De mi amigo Emilio Arrojo, excelente pieza aquí.
(Sigo rematando El poder en escena).
En el artículo que publica hoy sábado El País (el cuarto memorando imaginario que escribo a Rajoy), digo que el liderazgo es contextual. Que un buen líder para un momento (Zapatero en 2004, Aznar en 2000, González en 1982…) pueden resultar malos líderes para otro momento distinto. Hay pocos líderes que en el mundo hayan demostrado un liderazgo persistente y continuado, como Clinton, Uribe (que ahora se ha quedado chiquito frente a Santos), Lula, Bachelet o Roosevelt: líderes de crisis y de bonanza, de guerra y de paz, de las políticas duras (economía y seguridad nacional) y blandas (políticas sociales). El libro sobre el “poder inteligente” de Joseph Nye, Las cualidades del líder, es muy recomendable y lo explica muy bien.
Y también digo que la gente otorga a los líderes un poder taumatúrgico que no tienen. Así es, literalmente. En Thinking, Fast and Slow, el libro delicioso a modo de testamento del premio nobel Daniel Kahneman, se explica con numerosos ejemplos, sobre todo del mundo económico. Se tiende a pensar que los líderes empresariales son determinantes en la evolución de las compañías, cuando no es así. Se tiende a pensar que las cosas buenas que pasan son culpa de los líderes cuando no es así, etc. El libro no es recomendable: es obligatorio.
Te dejo aquí los memorandos anteriores:
Se les llama “independientes” o “votantes sin ideología”, y algunos creen que son el “centro”. Pero los datos se empeñan en demostrar que ese grupo de votantes que no se identifica con ningún partido y que no se sitúa en ningún punto de la escala ideológica, es en realidad un grupo de más o menos una quinta parte de la sociedad, muy heterogéneo, y que no tiene nada que ver con un supuesto centro ideológico. Predominan entre ellos los de menor formación y más edad. Pero, sobre todo, se trata de un grupo que se informa y paticipa muy poco en política.
Dos análisis recientes, un estudio en España de la Fundación Alternativas (“¿Cómo votan los que no tienen idelogía?”) y una entrevista con Stan Greenberg (New York Magazine: “The Illusive Indie”), llegan a conclusiones parecidas: los grandes temas que se imponen en la agenda, que Greenberg llama “populistas”, son los que influyen a ese electorado tan escurridizo: en el caso de Estados Unidos, la Guerra de Irak, la reforma de salud, el impuesto a los ricos… En España ETA, el Estatut, matrimonio homosexual, ahora la crisis…
Esos grandes temas, muy ideológicos, siguen siendo los más relevantes, incluso para los que dicen no tener ideología. La falta de una narrativa “un poco más populista” en Obama puede ser el motivo del desencanto de muchos de sus antiguos votantes, los mismos que se preguntan dónde está el Obama que iba a cambiar el mundo desde la izquierda. Un artículo reciente en El País de Bill Keller lo explica muy bien.
El siempre directo y brillante James Carville (él sí es un consultor político, y no el improbable samurai al que ayer El Mundo hacía un mamatorio infitino) nos cuenta en CNN lo que aconsejaría hacer a Obama, ahora que se extiende como la pólvora la idea de que podría no ser reelegido el año que viene. Recordemos que Obama está en niveles de aprobación muy bajos, en los 40, y que cunde entre los americanos el desencanto por la mala situación económica y el bloqueo político entre Congreso y Casa Blanca. América ha olvidado ya quién incurrió en un déficit billonario por las aventuras de Afganistán e Irak. Traducción del memorando no solicitado a Obama por parte de Carville:
Suelen preguntarme qué consejo daría a la Casa Blanca sobre asuntos diversos. Hoy he estado pensando sobre los resultados electorales desde Nueva York y Nevada. ¿Qué debe la Casa Blanca hacer ahora? Una palabra me vino a la mente: alarmarse. Entrar en pánico.
Ya hemos pasado la fase del mero envío de argumentarios. No tratemos de simplificarlo. Ya no podemos mantener más argumentación. ¿Has hablado con algún senador demócrata últimamente? Yo sí. Y está claro que no están contentos. Esto es lo que yo diría al presidente Obama:
Ha llegado el momento de exigir un plan de acción que requiere un cambio completo de dirección. No sé de qué otra manera podríamos cambiar las cosas. En pocas palabras:
1. Despida a alguien. No: eche a un montón de gente. Puede que usted aún no lo sepa, pero esto no va bien. Si quiere un precedente, véase a la División 64a del Ejército Ruso en Stalingrado. Hubo tantas muertes en Stalingrado que producirían un orgasmo en el Tea Party. Sr. Presidente, su rumbo hacia el destino debe cambiar. Bill Clinton despidió a muchos en 1994 y con ello se llenó de energía. Reagan despidió a la mayoría de su personal de campaña en 1980. En una decisión histórica, los republicanos despidieron a su mismísimo portavoz, Newt Gingrich. Bush despidió el secretario de Defensa Donald Rumsfeld. Por Dios, ¿por qué seguimos manteniendo a los mismos asesores de política y economía que nos metieron en este lío? No funciona. Más aún: no va a funcionar con el mismo equipo, la misma estrategia y las mismas excusas. Sé que los analistas económicos son listos – trabajan 17 horas al día. Pero es hora de mostrarles la puerta de salida. Despierte: demuéstrenos que hace algo.
2. Busque culpables. Hay algunas personas en las finanzas estadounidenses que no han pagado como responsables de haber arruinado el tejido económico de nuestro país. Pida al fiscal general un informe claro del estado de la investigación sobre esta increíble injusticia con el pueblo americano. Sé que el fiscal general Eric Holder es un íntimo amigo suyo, pero si sus explicaciones no son buenas, despídale también. Pida saber por qué nadie ha sido imputado. Señor presidente, la gente está furiosa. Dígale a la gente que usted también está enfadado y asqueado por las acciones irresponsables de Wall Street que causaron tanto sufrimiento. No acepte excusas. Exiga una acción inmediata.
3. Asuma el asunto como un demócrata. Mientras estamos apoyando a los republicanos con esa basura de la austeridad, ¿quién está haciendo el papel de enfrentarse con los republicanos? Desde luego no los demócratas. Estamos permitiendo que el exquisito y más argumentativo burócrata de nombre Douglas Elmerdorf (director de la Oficina del Presupuesto en el Congreso), haga el trabajo. No le deje que haga el trabajo que debería hacer usted. Hagamos nuestro trabajo. ¿No le hace pensar que estuviéramos mejor en medio del plan de estímulo, que ahora que estamos en pleno programa de austeridad?
4. Empéñese en explicarse. Céntrese en su lógica de lo que ha pasado y de los que va a pasar bajo su mandato. Céntrese en eso hasta las Elecciones (no diga que las cosas están mejorando porque es evidente que no mejoran). Cuando veo los debates republicanos, me doy cuenta de que estamos al borde de que un loco dirija nuestra nación. Me siento frente a la televisión y me estremece la idea de que unos esos republicanos amantes de creacionismo, negacionistas del cambio climático, radicales de la inmigración, podadores de la seguridad social, enemigos del de aire limpio, fascinados por la moral y protectores de Wall Street, pueda dirigir mi país.
El camino por el que vamos no lleva a ningún lado. Es tarde y la urgencia es mucha. Dispare. Acuse. Luche.
En estos días se cumplen 40 años de la realización de un experimento controvertido pero muy ilustrativo, que demuestra qué mala puede ser la gente sometida a la presión del entorno. En 1971, Philip Zimbardo reclutó al azar a un grupo de estudiantes para que hicieran en una supuesta carcel, el papel de carceleros y prisioneros, que les fue aleatoriamente asignado. Los participantes se metieron tanto en su papel que los carceleros empezaron a humillar a los prisioneros, éstos se amotinaron, se dividió a los prisioneros en “buenos” y “malos”, etc. El experimento tuvo que cancelarse por la dureza que estaba adquiriendo, pero según Zimbardo demostró qué fuerte es la presión social para que se acepten prácticas que de otra manera se habrían censurado. El estudio es conocido como Experimento de la Cárcel de Stanford, y es un clásico de la psicología social.
En 1992 se hizo un documental de televisión sobre el experimiento que resulta fascinante – y duro de ver. Lo tienes completo en Internet (por cierto en un portal lleno de documentales de todo tipo). Zimbardo publicó El efecto Lucifer, el porqué de la maldad años después, con las reflexiones sobre aquel y otros muchos estudios, y ya incorporando fenómenos como Abu Graib, etc.
Antes, otro investigador colega de Zimbardo, Stanley Migram, hizo un experimento parecido, muy conocido también, pidiendo a unos individuos que, para un experimento científico, dieran descargas eléctricas a una persona que no podía verles, detrás de un espejo. A pesar del dolor y las súplicas que las víctimas de las descargas (en realidad actores que simulaban su dolor), muchos de los individuos reparaban poco a la hora de aumentar las descargas eléctricas obedeciendo a la autoridad del científico que se lo pedía.
Estoy leyendo este verano el increíble Modernismo y fascismo, la sensación de comienzo bajo Mussolini y Hitler, una documentadísima cuenta de cómo el arte, la literatura, la ciencia, el deporte, la educación… y por supuesto los medios de comunicación con un naciente cine, se ponían al servicio de una causa que no era solo la obsesión de un fanático loco (llámese Mussolini, Hitler o Stalin…), sino también la causa de la superación colectiva de la humillación y la pérdida de rumbo que la gente percibía en aquellos momentos en Europa.
En uno de esos magníficos memorandos que de vez en cuando nos regala The Democratic Strategist, la plataforma de mi amigo Stan Greenberg y sus colegas, James Vega escribe una dura crítica de quienes afirman que “si Obama utilizara mejor la comunicación todo esto no pasaría”. La “comunicación” es el famoso bully pulpit, el término que utilizó Theodor Roosevelt para describir el “magnífico púlpito” que es la Casa Blanca para hablar y marcar la agenda.
Y “lo que está pasando” es que Obama está en índices de aprobación en decadencia (ahora en un 41 por ciento), en mitad de la bronca con el Tea Party y el resto de republicanos extremistas que no aceptan subir el nivel de deuda de Estados Unidos para afrontar las dificultades de la crisis (la deuda que multiplicó Bush con las guerras y otras aventuras).
Vega afirma que los progresistas no deberían repetir el argumento absurdo, indemostrable y simplista de que “Si Obama utilizar mejor su púlpito”, cambiaría la suerte del presidente. El autor explica que eso siempre se dice cuando no se quiere aceptar que los problemas son políticos y no sólo comunicativos, y que se suele aplicar como si fuera la invocación de un espíritu carismático y salvador que resuelve todos los problemas…
Vega pone los múltiples ejemplos en los que Obama ha hecho visitas a lugares para visualizar su compromiso con el desarrollo de la economía verde, los muchos casos en los que ha hablado de empleo, empleo y empleo… El enorme esfuerzo comunicativo que, sin embargo, pasa desapercibido para una prensa empeñada en mostrar siempre la controversia (por lo que, deduzco yo, entonces sí hay un problema de comunicación…).
Eso me recuerda las palabras de Tony Blair, que en una mesa con unas 30 personas, en Nueva York en Navidad, nos decía con cierto resentimiento que “los problemas no suelen ser de comunicación, sino de política”. Yo creo que son las dos cosas.
(Stan Greenberg publicó un buen artículo en el New York Times recientemente diciendo que un motivo por el que los votantes dan la espalda a los demócratas es que no defienden el papel del Estado).
Un artículo académico reciente de un investigador canadiense demuestra con una serie de estudios realizados con estudiantes universitarios, que tendemos a elegir gente más parecida a nosotros al sentarnos en lugares en los que podemos elegir.
Primero observaron largo tiempo que en una sala de informática los que tenían gafas se sentaban cerca de los que tenían gafas.
Segundo, vieron que no eran solo las gafas, sino también el color y la longitud del pelo. Lo observaron en una decena de clases implicando a 2.000 alumnos. Y controlaron el efecto de la raza y el sexo, que se da por supuesto y es muy conocido por investigaciones previas.
En tercer lugar, a través de un experimento con 72 estudiantes, se observó que no sólo es elegir la persona, sino también la cercanía. No sentamos más cerca cuanto más nos parecemos.
Y por último, se presentaron fotos de ocho individuos a un último grupo de 174 estudiantes. Prefirieron a los que más se les parecían.
(Todo esto me recuerda a los de las neuronas espejo).

Hace una semana, el día 21 de julio, fue el centenario del nacimiento de Marshall McLuhan, el psicodélico académico canadiense de los medios que dijo aquello tan hipercitado: “el medio es el mensaje”; y el inventor del término “aldea global”; el gran analista de la televisión de los sesenta y setenta. Hay conmemoraciones diversas estos días.
McLuhan escribió otro librito muy poco conocido, con ricas ilustraciones de la época, hablando citándose a sí mismo, pero con un cambio de dos letras: El medio es el masaje, es el título del librito que recomiendo que veas/leas: pura psicodelia de los 70 para explicar ese efecto narcótico de los medios que adormecen contando siempre la misma historia.
Si quieres escuchar a McLuhan en entrevistas, o escuchar un par de “temas” de su – de nuevo – psicodélico disco, pincha aquí, y aquí.
Y aquí tienes una entrevista que dio a la revista Playboy, en la que McLuhan anticipa cosas que veríamos cuarenta años después.
Al menos en Estados Unidos. Lo ha preguntado Public Policy Polling, una encuestadora progresista de allí. La pregunta concreta es: “Si Dios existe, ¿aprueba usted o desaprueba su gestión?”. Hay que decir que sólo un 9 por ciento la desaprueba. El resto no contesta, o está inseguro/a, o cree que la pregunta es una gilipollez.
Está claro que lo es, pero es divertida: con su índice, Dios se pone más o menos al mismo nivel de aprobación de Merkel, Kirchner u Obama, muy por debajo de Correa o Santos, y muy por encima de Piñera, Zapatero o Cameron.
Aunque la aprobación de Dios no es muy alta, sí lo es su gestión en la creación del universo, que obtiene una aprobación superior al 70 por ciento.
Bendito sea Dios.
El domingo pasado Televisión Española ofreció el primer capítulo de una historia de la censura en el cine. Son 30 minutos muy interesantes que puedes ver completos. Este domingo es el capítulo segundo. Y aquí tienes un artículo de El País con alguno de los momentos de la serie.