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Los siete pilares de la grandeza

Jueves, 25 de Febrero de 2010

Ya vimos ayer – mira un poco más abajo – que el concepto “grandeza” que considera el autor es cuestionable si no te pones hielo en el cerebro, pero es interesante transcribir aquí lo que Ludwig propone como siete características de los grandes gobernantes del siglo XX, sus “siete pilares de la grandeza”

1. Dominio

Los grandes tienen instito y fuerza para ponerse por encima de los demás. Ya desde pequeños suelen ser líderes de su escuela, de su aula, de sus pandillas…

2. Rebeldía

Se rebelan contras sus maestros, contra sus padres, contra su religión o sus autoridades.

3. Presencia personal.

Si no la tienen, la buscan, la alimentan. Además, son reservados en lo más íntimo. Se guardan buena parte para sí mismos o sus más cercanos.

4. Agentes de cambio.

Tienen un cierto estilo autoritario, pero son capaces de sacrificarse: su tiempo, su familia, sus amistades.

5. Vanidad

Tienen compostura, confianza en sí mismos, pose. Se preparan a conciencia. Muchos de ellos han hecho teatro, o música, o han ejercido algún otro arte. Les gusta ser admirados.

6. Coraje

Asumen riesgos, a veces excesivos, pero con mucho convencimiento y persuasión. Si dudan, no lo dejan notar.

7. Constante preocupación

Siempre trabajan. No descansan. Están siempre inquietos. Persiguen incasablemente su objetivo.

Fuente: Arnold M. Ludwig: King of the Mountain

(Ya está bien de este libro. Lo dejo en mi estantería por unos cuantos años y no te aburro más…).

¿Se puede medir la “grandeza política”?

Miércoles, 24 de Febrero de 2010

Eso es lo que propone Arnold Ludwig (para los líderes del siglo XX), en el varias veces citado aquí King of the Mountain. El entiende que la grandeza política debería ser resultado de las siguientes variables:

1. Es más grande quien crea un nuevo país, una nueva patria, antes inexistente, y especialmente si lucha por crearla o liberarla. Como Ben Gurion, Mao o Ataturk.

2. Es más grande quien conquista más territorio y no lo pierde, como Menahem Begin, Arafat, Clemenceau o Wilson.

3. Es más grande quien más tiempo está en el poder. El récord, prescindiendo de emperadores dinásticos y reyes, lo tienen Kim Il Sung de Korea (46 años), Enver Hoxha de Albania (41 años), Franco en España y Selassie de Etiopía (39 años).

4. Es más grande quien gana guerras (como Stalin, Bush, Thatcher o Churchill) y menos quien las pierde (Hitler, Johnson o Nixon).

5. Es más grande quien, a modo de ingeniero/a social, hace leyes sin precedentes, como Mao, Roosevelt o Clinton).

6. Es más grande quien promueve o sostiene la prosperidad económica, como Clinton o Reagan o Hitler).

7. Es más grande quien es activo en asuntos internacionales (como Churchill, Kohl o Brandt), algo quien lo es en asuntos regionales, y menos quien es activo en asuntos étnicos o religiosos.

8. Es más grande quien define una idelogía que es original y llega al pueblo, como Hitler, Mao o Jomeini.

9. Es más grande quien destaca por una moral ejemplar, como Mandela, de Gaulle, Churchill o Roosevelt.

10. Es más grande quien deja un buen legado político, con mejor reputación de su patria, como Reagan, Havel o Walesa.

11. Es más grande quien gobierna naciones muy populosas.

Con la frialdad estadística de los datos, el autor llega a la conclusión de que los líderes del siglo XX que puntúan más alto en grandeza son, por este orden aproximado, Ataturk, Mao, F.D. Roosevelt, de Gaulle, Lenin, Mussolini, Stalin, Ho Chi Ming, Nehru, Ibn Saud, Deng Xiaoping, Suharto, Hitler, Kohl, Gorvachov, Jomeini, Keniatta, Bourguiba, Castro, Churchill, Chiang Kai-shek, Ben Gurion, Zulfikar Butho, Clemenceau, Tito, Lloyd George, Nasser, Ali Khan, Truman, Wilson, T. Roosevelt, Reagan, Franco, Sukarno, Sun Yat-Sen, Thatcher, Yeltsin, Kim Il Sung, Mandela, Touré, Sadat,  Masarik, McKinley, Salisbury y Senghor.

¿Discutible, no? Quizá para un marciano no tanto, pero para los demócratas el siglo XXI, mucho, desde luego.

Mañana te cuento un poco más: en concreto, lo que el autor llama “los siete pilares de la grandeza”. Menos discutible te va a parecer. Buenas noches desde Madrid.

El poder es cuestión de “huevos”

Viernes, 19 de Febrero de 2010

Así, “cuestión de huevos”, es como define el catalán Adolf Tobeña la lucha por el poder. Literalmente. Acababa de terminar King of the Mountain, una comparación de monos y humanos en su despliegue del poder, y me encuentro en Bogotá el irónico, hermoso y suculento libro de Tobeña Cerebro y poder: política, bandidaje y erótica del mando.

En el libro se explica que la pulsión de poder se aloja en nuestra testosterona, segregada en los testículos (principalmente) y también (menos), en los ovarios (bueno, o algo así, para más precisión recomiendo el libro). Tobeña es psiquiatra, y compara a los seres humanos con otras especies animales, con resultados sorprendentes.

Llego a España y constato que Ludwig y Tobeña tienen mucha razón:

Al primera vista, la supremacía de Yeroen parecía descansar en una fuerza física sin parangón. El volumen de Yeroen y sus maneras confiadas hacen creer ingenuamente que la comunidad chimpancé está gobernada por la ley del más fuerte. Yeroen parecía mucho más fuerte que el segundo macho adulto, Luit. Esta falsa asunción se produjo por el hecho de que en los años de su supremacía, el pelo de Yeroen crecía ligeramente, incluso cuando no estaba exhibiéndose activamente, y que andaba de forma exageradamente lenta y pesada. Este hábito de hacer que su cuerpo pareciera engañosamente fuerte y grande es característico del macho alfa, como vimos más tarde cuando otros individuos cumplían con este rol. El hecho de estar en una posición de poder hace al macho físicamente impresionante, y de ahí se asume que ocupa la posición coherente con su apariencia.

Frans de Waal, Chimpanzee Politics, citado en Arnold Ludwig, King of the Mountain, the Nature of Political Leadership.

 

 

¿Cuál es el trabajo más peligroso del mundo?

Domingo, 31 de Enero de 2010

Teniendo en cuenta la tasa de mortalidad laboral, que mide las muertes violentas en el trabajo, ¿cuál crees que es, con mucho, el trabajo más peligroso?

A. TRABAJADOR DE LA INDUSTRIA PESQUERA.

B. PILOTO DE AVIÓN O INGENIERO AERONÁUTICO.

C. LIDER DE GOBIERNO.

D. TRABAJADOR FORESTAL.

Supongo que lo adivinaste. Ni más ni menos que el 12 por ciento de los gobernantes del siglo XX tuvieron una muerte violenta (asesinato 7%, ejecución 4%, suicidio 1%). Esa es una tasa muy superior a la de los trabajadores en las profesiones más peligrosas. Quienes trabajan en la pesca, en la aviación, o en los bosques, tienen tasas de mortalidad que están aproximadamente entre el 0,2 y el 0,08 por cien.

La peligrosidad del Gobierno está referida con otros muchos datos en el curiosísimo libro King of the Mountain: The Nature of Political Leadership, de Arnold M. Ludwig. El autor ha recogido una detallada base de datos de todos los gobernantes del siglo pasado, con sorprendentes descubrimientos. Otro de ellos es, por ejemplo, que una cuarta parte de los líderes de gobiernos sufrieron golpes de estado, guerras civiles o insurrecciones.

Como explica el autor, las cifras bajan en los casos de gobiernos democráticos, pero siguen siendo aún muy altas.

 

POLITICS, Campaigns & Elections en español. Aquí tienes el número 1, recién salido del horno

Viernes, 8 de Enero de 2010

Qué bueno que ya tenemos Campaigns & Elections, la revista del mercado de la consultoría electoral, en una edición especial para Latinoamérica. Israel Navarro, el editor adjunto, me la envía.

Puedes leer aquí el número 1.

Greenpeace: “A los medios les encanta que la gente sea atacada por la policía”

Jueves, 7 de Enero de 2010

Vaya por delante que los activistas de Greenpeace son necesarios, que su causa es loable y que si no existieran habría que inventarlos. Y también que me alegro mucho de la puesta en libertad de Juancho Uralde y sus tres colegas. Y ahora, hablemos de comunicación.

Greenpeace vive de desafiar a los poderes establecidos: empresarial y gubernamental. Esa es su esencia. Viven de la representación de la narrativa ”David contra Goliat”. Se sitúan siempre al filo de la legalidad para provocar situaciones que proporcionen buenas imágenes. Viven para la televisión y por la televisión. Personalizan siempre sus causas, buscan la oportunidad mejor y la comunican a los medios.

En Conpenhague, según la acusación, suplantaron la personalidad, falsificaron documentos y saltaron a conciencia controles de seguridad. No se les acusa de extender una pancarta, sino de cometer tres delitos concretos. A mi me parece muy simpático lo que hicieron y 21 días de Navidad encerrados e incomunicados me parece un exceso. Pero es que Greenpeace vive de los excesos y de su puesta en escena. En un viejo vídeo emitido hace años por Canal + en España, se ven imágenes de una sesión de entrenamiento de la organización. Los instructores dicen literalmente a los voluntarios: “La policía no es el problema aquí… Es lo que pasa con los medios, que les encanta que gente sea atacada por la Policía. Es una buena ocasión para lanzar nuestro eslogan.”

¿Cuánto han aumentado las afiliaciones cada día de encierro de Uralde? ¿Cuánta cobertura han conseguido los amigos de Greenpeace por la reacción desproporcionada de las autoridades danesas? A pesar de lo que los directivos de Greenpeace habrán sentido su encierro y aislamiento, ¿cuánto aumentaba la rentabilidad comunicativa de la acción de Greenpeace cada día que pasaba?

Chris Rose, que fuera activista de Greenpeace, cuenta todas estas tácticas de victimización en un librito muy recomendable: How to Win Campaigns, 100 Steps to Success.   Una parte de la introducción, para abrir boca puedes encontrarla aquí gratis.

Gracias, Greenpeace, por lo que hacéis y por cómo lo hacéis.  

Telepresidentes latinos, un regalo de Omar Rincón

Martes, 8 de Diciembre de 2009

Omar Rincón es periodista colombiano, pero también consultor de la Fundación Ebert de Alemania. Omar es especialista en televisión y, por tanto, en relatos, en narraciones, en arquetipos. Progresista, divertido, con pinta de ácrata. Gran descubrimiento este tipo para mi, aquí en El Salvador, donde Ebert y FIIAPP organizan un seminario de tácticas electorales, con cuatro decenas de jóvenes políticos. Excelente seminario, excelente hotel, excelentes asistentes, excelente organización, excelente clima y excelentes pupusas, unas tortillas de maíz rellenas bien ricas…

Aquí te dejo el link al librito delicioso compilado e introducido por Omar Rincón, que tiene además la virtud poco frecuente de ser gratuito.

Bájate aquí completo Los telepresidentes (crónica de 12 presidentes latinoamericanos y sus modos de comunicar).

Y busca en este cajón otras obritas gratuitas sobre narrativas de seguridad, de violencia o de género.

Gracias, Omar, estaremos en contacto.

Narrar el mal

Sábado, 28 de Noviembre de 2009

Así, Narrar el mal (Gedisa), se titula el libro de María Pía Lara, de México, una excelente reflexión (filosófica y muy profunda, pero excelente), sobre la importancia de los relatos de la barbarie como creadores de sentido para una sociedad. Llevo sólo un tercio del libro, pero te dejo aquí dos citas. Si encuentro más, te iré diciendo.

María nos cuenta que tuvieron que pasar 20 años para que los asesinatos masivos de judíos se conocieran de forma general, y nos relata cómo sucedió:

Primero los historiadores comenzaron el proceso de captación de los episodios concretos en narrativas, las posibles razones para que dicha tragedia se produjera y las particularidades concretas de la política asesina de Hitler. Una vez que las historias de los supervivientes y de los testigos comenzaron a hacerse públicas, aparecieron otros temas para su debate. Durante la década de 1950, la gente comenzó a entender que los judíos europeos habían sido víctimas de un genocidio. El término develatorio utilizado fue “el Holocausto”, aunque Raul Hilberg no lo usó en su trabajo histórico La destrucción de los judíos europeos, publicado en 1961. El proceso comenzó por definir una forma para denominar a esa catástrofe y con ello aprehender lo que permitía considerarla como un evento singular. El New York Times utilizó ese término primero alrededor de 1959. Para entonces mucha gente ya había escapado de Europa y sus historias y pérdidas familiares habían comenzado a circular en público (…). Se tuvo que esperar algo más de veinte años para que los asesinatos masivos perpetrados contra los judíos fueran ampliamente conocidos. Este proceso se originó por la forma en que las historias acerca de gente concreta comenzó a producir sus efectos en la conciencia pública (…). La miniserie de televisión que en 1978 dramatizó el Holocausto (llamada precisamente  así) fue el momento decisivo para el despertar colectivo oprque se centró en la historia concreta (ficticia) de la familia Weiss. Las atrocidades nazis fueron gráficamente representadas en esta serie rodada para la televisión y el proceso de su recepción indicó que algo había cambiado en la percepción de la gente acerca de la importancia de este evento histórico. El impacto en la audiencia demostró que el público estaba listo para concentrar toda su atención en dicho tema. Las estadísticas mostraron que esta percepción era adecuada, y a que la serie fue vista por 220 millones de espectadores, contando con que al menos 15 millones de ellos eran alemanes (de la entonces República Federal de Alemania).

En otro pasaje del libro, María Pía Lara nos habla de la búsqueda de una palabra “develatoria”, que corre el velo de una verdad social, como ella afirma: la palabra “genocidio”:

Considérese, por ejemplo, la forma en que Raphael Lemkin acuñó el concepto de genocidio. Lemkin ya había escrito Axis Rule in Occupied Europe. Como la respuesta a este libro fue crítica, Lemkin comprendió que debía encontrar una nueva palabra para describir la tragedia que supuso el asesinato de millones de judíos durante el régimen nazi. Antes había utilizado la palabra barbarie para describirlo, pero vio que había muchos otros eventos qeu se podían describir con esa misma denominación y que con esto no podía añadir una nueva dimensión moral a la comprensión de este hecho. (…). Lemkin se dio cuenta de que necesitaba una palabra que no se pudiera utilizar en otros contextos y buscó conscientemente un concepto develatorio que pudiera servir como estímulo reflexivo y conducir hasta la idea de que, al oírlo, debíamos conectar dichas acciones con una reacción de condena que fuera provocada, casi de forma inmediata, al oír que se citaba el episodio histórico en cuestión.

Manuel Castells se me queda en el avión

Viernes, 20 de Noviembre de 2009

Con dos o tres más (Linz, Navarro), Manuel Castells es uno de nuestros pocos sociólogos/politólogos prolíficos y triunfantes en EE.UU. Al venir para Río de Janeiro a una cosa del Banco Mundial de comunicación tras la crisis, con directores de comunicación de ministerios de Hacienda y bancos centrales, me he encontrado en el aeropuerto el último libro de Castells: “Comunicación y poder” (Alianza).

Es un libro variopinto, demasiado teórico y, a pesar de tener 600 páginas, sinceramente, poco suculento. Una sesuda descripción del poder, demasiada obsesión con el asunto de sociedad red, recurrente para Castells, y una mezcla de cosas a mi modo de ver poco consistente. En fin, con perdón del maestro, no me ha dolido mucho habérmelo dejado en el avión. Voy a cenar y a tomar una copa con mis socios. Al venir dormiré terminando “40 more years”, un panfleto divertido de James Carville, que despelleja a los republicanos de Bush. Menos sesudo y más adecuado al clima tropical que me acoge.