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Quema de libros, breve historia

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El cretino e innombrable sacerdote de Florida que tuvo al mundo en jaque por su idea de organizar una quema pública del Corán, muy creativo no es. Quemar libros es una “afición” que ha acompañado siempre a la humanidad.

Antes no era tanto un acto simbólico como ahora, porque al quemar los libros desaparecía literalmente el conocimiento contenido en ellos; algo que hoy es casi imposible por la permanencia de los textos electrónicos y su difusión viral sin límites fronterizos.

En 213 a.C. el emperador chino Shih Huang Ti pensó que quemar todos los documentos de su imperio le haría reinaugurar la Historia. La leyenda dice que ocho siglos después el Califa Omar quemó unos 200.000 documentos de la Biblioteca de Alejandría.

En 1258 los mongoles saquearon Bagdad y se dice que las aguas del Tigris bajaban negras de tinta. Aquí en España, la conquista de Granada en 1492 vació las bibliotecas y terminó con el ambiente delicioso que se respiraba en el Reino Nazarí.  

La religión y la ideología, naturalmente, han sido el objeto y el agente de la furia. Los católicos quemaron los libros de Lutero. Los nazis quemaron los libros judíos e izquierdistas. Más recientemente, ya en la era de la televisión, en 1989 algunos radicales islamistas convocaron a la quema de los Versos Satánicos de Salman Rushdie, y en 2001 algunas ciudades estadounidenses quemaron Harry Potter por su pretendida relación la brujería.

Tienes una excelente cronología en Wikipedia: “Book burning“.