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El “Partido del Amor” de Berlusconi y otras noticias del día de los inocentes

Lunes, 28 de Diciembre de 2009

El País lo dio en su portada de papel hoy: Berlusconi lanza una nueva iniciativa política llamada el “Partido del Amor”. Y ofrece diálogo a la oposición para superar el odio que el primer ministro advierte en la sociedad italiana y que ya notó su mentón hace unos días. Resulta curioso que nadie se lo haya tomado en broma, considerando que el Partito dell’Amore ya se registró y trabajó a principios de los 90, bajo el patrocinio y liderazgo indiscutible de la actriz porno Cicciolina que todos recordamos.

Otras bromas de hoy fueron identificadas con más rapidez. Genial la de una web rusa que se ha expandido por el mundo, con el supuesto descubrimiento por la revista National Geographic del “montaje” de las piedras de Stonehenge, con fotos y mítica de servicios secretos ingleses incluida. No está mal la que relató el diario de Caracas La Nación: Chávez declara obligatoria la arepa socialista para combatir el colesterol.

Y simpáticas las de Madrid. El Ayuntamiento decide llevarse ahora la estatua de Colón a la Plaza de Castilla, después del fiasco del obelisco dorado este que nos han plantado (juro que yo, que vivo cerca, creí que era la base de algo más que algún día llegaría). Y otra: el Metro utilizará números romanos en su nomenclatura. O una última, Madrid optará a los Juegos de 2018 ¡pero de invierno!   Todas ellas referidas aquí.

Las “velinas” o la mujer como jamón: el impacto cultural del viejo Silvio

Martes, 1 de Diciembre de 2009

¿Será que Sivio Berlusconi, con un control del 90 por ciento de la televisión italiana, ha cambiado primero la cultura del país, para luego sacar beneficio político del cambio? Así lo explica Carla Power en un artículo en la revista Time. Y es muy verosímil lo que dice.

El primer ministro italiano, aún con mayor aprobación en su país que Zapatero en España, por poner un ejemplo, lleva mucho más tiempo en la televisión que en la política. Y ha ido construyendo una imagen lamentable de la mujer, que ha impregnado la cultura italiana. Son las velinas o schedine, guapas show girls que visten poca ropa, bailan un poco y dicen menos aún (una muestra un tanto chusquera del gusto berlusconiano tuvimos en España con sus Mama Chicho).  

El caso es que con el paso del tiempo, las chicas de Milán, según una encuesta reciente, quieren ser velinas en primer lugar. Recientemente Berlusconi decidió incluir a alguna de ellas en las listas al Parlamento Europeo, y es conocido que la mismísima ministra de Igualdad del Gobierno de Silvio, Mara Carfagna, fue velina antes. Para los (pocos) defensores serios de esta corriente, para las jóvenes mujeres es cuestión de pragmatismo: esas chicas se encuentran con facilidad con futbolistas y otros profesionales, y pueden hacer dinero fácil con la relación; o con un poco de apoyo de Papi Silvio, pueden ser diputadas o ministras. Antes las jóvenes querían ser abogadas o científicas. Ahora lo pragmático e inteligente parece ser utilizar el cuerpo para llegar arriba. Ese es el cambio que parece haber operado en cierta parte de Italia.

Aunque la izquierda italiana está rota como nunca, hay ya gente lamentándose y protestando por este impresentable tratamiento de la mujer, en manos de un personaje que a muchos nos produce vergüenza ajena.

Impresionante el trabajo solitario y voluntario de Lorella Zanardo, una consultora y directiva de Unilever, que ha decidido hacer su propio vídeo (aquí en su primera, segunda y tercera parte), para mostrar la imagen que ofrece la televisión italiana de la mujer. No te pierdas la última secuencia del vídeo, en la tercera parte desde el minuto 7:10, procedente de un programa de Mediaset, el conglomerado de Papi Silvio: una mujer colgada literalmente entre jamones.

Rita, una amiga calabresa con quien cené en Santo Domingo el viernes, que ahora trabaja en Naciones Unidas allá, me contaba que se sentía exiliada de su propio país, por la triste situación en que lo está dejando el primer ministro. Prefiero la dignidad de mi Gobierno en España, a la basura que cada día ofrece ese tipo pintoresco con la cara acartonada.

Berlusconi como fenómeno cultural

Martes, 3 de Noviembre de 2009

Conocí a César García Muñoz en Edelman, hace ya trece años: conversaciones suculentas en la cocina de aquella planta de Torre Europa, luego en el Windsor. El se dedicó y se dedica a la Universidad ahora, y ha logrado un conocimiento del funcionamiento de la opinión pública envidiable. El domingo publicó un artículo en El País sobre las bases culturales de la aprobación de Berlusoni. Aquí está, y está muy bien. Salud, amigo.

Berlusconi, espejo de Italia

Jueves, 28 de Mayo de 2009

Muchos estamos perplejos por la popularidad que mantiene el primer ministro italiano Silvio Berlusconi, a pesar del esperpento que protagoniza cada día a cuenta de sus pasiones y ocurrencias.

En la revista Time, el periodista Beppe Severgnini explica el fenómeno en un artículo que me permito traducir aquí, y que es una justificación verosímil. En resumen, Berlusconi es el espejo en que se miran los italianos.

Un Espejo Italiano, por Beppe Severgnini, Time, 11 de mayo 2009

¿Qué piensan los italianos de Silvio Berlusconi? Fácil. La mayoría piensa “es uno de nosotros”. Adora a su familia, adora su fútbol, sus amigos, su comida. Y su dinero, claro. Se acoge a la Iglesia por la mañana, a los valores familiares por la tarde, y por la noche coquetea con mujeres jóvenes – a sus 72 años, es un logro notable. Es divertido, no hay duda. En la izquierda, la mayoría de los políticos son aburridos. Ganarles? Pan comido ara Silvio el mago.

A muchos italianos no les importan sus conflictos de intereses (¿quién no tiene unos pocos?), o sus problemas con la ley (los defensores son más simpáticos que los fiscales). ¿Promesas incumplidas, medias verdades, preguntas sin respuesta? La palabra accountability no se traduce bien al italiano. Esta es la tierra de la naturaleza humana, como dijo algún viajero americano alguna vez. Y de la política emocional. Francia es un poco así también. No es una coincidencia que un populista bajo, brillante y rápido, que también es amante de las mujeres, protagonice el show en París. Como nosotros, los franceses ven a los políticos como los británicos ven a los banqueros de la City. Olvidamos y perdonamos, incluso aunque no debamos.

¿Sus meteduras de pata? La mayoría de los italianos cree sencillamente que dice lo que piensa, y no les importa si los extranjeros se sorprenden. Algunas citas son inolvidables, está claro: El bronceado de Obama, las bromas sobre los campos de concentración, comentarios sexistas. Si lideras un gobierno debes saber que tus palabras – cubiertas de manera instantanea y comprimidas en eslóganes – pueden ofender a los de fuera. Los italianos que viven fuera lo saben. Se quejan, con razón, de que las pasadas de Berlusconi permiten que quienes no quieren a Italia nos ridiculicen, ignorando las cosas buenas que hacemos en el mundo.

Para ser justos, los medios internacionales a veces exageran los incidentes. Llamar al presidente estadounidense en frente de la reina Isabel II, después del la foto de familia en la Cumbre del G-20 en Londres (”¡Señor Obama, soy el Señor Berlusconi!) fue un encantador momento Borat – inocuo y bastante divertido. ¿ Que habló por el móvil mientras Angela Merkel le esperaba en la Cumbre de la OTAN? Sencillamente se estaba exhibiendo (”Puedo convencer al líder turco Erdogan que acepte a Rasmussen como jefe de la OTAN. Dejádemelo a mi, chicos”). Y cuando les dijo a las víctimas del terremoto en Abruzzo que pensaran en su situación como si fuera “un fin de semana de camping”, seguro, no debió sonar muy bien para los de fuera. Pero la mayoría de los italianos entendieron que el Sr. B. estaba intentado desdramatatizar, bajar, difuminar la tensión de la situación.

Berlusconi es un político experimentado (estuvo en el Gobierno por primera vez en 1994, y es el único líder europeo nacido antes de la II Guerra Mundial), y sabe que las incomprensiones internacionales no le hacen daño en casa; con frecuencia más bien al contrario. Los que le critican no votan por él en cualquier caso.

Sus meteduras de pata no son parte de una estrategia mayor. Más bien son espontáneas, el resultado de las inseguridades de un nuevo rico, fermentadas en autoestima y convertidas en pavoneo. Orgulloso de sus logros - primero en el sector inmobiliario, luego en la televisión y el fútbol, fianalmente en la política – el tipo cree que puede decir lo que le guste, cuando le guste y a quien le guste.

Es popular. Una mezcla de Juan Perón y Frank Sinatra. Nunca un momento plano. ¿Le critican los medios italianos? Nos sus periódicos y sus televisiones. No, con unas cuantas excepciones, los medios controlados por el Estado como la Rai. La prensa de la derecha le adora. La prensa de la izquierda le desprecia. Sólo unos pocos periódicos – incluyendo el mío, el Corriere della Sera – comenta día a día, caso a caso, columna por columna.

¿Hace esto de Italia un país autoritario?  Por supuesto que no. Somos demasiado anárquicos como para permitir a alguien que nos diga qué hacer durante mucho tiempo (todos cayeron, desde César Augusto hasta Benito Mussolini). Berlusconi ha ganado tres elecciones, ha perdido dos, y la democracia está viva y (casi) bien. Italia es como una posmoderna signoria – como la de los Sforza en Milan, los Medici en Florencia – dirigida por un buen anciano amado por sus súbditos.

¿Es Berlusconi un buen primer ministro? Baste con responder que no es mucho peor que sus predecesores, y que se vende mejor. No ha resuelto los ancestrales problemas de Italia – la deuda pública desatada, el crimen organizado, la corrupción, un sistema judicial pulverizado y unas viejas infraestructuras – pero al menos ha proporcionado estabilidad. Italia tuvo una media de un gobierno al año entre el final de la II Guerra Mundial y el fin de siglo. Berlusconi completó su legislatura entre 2001 y 2006, fue reelegido en 2008 y podría durar hasta 2013.

La verdad es que Berlusconi no es el jefe de Gobierno de Italia, sino su autobiografía. Combina la generosidad, la inconsistencia, el talento en accion, la estamina, los lapsos tácticos de memoria y lealtad. Promete cosas que no hace, y hace cosas que nunca mencionó. Sus oponentes italianos – incluos los mejores, lo más honestos y lúcidos – hacen bien en preocuparse. No sobre el propio Berlusconi, sino sobre e Berlusconi que hay en ellos.