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¿Eres un sofactivista? Test rápido en 10 preguntas y una excelente infografía

“Slacktivism” o “activismo perezoso” es el que se hace de manera doméstica. Sin mayor compromiso. Un retweet por aquí; una firma en una carta por allá, que ni siquiera tienes que poner en el buzón; un vídeo que pones en tu muro de Facebook… Algunos ciberutópicos piensan que así, con el activismo de sofá, el “sofactivismo,” puede cambiarse el mundo. Son tan visibles que ni siquiera hace falta mencionarles. Uno de sus más activos representantes es mi buen amigo Antoni Gutiérrez Rubí, que ayer, sin ir más lejos, escribía en El País sobre el asunto, reconociendo que, quizá, se trata de una ilusión, pero que bienvenida sea.

Sucede, sin embargo, que para quienes hemos mirado la historia de la comunicación política con algo menos de ilusión, en realidad el ser humano no ha cambiado mucho en los últimos cien mil años, por poner una fecha. La inmensa mayoría observa, y una minoría controla e influye. Pensar que Twitter y Facebook van a cambiar eso es, cuando menos, temerario. Por lo demás, como sugiere el hipercitado Evgeny Morozov, el sofactivismo puede aliviar la conciencia del sofactivista hasta el punto de generar una sensación de participación – “pseudoparticipación” se llama – que inhibe la necesidad de participar con auténtico compromiso: “si yo ya he colgado el vídeo en mi blog, yo ya he cumplido…”

Aún estamos esperando algunos a que alguien nos diga qué verdadera revolución política se ha producido gracias a las redes sociales: sólo una, por favor. ¿Egipto? ¿Dónde está ahora Twitter, una vez que el ejército, ahora sí, ha tomado el control? ¿Siria? ¿Cuántos Tweets evitarán los impactos de bala? ¿China? Allí hay un ejército de blogueros a la pieza que cantan – sin que les fuercen, aunque les den algún yuan por su tiempo – las maravillas del modelo chino. ¿Rusia? ¿Cuba? Y aquí… ¿en España? ¿Qué han conseguido los “internautas”? Una sola causa, por favor, por pequeña que sea… ¿Quizá para la Ley Sinde? La aprobó el PP en el primer Consejo de Ministros y ¿qué pasó?

Recuerdo el gran artículo de Malcolm Gladwell sobre este asunto, que tanto debate ha generado en la red, y el libro de Morozov que se ha convertido en el gurú del ciberrealismo, y que está a punto de salir traducido al español. Morozov estará en Bilbao en nuestro gran encuentro anual de mediados de junio. Una cita que no deberías perderte. Queda sólo una semana para que puedas inscribirte por 50-100 euros.

Para que compruebes si tú también eres un sofactivista, esta buenísima infografía te pregunta si has hecho las siguientes cosas en los últimos días:

1. Hiciste un retweet sobre una causa.

2. Llevas una pulsera sobre una causa.

3. Participaste en un pequeño boicot de corto plazo.

4. Apagaste la luz por una hora.

5. Hiciste una donación por sms.

6. Pusiste una pegatina en tu coche.

7. Cambiaste tu status en Facebook en favor de una causa.

8. Firmaste online una petición.

9. Compartiste un vídeo sobre una causa.

10. Compraste algo cuyo beneficio se destina a una causa.

¿Cuatro o cinco síes? Pues quizá ya seas un sofactivista. Ahora te falta ser un activista. Para eso quizá haya que poner algo más de dinero, de esfuerzo y de compromiso, y eso ya cuesta algo más, ¿verdad? Ni Twitter ni Facebook van a cambiar – creemos algunos – el reducido número de los activistas de verdad, lamentablemente. Y el problema puede ser que nos sintamos reconfortados por enviar un simple mensaje o poner una pegatina: un fenómeno, el de la pseudoparticipación, que ya es un viejo conocido de los sociólogos. Eso no quiere decir que las redes sociales no puedan ayudar. Claro que lo hacen, como los teléfonos, las fotocopias o la radio y la televisión lo hicieron en su tiempo. Cuando la tele o la radio o la fotocopia nacieron, muchos anunciaron la paz mundial y la extensión de la democracia gracias a ellas. Mucha prudencia, pues, mucha prudencia. Y un poco más de perspectiva histórica y conocimiento sociológico. No vaya a ser que distraídos como estamos con Twitter, dejemos de hacer lo que se nos reclama de verdad, que, por lo demás, da mucha más pereza.

 

The Rise of the Slacktivist
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