Así han titulado las autoridades chinas la marcha de celebración del 60 Aniversario de la Revolución, el pasado día 1. Una increíble sinfonía de imágenes, movimientos minuciosos, perfección organizativa y alarde de fuerza. En Beijing, desde la misma Plaza de Tiananmen en la que Mao diera por inaugurada su Revolución, y en presencia de Hu Jintao, los chinos han demostrado su poderío al mundo: 100.000 ciudadanos adultos desfilando. 80.000 niños. 20.000 soldados. Aviones. Tanques. Fuegos artificiales.
Recuerda el alarde a las grandes movilizaciones nazis, fascistas o estalinistas. No hay ya en el mundo manifestaciones tan preciosistas de poder. Las imágenes del magno evento me hacen releer una cita contenida en el libro de Steven Pinker, El Mundo de las Palabras (p. 529):
Las personas de los grupos también participan de movimientos sincronizados, como bailar, hacer reverencias, ponerse de pie, sentarse, la marcha y la instrucción militares y el ejercicio físico. La impresión desde fuera es la de un único cuerpo comunal, más que la de muchos cuerpos individuales, debido a una ley de la percepción llamada “destino común”: las cosas que se mueven juntas se ven como unidas. La impresión desde dentro es aún más engañosa.


