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La falacia “post hoc,” otras trampas del juicio, y la campaña de Chacón

Lunes, 6 de febrero de 2012

La falacia más frecuente entre los analistas políticos poco finos es la que llamamos “post hoc, ergo procter hoc.” Como algo ha salido mal, todo lo anterior estaba mal. Si Carmen Chacón ha perdido frente a Alfredo Pérez Rubalcaba, todo lo que hizo la primera estaba mal y todo lo que hizo el segundo estaba bien. Es una trampa del cerebro muy frecuente en la vida cotidiana y en la política: tratamos de justificar las cosas de una manera pretendidamente lógica y secuencial, cuando la realidad es generalmente mucho más compleja. Huyo como de la peste de esa tendencia porque creo que para aprender y mejorar en este oficio hay que ser muy frío. Por eso trataré de explicar cómo he visto cada elemento del trabajo de Carme Chacón, a la que admiro como política, estoy agradecido como ex jefa, y quiero como amiga. Vaya por delante que, a pesar de que El País, y aún ayer Fernando Garea en sus páginas, me han querido situar en el equipo de Chacón, yo no he estado en él. He ayudado en lo que se me ha pedido, de manera informal y esporádica, pero ni he escrito el discurso, ni he participado en reuniones estratégicas ni he tomado decisiones, ni he formado parte ni visible ni invisible de su equipo de campaña. Por eso mi criterio, aunque sesgado por mi relación con la candidata, puede ser algo más frío.

¿Hizo Carmen Chacón  una buena campaña? Por supuesto que sí. Lo que era un consenso el sábado por la mañana, antes de la votación, no puede convertirse en lo contrario solo horas  después. Hay quien dice que sólo son campañas buenas las que ganan. Eso es una tontería: hay campañas buenas que pierden y campañas malas que ganan, porque ganar o perder no depende sólo, ni mucho menos, de la campaña, sino de otras claves añadidas: el candidato o candidata, el estado de ánimo de la gente, el papel del adversario y, en este caso, los intereses y equilibrios internos de la organización.

Por lo demás, el resultado dice mucho de la eficacia de todos esos elementos en el caso de Carmen Chacón. Quedarse a 12 delegados de casi mil de haber ganado la secretaría general del PSOE, cuando has tenido en contra al Grupo Prisa, a Felipe González, a Alfonso Guerra y a la maquinaria de Ferraz, es una proeza indiscutible y objetiva. Aquí lo relevante políticamente es perder o ganar, obvio, y ella ha perdido. Pero para técnicos como este servidor lo relevante es, además, la eficacia estratégica y táctica de cada elemento de la campaña. Y es indiscutible que el equipo de Chacón sorprendió primero con su manifiesto “Mucho PSOE por hacer,” que fue distribuido, comentado y expandido como un elemento para la autocrítica, el cambio, la fuerza y la coherencia. Se sumaron cientos de personas y el tono fue claramente positivo. Nadie puede negar que esos principios – cambio, fuerza, coherencia – son estratégicamente adecuados, porque de hecho son los mismos que ha utilizado Alfredo Pérez Rubalcaba. Chacón sorprendió luego en su presentación en Olula del Río, el pueblo andaluz de su padre, y exorcizó así (al menos parcialmente) el fantasma que el adversario trataba de invocar, el de su “catalinidad.” Cuando me contaron cuál era el planteamiento, confieso que me dio miedo el lugar elegido, porque pensé que podía ser tomado como una frivolidad, pero me equivoqué. El equipo de Chacón formuló bien la idea de “catalana andaluza,” que es quien ella es: y esa fue la línea seguida por la prensa. Funcionó, sin duda.

Se hizo luego una campaña al uso, pero muy eficaz: Chacón llenó en todos sitios y la ola de cambio fue creciendo día a día. En esta campaña, como dijo Felipe González en la suya contra Aznar en 1996, “ha faltado una semana o un debate.” De hecho, Chacón formuló bien su desafío a un debate y la sensación de que quien no quería debatir era Rubalcaba, aunque ni uno ni otra tuvieran especial interés en ese debate.

Chacón fue sumando apoyos cada día. Y no entró en las provocaciones de El País, que de hecho se volvieron contra el periódico y contra el propio Rubalcaba, como reconocieron tanto el primero (véase la sección de la defensora del lector del domingo 5 de febrero) como en el equipo del segundo (en conversaciones privadas y anónimas).

¿Fue bueno el discurso de Chacón? Antes de que perdiera yo recibí decenas de mensajes diciendo que sí. Muchos eran de gente que está implicada, y hay por tanto que ponerlos aparte por demasiado amables y cariñosos. Pero recibí también mensajes de gente de la profesión, de amigos no implicados y de ajenos a la política partidaria. Unos y otros, sin fisuras, señalaron que el discurso fue excelente, en ascenso, emocionante, con un cierre espectacular. Algunos – del grupo de los “fríos” – decían que empezó demasiado alta, algo “gritona,” pero eso es una cuestión menor en el contexto general de un discurso que no se dejó nada, que contenía un proyecto sólido y comprometido para España y para el PSOE. Que los comentaristas críticos con ella, de la derecha o de la izquierda, digan que fue un discurso frívolo, de marketing, de frases huecas, etc. es lo normal. Ya sabemos que las predisposiciones determinan la manera de ver. Pero un analista frío debe verlo con menos apasionamiento. Si se dejara a cualquiera (por ejemplo alguien de fuera sin lineamientos políticos locales), ver el discurso observaría que se trata de una excelente pieza. A la que, a tenor del número y volumen de las aplausos, el medidor más objetivo de la eficacia de un discurso, la oradora sacó lustre con su intervención. Algún amigo me dice que tenía que haber ido al foniatra (al logopeda, dice él erroneamente). Carmen estaba nerviosa porque tenía delante el mayor desafío de su carrera política y la atención de millones, y por eso su voz flaqueó en algún momento. Pero eso fue objetivamente muy poco relevante en el conjunto del discurso. Pero ya se sabe: “post hoc, ergo procter hoc.” Como perdió, el discurso fue malo. Absurdo.

¿Podría haber ganado? Por supuesto. Ha estado a punto. Si Felipe González no se hubiera alineado con Rubalcaba. Si El País la hubiera tratado con algo más de ecuanimidad. Si los recursos de Ferraz se hubieran puesto al servicio de los dos candidatos por igual… Chacón habría ganado. Claro que nada de eso dependía de ella.

Sí creo, sin embargo, que la candidata quizá tenía que haber dedicado más tiempo a verse y hablar con los delegados uno a uno para escuchar cuáles eran sus intereses  particulares. Y sí creo que ahí se cometió un error, debido a otra trampa del cerebro: la sobrestimación de tu propia fuerza, el exceso de optimismo. La sensación que tenía el equipo de Chacón, y también los que la conocemos desde fuera, era de que se ganaba. No era sólo una sensación: además salían las cuentas. Pensando en que sólo 12 personas podrían haber cambiado la decisión del Congreso, y que no estaba en manos de Chacón decirle a González o a El País lo que tenían que hacer, ni evitar lo que hicieron, el único flanco objetivamente débil que yo creo que tuvo la campaña de Chacón fue el contacto directo de la candidata y de otros líderes con más delegados y delegadas, algo que no tuvo tiempo de hacer.

Dicho esto, por supuesto: lo relevante es que ha ganado Alfredo Pérez Rubalcaba. Eso es lo políticamente relevante. A partir de ahora tiene una tarea titánica por delante. Yo espero que le vaya muy bien, por el bien de los progresistas en España y en Europa.

El Papa no viste de Prada

Sábado, 29 de octubre de 2011

El Vaticano ya negó hace años que sus zapatos rojos impecables fueran de Prada, y afirmó que las especulaciones eran “frívolas”. Pero nunca ha negado el interés que el Papa Benedicto XVI pone en su atuendo, por lo demás evidente, en contraste con la frugalidad de Juan Pablo II.

En un reportaje muy interesante y de hoy mismo,  Lola Galán en El País  refleja ese cuidadoso trabajo del Papa en la representación, también en lo que respecta a sus atavíos. Guido Marini, responsable de las ceremonias papales, lo dejó claro: “lo importante es la belleza y la dignidad, componentes esenciales de toda celebración litúrgica”.

Increíble documental sobre Stalin

Lunes, 24 de octubre de 2011

Ponte los auriculares y disfruta este increíble documental sobre los desastres de Stalin, con imágenes originales, coloreadas y tratadas para ajustarlas al tempo cinematográfico real. Nunca verás los años de la II Guerra Mundial y el ambiente subyugante de la propaganda de forma tan vívida. Siéntate y disfrútalo: un regalo de Televisión Española.

Y luego si estás en Madrid, hasta el 15 de enero, pásate por la exposición “La Caballería Roja”, en la Casa Encendida, para ver una muestra extensa y magnífica del arte soviético que luego Stalin aniquiló y creó el contexto para sus desmanes.

 

Más bandera, más conservadores

Viernes, 26 de agosto de 2011

La bandera nacional es un símbolo poderoso, y por ella hay gente capaz de morir y matar. En España, la bandera ha sido en buena parte monopolizada por los conservadores. En cualquier manifestación convocada por el PP, habrá siempre banderas nacionales predominando. En cualquier manifestación del PSOE habrá muchas menos, probablemente casi ninguna, y quizá se vean algunas banderas preconsitucionales republicanas. Por ejemplo:

El día de la victoria del PP en las Elecciones Locales de mayo:

 

Euforia entre los simpatizantes del PP concentrados frente a Génova

Y el día de la victoria del PSOE en las últimas elecciones generales de 2008:

 

 

Unos profesores han hecho en Estados Unidos un interesante experimento en varias fases, llamado “Long-term effects of U.S. flag exposure on republicanism”. Primero reclutaron a 396 voluntarios a través de anuncios en prensa. Fue durante la campaña presidencial de 2008. En una encuesta online, a cambio de diez dólares, se les preguntó si votarían por McCain o por Obama, y su nivel de simpatía por los principales partidos, además de otras cosas.

Se les pidió ayuda una segunda vez, pocos días después. A cambio de otros 15 dólares, deberían contestar exactamente lo mismo que la primera vez. Pero en esta ocasión había un cambio. En el cuestionario de la mitad de los entrevistados se incluyó una pequeña bandera estadounidense en la esquina superior izquierda de la página. En una tercera ocasión, ya después de las Elecciones, se les ofreció de nuevo 15 dólares para preguntarles por quién habían votado finalmente.

La bandera ejerció una influencia significativa: los que la habían visto se manifestaron (ceteris paribus) más cercanos a McCain y a los republicanos que los que no la habían tenido presente. Pero no sólo eso: la banderita se llevó, según parece, también a la urna. Hubo un voto real a McCain diez puntos mayor entre los que vieron la bandera que entre los que no la vieron, siendo ambos grupos sociológicamente iguales.

Hubo incluso una cuarta entrevista en julio de 2009, y la influencia de la bandera parecía seguir presente, porque los que la habían visto valoraban al presidente peor que los que no la vieron.

En 2010 los profesores hicieron otra ronda de experimentos con gente distinta y llegaron a la misma conclusión: la bandera favorece a los republicanos.

Zapatero no ha querido usar un pin de la bandera de España nunca, hasta donde yo sé, y sé que la decisión ha tenido que planteársela en alguna ocasión. Obama no llevó bandera estadounidense durante su campaña porque llevaba – decía – el patriotismo en su corazón. Pero lo cierto es que la identificación de la bandera con los conservadores es una debilidad de los progresistas. Aquí en España lo saben muy bien también los progresistas catalanes o vascos no nacionalistas, en medio del monopolio de la bandera española contralada por el PP, y la bandera regional controlada por los nacionalistas locales.

La comunicación no basta (o sí)

Viernes, 12 de agosto de 2011

En uno de esos magníficos memorandos que de vez en cuando nos regala The Democratic Strategist, la plataforma de mi amigo Stan Greenberg y sus colegas, James Vega escribe una dura crítica de quienes afirman que “si Obama utilizara mejor la comunicación todo esto no pasaría”. La “comunicación” es el famoso bully pulpit, el término que utilizó Theodor Roosevelt para describir el “magnífico púlpito” que es la Casa Blanca para hablar y marcar la agenda.

Y “lo que está pasando” es que Obama está en índices de aprobación en decadencia (ahora en un 41 por ciento), en mitad de la bronca con el Tea Party y el resto de republicanos extremistas que no aceptan subir el nivel de deuda de Estados Unidos para afrontar las dificultades de la crisis (la deuda que multiplicó Bush con las guerras y otras aventuras).

Vega afirma que los progresistas no deberían repetir el argumento absurdo, indemostrable y simplista de que “Si Obama utilizar mejor su púlpito”, cambiaría la suerte del presidente. El autor explica que eso siempre se dice cuando no se quiere aceptar que los problemas son políticos y no sólo comunicativos, y que se suele aplicar como si fuera la invocación de un espíritu carismático y salvador que resuelve todos los problemas…

Vega pone los múltiples ejemplos en los que Obama ha hecho visitas a lugares para visualizar su compromiso con el desarrollo de la economía verde, los muchos casos en los que ha hablado de empleo, empleo y empleo… El enorme esfuerzo comunicativo que, sin embargo, pasa desapercibido para una prensa empeñada en mostrar siempre la controversia (por lo que, deduzco yo, entonces sí hay un problema de comunicación…).

Eso me recuerda las palabras de Tony Blair, que en una mesa con unas 30 personas, en Nueva York en Navidad, nos decía con cierto resentimiento que “los problemas no suelen ser de comunicación, sino de política”. Yo creo que son las dos cosas.

(Stan Greenberg publicó un buen artículo en el New York Times recientemente diciendo que un motivo por el que los votantes dan la espalda a los demócratas es que no defienden el papel del Estado).

Los 18 atributos de los mentirosos profesionales

Jueves, 14 de julio de 2011

Alguno de los lectores se interesará para aplicarlos (?!), y algún otro para detectarlos. Pero aquí están las características encontradas por un equipo de psicólogos alemanes y británicos,  en en los mentirosos más eficaces.  La “mentira” tiene una relación contradictoria pero promiscua con la política. Puesto que la política es mucho más la defensa de “lo nuestro” frente a lo de “los otros”, que una búsqueda racional de lo que tenemos en común, hay una tendencia a engañarse a sí mismo y a engañar a los demás verdaderamente notable. En fin, aquí están los atributos (bien resumidos por Bering in Mind):

1) Capacidad de manipulación. Los maquiavélicios son mentirosos pragmáticos, que no son temerosos ni ansiosos. En las conversaciones intentan dominar, pero también están relajados y se muestran con control y confiados. 

2) Actores. Los buenos actores son buenos mentirosos. Y viceversa, claro. 

3) Expresividad. Las primeras impresiones han de ser buenas, por lo que los buenos mentirosos suelen ser expresivos en sus gestos.

4) Atracción física. La gente atractiva es juzgada como más honesta que la gente menos atractiva. 

5) Naturalidad. Los buenos de verdad parecen espontáneos, por ejemplo cuando se adaptan a cambios abruptos en un discurso.

6) Experiencia. Cuanta más se tiene, mejor se hace. Quienes tuvieron éxito mintiendo previamente aprendieron a manejar mejor sus emociones.

7) Confianza. Cuanto más confías en ti mismo, más preparado estás. Tienes que creer en tu capacidad para convencer a los demás.

8) Camuflaje emocional. Los mentirosos ocultan sus verdaderas emociones con habilidad, a veces suscitando la emoción exactamente contraria.

9) Elocuencia. Los buenos saben manejar las palabras y dedican tiempo a prepararlas.

10) Buena preparación. Quien improvisa es más vulnerable a la detección. 

11) Respuestas no verificables. Por ejemplo diciendo “La verdad es que no me acuerdo…”.

12) Frugalidad en la información. Cuanto menos se diga, menos vulnerable se es a la detección de mentiras o medias verdades.

13) Pensamiento original. Los buenos mentirosos saben adaptarse a lo inesperado de forma sorprendente, con argumentos nuevos.

14) Pensamiento rápido. Los “ehhh..” y “mmm…” indican engaño. Los buenos responden con rapidez. 

15) Inteligencia. Es más fácil decir la verdad que mentir, por lo que para mentir bien es necesario tener una actividad cerebral por encima de lo común.

16) Buena memoria. Hay que recordar lo que uno ha dicho, claro.

17) Adherencia a la verdad. En realidad, es más fácil versionar sobre la verdad que inventar por completo una historia nueva. (((Yo creo que es aquí donde ancla la política su labor: en la necesidad de dar al mundo sentido verosímil))).

18) Decodificación. La habilidad de detectar la sospecha en quien escucha para hacer los ajustes necesarios es esencial.

Dos libros superventas en su momento son recomendables para este nuevo-maquiavelismo del siglo XXI. Los dos del mismo autor, Robert Greene: Las 8 leyes del poder  y El arte de la seducción.

Las 48 “leyes del poder” son las siguientes:

  1. Nunca le haga sombra a su amo
  2. Nunca confíe demasiado en sus amigos; aprenda a utilizar a sus enemigos
  3. Disimule sus intenciones
  4. Diga siempre menos de lo necesario
  5. Casi todo depende de su prestigio; defiéndalo a muerte
  6. Busque llamar la atención a cualquier precio
  7. Logre que otros trabajen por usted, pero no deje nunca de llevarse los laureles
  8. Haga que la gente vaya hacia usted y, de ser necesario, utilice la carnada más adecuada para lograrlo
  9. Gane a través de sus acciones, nunca por medio de argumentos
  10. Peligro de contagio: evite a los perdedores y los desdichados
  11. Haga que la gente dependa de usted
  12. Para desarmar a su víctima, utilice la franqueza y la generosidad en forma selectiva
  13. Cuando pida ayuda, no apele a la compasión o a la gratitud de la gente, sino a su egoísmo
  14. Muéstrese como un amigo pero actúe como un espía
  15. Aplaste por completo a su enemigo
  16. Utilice la ausencia para incrementar el respeto y el honor
  17. Mantenga el suspenso. Maneje el arte de lo impredecible
  18. No construya fortalezas para protegerse: el aislamiento es peligroso
  19. Sepa con quién está tratando: no ofenda a la persona equivocada
  20. No se comprometa con nadie
  21. Finja candidez para atrapar a los candidos: muéstrese más tonto que su víctima
  22. Utilice la táctica de la capitulación. Transforme la debilidad en poder
  23. Concentre sus fuerzas
  24. Desempeñe el papel de cortesano perfecto
  25. Procure recrearse permanentemente
  26. Mantenga sus manos limpias
  27. Juegue con la necesidad de la gente de tener fe en algo, para conseguir seguidores incondicionales
  28. Sea audaz al entrar en acción
  29. Planifique sus acciones de principio a fin
  30. Haga que sus logros parezcan no requerir esfuerzos
  31. Controle las opciones: haga que otros jueguen con las cartas que usted reparte
  32. Juegue con las fantasías de la gente
  33. Descubra el talón de Aquiles de los demás
  34. Actúe como un rey para ser tratado como tal
  35. Domine el arte de la oportunidad
  36. Menosprecie las cosas que no puede obtener: ignorarlas es la mejor de las venganzas
  37. Arme espectáculos imponentes
  38. Piense como quiera, pero compórtese como los demás
  39. Revuelva las aguas para asegurarse una buena pesca
  40. Menosprecie lo que es gratuito
  41. Evite imitar a los grandes hombres
  42. Muerto el perro, se acabó la rabia
  43. Trabaje sobre el corazón y la mente de los demás
  44. Desarme y enfurezca con el efecto espejo
  45. Predique la necesidad de introducir cambios, pero nunca modifique demasiado a la vez
  46. Nunca se muestre demasiado perfecto
  47. No vaya mas allá de su objetivo original; al triunfar, aprenda cuándo detenerse
  48. Sea cambiante en su forma

 

La voz y el gesto de los poderosos y los sumisos

Viernes, 10 de junio de 2011

Investigando para la escritura de El poder en escena, me encuentro dos artículos muy recomendables:

- Uno es un curioso experimento de análisis del espectro de voz de Larry King, el superentrevistador americano, en contraste con el de sus invitados, realizado en 1996. El descubrimiento es muy interesante: los entrevistados calificados como más sumisos (por ejemplo Dan Quayle, que fuera vicepresidente y famoso por su debilidad), ajustan su voz a la del entrevistador. Por el contrario, es Larry King quien ajusta su voz a la de los invitados calificados como más poderosos (como Bush, Clinton, o Liz Taylor).

- En otro, más reciente, de 2003, se estudia el efecto que tienen los “movimientos de poder” en el público. Si el protagonista se muestra dominante, el público seá moderado en sus gestos. Si se muestra sumiso, el público será expansivo en los gestos. Esa situación de complementariedad (dominancia como complemento de sumisión, o viceversa), resulta más agradable al público que una mera mimetización de los gestos del protagonista y su público.

El Che y Bin Laden: cómo evitar la construcción del mártir, por Jorge Castañeda

Miércoles, 25 de mayo de 2011

Traducción del artículo de Jorge Castañeda en Time: “Grave Lessons: The death of Che Guevara sheds light on a tricky issue: how to avoid creating martyrs”.

“Descubrieron su rostro, ahora claro y sereno, y desnudaron su pecho sacudido por 40 años de asma y meses de hambre en la selva del sureste de Bolivia. Luego lo tumbaron en la lavandería del hospital de Nuestra Señora de Malta, levantando la cabeza para que todos pudieran contemplar a la presa caída. Mientras le ponían en la losa de cemento (…) le pidieron a la enfermera que lo lavara, lo peinara y le recortara la barba rala. Para el momento en que comenzaron a desfilar los periodistas y ciudadanos curiosos, la metamorfosis había sido total: el hombre triste, vapuleado y desaliñado del día anterior era ahora el Cristo de Vallegrande … El ejército boliviano había cometido su único error después de la captura de su máximo trofeo de guerra. Había transformado al acorralado y resignado revolucionario… en la imagen mágica de la vida después de la muerte. Sus verdugos le había puesto un rostro al mito que daría la vuelta al mundo.”

Escribí estas líneas sobre la muerte del Che Guevara y las fotos de su cuerpo hace 15 años: en otro tiempo, otro lugar y sobre otra fotografía. Pero aquello puede ayudarnos a comprender el dilema que enfrentaron Barack Obama y Estados Unidos con respecto a una muerte diferente y una imagen que puede que nunca veamos. Una horrible imagen de una cara deformada y un cadáver no confirma nada; la fotografía de un cuerpo limpio y bien tratado, con los ojos abiertos, es prueba de muerte, pero crea un mártir. Con el tiempo, sabremos cuál era la mejor opción: la boliviana o la estadounidense.

Para los admiradores de Guevara, cualquier comparación entre el médico argentino y Osama bin Laden es odiosa; para los fieles de Al Quaeda y muchos otros, cualquier analogía entre su ídolo caído y un infiel comunista es peor que una herejía. Pero los interrogantes derivados de sus respectivas ejecuciones no son distintos.

Guevara fue ejecutado en octubre de 1967 porque no había ninguna solución a las complicaciones que habría supuesto capturarle vivo.  Mantenerlo en Bolivia acarreaba el riesgo de que miles de manifestantes cayeran como una tormenta en las embajadas de todo el mundo y que Fidel Castro enviara equipos de operaciones especiales para rescatarlo; no era una opción. Hacer que los Estados Unidos lo llevaran a la Zona del Canal de Panamá (el equivalente a Guantánamo) habría confirmado simplemente que Guevara estaba luchando contra el imperialismo, y no liderando un ejército boliviano de campesinos y trabajadores pobres.

Algo muy parecido parece haber sucedido en Abotabad. En primer lugar, como en Bolivia, e independientemente de las instrucciones o las intenciones, teniendo a bin Laden vivo habría creado un problema insoluble. Hay cuestiones jurídicas y morales implicadas, pero también preguntas realistas sin buenas respuestas. Si se le hubiera apresado con vida, ¿dónde se le juzga? ¿En Estados Unidos? ¿En Nueva York que no admitió un juicio contra Khalid Sheikh Mohammed? ¿Quién lo habría juzgado? ¿La Corte Penal Internacional, a la que Estados Unidos no pertenece? ¿Un tribunal paquistaní? Todas las contradicciones del proceso de Guantánamo se han reproducido, pero con creces. Por muy debilitados que estuvieran bin Laden y Al Qaeda no habría habido escasez de devotos en todo el mundo musulmán y en otros lugares para protestar o para tomar rehenes estadounidenses y pedir la liberación de bin Laden.

Entonces habría llegado el problema del cuerpo. Incluso después de que Al-Qaeda ha reconocido la muerte de bin Laden, los incrédulos persisten. La mejor manera de desacreditar el escepticismo sobre su muerte sería mostrar las fotografías. Pero hacer con él lo mismo que la CIA y el ejército boliviano hicieron con Guevara casi 45 años antes hubiera sido el mismo hito contraproducente: darle a Osama bin Laden una imagen limpia, serena y ejemplar, perfecta para el martirio.

La analogía se puede llevar un paso más allá. Los bolivianos han estado 40 años pidiendo que el cuerpo de Guevara se incinerara con el fin de evitar la aparición de un mausoleo de ningún tipo. Pero lo cierto es que, según los cubanos, no fue incinerado en absoluto. Sus restos fueron recuperados cerca de un cementerio en Vallegrande y trasladados a Cuba en 2007, donde se contruyó una capilla para alojarlos. Los estadounidenses echaron a bin Laden al mar por muchas razones, pero sin duda una de ellas fue la necesidad de garantizar que no haya ningún santuario, ningún lugar de encuentro, ninguna ubicación en su memoria. 

La decisión de Estados Unidos puede no haber tenido nada que ver con esta especulación histórica; nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es una lección que aprendimos hace casi medio siglo: que la mejor manera de evitar que haya una efigie del martirio es que no se disponga de la base material para ello. Pero hay un inconveniente en el hecho de que no haya cara, cuerpo o imagen: para los ojos de muchos, no hay prueba suficiente de su muerte. Escepticismo frente a glorificación: no es una elección fácil.

Castañeda, profesor emérito de la Universidad de Nueva York, es autor de La vida en rojo, una biografía del Che Guevara

15M: maravillosa “Revolución express”

Viernes, 20 de mayo de 2011

Pobres sindicalistas. Se han dejado las horas en las mesas de negociación con empresarios. Muchos de ellos han perdido dinero y tiempo convocando y participando en huelgas contra las reformas. Padres y madres de familia, muchos en paro o con salarios bajos, sufriendo las consecuencias del dominio de la banca y la especulación en la vida de la gente. Convocaron a cientos de miles en las calles… Y ahora vienen unos cuantos miles de chavales y les roban el escenario, gracias a la fascinación de los medios de comunicación por lo festivo, lo horizontal y lo distinto. Y gracias al componente festivo de las protestas, tan atractivo para los jóvenes.

¿Qué harán dentro de una o dos semanas? Pasarán los camiones de basura y lo dejarán todo limpito. Los chavales se irán a su casa y no quedará nada. Si algo quedara, será una plataforma que se instalará en el sistema: quizá serán recibidos por el presidente del Gobierno y por el líder de la Oposición, y poco más. Aún así, bienvenidos a la revolución express, jóvenes y mayores: hacía falta la protesta, la indignación, la pura expresión de queja porque la economía mande en la gente y no la gente en la economía. Es sano, muy sano, retomar la narrativa de “los débiles frente a los poderosos”.

¿Qué hay de original en sus demandas? No mucho, pero gracias a ellos se multiplica su impacto. Todas sus reclamaciones están ya en decenas de manifiestos, programas electorales y plataformas previas. Contra la Ley Sinde, por la Tasa Tobin o similar, por la educación y la sanidad públicas, por el transporte barato, por la reforma electoral… Quizá si hicieran una memoria económica de sus propuestas lo verían de otra manera, por otro lado. Pero lo cierto es que han actuado, están actuando, como un altavoz mundial de lo que antes estaba disperso y acallado.

¿Similitudes con las revueltas en Oriente Próximo y el Magreb? Por dios, un respeto. Allí murió un tipo quemado a lo bonzo, había unos dictadores que ahora están escondidos, se enfrentaron a los tanques y las pistolas, y de allí surgió una guerra con participación internacional. Estos jóvenes más o menos acomodados (urbanos, formados, estudiantes de unos veintitantos y con menos paro que en la media nacional, según análisis de El País de hoy), son la expresión lúdica de un cabreo y una indignación comprensible y lógica, pero más lúdica que militante. Pero merecen un respeto: podrían estar haciendo botellón y están haciendo algo necesario y estimulante.

Habrá cientos de miles mañana y pasado. Claro, tampoco es difícil: vas por allí y te tomas una cerveza al sol de primavera. Nadie se atreverá a desalojarlos. Sería un suicidio político para quien lo hiciera. La gente bailará y disfrutará de la idea de sentirse protagonista de algo por un rato. Revolución express y barata. Hay que leer Join the Club.

El aviso es al Gobierno, claro: Las demandas son progresistas. Los participantes son progresistas en su mayoría. Pero el Gobierno no supo o no pudo responder a esa épica de “la gente contra los poderosos”. Seguramente algo tendrá que ver tener que dar explicaciones a 27 socios de los que 22 son conservadores, y también que quienes han prestado dinero a España, al final, son unos tipos sentados en torres en Manhattan o en Londres o en Pekín.

¿Twitter? Si no fuera porque los medios han cubierto profusamente las concentraciones, en la Puerta del Sol habría ahora cincuenta como mucho. ¿Se habrán dado cuenta todos los defensores de los “medios alternativos”, que sus datos y sus sistemas de comunicación están en manos de dos empresas privadas propietarias de Twitter y Facebook? ¿Sabrán que Twitter eliminó tras las revueltas árabes los archivos de tráfico para que no pudieran analizarse? Harían bien los manifestantes reclamando también su privacidad y el derecho a un espacio público de expresión en la red.

(Un estudio reciente que traeré aquí en breve, demuestra el papel ridículo que en realidad jugó Twitter en Oriente Próximo, más allá del siempre atractivo argumento periodístico de su utilización).

Efecto nulo en las Elecciones, a menos que el PP se empeñe. Si el PP se empeña en que se desaloje aquello, y en increpar al Gobierno por no hacerlo… ellos sabrán. La extrema derecha y El Mundo parece que van por ahí. IU subirá en voto, pero eso ya estaba detectado desde antes.

Benditos los jóvenes que, aún en forma express, nos dicen que hay espacio. Sí, son alevines al lado de sus hermanos revolucionarios de otros tiempos u otros lugares. Pero esos jóvenes han decidido lanzar al mundo un mensaje de que ya está bien que manden los bancos, los políticos apoltronados, mentirosos y cobardes, y las instituciones inútiles. Sólo por eso, fuerza en la lucha, amigos.

Explosión “patriótica” a cuenta de bin Laden

Miércoles, 4 de mayo de 2011

GOT HIM! (BIN LADEN IS DEAD)

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Han tardado horas los fabricantes de camisetas (20 dólares), tazas ($15), abrigos para perros ($18), gorras ($15), corbatas ($35) y demás baratijas en celebrar la muerte de Bin Laden a través de una oferta numerosa de productos de gusto dudoso.

Como explica a USAToday el antropólogo Grant McCracken, autor de Chief Culture Officer: How to Create a Living, Breathing Corporation  “la gente lleva estas cosas para infligir la indignidad final a bin Laden; y 25 dólares no es mucho dinero para ganarte un puesto en el acto nacional de ponerle en ridículo.”

Esta explosión de júbilo colectivo tiene efecto, por tanto, en la cultura popular, pero su origen está en la neurología (la venganza es dulce, literalmente: satisface ciertas zonas del cerebro como lo hacen el sexo, las drogas y el rock&roll) y en la sociología (la muerte de bin Laden es el cierre de una narrativa colectiva que comenzó brutalmente con el ataque a las Torres Gemelas).

El efecto de congregación en torno al acontecimiento de la muerte del malo por el superhéroe, tan americano, se percibe en la audiencia millonaria que tuvo el discurso de Obama anunciando la operación. Con 56 millones y medio de estadounidenses (habría que añadir la gente de otros países) mirando la televisión en directo el domingo por la noche, el breve discurso de nueve minutos del presidente fue el más escuchado de su mandato.

Según las encuestas, la mejoría en la valoración de Obama es sólo relativa. Algunos datos favorables: el 93 por ciento aprueba la operación militar; el porcentaje que cree que Obama es un lider “fuerte y con decisión” ha subido cinco puntos, hasta el 58 por ciento. Otros datos más modestos: La aprobacion sólo sube un punto, cuatro todo lo más. Cuando en 2003 Bush anunció la captura de Sadam, su aprobación aumentó ocho puntos. Algunos esperan que se produzca un efecto mayor de “cierre de filas” (rally round the flag), que eleve su puntuación en los próximos días.