Archivo de la categoría ‘Liderazgo’

La falacia “post hoc,” otras trampas del juicio, y la campaña de Chacón

Lunes, 6 de febrero de 2012

La falacia más frecuente entre los analistas políticos poco finos es la que llamamos “post hoc, ergo procter hoc.” Como algo ha salido mal, todo lo anterior estaba mal. Si Carmen Chacón ha perdido frente a Alfredo Pérez Rubalcaba, todo lo que hizo la primera estaba mal y todo lo que hizo el segundo estaba bien. Es una trampa del cerebro muy frecuente en la vida cotidiana y en la política: tratamos de justificar las cosas de una manera pretendidamente lógica y secuencial, cuando la realidad es generalmente mucho más compleja. Huyo como de la peste de esa tendencia porque creo que para aprender y mejorar en este oficio hay que ser muy frío. Por eso trataré de explicar cómo he visto cada elemento del trabajo de Carme Chacón, a la que admiro como política, estoy agradecido como ex jefa, y quiero como amiga. Vaya por delante que, a pesar de que El País, y aún ayer Fernando Garea en sus páginas, me han querido situar en el equipo de Chacón, yo no he estado en él. He ayudado en lo que se me ha pedido, de manera informal y esporádica, pero ni he escrito el discurso, ni he participado en reuniones estratégicas ni he tomado decisiones, ni he formado parte ni visible ni invisible de su equipo de campaña. Por eso mi criterio, aunque sesgado por mi relación con la candidata, puede ser algo más frío.

¿Hizo Carmen Chacón  una buena campaña? Por supuesto que sí. Lo que era un consenso el sábado por la mañana, antes de la votación, no puede convertirse en lo contrario solo horas  después. Hay quien dice que sólo son campañas buenas las que ganan. Eso es una tontería: hay campañas buenas que pierden y campañas malas que ganan, porque ganar o perder no depende sólo, ni mucho menos, de la campaña, sino de otras claves añadidas: el candidato o candidata, el estado de ánimo de la gente, el papel del adversario y, en este caso, los intereses y equilibrios internos de la organización.

Por lo demás, el resultado dice mucho de la eficacia de todos esos elementos en el caso de Carmen Chacón. Quedarse a 12 delegados de casi mil de haber ganado la secretaría general del PSOE, cuando has tenido en contra al Grupo Prisa, a Felipe González, a Alfonso Guerra y a la maquinaria de Ferraz, es una proeza indiscutible y objetiva. Aquí lo relevante políticamente es perder o ganar, obvio, y ella ha perdido. Pero para técnicos como este servidor lo relevante es, además, la eficacia estratégica y táctica de cada elemento de la campaña. Y es indiscutible que el equipo de Chacón sorprendió primero con su manifiesto “Mucho PSOE por hacer,” que fue distribuido, comentado y expandido como un elemento para la autocrítica, el cambio, la fuerza y la coherencia. Se sumaron cientos de personas y el tono fue claramente positivo. Nadie puede negar que esos principios – cambio, fuerza, coherencia – son estratégicamente adecuados, porque de hecho son los mismos que ha utilizado Alfredo Pérez Rubalcaba. Chacón sorprendió luego en su presentación en Olula del Río, el pueblo andaluz de su padre, y exorcizó así (al menos parcialmente) el fantasma que el adversario trataba de invocar, el de su “catalinidad.” Cuando me contaron cuál era el planteamiento, confieso que me dio miedo el lugar elegido, porque pensé que podía ser tomado como una frivolidad, pero me equivoqué. El equipo de Chacón formuló bien la idea de “catalana andaluza,” que es quien ella es: y esa fue la línea seguida por la prensa. Funcionó, sin duda.

Se hizo luego una campaña al uso, pero muy eficaz: Chacón llenó en todos sitios y la ola de cambio fue creciendo día a día. En esta campaña, como dijo Felipe González en la suya contra Aznar en 1996, “ha faltado una semana o un debate.” De hecho, Chacón formuló bien su desafío a un debate y la sensación de que quien no quería debatir era Rubalcaba, aunque ni uno ni otra tuvieran especial interés en ese debate.

Chacón fue sumando apoyos cada día. Y no entró en las provocaciones de El País, que de hecho se volvieron contra el periódico y contra el propio Rubalcaba, como reconocieron tanto el primero (véase la sección de la defensora del lector del domingo 5 de febrero) como en el equipo del segundo (en conversaciones privadas y anónimas).

¿Fue bueno el discurso de Chacón? Antes de que perdiera yo recibí decenas de mensajes diciendo que sí. Muchos eran de gente que está implicada, y hay por tanto que ponerlos aparte por demasiado amables y cariñosos. Pero recibí también mensajes de gente de la profesión, de amigos no implicados y de ajenos a la política partidaria. Unos y otros, sin fisuras, señalaron que el discurso fue excelente, en ascenso, emocionante, con un cierre espectacular. Algunos – del grupo de los “fríos” – decían que empezó demasiado alta, algo “gritona,” pero eso es una cuestión menor en el contexto general de un discurso que no se dejó nada, que contenía un proyecto sólido y comprometido para España y para el PSOE. Que los comentaristas críticos con ella, de la derecha o de la izquierda, digan que fue un discurso frívolo, de marketing, de frases huecas, etc. es lo normal. Ya sabemos que las predisposiciones determinan la manera de ver. Pero un analista frío debe verlo con menos apasionamiento. Si se dejara a cualquiera (por ejemplo alguien de fuera sin lineamientos políticos locales), ver el discurso observaría que se trata de una excelente pieza. A la que, a tenor del número y volumen de las aplausos, el medidor más objetivo de la eficacia de un discurso, la oradora sacó lustre con su intervención. Algún amigo me dice que tenía que haber ido al foniatra (al logopeda, dice él erroneamente). Carmen estaba nerviosa porque tenía delante el mayor desafío de su carrera política y la atención de millones, y por eso su voz flaqueó en algún momento. Pero eso fue objetivamente muy poco relevante en el conjunto del discurso. Pero ya se sabe: “post hoc, ergo procter hoc.” Como perdió, el discurso fue malo. Absurdo.

¿Podría haber ganado? Por supuesto. Ha estado a punto. Si Felipe González no se hubiera alineado con Rubalcaba. Si El País la hubiera tratado con algo más de ecuanimidad. Si los recursos de Ferraz se hubieran puesto al servicio de los dos candidatos por igual… Chacón habría ganado. Claro que nada de eso dependía de ella.

Sí creo, sin embargo, que la candidata quizá tenía que haber dedicado más tiempo a verse y hablar con los delegados uno a uno para escuchar cuáles eran sus intereses  particulares. Y sí creo que ahí se cometió un error, debido a otra trampa del cerebro: la sobrestimación de tu propia fuerza, el exceso de optimismo. La sensación que tenía el equipo de Chacón, y también los que la conocemos desde fuera, era de que se ganaba. No era sólo una sensación: además salían las cuentas. Pensando en que sólo 12 personas podrían haber cambiado la decisión del Congreso, y que no estaba en manos de Chacón decirle a González o a El País lo que tenían que hacer, ni evitar lo que hicieron, el único flanco objetivamente débil que yo creo que tuvo la campaña de Chacón fue el contacto directo de la candidata y de otros líderes con más delegados y delegadas, algo que no tuvo tiempo de hacer.

Dicho esto, por supuesto: lo relevante es que ha ganado Alfredo Pérez Rubalcaba. Eso es lo políticamente relevante. A partir de ahora tiene una tarea titánica por delante. Yo espero que le vaya muy bien, por el bien de los progresistas en España y en Europa.

La gente poderosa se siente, literalmente, más alta

Jueves, 26 de enero de 2012

Sabemos ya que la gente más alta tiene mayores ingresos y más estatus. Sabemos que la estatura media de los goberantes es mayor que la talla media de sus conciudadanos. Sabemos que los líderes tratan de parecer más altos: usando alzas en sus zapatos (como Sarkozy o el fallecido Kim Jong Il), subiéndose a banquetas (como Franco en el Palacio de Oriente o Hitler en Nuremberg), o poniéndose inmensas pelucas (como Luis XIV en Francia).

Ahora sabemos también, por tres interesantes experimentos, que la gente que se siente poderosa, tiende a percibirse físicamente más alta.

La genética determina en parte la ideología

Lunes, 23 de enero de 2012

Hay una contundente, productiva e innovadora corriente dentro de la psicología, la genética y la ciencia política, que viene demostrando en los últimos años que la ideología de un individuo está marcada de manera importante por su genética.

Un último estudio constata de nuevo esa relación. Además, explica el estudio, no es que la genética influya en la personalidad y ésta en la ideología política, como suele considerarse, sino que tanto personalidad como ideología están determinadas por los genes.

En El poder en escena hablo de eso en profundidad.

Vuelvo a la carga. Gracias por esperar

Jueves, 12 de enero de 2012

Terminó la preparación de El poder en escena, que publicará RBA en los próximos dos o tres meses. La cubierta dirá algo así sobre el libro:

¿Qué tienen en común el aullido de los lobos al salir de caza y los invitados a un programa de entrevistas o los candidatos presidenciales que debaten en televisión? ¿Por qué hablando de política, cuantas más pruebas ofrecemos a alguien de que está equivocado más se refuerza en su posición? ¿Qué distingue a conservadores y progresistas? ¿Podemos cambiar la manera de ver el mundo cambiando las metáforas y marcos que utilizamos para describirlo?…

El poder en escena es una crónica única y original de las bases, la historia y la práctica de la representación política. El viaje comienza con las similitudes del comportamiento político humano y el de otras especies animales, continúa con las peculiaridades del perezoso y tramposo cerebro al percibir la política, y termina en la configuración de las corrientes de opinión colectiva y en las prácticas rituales y simbólicas de los líderes para narrar sus historias. Las abundantes investigaciones revisadas se ilustran con decenas de ejemplos y con vibrantes descripciones históricas de cómo los líderes políticos seducen a su público para hacerse con su favor, desde la prehistoria hasta la era de Internet, pasando por la Francia del Rey Sol, los fascismos europeos o el movimiento por la defensa de los derechos civiles en los años 50.

Lo que un líder puede hacer y lo que no

Sábado, 26 de noviembre de 2011

En el artículo que publica hoy sábado El País (el cuarto memorando imaginario que escribo a Rajoy), digo que el liderazgo es contextual. Que un buen líder para un momento (Zapatero en 2004, Aznar en 2000, González en 1982…) pueden resultar malos líderes para otro momento distinto. Hay pocos líderes que en el mundo hayan demostrado un liderazgo persistente y continuado, como Clinton, Uribe (que ahora se ha quedado chiquito frente a Santos), Lula, Bachelet o Roosevelt: líderes de crisis y de bonanza, de guerra y de paz, de las políticas duras (economía y seguridad nacional) y blandas (políticas sociales). El libro sobre el “poder inteligente” de Joseph Nye, Las cualidades del líder, es muy recomendable y lo explica muy bien.

Y también digo que la gente otorga a los líderes un poder taumatúrgico que no tienen. Así es, literalmente. En Thinking, Fast and Slow, el libro delicioso a modo de testamento del premio nobel Daniel Kahneman, se explica con numerosos ejemplos, sobre todo del mundo económico. Se tiende a pensar que los líderes empresariales son determinantes en la evolución de las compañías, cuando no es así. Se tiende a pensar que las cosas buenas que pasan son culpa de los líderes cuando no es así, etc. El libro no es recomendable: es obligatorio.

Te dejo aquí los memorandos anteriores:

Memorando 1

Memorando 2

Memorando 3

 

 

La vieja democracia española

Martes, 8 de noviembre de 2011

Así nos ve Jonathan Blitzer para el New York Times, como una democracia que “envejece”, al menos en la persona de sus dos representantes de estos días, dos señores casi en los 60, cuando los presidentes españoles (Suárez, Felipe, Zapatero; sólo Calvo Sotelo era mayor), estaban en los 40. El artículo merece la pena.

The Mountaintop

Lunes, 31 de octubre de 2011

Si tienes la suerte de ir a Nueva York algún día hasta enero, quizá puedas ver en Broadway The Mountaintop, la obra en la que Samuel L. Jackson intepreta el papel de Martin Luther King en la noche previa a su muerte. El líder negro aparece aquí en una pose muy distinta a la habitual de orador brillante ante las masas. Encerrado en la habitación del motel en el que pasó la última noche, en The Mountaintop se ve al King humano, más prosaico pero igualmente poderoso.

Al día siguiente, en Menphis, King ofrecería su último discurso. Sus últimas palabras fueron premonitorias:

Y entonces llegué a Menphis. Y algunos empezaron a hablar de amenazas, de las amenazas que se habían proferido. ¿Qué me ocurriría a manos de alguno de nuestros hermanos blancos enfermos? Bueno, no sé lo que pasará. Tenemos días duros por delante. Pero realmente no imoporta lo que pase conmigo. Porque ya he estado en la cumbre. No me importa. Como cualquiera, me gustaría vivir una vida larga; la longevidad tiene su atractivo. Pero no me preocupa eso ahora. Sólo quiero hacer la voluntad de Dios. Y él me ha permitido llegar a la cumbre. Y he podido observar. Y he visto la Tierra Prometida. Puede que no llegue a ella con vosotros. Pero quiero que esta noche sepáis que, nosotros, como pueblo, llegaremos a la Tierra Prometida. No me preocupa nada. No temo a ningún hombre. Mis ojos han visto la gloria de la venida del Señor.

El mejor discurso que nunca he escuchado es del entonces presidente Bill Clinton, fue pronunciado desde el mismo atril desde el que King ofreció el suyo en 1968, y toma como referencia las palabras del gran líder afroamericano.

Intuición y razonamiento

Sábado, 29 de octubre de 2011

Escribo desde Santo Domingo, tras un viaje desde el que parece ser el país más aislado de América Latina: Paraguay. Para llegar aquí he tenido que parar en Montevideo y en Lima… Sólo me ha servido para poder leer una cuarta parte del reciente libro del premio Nobel Kahneman, y escuchar canciones que nos unen a ella y a mi…

El libro es una delicia llamada Thinking, Fast and Slow. Ahí está una suerte de testamento de los trabajos que Kahaneman y su malogrado colega Amos Tversky desarrollaron durante décadas sobre la heurística, las trampas del cerebro, sus dos sistemas: la intución rápida, siempre alerta, impulsiva, etc.. y el razonamiento lento, enfocado, minucioso y perezoso.

Y para complementar, aquí está esta animación interesantísima sobre esos mismos asuntos: las dos partes del cerebro. Una derecha amplia, generalista, de las grandes categorías, intuitiva, rápida… (“el Berlusconi del cerebro, se dice”)… El lado izquierdo enfocado, analítico y más racional.

Los mandamientos de los funcionarios

Domingo, 23 de octubre de 2011

En una referencia de ayer en El País a la jubilación del mandarín británico Gus O’Donnell (GOD), el jefe de los funcionarios del Gobierno de Reino Unido, se citan varias frases de la antigua serie Sí, ministro, que constituyen una especie de carta de mandamientos para los funcionarios, realmente ingeniosa:

 

MANDAMIENTOS DE UN MANDARÍN FICTICIO, SIR HUMPHREY APPLEBY

Estas perlas seleccionadas del ficticio sir Humphrey Appleby de la teleserie cómica de los ochenta ‘Sí, ministro’, servirían para un perfecto decálogo para altos funcionarios británicos.

» “Si la gente no sabe lo que haces, no sabe lo que haces mal”.

» “El asunto está siendo considerado’ significa que hemos perdido una carpeta. ‘El asunto está siendo activamente considerado’ significa que estamos buscando la carpeta”.

» “El primer ministro no quiere la verdad, quiere algo que pueda decir al Parlamento”.

» “Si los funcionarios no pelean por el presupuesto de su departamento, se pueden quedar con un departamento tan pequeño que lo puede gestionar hasta un ministro”.

» “La Ley de Secretos Oficiales no está para proteger los secretos, sino para proteger a los oficiales”.

» “Lo sorprendente de los académicos no es que tengan un precio, sino lo bajo que es su precio”.

» “Solo son totalitarios los Gobiernos que suprimen los hechos. En este país simplemente tomamos la decisión democrática de no publicarlos”.

» “Si no te gusta la decisión de un ministro, acéptala con gusto y sugiérele que deje los detalles en tus manos”.

» “Nuestro trabajo es decirle al Parlamento la verdad y solo la verdad. Pero sería irresponsable decirle toda la verdad”.

» “Es bien sabido en el Foreign Office que una orden del primer ministro se convierte en un requerimiento del ministro, luego en una recomendación del secretario de Estado y finalmente en una sugerencia del embajador. Si es que llega tan lejos…”.

 

El famoso discurso de Stanford

Jueves, 6 de octubre de 2011

Hoy los medios del mundo entero están utilizando este viejo discurso de Steve Jobs en la ceremonia de graduación de Stanford en la que el malogrado predidente de Apple fue invitado. Se trata del mejor discurso de un líder corporativo que he escuchado. “Tres historias, sólo tres historias, no gran cosa…” Pero qué tres historias: un historia de muerte, una historia de amor y una historia de “puntos inconexos”. Fascinante.

Aquí no hablamos de comunicación corporativa, pero merece la pena verlo con subtítulos en castellano. Pone los pelos de punta.