Acabamos de ver al cesante presidente de Brasil, Luis Inacio Lula da Silva, llorando al recordar algunos de sus logros en defensa de los débiles en su país. Lula no es el primero en llorar en público. De hecho, los antecedentes son numerosos:
El propio Lula ya había llorado de alegría por la elección de Río para los Juegos Olímpicos.
Bush padre lloró al referirse a su hijo Jeb.
Y más tarde también al referirse a la operación de su esposa.
Su hijo el presidente George W. Bush era de lágrima fácil. Lloró, por ejemplo, lágrimas patrióticas en un homenaje a los veteranos, cantando el “Dios bendiga a América”.
Hillary lloró durante las primarias contra Obama.
Aznar lloró, parece que por temor a lo que los socialistas podrían destrozar de su legado, justo antes de las Elecciones del 2004.
Gordon Brown lloró, como ya contamos aquí, en plena campaña, al recordar la muerte de su bebé recién nacido.
Etiquetas: lágrimas
Esta entrada se publicó , el Martes, 27 de julio de 2010 a las 12:16 am horas y está guardada bajo Liderazgo. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada mediante el canal RSS 2.0.
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