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Cosas para las que sí sirve el activismo en Internet

Entre sushi y sashimi, cortesía de mis colegas emprendedores de Change.org, hablamos Francisco Polo, Albert Medrán y yo mismo sobre el famoso post “10 cosas por las que Twitter no sirve para (casi) nada en política.” Y no nos cuesta demasiado, creo, ponernos de acuerdo en algunas cosas, dejando los desacuerdos para la próxima, en la que prometo invitar yo:

1. El microactivismo genera pequeños cambios que, sin embargo, son relevantes para mucha gente. Si gracias a una petición firmada por unos cuantos miles de personas una empresa renuncia a poner en la calle a una mujer embarazada, a cobrar una comisión bancaria o a retirar un cartel publicitarios histórico, pues muy bien. Eso en unos cuantos cientos de causas con unos cuantos cientos de cambios produce cambio, y está muy bien. Lo que antes requería escribir una carta, comprar un sello, ponerlo en el buzón, y hacerlo de manera solitaria, sin saber qué hacían los demás, ahora es más fácil, colectivo y genera un fuerte sentimiento identitario. El sofactivismo no ha de ser malo necesariamente.

2. Internet como plataforma para acceder a los medios de masas. Los responsables de Change.org no son nada ingenuos. Saben que el punto de ebullición de los asuntos se logra con el apoyo de los medios de masas tradicionales. Y lo buscan y en muchas ocasiones lo encuentran para las causas que su plataforma acoge. Para el macroactivismo hacen falta los grandes medios de masas, pero para “vender” las causas antes de esa ebullición, Internet ayuda a calentar el agua previamente.

3. Las causas pueden ser caprichosas, coyunturales y espasmódicas, pero entre ellas las puede haber sostenidas y estructurales. Las causas pequeñas bastarían por sí solas y Change.org hace ya un buen servicio a quien quiere promoverlas. Si, además, ayuda a que algunas de ellas pasen a ser causas más largas, voluminosas y estructurales, entonces será un extraordinario lugar de influencia social global.

4. Para ello, sugiero yo, no basta con pedir. Hay que exigir. Hay que desafiar. Por ejemplo, “si el día x los directivos de Bankia no renuncian todos ellos a sus indemnizaciones millonarias, habrá 20.000 tipos que retirarán sus ahorros.” Y así sucesivamente. Es necesario elegir bien al adversario, como hace la gente que inicia peticiones en Change.org. Pero también hay que perseguirle, acorralarle; resistir pacíficamente ante él, molestando. Recibir 20.000 peticiones por correo electrónico es molesto como una mosca, pero 20.000 retiradas de 2.000 euros son 40 millones menos en la caja de repente. Por cierto, dice Francisco y estoy muy de acuerdo, que el gran invento es, paradógicamente, el uso masivo de ese “viejo” utensilio que es el correo electrónico, porque, añado yo, es interruptivo, se cuela en tu vida aunque no quieras, en cirto modo como la radio o la tele.

5. Internet y la vida real son la misma cosa. Por eso las acciones de sofá deben ser completadas con convocatorias de calle y con esa tan emocionante sensación de sentirse parte de un colectivo que hace cosas y que se compromete y arriesga por ellas. Quedarse en Internet puede ser tan inútil como absurdo no contar con la red. Nada puede sustituir al contacto cara a cara y la actividad física del grupo. Precisamente hoy The Democratic Strategist envía un interesante memorando en el que explica, en texto de Andrew Levison, cómo Working America, la poderosa organización progresista de movilización, mantiene causas en el tiempo, sin someterse a los caprichos del día a día, y cómo Internet, siendo una herramienta maravillosa no puede sustituir a la actividad física y personal de sus activistas para lograr cambios importantes y sostenidos. Sólo así, con un verdadero, auténtico y sostenido movimiento de base, de grassroots, puede competirse con la abundancia de recursos de los conservadores, que de otra manera sólo percibirán el activismo como pequeños pellizquitos de monja.

Deseo de verdad que Change.org sirva como plataforma para muchos activistas valientes y comprometidos, y también, por qué no, a los que lo son menos. (El sashimi, excelente. Gracias, amigos).

“Discutir lo indiscutible.” Crónica personal de las enseñanzas y curiosidades de ACOP Bilbao 12

No, definitivamente, José Miguel Contreras no tuvo suerte al hacer llegar su recomendación, que es la que yo encuentro más interesante de los dos días y medio de encuentro internacional del jueves, viernes y sábado. Su joven hija se graduaba y el padre no pudo asistir. Me contó luego que eso le descentró. El añadido de su exigente condición de no hablar de aquellos a quienes ayuda; la insistencia, que me consta al cien por cien que es real, en que no cobra por lo que hace en ese particular; y una punzante aunque pequeña polémica sobre el tiempo que había consumido, diluyeron una excelente recomendación para la preparación de debates electorales (y de discusiones con la pareja): discutir de lo indiscutible. Eso es lo que hizo Felipe González cuando pidió a Aznar que mostrara en su programa electoral dónde se hablaba de ayudas al desempleo, y el entonces candidato no tuvo más remedio que callar, porque no había en el documento ninguna mención. Eso es lo que hizo Zapatero frente a Rajoy en el segundo debate cuando anunció que, ante la probable guerra de cifras que vendría en el lance, él pondría en la web todos sus datos con fuentes a disposición de cualquiera. Eso es lo que hizo Reagan con su famosa frase frente a Mondale, previendo que señalarían su avanzada edad como un inconveniente: “No voy a hacer de la edad un asunto de campaña. No voy a explotar con objetivos políticos la juventud e inexperiencia de mi adversario.” Risas de Mondale y del público. Golpe mortal.

Sí, es discutible que se pueda o no gobernar con 70 y tantos años, como lo es qué políticas de empleo se pueden o no aplicar desde el Gobierno. Pero no es cuestionable que la edad da experiencia, que en el programa del PP de 1993 no había referencias a las medidas de ayuda a los desempleados, o que los datos de Zapatero estaban en la web a disposición de cualquiera. José Miguel es un tipo de una simpatía y una modestia extraordinarias, pero los 200 asistentes al Encuentro no lo sabían. Arregló en buena parte su intervención en el coloquio, y nos dio además la noticia  y el trailer de la próxima emisión en España (Canal +, en otoño) de la serie “The Newsroom,” del productor de “El Ala Oeste…,” Aaron Sorkin. Una superserie, nos dijo.

Pregunté en el Beers&Politics, de los encantadores Xavier Peitiby y Juan Víctor Izquierdo, al final del segundo día, quién había sido el mejor ponente de las jornadas, y algunos asistentes me dijeron que les había gustado Antonio Sola. El conocido asesor del Partido Popular, cachorro en tiempos de FAES, explicó cómo “convirtió” a un cantante de rap en presidente de Haití. Sobraron las referencias a 400 campañas hechas (cifra imposible, si se hace en ellas algo relevante) y a la “única compañía que ha hecho presidentes a dos líderes en unos pocos meses” (a los presidentes los hace la gente, no los consultores). Algún colega que conoce bien el país habría querido preguntar de dónde vino el dinero para que Martelly lograra su objetivo. Yo habría querido preguntar a Antonio si no hay otra decena de factores que, sin tener nada que ver con su asesoría, afectaron al resultado (como ahora afectan a que el PAN al que él ayuda en México vaya a quedarse en un tercer lugar). Y Judith Torrea, la deliciosa y valiente activista y bloguera de Ciudad Juárez no calló sus preguntas y en el almuerzo posterior estuvo hablando con él de su muy distinta percepción del presidente mexicano, Felipe Calderón, al que Sola también “hizo presidente” (con la ayuda de un torpe López Obrador, que se negó a ir a un debate, dejó la silla vacía, y permitió que los conservadores discutieran de lo indiscutible: López Obrador es -era- un cobarde arrogante).

En aquella terraza atestada de la Alhóndiga de Bilbao (un lugar maravilloso que se suma al impresionante cambio de la ciudad en los últimos años), me contaron también que se había metido al público en el bolsillo Nagore de los Ríos, que inició su presentación con un inconcluso striptease, y explicó claves interesantes del Gobierno Abierto que está intentando implantar a través de Irekia. Nagore facilitó la emisión del Encuentro en streaming, de manera que todas las ponencias pueden verse gratuitamente:

Fuente: Irekia – Gobierno Vasco

No pude preguntar con tiempo a Cristina Gallach, portavoz de instituciones de la Unión Europea de largo recorrido, por qué la Unión no promueve una comunicación más expresiva y menos racional de la Unión. Por qué el día de Europa no es festivo, por qué no se emite el himno de la Unión, el himno a la Alegría de Beethoven, antes de cada partido de la Eurocopa, o por qué no los llamamos Museo Europeo del Louvre o Museo Europeo del Prado. Por qué no honramos a la bandera de la Unión de vez en cuando. Escribí preguntándome eso mismo hace años, pero luego el nombramiento de líderes tan anodinos como van Rompuy y Ashton me dieron la respuesta… Cristina explicó bien las dificultades de comunicar un mastodonte tan complicado como la Unión Europea, como Sergio Jellineck explicó con igual eficacia cómo fue el proceso de reposicionamiento del Banco Mundial, otro morlaco difícil de lidiar.

Leandro Raposo, publicitario de Kirchner en su campaña primera, haciendo gala de todos los arquetipos del buen creativo, lleno de humor, vino a decirnos que es absurdo que las campañas políticas se parezcan tanto unas a otras y animó al personal a salirse del ABC tradicional tan abundante en el sector. He visto ya varios mapas de la blogosfera, pero nunca un vídeo con su formación, y eso fue lo que nos regaló el matemátivo Esteban Moro: cómo se forman los grupos durante una campaña en Internet: con una endogamia y una polarización evidentes. El vídeo es maravilloso, como lo fue el que proyectó David Redoli para culminar su presentación sobre oratoria. Puesto que el mayor crítico del uso de la web por los gobiernos autoritarios, Evgeny Morozov, estaba sentado al lado de uno de los promotores de la comunicación 2.0 del Gobierno chino, Steven Dong, traté de que ambos debatieran sobre el uso que los chinos hacen de Internet, pero, elegantes, ambos, prefirieron no entrar al trapo.

Stan Greenberg, que se ha convertido en el primer socio honorario de ACOP, estuvo allí durante todo el encuentro y nos regaló en tiempo real sus condiciones – que han impactado en Estados Unidos – para que Obama gane: un mayor enfoque en la clase media, una más audaz narrativa hacia las minorías (recomendado al mismo tiempo en que el presidente anunciaba la regularización de los inmigrantes latinos arraigados y semanas después de que se mostrara favorable al matrimonio homosexual) y un menor victimismo con respecto a los republicanos. Greenberg nos anunció la reciente aparición de su libro, con Carville, “It’s the Middle Class, Stupid.” Le pregunté a Stan por quién apostaría en Venezuela, México y Estados Unidos, y no lo dudó: Capriles, Peña Nieto y Obama.

Bilbao se portó como sus autoridades, que permitieron que el encuentro fuera posible, y nos regaló dos días de sol radiante y la preciosa exposición de Hockney en el Guggenheim: esa en la que puede verse cómo el pintor va desarrollando en su Ipad dibujos maravillosos. Así mismo, con la ayuda de otra docena de amigos (Manuel Campo Vidal, Michael Gazzaniga, Margaret Scammell,  Jorge Rábago, Joaquín Fernández, Jorge Santiago Barnés, Román Gubern, Yago de Marta, Javier Puig, Gianfranco Mazzoleni y Christian Salmon, pilotados por nuestra musa Helena Resano), fuimos dibujando este encuentro en la memoria de la mejor comunicación política del momento.

Cinco ideas contracorriente sobre el ‘rescate’ (o el ‘crédito extraordinario en condiciones ventajosas’), o por qué gana el Gobierno

No creo que sea fruto de una estrategia minuciosamente organizada, ni mucho menos. A pesar de lo que la gente tiende a pensar, estas cosas son casi siempre en buena parte más bien resultado de una acumulación de decisiones más o menos acertadas que se producen sobre la marcha y de forma inconexa. Pero creo que al Gobierno español le están saliendo bien las cosas, por mucho que desde la izquierda critiquemos el doble lenguaje, los eufemismos y los engaños. Explico aquí por qué:

1. La gente se orienta por criterios muy simples: no sabe qué es un “rescate,” no alcanza a entender si 100.000 millones es mucho o poco, y lo que quiere ver es que su gobierno hace cosas y las hace de forma más o menos decidida. Incluso puede entender que se diga un día una cosa y al siguiente la contraria. Como dijo Rajoy en su rueda de prensa del domingo, “estas cosas se hacen así.” A fin de cuentas, la mayoría no espera de un Gobierno que diga todo el tiempo toda la verdad. Por lo demás, estamos acostumbrados y asumimos que Europa está ahí para ayudar, rescatar o lo que sea. Hoy ya no se habla de la mala de Merkel sino de la buena de Europa.

2. La inmensa mayoría no está el lunes llamando a las tertulias de radio para comentar ni tuiteando ni leyendo periódicos. La mayoría ve el informativo de televisión, con una mitad dedicada al rescate y la otra mitad al partido de la Eurocopa. Y verán a Rajoy, el cirujano, contando la intervención ante los medios con la solemnidad del salón de tapices, pero cambiando la orientación para que se viera la luz del día, sonrisa y excusa de poco tiempo para ir al partido; y luego compartiendo la alegría del gol español con el príncipe. No está mal. Después de haber asumido que un “rescate” sería el fin de Rajoy y cosas terribles para España, hoy todo el mundo está igual que ayer, Rajoy sigue, y la bolsa, al menos al principio de la mañana, sube de forma contundente. Buen manejo de las expectativas.

3. Neolengua, eufemismos, enmarque, palabras… Sí, pero la gente da por supuesto que cada cual defiende lo suyo. Lo importante es a) hacer cosas; y b) que en unos meses (algún año) al menos parezca que gracias a esas cosas estamos algo mejor que ahora. Mientras la discusión esté en si esto se llama “rescate” o – como dijo el ministro de Economía – “crédito extraordinario en condiciones muy ventajosas”, el Gobierno gana. Porque además cuenta con la complicidad de una inmensa mayoría de medios impresos y radios, y con el poco tiempo que da la televisión para discutir de estas cosas.

4. Una oposición desenfocada: ¿está de acuerdo con el rescate? ¿En contra? Sí, claro, no es una buena noticia, pero ¿cuál es la alternativa? No es culpa de Rubalcaba, para nada. Es sencillamente que es muy difícil decir nada interesante. Tan difícil como fácil era esperar el desastre cuando era el PP quien estaba en la oposición. Es una cuestión de contexto.

5. Rajoy tienen un buen nivel de aprobación. Sí, aparentemente un 40 por ciento – más menos – no es alto, pero sí lo es con la que está cayendo. Para ver las cosas en perspectiva, eso es más o menos lo que tenían líderes como Lula, Bachelet, Sarkozy u Obama en sus peores momentos. Hay tiempo para mejorar. Eso dependerá de la situación de la economía, pero en tres años hay margen para que mejore. El verdadero asunto está en que el PSOE está peor. Y cuando haya que elegir entre Rajoy o Rubalcaba (o su sustituto/a)…

Lamentable y breve antología del puñetazo

1. El neonazi griego Kasidiaris tira agua y sacude a una candidata de la izquierda. Luego huyó y finalmente denunció a las dos mujeres. Sí, nos han producido asco las bofetadas que un impresentable neonazi griego le daba hace unos días a una política después de una acalorada discusión, lanzamiento de agua incluido. Pero lo curioso del asunto es que el puñetazo en la política no es cosa sólo de neonazis, ni mucho menos sólo de griegos. Atraviesa contextos, países e ideologías. La casuística es tan inmensa que basta con ponerpoliticians fighting” en YouTube y te salen decenas de casos.

2. Resumen de peleas en parlamentos de Bolivia, India, Corea, Taiwan y Ucrania. Hemos preferido poner aquí ejemplos de líos parlamentarios, más lamentables aún si cabe:

3. Bronca en el parlamento de Uruguay en 2007

  

4. Pelea en el Parlamento de Chile, con ministro implicado:


 5. Bronca en el Parlamento de Jordania:


 

BONUS TRACK:

Afortunadamente, no se recuerda que los diputados españoles hayan recurrido a las manos, pero son memorables las imágenes de Gutiérrez Mellado y Suárez plantando cara a los golpistas en 1981, mientras la inmensa mayoría de los diputados se agazapaban en el suelo. Por supuesto, sobre esos momentos lo mejor es leer Anatomía de un instante, de Javier Cercas.

Brevísima antología de la interrupción

La táctica es sencilla: cuando sabes que hay medios de comunicación mirando, interrumpes el desarrollo de algún acto oficial y logras por sorpresa la atención de los medios. La eficacia está casi garantizada.

Hace unos días un senador trató de entregar a Rajoy dentro del hemiciclo un casco para simbolizar el problema de las limitaciones de ayudas en las cuencas mineras leonesas. Se lo impidió la escolta y el jefe de gabinete del presidente. Rajoy empieza a asentar el fuerte estereotipo de estar “alejado” de la gente: de los periodistas, de la gente común, y ahora incluso de un honorable senador. Por supuesto, el incidente fue cubierto por los medios de comunicación con profusión.

He aquí éste y otros casos, de entre cientos, en cuya compilación, como siempre, me ha resultado de gran ayuda mi colega Oscar Santamaría (@osantamaria10):

1. EL CASCO MINERO A RAJOY:


2. UNA ACTIVISTA REPUBLICANA LE QUIERE ENTREGAR AL PRÍNCIPE FELIPE UNA CARTA. EL NO LA ACEPTA, PERO SE PARA A HABLAR CON ELLA UNOS SEGUNDOS:


3. EL ARCHIFAMOSO ZAPATAZO A BUSH EN PLENA GUERRA DE IRAK:


3. HOLLANDE QUEDA REBOZADO EN HARINA, SIN INMUTARSE, GRACIAS A UNA ACTIVISTA CANSADA DE LOS SOCIALISTAS:

4. BLAIR ES ACUSADO DE CRIMINAL DE GUERRA CUANDO COMPARECE EN LA COMISIÓN LEVESON:


5. LA MODELO ACTIVISTA DE GREENPEACE EVANGELINA CARROZO INTERRUMPE UNA CUMBRE PARA PROTESTAS POR LAS PAPELERAS QUITÁNDOSE LA ROPA:


 6. EN UN CASO ALGO DISTINTO, EL PROVOCADOR CHÁVEZ REGALA A OBAMA EL LIBRO DE GALEANO, EL ANTIIMPERIALISTA ‘Las venas abiertas de América Latina.’

7. LE PONEN UN PAÑUELO PALESTINO A ZAPATERO Y ÉL SE LO DEJA PUESTO, GENERANDO UNA MINIPOLÉMICA NACIONAL.

 

BONUS TRACK: ¿QUIÉN DE MÁS DE 30 AÑOS EN ESPAÑA NO RECUERDA LA PERSECUCIÓN INCANSABLE DEL DEFENESTRADO JOSÉ MARÍA RUIZ MATEOS AL MINISTRO DE ECONOMÍA DE ENTONCES, MIGUEL BOYER, CUANDO RUMASA FUE INTERVENIDA?


Por qué ganará Obama, muy probablemente

En un muy buen artículo para Gallup, sus editores analizan los diez indicadores demoscópicos clave para entender qué puede pasar en las próximas elecciones presidenciales del 6 de noviembre, que enfrentarán a Obama con Romney.

1.  Aprobación presidencial. Con un 47 por ciento, está por encima de la que tenían Carter (38) y Bush padre (41) en un momento equivalente. Estos últimos perdieron la reelección. Pero el índice de Obama está por debajo del 50 por ciento que se considera crítico. Su situación se parece a la de George Bush hijo, que estaba en un 47 antes del verano, en un 50 por ciento después, y justo antes de las Elecciones en un 47 de nuevo. Ganó la reelección por muy poco. Pero hay que recordar que el país estaba en mitad de una guerra. Digamos que Obama debería ver aumentar su nivel de aprobación algún punto en los próximos meses y aún así, se prevé una elección muy reñida.

2. Entre votantes registrados, los datos son de verdadero empate. Pero es muy pronto. Por ejemplo, por estas fechas,

  • John Kerry superaba por dos puntos al presidente George W. Bush entre los votantes registrados, en 2004.
  • El presidente George H.W. Bush y Ross Perot estaban empatados, y superaban en 10 puntos a Clinton en 1992. Ganó Clinton.
  • El presidente Carter sacaba ocho puntos a Reagan en 1980.

En estos cinco meses las convenciones, los debates, la publicidad, la prensa y los respectivos ataques pueden cambiar mucho las cosas.

3. No favorece a Obama la percepción sobre la situación del país. El 74 por ciento está insatisfecho con la situación de las cosas. Esto es parecido a lo que encontraba Bush padre cuando perdió la reelección. Sin embargo la satisfacción ahora es mucho mayor, casi el doble, de la que había el verano pasado. La economía es el principal problema del país, y eso no es buena señal para un candidato a la reelección.

4. Los americanos piensan que Romney lo haría ligeramente mejor que Obama en el manejo de la economía y creen, ligeramente, que la situación económica sería mejor si ganara Romney.

5. Se les ve a cada cual más capaz en sus arquetipos ideológicos. La visión de la economía no es monolítica. Se cree que Obama llevaría mejor el coste de la Sanidad, la Educación y la lucha contra la pobreza. Romney lo haría mejor al mantener a raya el déficit, fomentar el crecimiento y mejorar los resultados de los inversores. No se confía en ninguno de manera especial en desempleo o vivienda, dos asuntos muy importantes.

6. Obama gusta más que Romney, y en las últimas Elecciones ha ganado el candidato que más gusta. Pero los expertos de Gallup no están para nada seguros de que Romney, con una aceptable aprobación del 50 por ciento, no pueda ganar a Obama aunque guste algo menos.

7. Obama supera también a Romney en dos cualidades esenciales: se preocupa más por la gente común, y es un líder más fuerte y decisivo. Esto último es fundamental en la política estadounidense.

8. Obama llega muy bien a los negros, los hispanos, los asiáticos y los blancos no religiosos, los solteros, los jóvenes, y los profesionales y liberales con educación superior.

9. Romney está fuerte, como sus predecesores republicanos, entre los blancos no hispanos en general, una buena parte del electorado. Y especialmente entre los religiosos, los casados y los de educación media y superior pero no de postgrado.

10. Obama, a pesar de lo ajustado de los datos, es el favorito según la mayoría, y éste suele ser un buen indicador de la victoria final. Le ayuda la inercia de la reelección, que ha sido exitosa en siete de cada diez casos desde la II Guerra Mundial, aunque los demócratas han tenido más dificultades.

En resumen: Obama será el próximo presidente de Estados Unidos si la economía no empeora, si sigue cayendo el desempleo, si supera un poco su nivel de aprobación, y si hace una buena campaña, cosa esta última en la que algunos confiamos de pleno. Pero no lo tiene tan fácil como tendemos a pensar en Europa. Aquí Obama nos gusta más que allí.

Se pueden ver todos los indicadores en la página de  Gallup.com’s Election 2012.

Lo último en comunicación política: seis tendencias

El Instituto de Empresa, que propone para el curso que viene su primera edición del master de comunicación política, me invitó a dar una conferencia online con lo que yo considero que son las últimas tendencias en comunicación política. Aquí está la presentación, y dentro de poco, cuando esté, pondré si es posible el contenido de la conferencia completa.

Pero estas son las seis tendencias últimas muy resumidas:

1. Storytelling, que es en realidad una forma sexy de denominar lo de siempre: el relato, la narrativa. La política es una batalla de relatos alternativos, no de programas electorales.

2. El final del final de las ideologías. Cada vez entendemos de forma más clara que los ciudadanos tienden al conservadurismo o al progresismo, de forma casi genética, con independencia de que haya muchos “biconceptuales” o “independientes”, si tal nombre vale.

3. Terror management o gestión de la angustia: hay decenas de estudios que demuestran lo que pasa cuando se suscita la idea de la muerte, la angustia, la crisis: la gente se vuelve más conservadora: más patriota, más dura, más devota.

4. Una nueva racionalidad, que contrasta con la que propone el mito de la Ilustración: una racionalidad limitada, una democracia conductual, una mayor importancia de lo emocional en la comprensión de la política. El ser humano como un ser emocional, prejuicioso, caprichoso y con un cerebro bastante tramposo.

5. Memética y framing:

cómo se crean las ideas, los conceptos, las imágenes, que tienen vida propia:nacen, se reproducen y mueren. Son memes (como genes, pero inmateriales) que van por ahí colonizando cerebros. Esos memes llegan al cerebro en forma a través de marcos o narrativas maestras. Al ver la Bolsa de Nueva York puedes pensar en un “mercado” o un conjunto de “especuladores.” La neuropolítica, las neurociencias aplicadas al estudio de las percepciones y el comportamiento político son ahora lo último.

6. Una visión menos ciberutópica y más ciberrealista.

Estamos empezando a demostrar que Internet no va a cambiar sustancialmente la forma en que la política se expresa desde hace décadas.

Ofrecí en la conferencia una decena de libros que explican estas tendencias y que yo creo que son imprescindibles. Los tienes por aquí señalados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Breve antología del micro abierto (recordatorio)

Han pillado al líder de la oposición española, Alfredo Pérez Rubalcaba, con un micro abierto, diciendo que va “a echar” a la supuesta filtradora de una reunión de la Ejecutiva. Los micros abiertos, como hemos visto aquí varias veces, son un problema cuando refuerzan arquetipos negativos, o cuando descubren facetas negativas desconocidas. Creo que Rubalcaba debería preocuparse en este caso por lo primero. Dejo aquí el contenido de un post de hace dos meses, en el que recogía casos recientes, comenzando por la semana horrible en la que Obama hablaba con Medvedev y el micro captaba una cierta “sumisión,” tan del gusto de los republicanos:

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Obama ha tenido su peor semana: el Congreso tumba su presupuesto, el Supremo empieza a estudiar la constitucionalidad de su plan de reforma de la Sanidad, y un micrófono abierto le muestra sumiso ante Medvedev hablando de armas. Los conservadores han aprovechado para hacerle un spot lamentable en el que presentan a Rusia como el enemigo de la Guerra Fría, y a Obama como un presidente “flexible.”

¿Cuándo afectan esos deslices a la reputación del líder? Muy sencillo: cuando refuerzan un arquetipo negativo sobre él o ella. Por ejemplo, que tomen a Aznar diciendo que “menudo coñazo (de discurso) he soltado” no tiene mucha relevancia, porque demuestra que el presidente es autocrítico, y nadie da importancia a que su presidente dé un discurso aburrido. Pero el vídeo de Obama refuerza el arquetipo de un presidente débil y demasiado complaciente con los “enemigos de la patria.”

He aquí una antología de políticos diciendo inconveniencias a micrófono inadvertidamente abierto.

1. Obama pide a Medvedev que transmita a Putin que tras las elecciones tendrá más flexibilidad.

2. En un acto siendo Zapatero candidato, se le dice que aún necesita dos tardes para saber de economía.

3. Aznar, tras un discurso, dice: “Menudo coñazo he soltado…”.

4. El ministro de Defensa José Bono llama “gilipollas integral” a su colega Tony Blair.

5. Bush llama gilipollas- asshole – a un periodista del New York Times.

6. El príncipe Carlos dice a sus hijos: “no soporto a esta gente” refiriéndose a los reporteros gráficos.

7. El presidente uruguayo Batlle, llama a los argentinos “una manga de ladrones del primero al último.”

(Todas estas en este vídeo resumen del antiguo programa de Eva Hache).

8. Jesse Jackson critica a Obama en la campaña electoral por ser flojo en su discurso afroamericano.

9. Zapatero en plena campaña de 2008 dice que “nos conviene que haya tensión” y que va a “empezar este fin de semana a dramatizar un poco”.

10.  Rajoy: “la reforma laboral me va a costar una huelga,” hace unas semanas.

11. Más tarde, el ministro de Economía español, de Guindos, le dice al comisario europeo  “mañana aprobaremos una reforma extremadamente agresiva.”

 

 

Breve antología del uso político del deporte

Más morbo imposible: el Atlétic de Bilbao y el Fútbol Club Barcelona se enfrentan por la Copa del Rey. Dos equipos tradicionalmente identificados en parte con el nacionalismo vasco y el catalán. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que o es muy muy torpe (cosa improbable si tenemos en cuenta su capacidad para la generación de buenos titulares) o muy muy provocadora, se ha encargado de agitar los ánimos de manera insistente diciendo que si ella pudiera, en caso de que hubiera pitidos de protesta contra el príncipe o contra el himno español, ella cancelaría el partido. Pues bien, ante ese ambiente crispado, los analistas apelan a la racionalidad: “esto es fútbol, no política”, “no está bien mezclar el deporte con los asuntos políticos…”, etc., etc.

Eso es inmensamente ingenuo. El deporte y la política siempre han estado íntimamente ligados. La competición deportiva es un extraordinario escenario para visualizar conflictos. Pensésmoslo bien:

Limitación de espacio: en la forma de un estadio o de las 32 pulgadas de televisión. No un enfrentamiento ubicuo o abstracto, sino muy concreto en el lugar. Un campo de fútbol, una pista de atletismo…

Limitación de tiempo: 90 minutos de partido, unos minutos de carrera, unos segundos nada más durante los cuales se iza una bandera o suena un himno.

Un enfrentamiento pacífico (o poco virulento): de manera que se canaliza por vía deportiva un sentimiento que podría ser más belicoso y letal de manifestarse de otra manera.

– Audiencias millonarias, o muy numerosas.

De manera que no hay nada como el deporte (quizá añadiendo otros grandes acontecimientos mediáticos, como los funerales, las visitas y ceremonias reales, los viajes de Estado, los grandes eventeos nacionales…), para concitar la mirada concentrada de todo el mundo y en poco tiempo, en torno a un conflicto, simbolizándolo y canalizándolo. En términos muy prácticos: ¿quién de nosotros no mira el partido en televisión y se siente vinculado a una u otra de las corrientes en conflicto? ¿Quién es el aséptico ciudadano o ciudadana de a pie que puede decir que en esas circunstancias no se sentiría movido por una de las posiciones enfrentadas?

Oscar Santamaría escribió hace unos meses un artículo muy recomendable en el diario El Mundo, en el que contaba casos de utilización política del deporte. Aquí dejamos algunos de los sucesos que el contaba, con otros de la historia que recordamos.

Alemania, Juegos Olímpicos, 1936. Jessee Owens dio una lección al mismísimo Hitler, que esperaba que los Juegos fueran una muestra de la superioridad aria. El afroamericano ganó de calle en atletismo, y Hitler no le felicitó como sí hizo en la primera jornada con los victoriosos alemanes.

Alemania y Estados Unidos, boxeo, 1936. El boxeador alemán Max Schmeling había sido ensalzado por los nazis como el ejemplo de la superioridad de la raza aria. Se enfrentó y ganó al estadounidense Joe Louis con Hitler en el poder. La revancha vino tiempo después, y el propio Franklin Roosevelt mandó una nota al boxeador diciéndole: “Joe, necesitamos músculos como los tuyos para ganar a Alemania.” Louis ganó, y más tarde dijo: “Sabía que tenía que cazar bien a Schmeling. Tenía mis motivos personales y el maldito país entero dependía de mi.”

– Estados Unidos, Juegos Olímpicos, 1968. Los deportistas afroamericanos Tommie Smith y John Carlos utilizaron el saludo del Black Power como señal de lucha en plena campaña por la defensa de los derechos civiles en el país. .

Honduras y El Salvador, fútbol, 1969. La bandera y el himno de Honduras fueron pitados durante los partidos clasificatorios para el Mundial de la FIFA, y se generó una tensión tal entre los dos países (ya previamente existente, claro), que derivó en ataques de ciudadanos de un país en el otro, con muertes incluidas, emigraciones más o menos masivas, ruptura de relaciones diplomáticas, y casi una guerra entre los dos estados.

Inglaterra y Sudáfrica, críquet, 1969. Se consideró que no era adecuado dejar jugar al negro brasileño, de origen sudafricano Basil D’Oliveira contra Sudáfrica, que estaba en ese momento bajo el Apartheid. Se trató de que jugara en el equipo inglés, pero tampoco. Siempre se sospechó que era para no ofender a los sudafricanos.

Israel y los países árabes, fútbol, 1974. Israel era uno de los países fundadores de la Confederación Asiática de Fútbol, pero a mediados de los setenta, varios países árabes rechazaron jugar con la selección del nuevo país. Hasta que se creó la UEFA.

Argentina y Reino Unido, fútbol, 1986. En el Mundial, ungido por la “mano de Dios,” según dijo Maradona, o usando su propia mano, según los agnósticos, Maradona metió un gol a los británicos que agitó los sentimientos de las dos naciones, convalecientes de la Guerra de las Malvinas.

– Sudáfrica, rugby, 1995. Mandela, nuevo presidente de Sudáfrica post-Apartheid, manejó magistralmente el mundial celebrado en Sudáfrica para unir al país en la nueva etapa, tal como cuenta la película Invictus.

China y Japón, fútbol, 2004. En la Copa de Asia de Fútbol, en Beijing, los chinos abuchearon el himno de Japón. El enfado fue sublime cuando Japón ganó a China por 3-1, con revueltas incluidas en las calles de la capital.

Moncloa y RTVE entre bambalinas

Cuento en un artículo en El Mundo cómo trabajábamos desde Moncloa con la prensa entre 2004 y 2008 al menos, y particularmente con los profesionales de RTVE. Una historia tan veraz como poco contada. Ojalá no lo dilapiden.

 

Moncloa y RTVE entre bambalinas

Luis Arroyo

TRIBUNA: LIBERTAD DE INFORMACIÓN

El Mundo, 22 de mayo de 2012

Almorzamos en el comedor de la Secretaría de Estado de Comunicación, en Moncloa, en las primeras semanas de mayo de 2004. De un lado, el equipo de informativos de Radio Televisión Española elegido por Carmen Cafarell, la última directora de RTVE nombrada a dedo por un presidente del Gobierno, como lo habían sido todos los directores anteriores, desde hacía 50 años. De otro lado, el nuevo secretario de Estado de Comunicación y su equipo de directivos. Fue un encuentro agradable, como también lo fueron los que tuvimos durante aquellos primeros días con los directivos de las principales empresas informativas del país. El objetivo de aquellas citas, en forma de desayunos o almuerzos, era fijar las normas que debían regir nuestra relación, la relación del Gobierno, con todos ellos. Tendrían un interlocutor específico entre uno de nosotros. Recibirían nuestras informaciones. Podríamos llamar, claro: intercambiamos teléfonos y direcciones de e-mail. Pasaríamos nuestros argumentos y defenderíamos nuestras posiciones. No sabemos qué pensarían nuestros interlocutores, pero desde ese día y hasta el día que dejamos Moncloa, tuvimos la sensación de que trabajábamos profesionalmente, cumpliendo cada parte los principios que habíamos fijado en aquellas reuniones iniciales.

Con RTVE había, por supuesto, algunas peculiaridades. Veníamos de una dura etapa en la que el director de los servicios informativos, Alfredo Urdaci, se había convertido en un síndrome, si vale la expresión: un ejemplo de cómo un servicio público tan delicado como una televisión pública puede convertirse en un mero instrumento propagandístico en manos del Gobierno. Las maniobras entre el 11 y el 14 de marzo de 2004, de infausta memoria, habían sido la máxima y última expresión de la decadencia de la información pública de la casa, que poco antes se había concretado en la primera sentencia de la historia por manipulación, que obligó al director de servicios informativos a leer en pantalla la sentencia. Aún el famoso Urdaci se permitió hacer bromas con el nombre de uno de los denunciantes: Comisiones Obreras. Una gracieta indigna, que dice mucho de quien la profería.

Por supuesto, nosotros tratamos de hacer nuestro trabajo desde el otro lado. Tratábamos de arañar más minutos en la parrilla, intentábamos colocar nuestras informaciones legítimamente. Llamábamos a nuestros invitados de aquel almuerzo de mayo de 2004 casi cada día. Casi siempre más de una vez. Como decimos en la jerga, calentábamos la oreja de los informadores para explicar nuestros argumentos y tratar de que fueran reflejados. Como hacíamos con los redactores de Telecinco o de Antena 3, o de La Sexta y Cuatro más tarde. Como hacíamos con los redactores de los periódicos y las radios. Cada día miles de gabinetes de prensa de todo el mundo tratan de influir con toda legitimidad en el contenido de los medios. Desde los gobiernos, los partidos, las empresas y las organizaciones, con sus más o menos nutridos departamentos de comunicación. La obligación del periodismo de calidad es buscar informaciones, recibirlas, contrastarlas, sopesarlas, equilibrarlas, ofrecerlas en su pluralidad de enfoques.

En muchas ocasiones no nos gustaba lo que se ofrecía: quizá queríamos más tiempo, o una visión distinta. Pero sabíamos que las normas estaban claras: las había fijado el presidente Zapatero, y las habíamos trasladado también nosotros alrededor de la mesa del comedor de la Secretaría de Estado. No forzaríamos a nadie, no violentaríamos la libertad de los informadores para decidir qué se cubría y cómo se contaba. Algunos ministros – tres en particular muy conocidos- se empeñaban en imponer su criterio, tensando la cuerda. «No hemos ganado unas elecciones para esto». «No me han tratado bien». «No han dado mi rueda de prensa». Lo contó el propio Zapatero en público: «Hay compañeros que dicen ‘la televisión pública critica al Gobierno, parece que hay más del Partido Popular’. Yo digo: me comprometí con los españoles porque eso es salud para la democracia y respeto a la inteligencia». Los informadores de RTVE resistieron esos embates porque contaban con el compromiso del presidente, la dignidad de su profesionalidad y nuestra complicidad desde Moncloa. Para ser justos, casi siempre quienes tenían razón eran ellos, y el tratamiento que daban los profesionales de RTVE no admitía una crítica razonable.

Hay quienes creen que, puesto que tienen mayoría parlamentaria suficiente, tienen legitimidad para decidir qué se cuenta en los medios públicos. Creen que la voz mayoritaria debe ser la única voz, o la voz hegemónica. Pueden creer incluso que tienen derecho a despreciar la voz minoritaria, a acallarla o a vilipendiarla. Hay algunos ejemplos de televisiones públicas cuyos informativos producen sonrojo a quienes entendemos la información pública de otra manera, a quienes consideramos que el papel de los gobiernos es pelear por lo que creen, también en los medios de comunicación, usando el teléfono, el correo electrónico, las notas y ruedas de prensa, los argumentos y los argumentarios, las redes sociales, con toda la tenacidad que puedan desplegar, pero con el máximo respeto hacia los informadores, un eslabón fundamental en el engranaje de la democracia de verdad.

Vaya este pequeño testimonio en homenaje a todos cuantos, como Fran Llorente y su equipo, resistieron a las presiones autoritarias, también las que procedían de los nuestros, y también al presidente Zapatero, que marcó tan claramente las reglas del juego. Y valga este testimonio también como modesta advertencia: como el aire empiece a contaminarse y se haga irrespirable, se echará de menos a quienes, por simple decencia democrática, defendimos su pureza.

Luis Arroyo fue director del Gabinete del secretario de Estado de Comunicación y es autor de El poder político en escena.

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