Así, “cuestión de huevos”, es como define el catalán Adolf Tobeña la lucha por el poder. Literalmente. Acababa de terminar King of the Mountain, una comparación de monos y humanos en su despliegue del poder, y me encuentro en Bogotá el irónico, hermoso y suculento libro de Tobeña Cerebro y poder: política, bandidaje y erótica del mando.
En el libro se explica que la pulsión de poder se aloja en nuestra testosterona, segregada en los testículos (principalmente) y también (menos), en los ovarios (bueno, o algo así, para más precisión recomiendo el libro). Tobeña es psiquiatra, y compara a los seres humanos con otras especies animales, con resultados sorprendentes.
Llego a España y constato que Ludwig y Tobeña tienen mucha razón:
Al primera vista, la supremacía de Yeroen parecía descansar en una fuerza física sin parangón. El volumen de Yeroen y sus maneras confiadas hacen creer ingenuamente que la comunidad chimpancé está gobernada por la ley del más fuerte. Yeroen parecía mucho más fuerte que el segundo macho adulto, Luit. Esta falsa asunción se produjo por el hecho de que en los años de su supremacía, el pelo de Yeroen crecía ligeramente, incluso cuando no estaba exhibiéndose activamente, y que andaba de forma exageradamente lenta y pesada. Este hábito de hacer que su cuerpo pareciera engañosamente fuerte y grande es característico del macho alfa, como vimos más tarde cuando otros individuos cumplían con este rol. El hecho de estar en una posición de poder hace al macho físicamente impresionante, y de ahí se asume que ocupa la posición coherente con su apariencia.
Frans de Waal, Chimpanzee Politics, citado en Arnold Ludwig, King of the Mountain, the Nature of Political Leadership.




