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Una lismonita contra el “socialista maligno”, por caridad

Viernes, 5 de Marzo de 2010

Están que se salen en el Partido Republicano en Estados Unidos. Lo último, una nueva apelación al miedo frente al diablo Obama que quiere convertir Estados Unidos en un país “socialista”. En una presentación lamentable explicando la labor de captación de fondos del Partido, se dice literalmente:

“Qué puedes vender cuando no tienes la Casa Blanca, el Congreso o el Senado? Salvar al país de su tendencia al socialismo”.

Y entonces aparecen las delicadas imágenes de un “socialista” diabólico con apareencia del Joker de Batman, y otras lindezas. Qué gente tan lista y delicada estos republicanos. Qué trazo tan fino. El presidente del partido ha salido a decir que no se autoriza ese tono… Bueno, menos mal que a alguien le queda dignidad.

Included in the presentation was the above slide, which was published on the Web site of the Washington Post.

La presentación completa aquí.

Maneras de clasificar a las naciones

Viernes, 8 de Enero de 2010

The Economist acaba de publicar un inútil pero divertido artículo sobre las etiquetas con que clasificamos a los países. Me ha parecido tan curioso que me he tomado el tiempo de traducirlo para que lo leas mejor. El original está en este link. Y aquí abajo te dejo la traducción.

Demos las gracias a la prestigiosa revista por no haber incluido a España esta vez entre los “cerdos” (PIGs) de Europa, aunque me temo que ha sido simplemente un olvido.

Por cierto, la revista incluye en el mismo número un artículo sobre España y su relación con la Unión Europea (sin mucho interés), y otro sobre Cataluña. En este último la revista prevé una victoria de CiU en las elecciones autónomicas de este año, y un quid pro quo entre CiU y el PSOE para pactar en Cataluña y en España. Me da que mucho no afinan, pero veremos…

Colección de alias

 ¿Recuerda la Región del Levant? ¿O los Antiguos Dominios? ¿O el Lejano Oriente? Si los recuerda, no se altere. Las etiquetas son formas fáciles de clasificar a las naciones por historia o geografía. Pero las que no sean escogidas con cuidado o las caducas pueden ser ofensivas o confusas.

            Algunas apestan a colonialismo (“Africa Negra”) o a persistente imperialismo (“el cercano exterior”, que es el término que utilizan los rusos para describir el antiguo imperio soviético). La creciente diversidad hace de “Europa del Este” una manera inútil de hablar de los países ex comunistas. La descripción de Donald Rumsfeld de la antiamericana “Vieja Europa” y la proamericana “Nueva Europa” era muy vívida pero también fuera de lugar: el atlantismo y la oposición a él están presentes a los dos lados del antiguo Telón de Acero.

            El “Lejano Oriente”, que es como se solía llamar a Asia Oriental, está de hecho muy lejos de Europa, pero bastante cerca de la gente que vive allí. “Oriente Próximo” se utiliza todavía en la jerga diplomática americana, y “Oriente Medio” es un término cotidiano, quizá porque a la gente le gusta estar en el centro. El “mundo Musulmán” y el “mundo Arabe” se utilizan a veces como sinónimos. Pero no todos los árabes son musulmanes, y la mayoría de los musulmanes no son árabes: Indonesia es la mayor nación musulmana del mundo; los más de nueve millones de musulmanes de Rusia superan en número a los de Líbano y Libia juntos.

            La “Commonwealth Blanca” incluía Australia, Nueva Zelanda y Canadá. Pero sus habitantes originarios no eran blancos y sus poblaciones son crecientemente de colores diversos. Los anglohablantes de India superan en número a la suma de los de Australia, Canadá y Nueva Zelanda, a los que se censura que se describa como la “Commonwealth de habla inglesa”. América “Latina” es otra invención colonial, que es despreciada por Brasil, el poder regional actual.

            Todavía tiene menos sentido hablar del “sur” para describir los países pobres del planeta (¿qué pasa entonces con Australia o con Singapur?), o de “Occidente” como sinónimo de la industrialización o de la libertad política. ¿Qué tiene Japón de “occidental”?. El “Tercer Mundo” se remonta a la Guerra Fría , cuando el planeta tenía por un lado el “primer” mundo capitalista y el “segundo” mundo comunista. El reemplazo más reciente, “economías emergentes”, ya parece caduco, pues algunos antiguos miembros, como Argentina, se hunden. Además, el término agrupa fabricantes industriales (como Vietnam) y economías de servicios (Dubai) con otros bendecidos – o condenados – con sus recursos naturales (Nigeria, Arabia Saudita, Rusia). Tampoco tienen mucho en común los países del “mundo rico”: Canadá y Kuwait, con similares niveles de riqueza, no podrían ser más distintos.

            Sin embargo, las viejas etiquetas tienen sus usos, y las nuevas no parecen funcionar mucho mejor. “Chimérica”, para describir el duopolio de poder, se mostró tan ilusoria como la criatura que la inspiró; ¿y qué demonios quieren decir los banqueros cuando hablan del “N11”? Pero otras han funcionado mejor. La “Angloesfera” y los BRICs han cuajado; el “Eje del Mal” de George Bush tuvo una pegada eficaz. El G20 (las grandes economías) frente al G77 (las economías pobres pero con empuje) han probado su eficacia en las negociaciones financieras, aunque la última decayó cuando se hablaba de clima. Todas esas Gs son útiles, pero un poco aburridas. Nos gusta más el reino animal. Los “tigres” de la economía eran tan reconocibles en los 80 como en estos tiempos de apuros lo son Portugal, Italia y Grecia, los vulnerables PIGs (cerdos) de Europa. Ya es hora de añadir a la colección a los osos perezosos y las mofetas.

S=R-E El “síndrome Disneylandia” o el manejo de las expectativas

Jueves, 17 de Diciembre de 2009

Cuentas a los niños que les llevas a Disneyworld el próximo verano, que tomarán un avión a Miami, visitarán los Everglades y verán caimanes, que el coche de alquiler será descapotable, que subirán a la Space Mountain, y cenarán con Mickey en el hotel. Subes las expectativas tan alto que el retraso en el aeropuerto, el coche que sólo puede ser un compacto, la tormenta que arruina el día en el parque, las colas en la montañan rusa espacial, y la leve fiebre de la niña durante la cena, producen decepción en la familia.

“Quizá esperabas más de mi de lo que podía darte, quizá parecía que te ofrecía más, quizá elevé tus expectativas… y te decepcioné.”

Lo explica muy bien la fórmula S=R-E, es decir, Satisfacción = Resultado – Expectativas. Si las expectativas son de 1.000 y el resultado de 500, la satisfacción es negativa. Si las expectativas son de 100 y el resultado se mantiene en 500, la satisfacción es positiva.

Esta sencilla fórmula debería figurar en el escritorio de algún que otro líder, y frenar la tentación de anunciar fechas de terminación de obras, salidas “inminentes” de la crisis, “brotes verdes” que se sólo se intuyen, éxitos en la “champions league” de la economía mundial, “pleno empleo”… Una cosa es la pedagogía y el optimismo, y otra un buen manejo de las expectativas.

“Nos vamos a Disney, chicos, pero el viaje y las colas serán largas…” “Nos vemos el martes, pero no esperes mucho de mi: soy más bien torpe y vulgar…”

La unidad de un país, por el rugby: “Invictus” a punto de llegar

Martes, 15 de Diciembre de 2009

Hasta el 29 de enero no llega a España, pero Invictus, la última película del Clint Eastwood (trailer aquí), promete ser una delicia. Cuenta la historia de cómo Nelson Mandela (Morgan Freeman, no podía ser otro), percibe la importancia del rugby, poco después de ser elegido presidente de Sudáfrica, después de 27 años en prisión, para unir en un solo equipo – en una sola nación – a blancos y negros. El poder de un símbolo de unidad como es el deporte, elevado a la categoría política. No es nuevo, pero sí eficaz.

La historia es real. Mandela prefirió mantener el nombre del blanco equipo del país, a pesar de ser un símbolo de opresión para los negros. Para ello convenció al capitán del equipo (blanco, como los demás), y logró su complicidad. El riesgo mereció la pena, como cuenta magistralmente la película.

Creer para ver: cómo vemos el color de Obama

Martes, 15 de Diciembre de 2009

Tres de las fotografías que se mostraron a los estudiantes. La del centro no se retocó. | PNAS

Según la tradición racionalista predominante, necesitamos “ver para creer”. En muchos casos, sin embargo, según creemos, así vemos.

Los profesores Caruso, Mead y Balcetis han hecho un experimento bien interesante. Han manipulado tres fotografías de Obama, con tres entonaciones distintas de piel: más blanco, intermedio y más negro. Y han preguntado a demócratas y republicanos cuál de ellas representaba mejor al presidente. Una abrumadora mayoría de los demócratas (cinco veces mas que los republicanos), escogió la foto más “blanca”. Y los republicanos señalaron la más “negra” como la más representantiva el doble que los demócratas.

Según Caruso, la explicación puede estar en la larga tradición cultural en Occidente, según la cual lo blanco es bueno y lo negro es malo. Eso explicaría la tendencia más o menos consciente de los demócratas a dirigirse a la foto con un tono de piel más blanco y des sus adversarios a elegir la oscura.

Algunos señalaron en campaña que tanto Hillary Clinton como los republicanos seleccionaban o manipulaban fotografías de Obama para que apareciera más negro. Nunca se demostró, pero posiblemente la táctica tenía sentido, por deplorable que fuera.

Se hizo un experimento idéntico con el blanquísimo McCain y no se vio distinción alguna entre unos y otros.

Aquí tienes un artículo sobre la cuestión.

Y aquí (pagando), la investigación completa.

Las “velinas” o la mujer como jamón: el impacto cultural del viejo Silvio

Martes, 1 de Diciembre de 2009

¿Será que Sivio Berlusconi, con un control del 90 por ciento de la televisión italiana, ha cambiado primero la cultura del país, para luego sacar beneficio político del cambio? Así lo explica Carla Power en un artículo en la revista Time. Y es muy verosímil lo que dice.

El primer ministro italiano, aún con mayor aprobación en su país que Zapatero en España, por poner un ejemplo, lleva mucho más tiempo en la televisión que en la política. Y ha ido construyendo una imagen lamentable de la mujer, que ha impregnado la cultura italiana. Son las velinas o schedine, guapas show girls que visten poca ropa, bailan un poco y dicen menos aún (una muestra un tanto chusquera del gusto berlusconiano tuvimos en España con sus Mama Chicho).  

El caso es que con el paso del tiempo, las chicas de Milán, según una encuesta reciente, quieren ser velinas en primer lugar. Recientemente Berlusconi decidió incluir a alguna de ellas en las listas al Parlamento Europeo, y es conocido que la mismísima ministra de Igualdad del Gobierno de Silvio, Mara Carfagna, fue velina antes. Para los (pocos) defensores serios de esta corriente, para las jóvenes mujeres es cuestión de pragmatismo: esas chicas se encuentran con facilidad con futbolistas y otros profesionales, y pueden hacer dinero fácil con la relación; o con un poco de apoyo de Papi Silvio, pueden ser diputadas o ministras. Antes las jóvenes querían ser abogadas o científicas. Ahora lo pragmático e inteligente parece ser utilizar el cuerpo para llegar arriba. Ese es el cambio que parece haber operado en cierta parte de Italia.

Aunque la izquierda italiana está rota como nunca, hay ya gente lamentándose y protestando por este impresentable tratamiento de la mujer, en manos de un personaje que a muchos nos produce vergüenza ajena.

Impresionante el trabajo solitario y voluntario de Lorella Zanardo, una consultora y directiva de Unilever, que ha decidido hacer su propio vídeo (aquí en su primera, segunda y tercera parte), para mostrar la imagen que ofrece la televisión italiana de la mujer. No te pierdas la última secuencia del vídeo, en la tercera parte desde el minuto 7:10, procedente de un programa de Mediaset, el conglomerado de Papi Silvio: una mujer colgada literalmente entre jamones.

Rita, una amiga calabresa con quien cené en Santo Domingo el viernes, que ahora trabaja en Naciones Unidas allá, me contaba que se sentía exiliada de su propio país, por la triste situación en que lo está dejando el primer ministro. Prefiero la dignidad de mi Gobierno en España, a la basura que cada día ofrece ese tipo pintoresco con la cara acartonada.

Narrar el mal

Sábado, 28 de Noviembre de 2009

Así, Narrar el mal (Gedisa), se titula el libro de María Pía Lara, de México, una excelente reflexión (filosófica y muy profunda, pero excelente), sobre la importancia de los relatos de la barbarie como creadores de sentido para una sociedad. Llevo sólo un tercio del libro, pero te dejo aquí dos citas. Si encuentro más, te iré diciendo.

María nos cuenta que tuvieron que pasar 20 años para que los asesinatos masivos de judíos se conocieran de forma general, y nos relata cómo sucedió:

Primero los historiadores comenzaron el proceso de captación de los episodios concretos en narrativas, las posibles razones para que dicha tragedia se produjera y las particularidades concretas de la política asesina de Hitler. Una vez que las historias de los supervivientes y de los testigos comenzaron a hacerse públicas, aparecieron otros temas para su debate. Durante la década de 1950, la gente comenzó a entender que los judíos europeos habían sido víctimas de un genocidio. El término develatorio utilizado fue “el Holocausto”, aunque Raul Hilberg no lo usó en su trabajo histórico La destrucción de los judíos europeos, publicado en 1961. El proceso comenzó por definir una forma para denominar a esa catástrofe y con ello aprehender lo que permitía considerarla como un evento singular. El New York Times utilizó ese término primero alrededor de 1959. Para entonces mucha gente ya había escapado de Europa y sus historias y pérdidas familiares habían comenzado a circular en público (…). Se tuvo que esperar algo más de veinte años para que los asesinatos masivos perpetrados contra los judíos fueran ampliamente conocidos. Este proceso se originó por la forma en que las historias acerca de gente concreta comenzó a producir sus efectos en la conciencia pública (…). La miniserie de televisión que en 1978 dramatizó el Holocausto (llamada precisamente  así) fue el momento decisivo para el despertar colectivo oprque se centró en la historia concreta (ficticia) de la familia Weiss. Las atrocidades nazis fueron gráficamente representadas en esta serie rodada para la televisión y el proceso de su recepción indicó que algo había cambiado en la percepción de la gente acerca de la importancia de este evento histórico. El impacto en la audiencia demostró que el público estaba listo para concentrar toda su atención en dicho tema. Las estadísticas mostraron que esta percepción era adecuada, y a que la serie fue vista por 220 millones de espectadores, contando con que al menos 15 millones de ellos eran alemanes (de la entonces República Federal de Alemania).

En otro pasaje del libro, María Pía Lara nos habla de la búsqueda de una palabra “develatoria”, que corre el velo de una verdad social, como ella afirma: la palabra “genocidio”:

Considérese, por ejemplo, la forma en que Raphael Lemkin acuñó el concepto de genocidio. Lemkin ya había escrito Axis Rule in Occupied Europe. Como la respuesta a este libro fue crítica, Lemkin comprendió que debía encontrar una nueva palabra para describir la tragedia que supuso el asesinato de millones de judíos durante el régimen nazi. Antes había utilizado la palabra barbarie para describirlo, pero vio que había muchos otros eventos qeu se podían describir con esa misma denominación y que con esto no podía añadir una nueva dimensión moral a la comprensión de este hecho. (…). Lemkin se dio cuenta de que necesitaba una palabra que no se pudiera utilizar en otros contextos y buscó conscientemente un concepto develatorio que pudiera servir como estímulo reflexivo y conducir hasta la idea de que, al oírlo, debíamos conectar dichas acciones con una reacción de condena que fuera provocada, casi de forma inmediata, al oír que se citaba el episodio histórico en cuestión.

La Iglesia y el “fin de las ideologías” en Latinoamérica

Lunes, 23 de Noviembre de 2009

Si hasta Correa tiene que alabar en público el papel de la Iglesia Católica, reconocerse admirador de Juan Pablo II… Si ni el provocador y esperpéntico Chavez se atreve con la Jerarquía, entonces los principios que mandan aquí, en Latinoamérica, están claros: ni interrumpir el embarazo en ningún caso (el debate ha sido negado en prácticamente todo el continente), ni educación sexual, ni control de la natalidad, ni derechos de los homosexuales, ni igualdad real de la mujer…

Me envía David Redoli (que siempre está pescando joyas en la web), el texto del discurso del presidente de Ecuador, Rafael Correa, en Oxford a finales de octubre.  El tipo se educó en Estados Unidos, no se olvide, y la elitista y sofisticada New Yorker habló de él como el posible Obama latinoamericano (con interrogante, es cierto). Correa explica que el Estado no puede llegar a los que tienen discapacidades graves y que siempre ha creído en el valor cristiano de la caridad. El problema es precisamente cuando esto se entiende como caridad y no como justicia, un marco bien distinto. 

Uno de los problemas de Latinoamérica es que nadie ha roto el monopolio de los valores sustentado por la Iglesia Católica, con un discurso más secular. Son notables excepciones Chile, Argentina y Uruguay. Estoy en Santo Domingo, República Dominicana, y en el Listín Diario publica hoy Fray Junípero Casablanca un artículo (”Ni derecha ni izquierda“), que afirma que en este país ya no importan las idelogías. Pues vale: así les va. Da igual todo, la política se convierte en un politiqueo cotidiano sin sentido, los gobernantes llegan pobres y se van ricos, los partidos políticos, con décadas de historia aquí, no se distinguen uno de otro, no tienen fuerza, y el Estado tiene tan poca relevancia que se deja usurpar por la “caridad cristiana”.

Cómo subir los impuestos sin enfadar al personal

Sábado, 21 de Noviembre de 2009

Se suscita aquí en Río de Janeiro, entre directores de comunicación y portavoces de bancos centrales y ministerios de Economía de America Latina, la pregunta de cómo se puede explicar a los ciudadanos “una reforma fiscal”. Es decir, cómo se pueden subir los impuestos sin que se enfaden. Improviso una respuesta y, ahora más relajado, antes de tomar mi avión, la dejo aquí algo más elaborada.

Hay que decir primero que Europa tiene una presión fiscal que es el doble que la de América Latina: más menos un 40 por ciento del PIB sería la presión en Europa, frente a un 20 por ciento que corresponde a América Latina. Claro que eso parecerá muy bueno para los latinoamericanos y muy malo para los europeos. Al contrario: los expertos explican que sin un 30 por ciento de presión fiscal mínima, no hay posibilidad de construir un Estado que funcione de verdad: educación, sanidad, infraestructuras, instituciones… Si es necesario – y lo es, y de de hecho está sucediendo ya – subir los impuestos en América Latina, ¿cómo hacerlo? Cuatro ideas:

Hay que explicar primero que tenemos un problema. Las políticas deben explicarse. No vale aplicar iniciativas sin más. Expliquemos que tenemos algo pendiente de pagar. Comparemos nuestras cifras con las de otros países de la región y, quizá, con otros países europeos. Toda esta explicación tomará seguro meses, pero serán meses bien invertidos. Contemos con expertos, con terceros, con opinantes. Si no explicamos el problema, la gente no entenderá la solución.

No pongamos toallitas calientes. No creo que sea bueno disimular. Digamos las cosas como son. No más, pero tampoco menos. La mayoría de la gente lo entiende muy bien. Cuesta pagar impuestos, pero la gente entiende su sentido.

Expliquemos qué vamos a pagar con el extra. Demos a los impuestos un sentido finalista. Funciona bien “el céntimo sanitario”, incluso la “tasa turística”, o similares. La gente sabe que paga un céntimo más por su gasolina, pero sabe que es para financiar la sanidad; o que paga un euro al entrar en una isla, pero sabiendo que es para proteger el medio ambiente. Demos un sentido directo y concreto al “sufrimiento” de pagar.

Reforcemos el control de las evasiones de manera ejemplarizante. Lo que a los argentinos o los mexicanos o los colombianos les enfada, lógicamente, es que sus gobernantes no eviten que los ricos (y todos los demás) evadan sus responsabilidades. Si durante una reforma fiscal se lleva ante los jueces a un par de evasores notables, eso tiene un efecto directo sobre la opinión pública (en España aún recordamos a Lola Flores pidiendo “una pesetita de cada español para poder pagar a Hacienda”).

Demos las gracias. A mi nunca me ha dado las gracias nadie por pagar impuetos, y me gustaría. Me gustaría que me trataran algo mejor en los papeles que me envían, en las comunicaciones que recibo…. ¿Será tan difícil decir a los ciudadanos “gracias” por su solidaridad y explicarles, en dos o tres grandes cifras, a qué se destina su dinero?

Por cierto, aunque los latinoamericanos pagan la mitad que los europeos, no creas que saben lo que pagan. De hecho, les parece mucho. Es curioso que tanto en Estados Unidos, que tiene una presión del 25 por ciento aproximadamente, como en la Unión Europea y como en Iberoamérica, con presiones fiscales tan distintas, más o menos coincida en el 80 por ciento el porcentaje de los que creen que “pagamos demasiados impuestos”. La gente no sabe lo que paga y lo que paga siempre le parece mucho. En Suecia, y en México.

Buen fin de semana.

La política del miedo funciona: mejor contestarla

Jueves, 5 de Noviembre de 2009

Ayer fue el aniversario de la victoria de Obama. No del Gobierno, insisten en la Casa Blanca, que para eso quedan tres meses, sino de la victoria electoral. Con esa ocasión se reunieron en Madrid Tom McMahon y Jen Palmieri (por cierto, la jefa de Lewinski en la Casa Blanca de Clinton), actualmente en puestos relevantes de comunicación del Partido Demócrata y del Center for American Progress (CAP), del entorno Obama. Dos jóvenes encantadores y muy prometedores, cercanos al presidente.

En un seminario de la Fundación Ideas, ACOP y el propio CAP los dos invitados señalaron la eficacia de la política del miedo puesta en marcha por los republicanos y sus terminales mediáticos (Fox de manera destacada). Según señalaron, en algunos estados clave, un tercio de la población cree que Obama no es un presidente legítimo por no haber nacido en Estados Unidos. Este bulo se corresponde bien con otros ya manejados antes, como que Obama es “amigo de los terroristas”, que es un comunista peligroso, o que se formó en el Islam siendo niño.

Me trae esto a la memoria dos cosas: la hipótesis académica del “terror management” que viene a decir que, cuanto más miedo siente un individuo, más conservador se vuelve; y también la maestría con que la campaña de Obama, hace un año, desmontó todos los rumores con la web, todavía visible. http://fightthesmears.com/. En esa misma línea de no dejar pasar ni una falsedad, hoy desde el Gobierno, Obama se defiende de las patrañas sobre la reforma de salud en el mismísimo portal de la Casa Blanca, con el link Health Reform Reality Check (ver).