No creo que haya en España un mayor teatro colectivo y una conspiración mayor que los que montamos la noche del 5 de enero: 40 millones de adultos trabajando a conciencia para que cuatro millones de niños crean que tres reyes magos les colman de regalos. El esfuerzo tiene un sentido maravilloso, como contaba Gustavo Martín Garzo ayer en El País: a través de ese relato mágico, los niños y las niñas se reconcilian con el mundo. Se les recuerda que, pase lo que pase, alguien les quiere, y ¿qué buscamos todos sino una historia que nos recuerde que podemos amar y ser amados?
Hay mucho de esto también en la comunicación política bien hecha: formulamos la promesa de un regalo colectivo, ilusionamos en su puesta en escena, conspiramos colectivamente por lo que somos o lo que queremos ser. No sólo son importantes las políticas públicas, como tampoco son sólo importantes los regalos: aún más nos importa dar y recibir el don maravilloso de una historia. Un relato en el que sentirnos protagonistas.


