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El selfie: cinco consejos

Incluso la muy estudiada y bien cobrada foto de Ellen DeGeneres en la ceremonia de los Oscars parece ingenua y espontánea. Es la gracia de una foto tomada por uno mismo alargando el brazo. Aquel selfie tan bien pensado por Samsung fue la foto más retuiteada hasta hoy. No nos engañemos: no lo habría sido si no se  hubieran puesto en marcha las maquinarias de la comunicación convencional. Si no hubieran hablado de esa foto los grandes diarios (electrónicos o de papel), las grandes televisiones, las grandes radios. A fin de cuentas, la inmensa mayoría de los espectadores del momento estaban siguiendo la ceremonia por la televisión o con las imágenes de la televisión, y la autofotografiada es ella misma una estrella de la televisión.

En broma, pero con una carga de profundidad que su equipo seguro que había premeditado, el mismo Obama hace unas horas le ha dicho a Ellen que aquello fue “un truco bastante barato, conseguir posar con un montón de celebrities de fondo”. Es sabido que la foto de Obama y Michelle el día de su reelección (no un selfie, sino una foto del extraordinario fotógrafo oficial de la Casa Blanca, Pete Souza, que tiene una superrecomendable cuenta en Twitter) había sido hasta entonces la más reenviada de la corta historia de Twitter.

Hay algo fascinante en esa foto de uno mismo, cuando es hecha por un político o por un líder social. El selfie sugiere espontaneidad, sí, pero también autonomía (“no necesito que nadie me haga la foto”), simpatía (sigue teniendo cierta gracia sacarse una foto uno mismo desde su móvil), y sentido de compañerismo (porque en muchas ocasiones, la foto se hace en compañía de otros).

Aquí van cinco consejos para hacerlo bien:

1. Cuando alguien te pida un selfie, acepta (pero mira el punto 5). Incluso toma tú la foto. He visto varias veces a las celebridades más habilidosas que, cuando alguien les pregunta si pueden sacarse una foto con un móvil, son ellos mismos o ellas mismas quienes cogen el aparato y se hacen la foto pegando su cabeza a la del admirador… Como diciendo: “soy yo mismo quien te saco la foto, y así el docuemento gana en calidad”.

2. Aprovecha el selfie para ocasiones curiosas que de otra manera serían imposibles de fotografiar. Por ejemplo, imágenes de backstage o de bambalinas, imágenes familiares, momentos en los que no hay fotógrafos delante, ocasiones inesperadas. Es siempre mejor, porque es más auténtico, que seas tú mismo quien tome esas fotos, y no que se lo pidas a otra persona. Es curioso, pero posar para uno mismo es posar menos.

3. Distribuye tú mismo el selfie en tu cuenta de Twitter. A la espontaneidad de la foto se le añade la frescura de la red electrónica por excelencia.

4. Pero el truco son los grandes medios. No te quedes en Twitter. Si tienes un buen selfie, hazlo llegar a alguna agencia o algún medio relevante. Probablemente lo tomarán ellos mismos de Twitter, pero no abandones la maquinaria clásica de difusión. Trabaja para hacerlo notar donde verdaderamente es importante: en las televisiones, en las radios, en los grandes diarios… Muchos, millones, vimos a Ellen & Friends en Twitter, pero fueron miles de millones quienes la vieron en los medios convencionales. Ese es el truco que se aprende en “primer curso de redes sociales”. Por cierto, los medis compran muy bien las fotos de selfies. Es decir: la foto de Obama con Hellen Thorning-Schmidt tomándose la foto. O la foto de Ellen con sus amigos tomándose la foto. O la foto de los jovencitos con el papa Francisco tomándose la foto…

5. !Cuidado, piénsalo dos veces! El selfie sugiere broma, entretenimiento, ocio, diversión. Si tu asunto es serio, mejor dejar el selfie aparte. Por otro lado, al candidato Weiner le costó la elección la excitación que el muy torpe debía sentir enviando autorretratos con su torso desnudo a alguna amante. Ya sabemos que los actos autónomos de hoy los carga el diablo: rápidos, muchas veces sin pensar, impulsivos… A veces quizá sea mejor negarse a una foto. Por poner dos ejemplos excéntricos: si quien la pide es un borracho; o un conocido personaje proscrito por la opinión pública; o nos pide que nos pongamos algo en la cabeza (“regla de oro número uno”, dijo Obama: “si eres presidente no te pones nada en la cabeza”).

Cumpliendo más o menos las normas y el sentido común que indica que uno no debe hacer nada con sus utensilios electrónicos que no haría con los analógicos, el selfie es, sin duda, un gran invento.