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Cómo restaurar la confianza en el Gobierno, sin tener que recurrir a un anuncio

La confianza en las labores de Gobierno, de la Administración, están en horas bajas. En España “los políticos” son el tercer problema según el CIS; en Estados Unidos los votates desconfían mayoritariamente de las instituciones políticas, y especialmente del Congreso; el fenómeno se reproduce en todo el mundo. En realidad siempre ha habido desconfianza, pero parece que en la situación actual de crisis económica, los ciudadanos vendrían a castigar algo más a los gobernantes.

Esta semana han coincidido dos papeles interesantes sobre la cuestión.

El primer número del Zoom Político de la Fundacion Alternativas publica un interesante análisis de Sandra León (“¿Nos cambia la crisis?”), en el que se muestra que los españoles – también los conservadores – apoyan muy clara y mayoritariamente el Estado de Bienestar, y que ese apoyo es prácticamente idéntico en momentos de crisis como el actual.

Por su parte, en la mucho más desconfiada sociedad estadounidense, nos dice Andrew Levison (“A TDS Strategy Memo: A ‘common-sense populist’ democratic communication strategy for re-building public trust in Goverment”), los votantes se muestran muy alejados del Gobierno. Piensan básicamente que a) el Gobierno es ineficiente y burocrático; b) el Gobierno es corrupto y dominado por intereses especiales; y c) el Gobierno está dominado por izquierdistas que dan recursos a “vagos” y “extraños”.

Para desmontar esos principios, típicamente conservadores, Levison propone que los progresistas se guíen por tres líneas: a) que la gente participe en la redaccion de sus leyes; b) que el dinero se aleje de la política; y c) que los ciudadanos normales supervisen a los políticos. 

El autor pone ejemplos en las tres líneas: los grupos seleccionados aleatoriamente para ayudar a hacer leyes en California o en las experiencias promovidas por la llamada democracia deliberativa; las normas rotundamente en contra de la corrupción (los progresistas españoles creen erroneamente que eso no les beneficia electoralmente); y favorecer la transparencia de la administración electrónica.

Yo añadiría que tenemos que reenmarcar el concepto Estado/Función Pública/lo público. Por poner ejemplos muy sencillos: 

  • No hablemos de funcionarios sin más; hablemos de médicos, policias, maestros, bomberos.  
  • El AVE (el tren español de alta velocidad, orgullo nacional) es público. Ruiz Mateos es privado. Hay cientos de ejemplos de servicios públicos que funcionan muy bien (policías, protección civil, Hacienda, los semáforos, las inspecciones, los hospitales….) y miles de ejemplos de servicios privados que funcionan fatal.
  • Es evidente que las sociedades más desarrolladas del mundo son aquellas que tienen un fuerte y estable sector público, con una presión fiscal a partir del 30 por ciento del PIB aproximadamente. Hay alguna excepción (como Estados Unidos o Suiza, países muy ricos), pero con menos no puede haber Estado fuerte, y sin Estado fuerte no puede haber desarrollo económico, y menos aún social.

Por cierto, la revista Harper’s Magazine pidió a cuatro directivos de grandes agencias de publicidad que propusieran un anuncio de SuperBowl, para promover una mejor imagen del Gobierno (noticia sobre el asunto aquí).

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