Skip to content

920.000 “ignorantes” decidirán quién es presidente de Estados Unidos

 

Sí, para ser exageradamente precisos, las cuentas dicen que serán 916.643. Se trata del 4 por ciento de votantes que dicen que están indecisos en los estados que pueden determinar finalmente la elección, es decir, Virginia, Florida, Ohio, Iowa, Nuevo México y Colorado. “Eso es todo,” dice el prestigioso Paul Begala: “El presidente americano será elegido por menos de la mitad de cuantos pagaron para ver en el estadio a los Astros de Houston el año pasado.”

Se trata de unas elecciones realmente reñidas, no porque haya mucha gente que aún no haya decidido su voto, sino exactamente por lo contrario: porque son muy pocos, y esos pocos, menos de un millón, determinarán el resultado. Para ver la poca distancia que hay entre los dos “caballos,” Obama y Romney, que compiten en la carrera desde hace meses, esta animación es muy útil. La distancia es cortísima y lleva siéndolo desde el principio. El anuncio de la candidatura vicepresidencial del ultraconservador Paul Ryan no ha dado a Romney una ganancia inmediata, como ha sucedido siempre que se anuncia al elegido o la elegida para el cargo. La elección del candidato vicepresidencial no aporta votos, como demuestra aquí el mismísimo Karl Rove.

Pero tan interesantes como el reducido número de electores que van a determinar la presidencia de Estados Unidos en noviembre, son sus características. Un estudio en profundidad de quiénes son esos indecisos de verdad, realizado por Larry Bartels y Lynn Vavreck, demuestra que se trata de individuos con un muy escaso conocimiento de los asuntos públicos y de la política de su país. Por ejemplo, el 40 por ciento no sabe qué partido tiene la mayoría en la Cámara de Representantes, y el 20 por ciento cree erróneamente que son los demócratas. Como dice cómicamente  Stephen Colbert,  “el futuro de nuestra nación está en estos momentos en manos de gente que no piensa qué quiere comer hasta que llega a la caja del McDonald’s.”

Es la gran paradoja de la democracia: quienes más tiempo dedican a la política, más se informan y más siguen los asuntos públicos son quienes toman decisiones más estables y menos cambiantes, y están más polarizados. Y quienes menos se informan están más abiertos a cambiar de opinión, para decepción de los defensores de la democracia deliberativa y racional. Y esos “indecisos,” cambiantes, “independientes,” “centristas,” o se les llame como se les llame, ese “ectoplasma” de la política, como también se les ha llamado, son quienes pueden decidir finalmente el resultado electoral. De manera que los partidos están gastando billones de dólares en conseguir ese voto determinante, de gente a la que en realidad le importa muy poco el resultado.