicho la inflación estimada, tal como hizo y sin más?
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