Obama cesó de manera fulminante a su jefe militar en Afganistán, después de que trascendieran unas declaraciones muy críticas del cesado con el presidente y otros políticos. Esto es lo que el general McChrystal debería haber sabido:
Lo escribe Jack Shafer para Slate, y me lo manda mi querido cuate Joaquín, que de comunicación y Defensa sabe un rato largo.
Primero, la respuesta corta cuando un periodista de pide colaboración para escribir algo sobre tí es “no”, dice Shafer. Yo suelo hacerla un poco más larga: “¿Para qué?”, recomiendo preguntarse. ¿De qué te sirve una entrevista o un reportaje o un debate o una rueda de prensa? ¿Estás seguro o segura de que los riesgos no son mayores que los beneficios?
Dice Shafer que un director que saca una nueva película o un autor que publica un nuevo libro, o un candidato que quiere mostrar su inteligencia superior, puede tener ventajas claras al hablar con un periodista. Pero para la mayoría de la gente no suele haber razones para dejar que te hagan un perfil como el que Rolling Stone hizo del general, y que le ha costado el puesto. El reportaje no sirvió para nada. Ni siquiera aunque no hubiera contenido todos los comentarios críticos lamentables contra sus jefes políticos en la Casa Blanca, el reportaje habría servido para algo. Antes de un reportaje debes saber qué esperas de él y cuál será aproximadamente su contenido. Y si al periodista no le gusta, pues gracias y adiós.
Michael Hastings, el periodista, lo explica en una entrevista a Newsweek: fue invitado por McChrystal durante dos días a París para hecer el reportaje. Perfecto. Pero aquello, por culpa de las cenizas del volcán islandés, se convirtió en un mes de convivencia: París, Berlín, Kabul, Kandahar, Washington DC. Un mes entero, ¡dios mío! Puedo imaginarme el fragor del reportero y la ingenuidad del general. Nadie aguanta un mes de exposición a un periodista sin exponerse peligrosamente sincero. La familiaridad se convierte en ingenuidad y la ingenuidad en peligro. (A Hastings también se le puede ver en vídeo: el tipo se ha hecho famoso con la exclusiva).
Otro consejo de Shafer es que ni por lo más remoto se debe beber ni una gota de exceso durante una entrevista. Y el pobre de McChrystal se fue de copas en la noche parisina con su equipo y con el periodista (¡¡¡¡¡¡!!!!). “Para la medianoche – escribe Hastings -, la mayoría del Equipo América está completamente beoda”. Por esto es por lo que los periodistas adoran irse de copas con sus fuentes.
Correr antes unas cuantas carreras menores es bueno antes de correr la maratón: otro buen consejo. McChrystal había hecho ya alguna pieza notable, como la del New York Times Magazine en octubre de 2009, pero parece que no aprendió demasiado, a tenor del resultado.
En fin, aprendizaje de la historia:” Si vas a decir tonterías, ningún periodista va a prevenirte de tu estupidez”, termina advirtiendo Shafer”. Recuerda, amigo o amiga: pregúntate siempre “¿para qué?”.


