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Se puede juzgar a un país por su golf

Al menos eso dice el presidente del Council of Foreign Relations, Richard Haass, en un artículo curioso en Newsweek, titulado The Geopolitics of Golf.

Se recordará que Hugo Chávez ha ordenado el cierre de varios campos de golf, deporte al que identifica como la burguesía que él combate. A diferencia de los venezolanos, dice Hass, los países más amigables con Estados Unidos están diseñando y construyendo campos. Pone como ejemplos Corea del Sur, Vietnam o China (y también Cuba, porque según el autor es solo cuestión de tiempo que la isla se abra a Estados Unidos), y en el lado contrario, además de Venezulea, Corea del Norte, Ucrania y Rusia.  

Hace años otro analista, Thomas Friedman, propuso “la teoría de la prevención del conflicto de los arcos dorados (“Golden Arches Theory of Conflict Prevention”), según la cual los países que tienen McDonalds en sus territorios no se enfrentan entre sí (aunque algunos sí lo hagan, como Georgia y Rusia o Israel y Líbano).

Dice Hass que el golf se asocia con países abiertos que acogen a los turistas, que traen nuevas ideas junto con sus bolsas y palos. Además, el golf florece donde lo hace la clase media, y se vincula a sociedades en las que se disfruta el ocio y también seguridad.

Una curiosa dosis de soft power: hamburguesas y golf. Provocador.