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Menos Twitter y más televisión

Está todo el mundo pidiendo que le ayudemos a poner en marcha “lo de Obama”. Así más o menos describen lo que les gustaría tener en su operación web: millones de personas movilizadas a golpe de click, millones de euros, dólares o pesos recaudados, y millones de mensajes enviados directamente a la gente, sin el filtro de los medios de masas. “Ya me gustaría que tú fueras Obama”, pienso yo cuando lo piden…

Hablando en serio, se suscita muchas veces el debate de si es preferible poner el peso en las nuevas tecnologías o más bien en la televisión. Ayer mismo andábamos unos cuantos colegas discutiendo si la prensa escrita es más importante que la televisión o la televisión más importante que la web, que si la radio, que si por aquí que si por allá… Mi opinión ha sido y es siempre la misma, y es muy clara: para las cosas que hablamos aquí y que suelen preocupar a los políticos y los altos funcionarios, es decir, para conformar eso que llamamos opinión pública, la televisión es indiscutiblemente el medio estrella, y cuanto más peso pongamos en la televisión, mejor.

Pues en estas estábamos ayer y me encuentro hoy con un artículo (providencial, diría mi padre) de Charles Kenny (experto en innovación y desarrollo) en el Foreign Policy: “Revolution in a Box”. El artículo dice que por mucho que se la intente dar por jubilada, la televisión tienen aún un potencial inmenso en el mundo, y produce efectos muy beneficiosos en el desarrollo y en la difusión de valores positivos. Algunos datos y curiosidades que nos cuenta el artículo, aunque te recomiendo que leas completo el texto:

  • En todo el planeta hay una televisión por cada cuatro personas (lo que hace un total de 1.100 millones de aparatos), pero se calcula que aún quedan más de 150 millones por instalar en los próximos cinco años.
  • En India la mitad tiene hoy televisión. En 2001 era sólo un tercio de la población. En Brasil, hoy la tienen en casa cuatro quintos de los ciudadanos. En algunos países pobres, como Vietnam o Argelia, la penetración es del 80 por ciento. La televisión llega antes que el refrigerador, incluso en muchos lugares del mundo ¡antes que la electricidad!, porque muchos la enganchan a sus baterías portátiles en buena parte del mundo en desarrollo.
  • En 2013 la mitad de la población mundial tendrá acceso a televisión digital: la gente disfrutará de muchos más canales. Como todo el mundo sabe, eso nos lo pone más difícil a los comunicadores, porque la audiencia estará mucho más fragmentada (en Estados Unidos la media de canales que se ven en un hogar es 113); aún así, la atomización no es ni mucho menos tan grave como la que afecta al mundo de los internautas.
  • En una análisis de 97 países, resultó que el 60 por ciento de los canales relevantes eran propiedad del Estado. El 30 por ciento era propiedad de empresas familiares.
  • La programación promovida por los gobiernos (desde programas educativos como la cría del cerdo en China, a experimentos como el pintoresco Aló Presidente de Chávez en Venezuela), están a la baja. La gente en todo el mundo prefiere en este orden el deporte, los reality shows y las telenovelas y teleseries. House es hoy líder en el mundo: 82 millones de personas de 66 países la ven.
  • Se ha demostrado que la televisión ayuda a controlar la natalidad, no porque no haya nada mejor que hacer que ver la televisión, que es más que dudoso, sino por los valores que la televisión transmite. Por ejemplo, en un análisis en Brasil, se observó que el 70 por ciento de las mujeres que aparecían en las teleseries no tenían hijos, y un quinto estaba divorciada, en un país con una altísima – pero descendente – tasa de natalidad. En las zonas en que se iban expandiendo las teleseries de Globo, la principal cadena de televisión, iba cayendo antes la tasa.
  •  En otra investigación se llega a la misma conclusión: la televisión hace descender la tasa de natalidad, pero, además, incrementa en cinco años el tiempo que las niñas permanecen en el colegio, refuerza la autonomía de las mujeres, e incrementa las tasas de divorcio.
  • La televisión reduce también el consumo de drogras entre niños y adolescentes del mundo en desarrollo.
  • Los programas educativos tienen efectos tangibles. El programa Telesecundaria, emitido en el México más rural y remoto, eleva los estándares educativos de los 700.000 niños que lo ven.  
  • La televisión moviliza en las catástrofes y agita conciencias en las guerras, porque sugiere al vidente que estamos en un mundo global e interconectado. Recordemos las movilizaciones mundiales contra la Guerra de Irak y el sentido de pertenencia a una comunidad global que muchos tuvimos. O la movilización internacional de apoyo a Indonsesia tras el tsunami, por poner otro ejemplo.
  • La competencia mundial entre conglomerados puede ayudar a una visión del mundo menos sesgada. El hecho de que BBC o CNN estén expandiéndose en Oriente Medio, y Al Jazeera en Occidente, ayudarán sin duda a una comprensión mejor de uno y otro lado.

Kenny termina el artículo con una predicción esperanzadora:

“En un futuro no muy lejano, es muy probable que el mundo esté viendo 24.000 millones de horas de televisión al día – una media cercana a las cuatro horas por habitante. Seguro que alguna de esas horas se podría utilizar en cosas mejores, como plantar árboles, ayudar a las viejecitas a cruzar la calle, o a jugar al cricket, puede ser… Pero ver la televisión pone a la gente ante nuevas ideas y gente diferente. Y ello conlleva mejora de las oportunidades, mayor igualdad, una mejor comprensión del mundo, y una nueva apreciación de las complejidades de la vida para una aspirante a estrella del pop en Afganistán.”

PD: Querido Melvin, un placer estar contigo aquí en Dominicana, en este hermosísimo país tuyo.