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Nixon y el perrito Checkers: uno de los mejores discursos de la historia

El 23 de septiembre de 1952, hace hoy 60 años, el entonces precandidato Nixon estuvo a punto de sucumbir a la presión por las críticas que estaba recibiendo por haber recibido presutanmente regalos y dádivas y fondos para su campaña. Pero con increíble intuición, y éxito formidable, Nixon y su equipo pensaron en utilizar un nuevo medio que estaba aún empezando a llegar a los hogares estadounidenses. El discurso tuvo un impacto brutal y positivo en la reputación de Nixon. En el primer discurso televisivo en directo de un personaje político de ese nivel, se presentó desde un teatro, con su esposa al lado, con un lenguaje cercano y directo. Media hora. Todo un hito en la historia de la comunicación política contemporánea.

Así hablo en El poder político en escena de aquel discurso, incluyendo en la narración la emocionante historia de Checkers, el perrito que las hijas de Nixon recibieron como regalo:

Los políticos, como las empresas, aprendieron pronto a adaptarse a las exigencias del nuevo medio. Tuvieron que asumir los condicionantes esctrictos del espectáculo ofrecido en la pequeña pantalla. Tuvieron que entrenarse en la pericia de lanzar sus mensajes en cortísimos segmentos, de menos de un minuto, para que encajaran en los nuevos informativos nocturnos, dentro de la crónica de los presentadores. Un tiempo muy corto, por cierto, pero mucho más largo que hoy. En el primer debate de candidatos a la presidencia de Estados Unidos, aquel mitificado encuentro del vicepresidente Nixon con el senador Kennedy en 1960, se fijó una apertura de ocho minutos para cada uno de los candidatos. Hoy la apertura típica de un debate presidencial es de dos o tres minutos de intervención inicial. La duración media de un «corte» o «total», término con el que se conocen esos segmentos televisivos de los políticos hablando, se ha reducido progresivamente desde la televisión primitiva. Hoy, un corte típico dura ocho segundos. Hace cincuenta años podía durar 40. Un presidente europeo habla menos en televisión en una semana que cualquiera de los comentaristas en un solo día. Se identifica a Kennedy como el primer presidente de la era de la televisión por su estelar intervención siendo candidato demócrata en aquel debate. Por primera vez, el elector podía ver y escuchar a sus dos candidatos cara a cara, y el rostro de Kennedy era un símbolo de aire fresco en el nuevo formato. Aunque pasarían dieciséis años sin debates, la práctica sería retomada en 1976 y no se detendría ya nunca en Estados Unidos, siendo exportada a buena parte del mundo. Pero en realidad, paradójicamente, el primer gran momento televisivo de un político fue protagonizado por el propio Nixon. Siendo candidato a la vicepresidencia junto a Eisenhower, en 1952, fue acusado de recibir dinero de amigos para la campaña a cambio de favores políticos. Nixon utilizó espacio comprado en televisión para dirigirse a 20 millones de estadounidenses, lejos de los 70 que vieron el debate de 1960, ocho años y tres días más tarde. Con una escenografía cuidadosamente preparada —en El Capitan Theatre de Hollywood, vacío para la ocasión, con atrezo de escritorio y librería doméstica, con su esposa, Pat, sentada en un sofá a pocos metros y la prensa siguiendo el discurso en una sala contigua—, Nixon se dirigió al pueblo estadounidense para desmentir las acusaciones y hacer un duro alegato contra sus adversarios. El momento más destacado del discurso fue, sin embargo, aquel en el que el tono se volvió más emotivo, más personal, más familiar, más íntimo. Después de detallar sus ingresos y sus ahorros familiares uno a uno, Nixon miró fijamente a la cámara y dijo:

Bien, eso es todo. Eso es lo que tenemos y eso es lo que debemos. No es mucho, pero Pat y yo tenemos la satisfacción de que cada centavo que tenemos ha sido ganado con honestidad. Tengo que decir que Pat no tiene un abrigo de visón. Pero tiene un respetable abrigo republicano de tela. Y siempre le digo que se vería bien llevando cualquier cosa. Otra cosa que tendría probablemente que contarles porque si no lo hago es posible que también me acusen: sí nos dieron algo, un regalo, tras las elecciones. Un señor de Texas oyó a Pat en la radio mencionar el hecho de que a nuestras dos hijas les gustaría tener un perro. Y, créanlo o no, el día antes de empezar este viaje de campaña recibimos un mensaje de la estación de Baltimore diciendo que había un paquete para nosotros. Fuimos a recogerlo. ¿Saben qué era? Era un pequeño cocker spaniel en una caja que se había enviado desde Texas. Con manchas blancas y negras. Y nuestra hija menor, Tricia, la de seis años, lo llamó Checkers. Y, ¿saben?, las niñas, como todos los niños, adoran al perro, y solo quiero decir justo ahora que, digan lo que digan, lo vamos a mantener.

El Discurso de Checkers, que promovió una riada de cartas, comentarios y conversaciones de apoyo a Nixon, y también su permanencia en la candidatura, fue probablemente el primer momento en que un político es visto en televisión con tal cercanía y tal voluntad, dirigiéndose al público como antes solo se había podido hacer por radio, contando una sencilla historia de hombre corriente y amante de sus hijas, que se ha propagado a lo largo de generaciones por sus elementos narrativos.

(Extracto de El poder político en escena: historia, estrategias y liturgias de la comunicación política, RBA, 2012).

Añadidos: aquí puede encontrarse un buen artículo sobre el discurso en este su 60 aniversario.

Y aquí el discurso completo. La cita fundamental, que es la traducida arriba, puede escucharse a partir del minuto 17:45.