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Los mandamientos de los funcionarios

En una referencia de ayer en El País a la jubilación del mandarín británico Gus O’Donnell (GOD), el jefe de los funcionarios del Gobierno de Reino Unido, se citan varias frases de la antigua serie Sí, ministro, que constituyen una especie de carta de mandamientos para los funcionarios, realmente ingeniosa:

 

MANDAMIENTOS DE UN MANDARÍN FICTICIO, SIR HUMPHREY APPLEBY

Estas perlas seleccionadas del ficticio sir Humphrey Appleby de la teleserie cómica de los ochenta ‘Sí, ministro’, servirían para un perfecto decálogo para altos funcionarios británicos.

» «Si la gente no sabe lo que haces, no sabe lo que haces mal».

» «El asunto está siendo considerado’ significa que hemos perdido una carpeta. ‘El asunto está siendo activamente considerado’ significa que estamos buscando la carpeta».

» «El primer ministro no quiere la verdad, quiere algo que pueda decir al Parlamento».

» «Si los funcionarios no pelean por el presupuesto de su departamento, se pueden quedar con un departamento tan pequeño que lo puede gestionar hasta un ministro».

» «La Ley de Secretos Oficiales no está para proteger los secretos, sino para proteger a los oficiales».

» «Lo sorprendente de los académicos no es que tengan un precio, sino lo bajo que es su precio».

» «Solo son totalitarios los Gobiernos que suprimen los hechos. En este país simplemente tomamos la decisión democrática de no publicarlos».

» «Si no te gusta la decisión de un ministro, acéptala con gusto y sugiérele que deje los detalles en tus manos».

» «Nuestro trabajo es decirle al Parlamento la verdad y solo la verdad. Pero sería irresponsable decirle toda la verdad».

» «Es bien sabido en el Foreign Office que una orden del primer ministro se convierte en un requerimiento del ministro, luego en una recomendación del secretario de Estado y finalmente en una sugerencia del embajador. Si es que llega tan lejos…».

 

Por qué no se castiga la corrupción

Ese es el título de un informe de Víctor Lapuente para la Fundación Alternativas, que en realidad no nos dice «por qué no se castiga la corrupción», sino que lanza varias hipótesis. Entre ellas, cómo no, el papel de los medios de comunicación.

Mi sensación es que entre el victimismo de los propios, la belicosidad de los ajenos y la obsesión de los medios por el escándalo, el ciudadano común se queda sin entender nada y tiende a mandar a todo el mundo al carajo.

El famoso discurso de Stanford

Hoy los medios del mundo entero están utilizando este viejo discurso de Steve Jobs en la ceremonia de graduación de Stanford en la que el malogrado predidente de Apple fue invitado. Se trata del mejor discurso de un líder corporativo que he escuchado. «Tres historias, sólo tres historias, no gran cosa…» Pero qué tres historias: un historia de muerte, una historia de amor y una historia de «puntos inconexos». Fascinante.

Aquí no hablamos de comunicación corporativa, pero merece la pena verlo con subtítulos en castellano. Pone los pelos de punta.

50 discursos de película

Me manda Miguel Angel Simón, mi querido colega de Moncloa, esta web con una selección de 50 discursos en películas. Gracias, Miguel Angel.

Michelle vuelve a escribirme y la cosa empieza a aburrirme

No pensé nunca que Obama pudiera aburrirme. Admiro su trabajo y me cuesta creer que sea un presidente paralizado como piensa la mayoría de los estadounidenses, que le da un 40 por ciento de aprobación en estos momentos. Quiero creer que su resistencia a aceptar el estado palestino, sus posiciones tibias en materia de política exterior y su debilidad ante los republicanos son más bien gestos de alguien acostumbrado a negociar y a buscar posiciones de compromiso.

Pero lo cierto es que empieza a aburrirme con el correo electrónico. Lo último fue el mensaje de Michelle, pidiéndome que done 3 dólares a la campaña para entrar en el sorteo ¡¡de una cena con el presidente!! La esposa de Obama me explica lo agradables que son esas cenas y tal y cual… El mensaje me resulta inapropiado porque sortear una cena con el presidente de Estados Unidos resulta frívolo; porque tratar de dar por hecho que estarás allí como hace Michelle, romperá expectativas de quien de verdad se lo crea («sólo relájate. Barack quiere que esta cena sea divertida…»); porque tres dólares es una miseria; y porque gente como yo, que no estamos en Estados Unidos, no podemos donar.

Aquí está el mensaje:

Luis —

Not everyone knows how to prepare for a dinner like this. As someone who’s eaten countless meals with my husband, I want to tell you the one thing to do if you’re selected to join him…

Just relax. Barack wants this dinner to be fun, and he really loves getting to know supporters like you.

I hope you’ll take him up on it before Friday’s deadline.

Will you donate $3 or more today and be entered to have dinner with Barack?

These dinners mean a lot to Barack. They’re a chance for him to talk with a few of the people who are driving the campaign — and a chance for him to say thank you.

So come prepared to tell your story, and say whatever’s on your mind.

Don’t miss the opportunity to be there. Donate $3 today, before the September 30th deadline:

https://donate.barackobama.com/Dinner

Thanks,

Michelle

Populismo para los «independientes»

Se les llama «independientes» o «votantes sin ideología», y algunos creen que son el «centro». Pero los datos se empeñan en demostrar que ese grupo de votantes que no se identifica con ningún partido y que no se sitúa en ningún punto de la escala ideológica, es en realidad un grupo de más o menos una quinta parte de la sociedad, muy heterogéneo, y que no tiene nada que ver con un supuesto centro ideológico. Predominan entre ellos los de menor formación y más edad. Pero, sobre todo, se trata de un grupo que se informa y paticipa muy poco en política.

Dos análisis recientes, un estudio en España de la Fundación Alternativas («¿Cómo votan los que no tienen idelogía?») y una entrevista con Stan Greenberg (New York Magazine: «The Illusive Indie»), llegan a conclusiones parecidas: los grandes temas que se imponen en la agenda, que Greenberg llama «populistas», son los que influyen a ese electorado tan escurridizo: en el caso de Estados Unidos, la Guerra de Irak, la reforma de salud, el impuesto a los ricos… En España ETA, el Estatut, matrimonio homosexual, ahora la crisis…

Esos grandes temas, muy ideológicos, siguen siendo los más relevantes, incluso para los que dicen no tener ideología. La falta de una narrativa «un poco más populista» en Obama puede ser el motivo del desencanto de muchos de sus antiguos votantes, los mismos que se preguntan dónde está el Obama que iba a cambiar el mundo desde la izquierda. Un artículo reciente en El País de Bill Keller lo explica muy bien.

La fuerza de una historia personal

MoveOn, la organización de base demócrata, está haciendo campaña para prevenir la victoria de los republicanos en Estados Unidos. En estos momentos está tratando de viralizar con este vídeo de dos minutos muy poderoso. Toma como referencia una pregunta del moderador en el debate de primarias de los republicanos: «¿Quiere usted decir que le dejaría morir?» Se refería obviamente a la resistencia de los conservadores al plan para la extensión de la sanidad gratuita de Obama. En el vídeo se observa el silencio de los precandidatos. Inmediatamente, una señora nos cuenta la historia de la muerte de su hermano, que en sus 60 y tantos se encuentra sin empleo y sin seguro, y que muere a los cinco meses tras la detección de una enfermedad. «Un millón de hombres muertos son una estadística, un hombre muerto es una tragedia». Sea o no de Stalin, como dice la leyenda, la frase no puede ser más cierta.

Pero para frases, la siguiente. La cito porque ayuda a vencer ese marco poderoso que los conservadores utilizan tan a menudo: la disciplina y el esfuerzo personal como justificación del egoismo y la insolidaridad. Habla Elisabeth Warren, una conocida política demócrata, hasta el verano asesora de Obama:

No hay nadie en este país que se haya hecho rico por sí solo. Nadie. Si levantaste una fábrica por ahí, me alegro por ti. Pero que quede claro: llevaste tus productos al mercado por carreteras que pagamos los demás. Contrataste a trabajadores cuya educación pagamos los demás. Estás tranquilo en tu fábrica porque hay policías y bomberos que pagamos los demás. No tuviste que preocuparte de que merodearan bandas por ahí que destrozaran tu factoría.

Pero mira.  Levantaste una fábrica y resultó ser genial y una gran idea. ¡Fantástico! Guárdate un buen pedazo del resultado. Pero parte del contrato social que subyace es que tú te guardas un trozo, pero pagas para el próximo niño que venga detrás.

Torpe Ollanta Humala

Un ejemplo rápido y contundente de un gesto gratuito, inncesario y torpe, en un vídeo de unos segundos. Le preguntan al flamante presidente de Perú si se presentará a la reelección, contraviniendo la actual Constitución, y en lugar de decir «sí», «no», o dar un giro para contestar cualquier otra cosa, se pone borde con el periodista Jorge Ramos, de Univisión. De manera que en el informativo siguiente el corte de la grosería multiplica la audiencia. A los pocos minutos, el presidente dijo en su cuenta en Twitter: «“Ni un día más. Mi juramento con el Perú y la democracia fue y es: No a la reelección”. ¿Qué necesidad habría entonces de controvertir con el veterano periodista?

Recuerdo ahora esa otra reacción provocadora de Humala, hace ya cinco años, en un debate electoral, cuando le piden que quite de su atril una bandera del país, y el entonces candidato dice que no la quita, obligando al moderador a retirarla.

Qué debería hacer Obama

El siempre directo y brillante James Carville (él sí es un consultor político, y no el improbable samurai al que ayer El Mundo hacía un mamatorio infitino) nos cuenta en CNN lo que aconsejaría hacer a Obama, ahora que se extiende como la pólvora la idea de que podría no ser reelegido el año que viene. Recordemos que Obama está en niveles de aprobación muy bajos, en los 40, y que cunde entre los americanos el desencanto por la mala situación económica y el bloqueo político entre Congreso y Casa Blanca. América ha olvidado ya quién incurrió en un déficit billonario por las aventuras de Afganistán e Irak. Traducción del memorando no solicitado a Obama por parte de Carville:

Suelen preguntarme qué consejo daría a la Casa Blanca sobre asuntos diversos. Hoy he estado pensando sobre los resultados electorales desde Nueva York y Nevada. ¿Qué debe la Casa Blanca hacer ahora? Una palabra me vino a la mente: alarmarse. Entrar en pánico.

Ya hemos pasado la fase del mero envío de argumentarios. No tratemos de simplificarlo. Ya no podemos mantener más argumentación. ¿Has hablado con algún senador demócrata últimamente? Yo sí. Y está claro que no están contentos. Esto es lo que yo diría al presidente Obama:

Ha llegado el momento de exigir un plan de acción que requiere un cambio completo de dirección. No sé de qué otra manera podríamos cambiar las cosas. En pocas palabras:

1. Despida a alguien. No: eche a un montón de gente. Puede que usted aún no lo sepa, pero esto no va bien. Si quiere un precedente, véase a la División 64a del Ejército Ruso en Stalingrado. Hubo tantas muertes en Stalingrado que producirían un orgasmo en el Tea Party. Sr. Presidente, su rumbo hacia el destino debe cambiar. Bill Clinton despidió a muchos en 1994 y con ello se llenó de energía. Reagan despidió a la mayoría de su personal de campaña en 1980. En una decisión histórica, los republicanos despidieron a su mismísimo portavoz, Newt Gingrich. Bush despidió el secretario de Defensa Donald Rumsfeld. Por Dios, ¿por qué seguimos manteniendo a los mismos asesores de política y economía que nos metieron en este lío? No funciona. Más aún: no va a funcionar con el mismo equipo, la misma estrategia y las mismas excusas. Sé que los analistas económicos son listos – trabajan 17 horas al día. Pero es hora de mostrarles la puerta de salida. Despierte: demuéstrenos que hace algo.

2. Busque culpables.  Hay algunas personas en las finanzas estadounidenses que no han pagado como responsables de haber arruinado el tejido económico de nuestro país. Pida al fiscal general un informe claro del estado de la investigación sobre esta increíble injusticia con el pueblo americano. Sé que el fiscal general Eric Holder es un íntimo amigo suyo, pero si sus explicaciones no son buenas, despídale también. Pida saber por qué nadie ha sido imputado. Señor presidente, la gente está furiosa. Dígale a la gente que usted también está enfadado y asqueado por las acciones irresponsables de Wall Street que causaron tanto sufrimiento. No acepte excusas. Exiga una acción inmediata.

3. Asuma el asunto como un demócrata.  Mientras estamos apoyando a los republicanos con esa basura de la austeridad, ¿quién está haciendo el papel de enfrentarse con los republicanos? Desde luego no los demócratas. Estamos permitiendo que el exquisito y más argumentativo burócrata de nombre Douglas Elmerdorf (director de la Oficina del Presupuesto en el Congreso), haga el trabajo. No le deje que haga el trabajo que debería hacer usted. Hagamos nuestro trabajo. ¿No le hace pensar que estuviéramos mejor en medio del plan de estímulo, que ahora que estamos en pleno programa de austeridad? 

4. Empéñese en explicarse. Céntrese en su lógica de lo que ha pasado y de los que va a pasar bajo su mandato. Céntrese en eso hasta las Elecciones (no diga que las cosas están mejorando porque es evidente que no mejoran). Cuando veo los debates republicanos, me doy cuenta de que estamos al borde de que un loco dirija nuestra nación. Me siento frente a la televisión y me estremece la idea de que unos esos republicanos amantes de creacionismo, negacionistas del cambio climático, radicales de la inmigración, podadores de la seguridad social,  enemigos del de aire limpio, fascinados por la moral y protectores de Wall Street, pueda dirigir mi país. 

El camino por el que vamos no lleva a ningún lado. Es tarde y la urgencia es mucha. Dispare. Acuse. Luche. 

La información lenta y espasmódica a través de las redes sociales

«La información en las redes sociales viaja a un ritmo inesperadamente lento, con la excepción de algunos eventos masivos». Esa es la conclusión de un estudio de IBM en el que participaron 30.000 personas de 11 países. El estudio también observó la importancia en la difusión de unos pocos individuos expertos en los temas. Pero para que esa aceleración se produzca, la información que se difunde debe ser muy interesante, muy contagiosa.

Esteban Moro, uno de los autores del estudio, ha publicado otro más recientemente, sumamente interesante, pero esta vez con 9.000 millones de llamadas telefónicas a partir de una base de datos anónima de Telefónica. Moro no estudia en esta ocasión con quién se interactúa en una red social, sino a qué ritmo. Y descubre una especie de espasmos u olas de información. Es como esos fuegos artificiales cuyos haces de luz se multiplican sucesivamente en el aire. Esa visión de la comunicación humana recuerda, cómo no, a las epidemias de cualquier otra cosa, como desde hace tanto sabemos al hablar de la «viralidad» de la comunicación.

Moro también tiene un estudio aplicado a la política española, sobre Twitter como herramienta predictiva.

Por lo demás, el mismo autor ha escrito unas «leyes del marketing viral» muy interesantes, y tiene un blog espectacular.

Recomiendo en un nivel más introductorio, el libro de Christakis y Fowler, Conectados. (Comprado con Magali en los infinitos pasillos de Strand, la librería de Broadway para perderse cuatro horas, antes de tomar un café revisando las compras. Ummm…).

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