Vamos aprendiendo de terrorismo en todo el mundo. Los terroristas, como explican los estudiosos (te pongo abajo un par de artículos y una pequeña bibliografía), son actores racionales que buscan motivos políticos (generalmente echar a alguien de un territorio) asustando a la gente más allá de las víctimas directas de sus ataques.
Por eso, porque son actores racionales, conviene entender cómo comunicar en casos de ataques. Estoy en Tel Aviv (más bien en un triste hotel a las afueras) ayudando a la Unión Europea con un comité de expertos sobre la cuestión.
A los terroristas hay que tratarlos como delincuentes, no como actores políticos: delincuentes, asesinos, eso es lo que son y como tal hay que llamarlos. Lo demás les ensalza. No son buenos los juicios colectivos, ni los tratamientos agrupados. Mejor aislarlos real y simbólicamente. Mejor mostrar sus fotos policiales con sus numeritos, o mostrarlos como a Abimael Guzmán en aquella caja y con uniforme carcelario de rayas.
No existe el terrorismo internacional (Obama no uso ese término ni una sola vez en su famoso discurso de El Cairo en junio). Existe el extremismo, el fanatismo, la delincuencia. Hablar del terrorismo internacional les hace sentirse internacionales y parte de algo más grande.
No existe, por supuesto, una guerra contra el terror. En Colombia del terrorismo se ocupa el Ejército. En España, la Policía. Es un marco muy distinto. En uno hay una guerra – justo lo que los terroristas quieren -. En el otro, una persecución de delincuentes.
Sólo se les gana si sus gobiernos ayudan, como sabemos bien los españoles, en nuestra larga historia de relación con los franceses y ahora los portugueses en la lucha contra ETA. Por eso es tan equivocada, dicen, la posición de Uribe en Colombia enfrentándose a Venuzuela, que podría ser de tanta ayuda (si Chávez quisiera, claro, que es mucho suponer).
Afganizarse es buena idea. Así es como describen nuestros militares el hecho de “fundirse” hasta donde es posible con la población local. No llegar con las miras de visión nocturna asustando al personal, sino – también – con el pico y la pala. El problema de los reclutadores de terroristas es que cubren “servicios” (reales o simbólicos, racionales o expresivos) que otros no ofrecen. Hay que proveer de esos servicios para evitar el reclutamiento de terroristas.
Leo todo esto y algo más en varios lugares, que ahora me vienen, en esta pacífica ciudad, a la memoria, y que retomo de mis archivos.
- “Terrorism Studies: Social Scientists do Counterinsurgency”, Nicholas Lemann, The New Yorker, 26 de abril, 2010.
- “Containing Terror”, Philip Mudd, Newsweek, 17 de mayo de 2010
- A Question of Command: Counterinsurgency from the Civil War to Iraq, Mark Moyar.
- How Terrorism Ends: Understanding de Decline and Demise of Terrorist Campaigns, Audrey Kurth Cronin.
- The Management of Barbarism, Abu Bakr Naji.
- Radical, Religious and Violent: The New Economics of Terrorism, Eli Berman.
- Dying to Win: The Strategic Logic of Suicide Terrorism, Robert Pape.
- Counterinsurgency, David Petraeus


