La prueba de que hacer reformas duras y cortar gastos no necesariamente implica una penalización de la opinión pública está estos días en Reino Unido. Allí Cameron y Clegg cumplen cien días de Gobierno y el apoyo a los conservadores ha subido hasta el 42 por ciento. Cameron se ha mostrado hiperactivo haciendo reformas duras con confianza y decisión, en fuerte contraste con el pusilánime Brown: cortes en el gasto social, reducción de servicios públicos, etc… y en buena continuidad con las políticas conservadoras típicas de la era Thatcher.
Y la prueba de lo difícil que es mantener la identidad siendo el número dos en un Gobierno de coalición (de eso España sabe mucho, véase el PSOE en Cantabria, ERC en Cataluña, o Izquieda Unida en Asturias, por ejemplo), también la encontramos en Reino Unido estos días. Desde la llegada al Gobieron, los Liberal-Demócratas del otrora hipercarismático Clegg han dividido por dos su apoyo público, y están ahora en un miserable 12 por ciento. Al lado del líder el número dos se desdibuja. ¿Terminarán peleando, además, por las diferencias ideológicas? Es sabido que Clegg está más por políticas intervencionistas progresistas que por políticas hiperliberales.


