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50 películas de comunicación (4): diez de medios de comunicación

Cuarta entrega de nuestras 50 películas de comunicación. La primera, con biopics de políticos; la segunda, sobre comunicación de crisis; la tercera, sobre campañas electorales; y esta cuarta, sobre medios de comunicación.

Esta cuarta en el blog de Melvin Peña.

    10 razones por las que Twitter no sirve para (casi) nada en política

     

     

    Roberto Rodríguez  y Daniel Ureña han escrito “Diez razones para el uso de Twitter como herramienta en la comunicación política y electoral.” Es de agradecer el esfuerzo de síntesis y la recopilación de referencias del artículo, que aporta ideas interesantes. Sin embargo, el texto, a mi modo de ver, se desliza rápidamente por la rampa de la ciberutopía, tan frecuente últimamente. Aporto aquí de manera sintética mis diez razones de contraste por la que creo que Twitter es un entretenido divertimento, pero no sirve en realidad para mucho en la comunicación de candidatos y gobiernos con el público.

    1. Sí, claro, Twitter te permite dirigirte a audiencias muy amplias, como el email, o el teléfono o el correo de papel. Pero nadie cree hoy que el teléfono, o el email o el correo cambiaran sustancialmente la política. A los ciberutópicos quizá les convenga saber que cuando nacieron aquellas formas de comunicación, como cuando nació la televisión o la radio, no faltaron quienes anunciaron literalmente la paz mundial y la expansión de la democracia. No llegaron ni la una ni la otra. Es más que dudoso que, esta vez sí, una tecnología como esta vaya a revolucionar la política.

    2. La diferencia es que Twitter es una empresa privada, en régimen de monopolio, de momento, y que puede censurar a su antojo. Nadie puede censurar tus comunicaciones por email, ni por teléfono, ni por carta. Pero Twitter es una empresa que hace literalmente lo que le da la gana: puede suprimir cuentas, es decir, censurar. Puede eliminar trazas históricas de archivos, como hizo al inicio de la Primavera Árabe… Sólo eso bastaría para que los ciberutópicos fueran un poco más críticos con la comunicación en Twitter.

    3. Si te siguen muchos no puedes dialogar con ellos. Evidentemente, Obama no ”conversa” con sus seguidores, que son 14 millones aproximadamente. Esos 14 millones de individuos podrán decir lo que quieran, como pueden llamar a la Casa Blanca, ponerle un email o llamar al programa de radio favorito. Pero su voz no vale mucho más que con las tecnologías anteriores. El problema de Twitter es que quienes lo usamos y podemos más o menos interactuar con nuestros seguidores porque no son demasiados, creemos que teniendo un par de millones de ellos podemos hacer lo mismo. Sencillamente no es así. Twitter sigue reproduciendo el único esquema posible de la política: una minoría habla, la inmensa mayoría escucha y, en todo caso, decide. Ha sido así siempre, también cuando Bernays (¡por dios, Bernays, el sobrino de Freud, el servil proveedor de los más poderosos del mundo!), en los años 20, anunció la llegada de la “comunicación bidireccional.” Daniel y Roberto dicen que ”antes solo los periodistas podían tener el privilegio de hablar con los políticos y preguntarles; ahora esa posiblidad está al alcance de todos.” Pero no es verdad. Antes tú también podías enviar una carta de papel o de bits a un político. El problema es que no te contestaban. Y ahora, generalmente, tampoco se hace, aunque el mensaje vaya a través de Twitter. De hecho, Twitter trivializa el mensaje por sus limitaciones y sus características y lo hace más irrelevante. He trabajado en Moncloa cinco años y otros dos en otros lugares del Gobierno. Sé qué diferencia hay entre una carta recibida a través de registro, y un tuit.

    4. Twitter es una manera extraordinaria de compartir información, pero no para movilizar. Twitter es espasmódico, caótico, ciclotímico. Sí, permite que un documento, un vídeo o un artículo circule a toda velocidad. Pero fomenta lo que yo he llamado sofactivismo (slacktivism diría un anglosajón): un activismo de muy bajo coste e intensidad. Te deja tranquilo pensando que ya ha hecho la buena acción del día por retuitear un mensaje de protesta. Echa un vistazo a Actuable, por ejemplo, y observa: un menú infinito de campañas para que elijas desde tu sofá dónde vas a aportar tu irrelevante granito para la “transformación del mundo.” No quito mérito a los sofactivistas (al menos hacen algo de activismo, aunque sea activismo pop), y menos aún quito mérito a quienes han ideado esas formas de participación, que algún efecto coyuntural pueden tener en alguna causa, y que son con toda seguridad activistas también en el mundo “real”, pero pensar que ahí está la base del activismo del futuro, me parece que va un trecho demasiado grande. Vale más el valiente anónimo que se plantó frente al tanque de Tiananmen, que tres millones de tuits enviados al gobierno chino pidiéndole apertura política. Quienes mejor lo saben son las autoridades chinas.

    5. El gran activo de Twitter es, precisamente, que te permite algunas – pocas, muy pocas – veces, acceder a los medios de masas. Por supuesto, sería estar ciego no comprender que hoy Twitter es una extraordinaria manera de estar informado (y también desinformado) al minuto. Prácticamente todos los periodistas están ya en Twitter. Pero el punto está en que los más relevantes, son periodistas de radio, televisión o prensa. Basta mirar la lista de los más seguidos. Nacho Escolar o Fernando Garea o Ana Pastor tienen decenas de miles de seguidores porque salen en la tele. No al contrario. En el ámbito político grande, puedes ser un dios en Twitter, pero hasta que la tele o la radio o la prensa no se hagan eco de ello, no serás nadie.

    6. Quienes te siguen están ya convencidos. Sí, claro, eso no está nada mal. Puedes pedirles que te viralicen algo, o convocarles a una reunión, etc. Pero no vas a convencer a nadie. Yo no sigo en Twitter a alguien especialista en cirugía ocular, por poner un ejemplo, para ver si me convence de lo interesante que es. Sigo a quien me interesa y quien me gusta. En la política, uno sigue a su candidato o político preferido, o bien a quien no le gusta nada para ver qué hace.

    7. Tener cuenta en Twitter no significa que estés todo el día mirando. Como sabemos los que lo usamos a diario, tener cuenta en Twitter no significa que estés todo el día ahí. El otro día sorteé tres ejemplares de mi nuevo libro en Twitter. Uno de los “agraciados” ni se enteró, y aquí tengo su ejemplar esperando. Otro, cuando le mencioné anunciando el resultado, dijo que no sabía que era lo que le había tocado. Sólo una profesora siguió todo el proceso correctamente: vio mi mensaje inicial, supongo, o en cualquier caso los dos o tres que envié recordándolo, y luego vio el resultado. No es muy científico como experimento, pero sí indicativo. De manera que cuando estás todo el día enviando tuits, es muy probable, sencillamente, que la gente pase de ti. Y si mandas pocos mensajes, pasarás desapercibido. Algunos me preguntan cómo siendo tan crítico con Twitter soy relativamente activo en la red. No tiene nada que ver: Twitter me permite ver lo que se hace en comunicación política y aportar mis opiniones, pero eso no quiere decir que ahí esté la clave de la participación política.

    8. Twitter es una excelente fuente de gazapos, meteduras de pata y contrataque. Eres superactivo en Twitter, como Esperanza Aguirre, y los críticos rápidamente te inventan Espeonza Aguirre, con mucho más ingenio que tú misma. Pones un comentario a tus seguidores con la mejor voluntad, y te insultan y te vilipendian a la vista de todo el mundo, en tu propia casa. Muy democrático, sí, si no fuera porque la inmensa mayoría de esos activistas pro y contra actúan, como siempre ha sido, conforme a sus filiaciones políticas previas, sus prejuicios y sus predisposiciones. Todo menos una conversación racional, que es imposible, por otro lado, en mensajes de 140 caracteres.

    9. La inmensa mayoría, sencillamente, no está ahí. En las últimas elecciones generales españolas, sólo el 3 por ciento de la población envió algún mensaje político en alguna red social o por email, según el estudio postelectoral del CIS. Una cifra ridícula. Y sólo el 7 por ciento recibió alguno. También ridícula. Serán más en el futuro, sin duda, pero el cien por cien de la gente recibe ya mensajes por televisión y por radio. Una marca difícil de batir. El otro día pregunté en la Complutense a cuatro colegas periodistas y responsables de comunicación de gabinetes de prensa de políticos si preferían un cuarto de hora en prime time en televisión o veinte mil seguidores de Twitter, y no lo dudaron.

    10. Es entretenido, hay que monitorearlo, genera ciertos vínculos y es gratis. Hay que usarlo. Pero está lejos de ser la panacea de la comunicación política, que por mucho tiempo seguirá siendo la televisión. Todo el mundo sabe hoy que Hollande y Sarkozy tuvieron un encuentro memorable, de mucha altura, y que probablemente saliera mejor parado el primero que el segundo. Todo el mundo lo sabe. Y lo saben por la televisión y la radio, no fundamentalmente por Twitter.

    Referencias sobre estas cuestiones pueden encontrarse en El poder político en escena. Historia, estrategias y liturgias de la comunicación política (RBA, 2012).

      Las 50 películas imprescindibles de comunicación (3): 10 de campañas electorales

      Tercera entrega, después de la primera (10 biopics políticos), y la segunda propuesta en el blog de Melvin (cinco películas de crisis). Aquí diez buenas películas sobre campañas electorales. Los arquetipos suelen coincidir: políticos hipócritas, maquiavélicos consultores y atormentados e impolutos periodistas. Los que estamos en esto sabemos que las cosas no son tan claras, ni las tramas reales tan cinematográficas, pero está muy bien ver cómo refleja nuestra cultura el papel de cada cual.

       

      Citizen Kane (Ciudadano Kane). 1941. No es puramente una película sobre elecciones, pero en esta obra maestra el ambicioso magnate de la prensa interpretado por Orson Welles, que también dirige, ve cómo naufraga su carrera política al descubrirse una affair extramatrimonial. En alguna lista tenía que estar este Ciudadano Kane eterno, inspirado en William Randolph Hearst. (Putuación IMDb: 8,6). Curioso trailer.

       

       

      Mr. Smith Goes to Washington. (Caballero sin espada). 1939. Un clásico que en realidad no es una película sobre elecciones, pero que no puede no estar en una lista de cine político. Frank Capra y James Stewart con la historia más o menos de siempre: hombre honesto que se ve presionado por el ambiente corrupto o indecente de la política. (Puntuación IMDb: 8,4/10). Trailer.

       

       

      All the President’s Men (Todos los hombres del presidente). 1976. El desarrollo del famoso escándalo Watergate, con toda la presión periodística del Washington Post sobre Nixon y sus asesores antes de la campaña de 1972. Otra obra maestra, en este caso de Alan Pakula, y otra muestra más de que lo que más gusta a Hollywood, sin duda, en el tratamiento de la política, es la hipocresía, el escándalo, la corrupción y el conflicto entre políticos y prensa. (Puntuación IMDb: 8/10). Trailer.

       

       

      Milk (Mi nombre es Harvey Milk). 2008. La historia real - y muy fiel – de Harvey Milk, el primer hombre abiertamente homosexual que logra la elección a un cargo público en Estados Unidos. Su campaña, su activismo, su fuerza, desde que cumple 40 años hasta que es asesinado. Sean Penn está soberbio en la película. (Puntuación IMDb:7,7/10). Trailer.

       

       

       

      State of the Union (El estado de la unión). 1948. Otra de Capra, con Spencer Tracy y Katharine Hepburn. Empresario metido a político y candidato a la presidencia, historia de amor y desencuentros, y cómo la unión de los esposos se resiente por la corrupción de la política. (Puntuación IMDb: 7,4/10). Trailer.

       

       

       

      The Ides of March (Los idus de marzo). 2011. Como casi siempre, la pérdida de naturalidad y de idealismo de la política por las exigencias del sistema. Pero, además, las dinámicas del poder en los equipos de campaña, las traiciones, etc. Una película impecable y muy entretenida, aunque más verosímil que veraz. (Puntuación IMDb: 7,3/10).  Trailer.

       

       

       

      The Candidate (El candidato). 1972. Una sátira en la que un candidato al Senado de Estados Unidos (Robert Redford) y que es muy improbable que pueda ganar, va perdiendo progresivamente su idealismo en manos de un consultor político. La película es imprescindible de verdad, ganó un Oscar al mejor guión y es una referencia clásica del género. (Puntuación IMDb: 7,1). Trailer.

       

       

      Bob Roberts (Ciudadano Bob Roberts). 1992. Un millonario cantante folk ultraconservador convertido en candidato al Senado. Tim Robbins, que también dirige, en una comedia divertida de enredo, con apariencia de pseudo-documental. Gore Vidal hace el papel de dandidato demócrata. Algunos han visto en el candidato Bob Roberts similitudes con George Bush padre o con Rick Santorum. (Puntuación IMDb: 7/10). Trailer.

       

       

      Bulworth. 1998.  Warren Beatty dirige la película, e interpreta a un candidato que decide ser honesto para desesperación de sus asesores. Una vez más, el lugar común. Y una vez más, un resultado muy atractivo, en este caso mezclado con hip-hop y con Halle Berry. (Puntuación IMDb: 6,8/10). Trailer.

       

       

       

      Primary Colors. 1998. Otra dosis de sátira y otra vuelta a la hipocresía en la política, con escándalo sexual incluido. John Travolta y Enma Thomson en el papel (nunca reconocido abiertamente pero evidente en todo, incluyendo el tono de voz de los protagonistas) de Bill Clinton y Hillary, justo antes de que, curiosamente, saliera a la luz el escándalo Lewinsky. El libro de título homónimo que dio origen a la película fue escrito por Joe Klein, un reputado periodista político de Estados Unidos. (Puntuación IMDb: 6,7/10). Trailer.

       

      BONUS TRACKS:

      The American President (El presidente y Miss Wade). 1995. No es precisamente una obra maestra, pero la película refleja los efectos de los afectos. Un presidente, Michael Douglas, que se enamora de una activista ecologista antes de la campaña para su reelección, asunto que es aprovechado de inmediato por sus adversarios. Guión de Aaron Sorkin, autor también de los guiones de El Ala Oeste de la Casa Blanca. (Puntuación IMDb: 6,7). Trailer.

       

       

      • Películas españolas: La única película con algo de calidad sobre tema electoral es El disputado voto del señor Cayo, 1986, sobre novela de Miguel Delibes. Los socialistas que en la transición española pelean por el voto del alcalde de un pequeño pueblo de la provincia de Madrid. Buen elenco (Paco Rabal, Miramón, Galiardo, Lidia Bosch…) y buen mensaje democrático. Hay sin embargo un puñado de películas de menor nivel (algunas de muy menor nivel), como Vota a Gundisalvo, El alcalde y la política, ¡Que vienen los socialistas! o Atilano, presidente. Como señala el profesor Carlos Flores Juberías, de la Universidad de Valencia, “casi sin excepción, y aun a pesar de la simpleza –rayana la estulticia– de sus tramas, la visión que se da de la política en estos filmes resulta altamente crítica, abundando la caracterización –de matriz netamente populista– que retrata a los políticos como aprovechados sin escrúpulos, y a los candidatos como mentirosos impenitentes.”
      • Los “seis ensayos sobre cine y política” de Flores Juberías resultan imprescindibles.

        Las 50 películas imprescindibles de comunicación (2): Crisis de imagen

        Segunda entrega de nuestras 50 películas de comunicación: las elegidas por Melvin Peña, Oscar Santamaría y yo, sobre comunicación de crisis.

        Aquí.

          Excelente resumen de debates en Francia

          No se pueden describir mejor los minutos de oro de los debates presidenciales en Francia, que como lo hace hoy El País, aquí. Seguramente en unas horas habrá que añadir algún otro hito de debate que enfrentará al siempre punzante Sarkozy y al favorito y más bien apocado Hollande.

            Las 50 películas imprescindibles de comunicación (1): 10 biopics políticos

            Mis amigos Melvin Peña, Oscar Santamaría y yo mismo hemos compartido en Santo Domingo las 50 películas de cine sobre comunicación y asuntos relacionados, que creemos esenciales. Diez por cada una de las áreas de biografías/biopics de políticos, comunicación de crisis, relaciones con los medios de comunicación, campañas electorales y política-ficción. Iremos publicando la lista en los próximos días. Empezamos hoy con nuestros biopics políticos preferidos, ordenados por la puntuación que obtienen según los visitantes de la web Internet Movie Database.

             

            Der Untergang (El hundimiento o La Caída). 2004. Una excelente película alemana sobre los últimos días de vida de Adolf Hitler en el bunker de Berlín, antes de suicidarse con su esposa Eva Braun, con la que contrae matrimonio minutos antes. La presión del momento, la irritabilidad del líder,  la sumisión de los suyos… La película tiene como base las memorias de la última secretaria del dictador y de Goebbels, con guión a partir del trabajo del historiador Joachim Fest. Una joya. (Puntuación IMDb: 8,3/10). Trailer.

             

             

            The King’s Speech (El discurso del Rey). 2010. La Reina Madre no quiso que se conocieran los detalles de la historia de su padre hasta después de su muerte. Y así fue como luego se contó: el rey tartamudo que tiene que pasar por las manos de un excéntrico logopeda, que le ayuda a superar las dificultades para poder dar su primer discurso radiofónico a la nación, en un momento decisivo de la historia de Gran Bretaña, tras la abdicación de su hermano. Una película realmente imprescindible. (Puntuación IMDb: 8,2/10). Trailer.

             

             

            Gandhi. 1982. Peliculón de tres horas y ocho Oscar. La vida completa del padre de la nación india con un despliegue escenográfico brutal, una excelente interpretación y una verosimilitud admirable. Un clásico que vimos hace treinta años (¡!) pero que resulta portensosamente moderno. No es solo la historia del líder, sino también de la resistencia pacífica y su arriesgado manejo. (Puntuación IMDb: 8,1/10). Trailer.

             

             

            Il divo. 2008. Sobre “espectacular vida de Giulio Andreotti,” el eterno primer ministro italiano, y sobre sus relaciones con la Mafia. Ese elemento convierte la película en una mezcla de cine político, trama policíaca, y película costumbrista muy eficaz. Puntuación IMDb: 7,3/10). Trailer USA, que es mejor que el italiano.

             

             

             

            Invictus. 2009. Magnífica película que cuenta cómo Mandela (Morgan Freeman en una excelente interpretación) manejó el rubgy, deporte nacional en Sudáfrica, como un elemento más para unir a su país en la transición histórica tras el Apartheid. No se trata de un biopic al uso, pero la personalidad de Mandela resulta tan subyugante y su actitud tan arriesgada e inteligente, que debe estar en esta lista en destacado puesto. La película fue dirigida por Clint Eastwood y tiene como base el libro de John Carlin: Playing the Enemy (El factor humano). (Puntuación IMDb: 7,3/10). Trailer.

             

             

            Nixon. 1995. Oliver Stone ha dirigido un auténtico serial de películas políticas, y esta es probablemente la mejor de ellas. Hay que añadir JFK (1991), sobre la investigación de la muerte de Kennedy, W (2008), la mediocre y apresurada biografía de George W. Bush, y los documentales Comandante (2003) sobre Fidel Castro, y South of the Border (Al Sur de la frontera  (2009), una hagiografía controvertida sobre Chávez, Morales, Castro, Lula y Cristina Kirchner, entre otros. En Nixon, Anthony Hopkins interpreta los últimos años de la presidencia de Richard Nixon, “exultante en la victoria, amargo en la derrota,” pero la película se extiende a sus años de juventud. (Puntuación IMDb: 7,1/10). Trailer.

             

            Sunrise at Campobello. 1960. Una vieja película sobre la vida del gran Franklin Delano Roosevelt, y muy particularmente sobre su lucha contra los efectos de la polio, que comienza a afectarle a los 40 años, y sobre el apoyo de su esposa Eleanor. Ralph Bellamy intepreta a FDR de manera un tanto primitiva visto hoy, y la película resulta almibarada en exceso como las producciones de la época, pero se hace un tratamiento muy interesante sobre la cuestión de la enfermedad y las apariencias en la política, en una época, los años 20, en la que la televisión no existía. (Puntuación IMDb: 7,1/10). Trailer.

             

             

            Vincere. 2009. La historia de la amante secreta de Benito Mussolini, Ida Dalser, de su hijo en común, y de cómo el régimen trata de ocultar su existencia. Pero en el camino se ve al duce en su ascenso al poder italiano, sus discursos incenciarios, etc. Es una película italiana muy interesante. (Puntuación IMDb: 6,9/10). Trailer.

             

             

             

            The Iron Lady (La dama de hierro). 2012. Más una película sobre los estragos de la demencia senil que sobre política, pero Meryl Streep interpreta con maestría e increíble verosimilitud el papel de la primera ministra británica desde su juventud hasta hoy. La película se deja ver, sin ser una obra maestra. Se observa el carácter tenaz y duro de la dama de hierro, y su sufrimiento por la muerte de su esposo y la llegada de la enfermedad. También las dificultades que encontró en sus últimos años como primera ministra, cuando en su propio equipo, comenzaron a surgir las dudas sobre su propia capacidad para gobernar. (Puntuación IMDb: 6,4/10). Trailer.

             

            La conquête (De Nikolas a Sarkozy). 2012. La película no es precisamente vibrante, pero sí deja entrever los escenarios del poder, la personalidad compleja del presidente francés y su tormentosa relación con su mujer, Cecilia, de la que se separa en plena campaña, manteniendo ambos las formas hasta que es elegido presidente. Villepin y Chirac son en el film dos enemigos íntimos del “enano cabrón,” al que minusvaloran y tratan con desprecio. Hay una magnífica interpretación del hiper-presidente, y un más que digno tratamiento de los personajes. (Puntuación IMDb: 6,3/10). Trailer.

             

             

            BONUS TRACKS:

            Evita. 1996. Pues eso: Madonna y Antonio Banderas, dirigidos por Alan Parker en un musical ligero, interpretando a la carismática esposa de Perón, para escándalo de parte de la sociedad argentina, que no se tomó bien la frivolidad. Dudábamos si ponerla o no, pero Eva Perón, actriz ella misma de serie B, era mucho personaje como para dejarla fuera de una lista de películas. (Puntuación IMDb: 6,1/10). Trailer.

            ¡Buen viaje, Excelencia! 2003. De nuevo, no es un biopic, sino una película extremadamente irónica y divertida sobre los últimos días de Franco en el palacio de El Pardo. Ramón Fontserè interpreta al dictador, dirigido por el irreverente Albert Boadella, en una película audaz, con interpretaciones casi teatrales. La lucha del equipo médico por mantener vivo al jefe del Estado a pesar de su enfermedad para no enfrentar la crisis de su muerte, resulta tragicómica en la película. (Puntuación IMDb: 5,7/10). Trailer.

             

             

            Seguimos en breve con la siguiente lista, en el blog de Melvin.

             

              Sofactivismo: breve antología de hechos, recursos y ejemplos

              “Sofactivismo” (en inglés, slacktivism o clicktivism): el activismo fácil que consiste en actuar a través de las redes sociales, del correo electrónico y del teléfono movil, con poco esfuerzo, en defensa de alguna causa social o política. Algunos ejemplos: firmar una carta dirigida a las autoridades o las corporaciones, circular un vídeo, distribuir peticiones en Facebook o Twitter, donar pequeñas cantidades con sms o similares, etc.

              • A pesar del enorme interés que suscitó el uso de las redes sociales en la Primavera Árabe, lo cierto es que la mayoría de quienes las usaban estaban fuera de los respectivos países, y que los repuntes en su uso respondían al ritmo que marcaban los medios de masas, particularmente Al Jazeera (referencia). Por cierto, por algún motivo, Twitter cambió los términos de uso justo en medio, imposibilitando que se pudieran hacer estudios retrospectivos de su efecto. Los sofactivistas han de recordar que su activismo está básicamente en manos de canales controlados por empresas privadas y puramente comerciales.
              • Algunos sociólogos (por ejemplo Putnam, en su obra Bowling Alone, de 2000), señalan que los medios como la televisión, y también Internet, pueden producir un cierto individualismo y una falsa sensación de participación, que disminuye el compromiso social y sólo genera buena – pero falsa- conciencia.
              • Este fenómeno se denomina social loafing o “flojera social“: la gente se esfuerza menos cuando está en grupo. Cuantos más individuos tiran de una cuerda, menos esfuerzo individual hace cada uno de ellos, como demostró el “efecto Ringelmann“, descubierto hace ya cien años.
              • Alguna investigación (por ejemplo ésta) ha detectado que Internet, en lo que respecta a las actividades “del mundo real”, tan solo permite a los ya activos contar con una forma más de participación, pero que no añade ganas de activarse a los previamente inactivos.
              • Ocurre con frecuencia que bajo la imaginaria identidad de blogueros de base, lo que se esconde es una acción política orquestada desde arriba, que adquiere formas pretendidamente más espontáneas. La blogosfera está muy bien para generar escándalos (pueden verse ejemplos y bases teóricas aquí).
              • Un estudio sobre las campañas de correos electrónicos masivos que partían de MoveOn, la conocida plataforma de protesta, hacia la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos, demostró que no tuvieron ningún impacto, porque eran una mera réplica de un mensaje breve, que no suscitaba mayor preocupación en las autoridades.
              • Un buen libro sobre “el mito de la democracia digital” tiene precisamente ese título, y está escrito por un joven profesor de la Universidad George Washington, Matthew Hindman.
              • Y otro buen libro de 2009 sobre la cuestión, The Internet and Democratic Citicenship, del viejo maestro Jay Blumler y de Stephen Coleman, presenta un buen equilibrio sobre los requerimientos para que Internet sea un universo postivo para la ilustración de la ciudadanía. En el libro se señala que las redes electrónicas están frecuentemente desconectadas de la política institucional, lo que puede significar que sean incapaces de controlar a las autoridades. Más aún, las actividades online pueden resultar efímeras, coyunturales en exceso y puramente nihilistas, separándose de la agenda real de la toma de decisiones de un país. El fiasco Kony 2012 es un buen ejemplo.
              • Un breve debate sobre la cuestión de si Internet favorece o no la democracia puede verse (en inglés) aquí.
              • El sofactivismo no es necesariamente malo, pero tampoco necesariamente bueno. Hay alguna investigación que detecta una cierta correlación entre el sofactivismo y el activismo off line o del mundo real, pero hay otra que no detecta esa relación (aquí puede verse un buen resumen del estado de la investigación).
              • Por supuesto, si alguien tiene interés en controlar el sofactivismo son los sátrapas, dictadores y populistas de turno. Promoviendo legiones de coristas del régimen, como hacen los gobiernos chino, ruso o venezolano (ver el capítulo 11 de El poder político en escena).

              Deseo por todo ello que los activistas del mundo no se apoltronen y logren encontrar la manera de levantar a la gente de sus sofás para gritar por la justicia no solo en Twitter y Facebook, sino sobre todo en la calle y en la televisión, esa caja que es la que de verdad temen los corruptos y los autoritarios.

              (Felicidades a mis amigos de Actuable, que acaba de asociarse a Change.org. Pero me pregunto si Rajoy hará algo tras recibir las 72.000 cartas idénticas que la plataforma le ha mandado para evitar el control gubernamental de RTVE. Quizá sería más eficaz que las pantallas de televisión se fueran “a negro” unos minutos, o que los trabajadores se declararan en huelga…).

                ¿Uno de los mejores artículos de opinión de la historia? Hechos, descanse en paz

                Eso han dicho algunos: que es uno de los mejores artículos de opinión nunca escritos. Seguro que exageran, pero lo cierto es que la pieza es muy buena, y tiene que ver con la comunicación. Se trata de un artículo de Rex Huppke, en el Chicago Tribune de hace unos días. Y viene al caso por lo que aquí en España alguien ha llamado ”neolengua”: llamar a las subidas de impuestos optimización fiscal o cosas parecidas, a los recortes ajustes, etc. En El País, a propósito del uso del género femenino en el español, el miércoles Alex Grijelmo hacía un artículo también sobre el asunto.

                Aquí está el obituario de Huppke, realmente brillante, traducido:

                HECHOS, 360 a.C – 2012

                In memoriam. Tras años de enfermedad, Hechos ha fallecido finalmente.

                19 de abril de 2012, Chicago Tribune

                Una rápida revisión de la larga e ilustre vida de Hechos muestra alguna de sus más celebradas afirmaciones: la gravedad hace que las cosas caigan, 2 + 2 = 4, el cielo es azul. Pero, para muchos, los momentos más memorables de Hechos eran las realidades del día a día, desde la certeza de un niño sobre el amor de su madre,  al reconfortante conocimiento de que el programa favorito de televisión empezaría puntualmente a las 8 de la tarde. Durante siglos, Hechos fue una parte tan importante de la vida de la mayoría de la gente que el filósofo irlandés Edmund Burke llegó a afirmar: ”Los hechos son a la mente lo que la comida es al cuerpo.”
                Para sorpresa de los seres sensibles, Hechos murió el miércoles, 18 de abril, tras una larga batalla por la superviviencia frente al ciclo informativo de 24 horas al día, los blogs e Internet. Aunque pocos esperaban que Hechos saliera de su larga espiral de decadencia de años, oficialmente murió por los daños sufridos la semana pasada, cuando el congresista republicano de Florida,  Allen West declaró sin rubor que 81 de sus compañeros de la Cámara de Representantes son comunistas.
                Hechos se mantuvo durante algunos días tras el ataque – que se produjo sin la más mínima prueba o motivo -, antes de exhalar su último aliento en la paz de su hogar, situado en un libro de física de Secundaria. A la hora de su muerte, Hechos tenía 2.372 años.
                “Es muy deprimente,” afirma Mary Poovey, una profesora de Inglés en la Universidad de Nueva York, autora de Una historia del hecho moderno (A History of the Modern Fact).  “Creo que lo que los americanos deberían pensar sobre los hechos es que no hay acuerdo sobre lo que los hechos son. Esto significa que nunca vamos a alcanzar acuerdo sobre nada. Política fiscal, candidatos presidenciales: nunca nos pondremos de acuerdo en nada.”
                Hechos nació en la antigua Grecia, hijo intelectual de afamado filósofo Aristóteles. Poovey afirma que, en su juventud, Hechos era conocido por sus “principios universales que todo el mundo acepta” o sus llamadas “asunciones compartidas.” Pero en el siglo XVI, el filósofo y científico inglés Francis Bacon tomó a Hechos bajo su tutela y empezó a desarrollar una nueva manera de pensar: “Hubo un cambio en la palabra ‘hecho’ para significar ahora observación empírica,” afirma Poovey. Hechos se convirtió en un conjunto de observaciones concretas derivadas de evidencias. Hechos estaba creciendo.
                A lo largo de los siglos XIX y XX, Hechos alcanzó la madurez mientras el mundo se inclinaba por probar la verdad de las cosas a través de los principios de la física y los modelos matemáticos. Se respetaba a los científicos como árbitros de la verdad, y Hechos alcanzó la cima de su poder. Pero los días de gloria no durarían. Hechos empezó a ser cuestionado por la gente que no entiende cómo funciona la ciencia. Y al mismo tiempo hubo un ascenso del partidismo en la política y un crecimiento del número de medios que diseminarían la información, que rara vez recurrían a la opinión de Hechos. “Cualquier sentido colectivo de lo que era verdad o de cómo debían verificarse las apelaciones a la verdad se erosionó,” dice Poovey.  “La opinión se ha convertido en la nueva verdad. Y mucha gente que ya tiene opiniones ven en las ‘noticias’ una afirmación de la opinión que ya tenían, y que confirma su opinión como un hecho.”
                Aunque ya débil, Hechos perserveró durante las últimas dos décadas, a pesar de retrocesos históricos que incluyen los escarceos del presidene Bill Clinton con Monica Lewinsky, la justificación del presidente George W. Bush de invadir Irak y el debate sobre la nacionalidad estadounidense del presidente Barack Obama.
                Hechos resultó repetidamente herido durante las recientes elecciones primarias republicanas, casi de forma letal cuando Michele Bachmann afirmó que una vacuna para una enfermedad de transmisión sexual  provoca retraso mental. En diciembre, Hechos fue hospitalizado por unos días, después de que el canal MSNBC contara por error que la campaña del candidato republicano Mitt Romney estaba usando una expresión usada en tiempos por el Ku Klux Klan. Sin embargo, los amigos y conocidos de Hechos dijeron que la afirmación del diputado West de que docenas de políticos demócratas son comunistas era simplemte más de lo que Hechos podía superar.
                Con un mundo en duelo el miércoles, muchos eran incapaces de creer que Hechos se hubiera ido de verdad. Como ha dicho Gary Alan Fine, profesor de Sociología de la Universidad de Northwestern, “los hechos no están muertos. Hay muchos ahí fuera. Ha habido una auténtica explosión popular.” Fine se refiere a una de las batallas más grandes de Hechos, el debate sobre el calentamiento global. “Hay todo tipo de estudios – afirma. Hay información más que suficiente para demostrar cualquier cosa que quieras defender. Podría preponderar un tipo de pruebas y hay comunidades que deciden que algo es un hecho, pero hay también hechos suficientes para quienes se oponen a esa afirmación para afirmar lo contrario.” Para algunos, la insistencia de Fine en la supervivencia de Hechos puede evocar la creencia de que aún viven estrellas del rock como Jim Morrison.  “¿Cómo sé yo si Jim Morrison está muerto?” se pregnta Fine. “¿Cómo puedo saber que está muerto excepto que alguien me lo diga?”
                Poovey, que conocía a Hechos como nadie, afirma que la defunción de Hechos es un hecho indudable.  “La sociedad americana ha perdido su confianza en que haya una única posibilidad” afirma. “Cualquiera puede expresar una opinión en un blog o cualquier otro lugar y no hay forma de comprobarlo; dices lo que te da la gana, y se magnifica. Es este un mundo extraño en el que la opinión de una persona vale como la de cualquier otra.”
                A Hechos le han sobrevivido dos hermanas, Insinuación y Afirmación Enfática, y un hermano, Rumor. El funeral tendrá lugar en la intimidad. En lugar de flores, la familia ruega a los amigos que hagan una donación a su organización política preferida.

                  ¿Eres un sofactivista? Test rápido en 10 preguntas y una excelente infografía

                  “Slacktivism” o “activismo perezoso” es el que se hace de manera doméstica. Sin mayor compromiso. Un retweet por aquí; una firma en una carta por allá, que ni siquiera tienes que poner en el buzón; un vídeo que pones en tu muro de Facebook… Algunos ciberutópicos piensan que así, con el activismo de sofá, el “sofactivismo,” puede cambiarse el mundo. Son tan visibles que ni siquiera hace falta mencionarles. Uno de sus más activos representantes es mi buen amigo Antoni Gutiérrez Rubí, que ayer, sin ir más lejos, escribía en El País sobre el asunto, reconociendo que, quizá, se trata de una ilusión, pero que bienvenida sea.

                  Sucede, sin embargo, que para quienes hemos mirado la historia de la comunicación política con algo menos de ilusión, en realidad el ser humano no ha cambiado mucho en los últimos cien mil años, por poner una fecha. La inmensa mayoría observa, y una minoría controla e influye. Pensar que Twitter y Facebook van a cambiar eso es, cuando menos, temerario. Por lo demás, como sugiere el hipercitado Evgeny Morozov, el sofactivismo puede aliviar la conciencia del sofactivista hasta el punto de generar una sensación de participación – “pseudoparticipación” se llama – que inhibe la necesidad de participar con auténtico compromiso: “si yo ya he colgado el vídeo en mi blog, yo ya he cumplido…”

                  Aún estamos esperando algunos a que alguien nos diga qué verdadera revolución política se ha producido gracias a las redes sociales: sólo una, por favor. ¿Egipto? ¿Dónde está ahora Twitter, una vez que el ejército, ahora sí, ha tomado el control? ¿Siria? ¿Cuántos Tweets evitarán los impactos de bala? ¿China? Allí hay un ejército de blogueros a la pieza que cantan – sin que les fuercen, aunque les den algún yuan por su tiempo – las maravillas del modelo chino. ¿Rusia? ¿Cuba? Y aquí… ¿en España? ¿Qué han conseguido los “internautas”? Una sola causa, por favor, por pequeña que sea… ¿Quizá para la Ley Sinde? La aprobó el PP en el primer Consejo de Ministros y ¿qué pasó?

                  Recuerdo el gran artículo de Malcolm Gladwell sobre este asunto, que tanto debate ha generado en la red, y el libro de Morozov que se ha convertido en el gurú del ciberrealismo, y que está a punto de salir traducido al español. Morozov estará en Bilbao en nuestro gran encuentro anual de mediados de junio. Una cita que no deberías perderte. Queda sólo una semana para que puedas inscribirte por 50-100 euros.

                  Para que compruebes si tú también eres un sofactivista, esta buenísima infografía te pregunta si has hecho las siguientes cosas en los últimos días:

                  1. Hiciste un retweet sobre una causa.

                  2. Llevas una pulsera sobre una causa.

                  3. Participaste en un pequeño boicot de corto plazo.

                  4. Apagaste la luz por una hora.

                  5. Hiciste una donación por sms.

                  6. Pusiste una pegatina en tu coche.

                  7. Cambiaste tu status en Facebook en favor de una causa.

                  8. Firmaste online una petición.

                  9. Compartiste un vídeo sobre una causa.

                  10. Compraste algo cuyo beneficio se destina a una causa.

                  ¿Cuatro o cinco síes? Pues quizá ya seas un sofactivista. Ahora te falta ser un activista. Para eso quizá haya que poner algo más de dinero, de esfuerzo y de compromiso, y eso ya cuesta algo más, ¿verdad? Ni Twitter ni Facebook van a cambiar – creemos algunos - el reducido número de los activistas de verdad, lamentablemente. Y el problema puede ser que nos sintamos reconfortados por enviar un simple mensaje o poner una pegatina: un fenómeno, el de la pseudoparticipación, que ya es un viejo conocido de los sociólogos. Eso no quiere decir que las redes sociales no puedan ayudar. Claro que lo hacen, como los teléfonos, las fotocopias o la radio y la televisión lo hicieron en su tiempo. Cuando la tele o la radio o la fotocopia nacieron, muchos anunciaron la paz mundial y la extensión de la democracia gracias a ellas. Mucha prudencia, pues, mucha prudencia. Y un poco más de perspectiva histórica y conocimiento sociológico. No vaya a ser que distraídos como estamos con Twitter, dejemos de hacer lo que se nos reclama de verdad, que, por lo demás, da mucha más pereza.

                   

                  The Rise of the Slacktivist
                  Sortable The Rise of the Slacktivist

                    Por qué Sarkozy quiere tres debates y Hollande solo uno

                    Por lo de siempre. El que es claro ganador quiere arriesgar poco. Y el perdedor desafiante no tiene nada que perder y arriesga al máximo. A veces eso te puede dejar mal, muy mal, como le pasó a Arenas con Griñán en las elecciones andaluzas, o a Rajoy con Zapatero en 2004. Pero en este caso, muy probablemente Hollande no tendrá ese problema, porque ha aceptado un debate y ha defendido muy bien que sea solo uno: es la tradición de la República en la segunda vuelta.

                    De manera que, con mucha probabilidad, veremos un solo debate, y podemos intuir qué dos personajes representarán:

                    Hollande, el presidente: conciliador, positivo, optimista, sin entrar al trapo. A la izquierda, pero no tanto. Porque ese lado ya lo tiene, y necesitará mostrarse tan francés como su adversario, y más capaz que él en lo económico.

                    Sarkozy, el valiente, claro y agresivo líder que es. Defendiendo su legado y advirtiendo de los desastres de una economía de la pereza y la asistencia, como la de Zapatero y los socialistas en España…

                    Como las distancias no son abismales, sino más bien cortas, habrá una audiencia millonaria. Ese debate promete.

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