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Intuición y razonamiento

Escribo desde Santo Domingo, tras un viaje desde el que parece ser el país más aislado de América Latina: Paraguay. Para llegar aquí he tenido que parar en Montevideo y en Lima… Sólo me ha servido para poder leer una cuarta parte del reciente libro del premio Nobel Kahneman, y escuchar canciones que nos unen a ella y a mi…

El libro es una delicia llamada Thinking, Fast and Slow. Ahí está una suerte de testamento de los trabajos que Kahaneman y su malogrado colega Amos Tversky desarrollaron durante décadas sobre la heurística, las trampas del cerebro, sus dos sistemas: la intución rápida, siempre alerta, impulsiva, etc.. y el razonamiento lento, enfocado, minucioso y perezoso.

Y para complementar, aquí está esta animación interesantísima sobre esos mismos asuntos: las dos partes del cerebro. Una derecha amplia, generalista, de las grandes categorías, intuitiva, rápida… (“el Berlusconi del cerebro, se dice”)… El lado izquierdo enfocado, analítico y más racional.

Thatcher, de cine

Ya están anunciando la película sobre Thatcher, La dama de hierro, de próximo estreno. Meryl Streep en el papel. Promete, a la vista del trailer.

Increíble documental sobre Stalin

Ponte los auriculares y disfruta este increíble documental sobre los desastres de Stalin, con imágenes originales, coloreadas y tratadas para ajustarlas al tempo cinematográfico real. Nunca verás los años de la II Guerra Mundial y el ambiente subyugante de la propaganda de forma tan vívida. Siéntate y disfrútalo: un regalo de Televisión Española.

Y luego si estás en Madrid, hasta el 15 de enero, pásate por la exposición “La Caballería Roja”, en la Casa Encendida, para ver una muestra extensa y magnífica del arte soviético que luego Stalin aniquiló y creó el contexto para sus desmanes.

 

Los mandamientos de los funcionarios

En una referencia de ayer en El País a la jubilación del mandarín británico Gus O’Donnell (GOD), el jefe de los funcionarios del Gobierno de Reino Unido, se citan varias frases de la antigua serie Sí, ministro, que constituyen una especie de carta de mandamientos para los funcionarios, realmente ingeniosa:

 

MANDAMIENTOS DE UN MANDARÍN FICTICIO, SIR HUMPHREY APPLEBY

Estas perlas seleccionadas del ficticio sir Humphrey Appleby de la teleserie cómica de los ochenta ‘Sí, ministro’, servirían para un perfecto decálogo para altos funcionarios británicos.

» “Si la gente no sabe lo que haces, no sabe lo que haces mal”.

» “El asunto está siendo considerado’ significa que hemos perdido una carpeta. ‘El asunto está siendo activamente considerado’ significa que estamos buscando la carpeta”.

» “El primer ministro no quiere la verdad, quiere algo que pueda decir al Parlamento”.

» “Si los funcionarios no pelean por el presupuesto de su departamento, se pueden quedar con un departamento tan pequeño que lo puede gestionar hasta un ministro”.

» “La Ley de Secretos Oficiales no está para proteger los secretos, sino para proteger a los oficiales”.

» “Lo sorprendente de los académicos no es que tengan un precio, sino lo bajo que es su precio”.

» “Solo son totalitarios los Gobiernos que suprimen los hechos. En este país simplemente tomamos la decisión democrática de no publicarlos”.

» “Si no te gusta la decisión de un ministro, acéptala con gusto y sugiérele que deje los detalles en tus manos”.

» “Nuestro trabajo es decirle al Parlamento la verdad y solo la verdad. Pero sería irresponsable decirle toda la verdad”.

» “Es bien sabido en el Foreign Office que una orden del primer ministro se convierte en un requerimiento del ministro, luego en una recomendación del secretario de Estado y finalmente en una sugerencia del embajador. Si es que llega tan lejos…”.

 

Por qué no se castiga la corrupción

Ese es el título de un informe de Víctor Lapuente para la Fundación Alternativas, que en realidad no nos dice “por qué no se castiga la corrupción”, sino que lanza varias hipótesis. Entre ellas, cómo no, el papel de los medios de comunicación.

Mi sensación es que entre el victimismo de los propios, la belicosidad de los ajenos y la obsesión de los medios por el escándalo, el ciudadano común se queda sin entender nada y tiende a mandar a todo el mundo al carajo.

El famoso discurso de Stanford

Hoy los medios del mundo entero están utilizando este viejo discurso de Steve Jobs en la ceremonia de graduación de Stanford en la que el malogrado predidente de Apple fue invitado. Se trata del mejor discurso de un líder corporativo que he escuchado. “Tres historias, sólo tres historias, no gran cosa…” Pero qué tres historias: un historia de muerte, una historia de amor y una historia de “puntos inconexos”. Fascinante.

Aquí no hablamos de comunicación corporativa, pero merece la pena verlo con subtítulos en castellano. Pone los pelos de punta.

50 discursos de película

Me manda Miguel Angel Simón, mi querido colega de Moncloa, esta web con una selección de 50 discursos en películas. Gracias, Miguel Angel.

Michelle vuelve a escribirme y la cosa empieza a aburrirme

No pensé nunca que Obama pudiera aburrirme. Admiro su trabajo y me cuesta creer que sea un presidente paralizado como piensa la mayoría de los estadounidenses, que le da un 40 por ciento de aprobación en estos momentos. Quiero creer que su resistencia a aceptar el estado palestino, sus posiciones tibias en materia de política exterior y su debilidad ante los republicanos son más bien gestos de alguien acostumbrado a negociar y a buscar posiciones de compromiso.

Pero lo cierto es que empieza a aburrirme con el correo electrónico. Lo último fue el mensaje de Michelle, pidiéndome que done 3 dólares a la campaña para entrar en el sorteo ¡¡de una cena con el presidente!! La esposa de Obama me explica lo agradables que son esas cenas y tal y cual… El mensaje me resulta inapropiado porque sortear una cena con el presidente de Estados Unidos resulta frívolo; porque tratar de dar por hecho que estarás allí como hace Michelle, romperá expectativas de quien de verdad se lo crea (“sólo relájate. Barack quiere que esta cena sea divertida…”); porque tres dólares es una miseria; y porque gente como yo, que no estamos en Estados Unidos, no podemos donar.

Aquí está el mensaje:

Luis –

Not everyone knows how to prepare for a dinner like this. As someone who’s eaten countless meals with my husband, I want to tell you the one thing to do if you’re selected to join him…

Just relax. Barack wants this dinner to be fun, and he really loves getting to know supporters like you.

I hope you’ll take him up on it before Friday’s deadline.

Will you donate $3 or more today and be entered to have dinner with Barack?

These dinners mean a lot to Barack. They’re a chance for him to talk with a few of the people who are driving the campaign — and a chance for him to say thank you.

So come prepared to tell your story, and say whatever’s on your mind.

Don’t miss the opportunity to be there. Donate $3 today, before the September 30th deadline:

https://donate.barackobama.com/Dinner

Thanks,

Michelle

Populismo para los “independientes”

Se les llama “independientes” o “votantes sin ideología”, y algunos creen que son el “centro”. Pero los datos se empeñan en demostrar que ese grupo de votantes que no se identifica con ningún partido y que no se sitúa en ningún punto de la escala ideológica, es en realidad un grupo de más o menos una quinta parte de la sociedad, muy heterogéneo, y que no tiene nada que ver con un supuesto centro ideológico. Predominan entre ellos los de menor formación y más edad. Pero, sobre todo, se trata de un grupo que se informa y paticipa muy poco en política.

Dos análisis recientes, un estudio en España de la Fundación Alternativas (“¿Cómo votan los que no tienen idelogía?”) y una entrevista con Stan Greenberg (New York Magazine: “The Illusive Indie”), llegan a conclusiones parecidas: los grandes temas que se imponen en la agenda, que Greenberg llama “populistas”, son los que influyen a ese electorado tan escurridizo: en el caso de Estados Unidos, la Guerra de Irak, la reforma de salud, el impuesto a los ricos… En España ETA, el Estatut, matrimonio homosexual, ahora la crisis…

Esos grandes temas, muy ideológicos, siguen siendo los más relevantes, incluso para los que dicen no tener ideología. La falta de una narrativa “un poco más populista” en Obama puede ser el motivo del desencanto de muchos de sus antiguos votantes, los mismos que se preguntan dónde está el Obama que iba a cambiar el mundo desde la izquierda. Un artículo reciente en El País de Bill Keller lo explica muy bien.

La fuerza de una historia personal

MoveOn, la organización de base demócrata, está haciendo campaña para prevenir la victoria de los republicanos en Estados Unidos. En estos momentos está tratando de viralizar con este vídeo de dos minutos muy poderoso. Toma como referencia una pregunta del moderador en el debate de primarias de los republicanos: “¿Quiere usted decir que le dejaría morir?” Se refería obviamente a la resistencia de los conservadores al plan para la extensión de la sanidad gratuita de Obama. En el vídeo se observa el silencio de los precandidatos. Inmediatamente, una señora nos cuenta la historia de la muerte de su hermano, que en sus 60 y tantos se encuentra sin empleo y sin seguro, y que muere a los cinco meses tras la detección de una enfermedad. “Un millón de hombres muertos son una estadística, un hombre muerto es una tragedia”. Sea o no de Stalin, como dice la leyenda, la frase no puede ser más cierta.

Pero para frases, la siguiente. La cito porque ayuda a vencer ese marco poderoso que los conservadores utilizan tan a menudo: la disciplina y el esfuerzo personal como justificación del egoismo y la insolidaridad. Habla Elisabeth Warren, una conocida política demócrata, hasta el verano asesora de Obama:

No hay nadie en este país que se haya hecho rico por sí solo. Nadie. Si levantaste una fábrica por ahí, me alegro por ti. Pero que quede claro: llevaste tus productos al mercado por carreteras que pagamos los demás. Contrataste a trabajadores cuya educación pagamos los demás. Estás tranquilo en tu fábrica porque hay policías y bomberos que pagamos los demás. No tuviste que preocuparte de que merodearan bandas por ahí que destrozaran tu factoría.

Pero mira.  Levantaste una fábrica y resultó ser genial y una gran idea. ¡Fantástico! Guárdate un buen pedazo del resultado. Pero parte del contrato social que subyace es que tú te guardas un trozo, pero pagas para el próximo niño que venga detrás.

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