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“Nulo impacto de los mensajes políticos en Facebook”

Sí, así de llamativo puede ser el resultado de la investigación que mi admirado James Fowler (@James_H_Fowler) y sus colegas han publicado hoy en Nature, y que sin embargo se ha anunciado con titulares muy distintos. En una doble página dice El País  que “Un mensaje en Facebook movilizó 340.000 votos en un solo día.”  Europa Press tituló de forma todavía más llamativa, arrastrando a muchos diarios a hacerlo también: “Un mensaje en Facebook arrastra a sus usuarios a las urnas” (¡¡¡¡). Más modesto, el Washington Post afirma que “Un estudio encuentra que el voto de los amigos de Facebook tiene impacto en el resultado de la jornada electoral.”

Es sabido que para vender muchos ejemplares las revistas y los periódicos tienen que ofrecer titulares llamativos, especialmente en materia científica. Y que si esos titulares son sobre las revoluciones tecnológicas que ya son o que vienen, tanto mejor. Es de suponer que tanto Facebook como Nature como Fowler tienen todo el interés en que creamos que lo que sucede en Facebook tiene algún impacto relevante en el comportamiento político de la gente.

Pero miremos el estudio con un poco de atención y de detalle.

Primero, los datos son ridículos. Sobre unos 61 millones de usuarios de Facebook ese día, resulta que quienes vieron en su pantalla el simple mensaje “yo voté” con las indicaciones para encontrar el sitio en el que está el colegio electoral, (mensaje que los investigadores llaman “informativo”), no cambiaron su actitud en nada. Impacto del mensaje: cero. Se dice que, sin embargo, quienes recibieron el mismo mensaje pero con las caras de algunos de sus amigos debajo (mensaje que los investigadores llaman “social”) tuvieron ¡un 0,4 por ciento de probabilidad mayor de votar! Para que el lector lego en estadística entienda el efecto, esto significa que si alguien nos pregunta si vamos a ir a votar o no, en lugar de decirle “al cien por cien te digo que seguro que no votaré,” después de ver el mensaje “social” de Facebook, le diríamos que al 99,6 por ciento te digo que no iré a votar.” En términos agregados, el resultado es que se supone que unas 300.000 personas, de los 61 millones, votaron por el mensaje “social.” (Sí, puede ser, pero entonces unos 60,7 millones no hicieron ni caso).

Segundo, eso no es, en todo caso, efecto de Facebook, sino de tus amigos. Sí, claro, se supone que si ven que seis amigos suyos (aunque sean amigos virtuales) han hecho algo como votar, una buena parte de la gente se sentirá invitada a hacer click en la tecla “yo voté”, es decir, “yo también soy como mis amigos.” Facebook ayuda a verlo, pero el efecto no es de Facebook, sino de tus amigos. Si en un estudio hipotético observáramos que la probabalidad de votar se incrementa cuando el individuo ha recibido seis llamadas de teléfono de amigos que le dicen que ellos ya han votado, jamás atribuiríamos el efecto al teléfono, sino a los amigos.

Tercero, por mucho que he buscado, no he econtrado en el estudio el lugar donde se explique que los supuestos 340.000 nuevos votantes primero vieron el mensaje, luego fueron a votar y luego volvieron a Facebook para hacer click en “Yo voté.” Es decir, que muy probablemente esa gente pulsó el “yo voté” porque vio que sus amigos también lo habían hecho. El estudio se encarga de comprobar que quienes pulsaron, efectivamente, votaron, pero no que primero vieran el mensaje y luego fueran a votar y luego pulsaran, que es muy distinto. El estudio, en otros términos, demuestra que quienes ven que sus amigos pulsan, tienden a pulsar ellos también, pero no necesariamente que voten porque sus amigos hubieran votado.

Y cuarto, resulta llamativo que en la explicación detallada de los datos del estudio, se admita que Facebook no permitió que el experimento se hiciera en las condiciones científicas que los investigadores deseaban, imponiendo que el mensaje social fuera recibido por los 61 millones de usuarios. En otras palabras: cuidado con las investigaciones patrocinadas por quienes tienen intereses en que el resultado sea uno determinado. (Por no hablar del hecho de que Facebook afirme sin pudor que pudo promover artificialmente el voto de 300.000 personas… aunque eso es otra cuestión…).

En definitiva, por mucho que griten los titulares, seguimos viendo lo obvio: no importa la herramienta, sino la gente que la utiliza, que no ha cambiado mucho en los últimos 200.000 años. Y en el caso del comportamiento de voto, Facebook en particular tiene un efecto prácticamente nulo.