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Pequeña sociología del abucheo. Dos casos prácticos.

Dando continuidad al post de ayer (Pequeña sociología del abucheo):

  • Zapatero en el incendio de Guadalajara. Después del incendio en el que perdieron la vida 11 agentes forestales, la vicepresidenta de la Vega visitó la zona afectada. Aunque viajó de noche de manera inmediata tras el accidente, tuvo que aguantar los abucheos de parte de los ciudadanos. Incompresible, porque la vicepresidenta tenía muy buena valoración, cumplió de inmediato con su deber y estuvo cercana. Pero no parecía ser suficiente y se llevó una bronca. Los requerimientos pronto se elevaron al presidente del Gobierno. Era julio de 2005 y Zapatero no llevaba ni un año en el Gobierno. El problema era si cancelar o no un viaje a China que el presidente tenía con una importante delegación de empresarios españoles. Cancelar el viaje era claramente un exceso: se había estado preparando el viaje con todo cuidado y el presidente, a efectos prácticos, no hacía «nada» en Guadalajara. Pero no ir significaba que te acusarían de cobarde, de inhumano o de lindezas parecidas. Finalmente, Zapatero fue a China. La presión siguió durante la semana. El PP no hacía más que preguntar por qué el presidente había dejado abandonados a los manchegos tras el accidente. El fin de semana del 23 y 24 de julio de 2005, Zapatero volvía de China. El avión aterrizaba como a las 8 de la mañana. Una hora perfecta para que pudiéramos evitar los abucheos sin problema. El helicóptero del presidente fue directamente hacia la zona incendiada con un aviso a la prensa de apenas unos minutos. Siendo domingo, a primera hora de la mañana, y por sorpresa, los organizadores potenciales del abucheo no pudieron estar presentes. Zapatero pudo decir aquello de «Quería venir a Guadalajara en cuanto llegara a España». Lo que no hacía falta que dijera es que en su movimiento estaba también, por supuesto, evitar el abucheo por parte de unos cuantos aguerridos voluntarios de las juventudes del PP.

  • Los príncipes en el Liceo. El pasado 30 de mayo, los príncipes de Asturias sufrieron un sonoro abucheo en el Liceo de Barcelona (vídeo), justo antes de la representación de la ópera L’elisir d’amore. Fue sorprendente porque invitaba el propio Liceo y porque en ese prestigioso teatro no es frecuente escuchar broncas. Naturalmente, todo el mundo tendió a interpretar que era un rechazo a los príncipes como símbolo de España (en un momento de máxima expresión de la efervescencia independentista), y como símbolo de la crisis de la Casa Real. Puede que algo de eso hubiera. Pero hay causas más prosaicas. Me cuenta una persona que ha organizado decenas de actos en Cataluña, que el motivo real del abucheo es que mucha parte del público era gente que había pagado por su entrada para asistir a la representación. Entradas que suelen costar en torno a los 200 euros. No era por tanto un público invitado y por tanto cautivo, sino un público comercial, más exigente. Y que a esa gente probablemente no le gustara que la representación empezara con más de media hora de retraso, esperando la llegada de los príncipes. No podemos saber qué habría en otras condiciones, pero es probable que si los príncipes hubieran llegado a la hora, al son de la música de bienvenida bien alta, o de los aplausos promovidos por la claque correspondiente, no habría habido abucheos. Quién sabe…

 

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