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UGT en manos del oftalmólogo tramposo: cómo la derecha juega con falsas simetrías

Publicado en InfoLibre

En los años 40, el oftalmólogo Ames consiguió engañar al ojo humano con un fascinante experimento. Dos personas de la misma estatura pueden parecer una un gigante y la otra un enano, en función de la posición que ocupen en una habitación aparentemente normal. Si cada una ocupa luego el lugar de la otra, el gigante se convierte en enano, y el enano en gigante. La habitación de Ames es en realidad un habitáculo trucado. Aunque parece simétrica y normal, tiene su pared frontal en diagonal. En otras palabras, el oftalmólogo lograba engañar al ojo humano, tan torpe, aumentando de manera ficticia el tamaño del objeto observado.
La derecha española parece haber aprendido bien el truco, de alguna manera. Dotando de una falsa simetría a acontecimientos que para nada lo son, intenta –y probablemente logra– que el observador vea gigantes donde hay enanos y enanos donde hay gigantes. Algunos ejemplos de diversa consideración:
  • Una alcaldesa permite que en un gimnasio se exhiban símbolos nazis, y el consejero de Presidencia de su Comunidad, Salvador Victoria, dice que no le gustan las banderas nazis, pero tampoco las comunistas. Nazis y “comunistas” quedan así igualados en falsa simetría, como si en España se estuvieran montando exposiciones de grupos estalinistas o de seguidores de Pol Pot, que luego se lían a bofetadas con el personal.
  • Para justificar que no se abran las fosas y se rescaten los restos de los muertos en la Guerra Civil y la Dictadura, se apela a “ambos bandos” y la necesidad de no abrir viejas heridas. Ambos bandos son igualados, como si uno de ellos no hubiera masacrado al otro y no hubiera impuesto sus normas durante 40 años. Como si, por ejemplo, las reclamaciones del hijo de un combatiente fascista que vivió a cuerpo de rey durante 40 años como “hijo de caído” valieran lo mismo que las de la hija de un combatiente republicano que no sabe dónde fue enterrado su padre.
  • Al presidente del Gobierno y del PP se le ponen delante pruebas más que concluyentes de que los sobresueldos, las donaciones ilegales, el trapicheo de favores, la financiación ilegal, han inundado de mierda su sede, y el presidente dice algo así como “mi partido aún no ha sido condenado por corrupción: el PSOE sí”. Con un par. Usted no es igual que yo: es peor. Aunque hayan pasado décadas desde la última acusación de financiación ilegal que afecta al PSOE y el PP esté metido de lleno en la más reciente. Aplicarán luego esa falsa asimetría, cuando los presuntos delitos de financiación ilegal se declaren prescritos: “inocentes”, dirán. Como si la prescripción de un delito fuera equivalente a su ausencia.
  • Etc.
Estas últimas semanas, el efecto óptico se ha cebado en la Unión General de Trabajadores. Un albarán de entrega de unos libros por 3.000 euros, en el que se ha puesto la palabra “bote”, y que no se corresponde con la factura de una subvención por 13.000 euros, demuestra que el sindicato inflaba sus facturas en un 400 por cien. Y al asunto se le da en la prensa la misma extensión que a un desfalco millonario por parte del tesorero del partido que gobierna España. Veremos qué dice el dictamen interno que la Unión está desarrollando, pero de momento ya pesa sobre ella la distorsión de la habitación de Ames: los medios de la derecha hablan de “saqueo” de fondos públicos donde de la mera lectura de las propias informaciones se deduce que solo había ahorros en los servicios contratados con proveedores habituales. Hablan de un “grupo de empresas encubierto” dando por hecho comprobado la mera denuncia de un grupo de trabajadores afectados por una regulación de empleo.
Puede que todos esos hechos, y alguno más, sean feos; incluso irregulares; quizá ilegales; pero en absoluto son comparables con las fechorías de los chorizos que habitaban Génova, con el resultado de enriquecimiento personal que para nada puede achacarse a ningún miembro de la UGT, por lo que sabemos. Ni tampoco son comparables al evidente trasiego de empresarios que dieron al PP cientos de miles de euros, estos sí, rotundamente encubiertos por la contabilidad B, a cambio de suponemos qué favores.
El otro día mi hija me vino diciendo que se había gastado un euro completo en chucherías, cuando yo solo le había dado permiso para gastar veinte céntimos. Algún que otro periodista o portavoz tramposo podría hablar así de un fraude que llegaba a un 500 por cien, de un robo ejecutado con alevosía, de un saqueo de fondos ajenos. Mi hija como Bárcenas. Aplicando esta distorsión de las falsas simetrías, se mezclan de forma torticera actuaciones de enriquecimiento personal millonario con maniobras contables de menor cuantía. Una invitación en una caseta de la Feria de Abril parece tan grave como la circulación de millones de euros por cuentas bancarias ocultas, incluso más chusca y menos elegante que aprovechar una visita al banco en Ginebra para hacerse unas bajaditas en las pistas de esquí cercanas, y así sucesivamente. Los enanos se convierten en gigantes y todos parecen ya del mismo tamaño, sin que nadie denuncie el artificio. El personal termina por creer que aquí todos son de la misma ralea. La habitación de Ames todo lo puede.
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