La propuesta de construir una mezquita a dos manzanas de la Zona Cero en Nueva York se ha convertido en un símbolo lamentable de la tensión que se vive en Estados Unidos desde el 11S. El bueno del Imam Rauf, un promotor de un Islam moderado, y su esposa, han querido implatar allí, como parte de su Iniciativa Córdoba, un gran centro comercial con guardería, librería, ¡¡y mezquita!!
El país se ha encendido contra el proyecto, y una encuesta reciente dice que el 70 por ciento de los estadounidenses está en contra de la idea. Muchos parecen tomar aquel terreno como sagrado, y no saben distinguir el Islam del terrorismo. Lamentable pero cierto.
Ganadores de la batalla: primero, Bin Laden y sus seguidores: “ya lo decíamos nosotros, pobres víctimas de los infieles”. Y segundo, el Tea Party (que sigue arrasando) y sus dos líderes más destacados, la pintoresca e inculta Sarah Palin y el viejo Newt Gingrich: “Somos americanos, fuera musulmanes que pretenden imponer la sharia.
Perjudicados: el “musulman” presidente Barack Husein Obama, el alcalde de Nueva York que había aprobado el proyecto, los musulmanes pacíficos estigmatizados en todo el mundo, y la tolerancia religiosa.
Va a tener razón Dominique Moïsi son su simplista argumento defendido en La geopolítica de las emociones: tras el 11S choca el miedo de Occidente con el sentimiento de exclusión musulmán.
Mira las tres preguntas realmente sencillas que hace este tío más bien desaliñado y con uñas largas y sucias, sobre la mezquita:
¿Por qué se llama Córdoba House, con el nombre la gran conquista musulmana en España? Le contestaremos: Córdoba no es hoy símbolo de conquista (en todo caso que se venga y vea la catedral católica insertada en medio de la mezquita musulmana) sino de convivencia y tolerancia. Este tío no sabe de qué habla.
¿Por qué a dos manzanas de la Zona Cero? ¿Y por qué quiere ser abierta justo el 11 de septiembre de 2012? Pues evidente: porque quiere ser un símbolo, pero no de ataque, sino de tolerancia.
Yo retiraría ya mismo el proyecto hasta que se relajen: no hay manera.


