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Las 50 películas imprescindibles de comunicación (1): 10 biopics políticos

Mis amigos Melvin Peña, Oscar Santamaría y yo mismo hemos compartido en Santo Domingo las 50 películas de cine sobre comunicación y asuntos relacionados, que creemos esenciales. Diez por cada una de las áreas de biografías/biopics de políticos, comunicación de crisis, relaciones con los medios de comunicación, campañas electorales y política-ficción. Iremos publicando la lista en los próximos días. Empezamos hoy con nuestros biopics políticos preferidos, ordenados por la puntuación que obtienen según los visitantes de la web Internet Movie Database.

 

Der Untergang (El hundimiento o La Caída). 2004. Una excelente película alemana sobre los últimos días de vida de Adolf Hitler en el bunker de Berlín, antes de suicidarse con su esposa Eva Braun, con la que contrae matrimonio minutos antes. La presión del momento, la irritabilidad del líder,  la sumisión de los suyos… La película tiene como base las memorias de la última secretaria del dictador y de Goebbels, con guión a partir del trabajo del historiador Joachim Fest. Una joya. (Puntuación IMDb: 8,3/10). Trailer.

 

 

The King’s Speech (El discurso del Rey). 2010. La Reina Madre no quiso que se conocieran los detalles de la historia de su padre hasta después de su muerte. Y así fue como luego se contó: el rey tartamudo que tiene que pasar por las manos de un excéntrico logopeda, que le ayuda a superar las dificultades para poder dar su primer discurso radiofónico a la nación, en un momento decisivo de la historia de Gran Bretaña, tras la abdicación de su hermano. Una película realmente imprescindible. (Puntuación IMDb: 8,2/10). Trailer.

 

 

Gandhi. 1982. Peliculón de tres horas y ocho Oscar. La vida completa del padre de la nación india con un despliegue escenográfico brutal, una excelente interpretación y una verosimilitud admirable. Un clásico que vimos hace treinta años (¡!) pero que resulta portensosamente moderno. No es solo la historia del líder, sino también de la resistencia pacífica y su arriesgado manejo. (Puntuación IMDb: 8,1/10). Trailer.

 

 

Il divo. 2008. Sobre «espectacular vida de Giulio Andreotti,» el eterno primer ministro italiano, y sobre sus relaciones con la Mafia. Ese elemento convierte la película en una mezcla de cine político, trama policíaca, y película costumbrista muy eficaz. Puntuación IMDb: 7,3/10). Trailer USA, que es mejor que el italiano.

 

 

 

Invictus. 2009. Magnífica película que cuenta cómo Mandela (Morgan Freeman en una excelente interpretación) manejó el rubgy, deporte nacional en Sudáfrica, como un elemento más para unir a su país en la transición histórica tras el Apartheid. No se trata de un biopic al uso, pero la personalidad de Mandela resulta tan subyugante y su actitud tan arriesgada e inteligente, que debe estar en esta lista en destacado puesto. La película fue dirigida por Clint Eastwood y tiene como base el libro de John Carlin: Playing the Enemy (El factor humano). (Puntuación IMDb: 7,3/10). Trailer.

 

 

Nixon. 1995. Oliver Stone ha dirigido un auténtico serial de películas políticas, y esta es probablemente la mejor de ellas. Hay que añadir JFK (1991), sobre la investigación de la muerte de Kennedy, W (2008), la mediocre y apresurada biografía de George W. Bush, y los documentales Comandante (2003) sobre Fidel Castro, y South of the Border (Al Sur de la frontera  (2009), una hagiografía controvertida sobre Chávez, Morales, Castro, Lula y Cristina Kirchner, entre otros. En Nixon, Anthony Hopkins interpreta los últimos años de la presidencia de Richard Nixon, «exultante en la victoria, amargo en la derrota,» pero la película se extiende a sus años de juventud. (Puntuación IMDb: 7,1/10). Trailer.

 

Sunrise at Campobello. 1960. Una vieja película sobre la vida del gran Franklin Delano Roosevelt, y muy particularmente sobre su lucha contra los efectos de la polio, que comienza a afectarle a los 40 años, y sobre el apoyo de su esposa Eleanor. Ralph Bellamy intepreta a FDR de manera un tanto primitiva visto hoy, y la película resulta almibarada en exceso como las producciones de la época, pero se hace un tratamiento muy interesante sobre la cuestión de la enfermedad y las apariencias en la política, en una época, los años 20, en la que la televisión no existía. (Puntuación IMDb: 7,1/10). Trailer.

 

 

Vincere. 2009. La historia de la amante secreta de Benito Mussolini, Ida Dalser, de su hijo en común, y de cómo el régimen trata de ocultar su existencia. Pero en el camino se ve al duce en su ascenso al poder italiano, sus discursos incenciarios, etc. Es una película italiana muy interesante. (Puntuación IMDb: 6,9/10). Trailer.

 

 

 

The Iron Lady (La dama de hierro). 2012. Más una película sobre los estragos de la demencia senil que sobre política, pero Meryl Streep interpreta con maestría e increíble verosimilitud el papel de la primera ministra británica desde su juventud hasta hoy. La película se deja ver, sin ser una obra maestra. Se observa el carácter tenaz y duro de la dama de hierro, y su sufrimiento por la muerte de su esposo y la llegada de la enfermedad. También las dificultades que encontró en sus últimos años como primera ministra, cuando en su propio equipo, comenzaron a surgir las dudas sobre su propia capacidad para gobernar. (Puntuación IMDb: 6,4/10). Trailer.

 

La conquête (De Nikolas a Sarkozy). 2012. La película no es precisamente vibrante, pero sí deja entrever los escenarios del poder, la personalidad compleja del presidente francés y su tormentosa relación con su mujer, Cecilia, de la que se separa en plena campaña, manteniendo ambos las formas hasta que es elegido presidente. Villepin y Chirac son en el film dos enemigos íntimos del «enano cabrón,» al que minusvaloran y tratan con desprecio. Hay una magnífica interpretación del hiper-presidente, y un más que digno tratamiento de los personajes. (Puntuación IMDb: 6,3/10). Trailer.

 

 

BONUS TRACKS:

Evita. 1996. Pues eso: Madonna y Antonio Banderas, dirigidos por Alan Parker en un musical ligero, interpretando a la carismática esposa de Perón, para escándalo de parte de la sociedad argentina, que no se tomó bien la frivolidad. Dudábamos si ponerla o no, pero Eva Perón, actriz ella misma de serie B, era mucho personaje como para dejarla fuera de una lista de películas. (Puntuación IMDb: 6,1/10). Trailer.

¡Buen viaje, Excelencia! 2003. De nuevo, no es un biopic, sino una película extremadamente irónica y divertida sobre los últimos días de Franco en el palacio de El Pardo. Ramón Fontserè interpreta al dictador, dirigido por el irreverente Albert Boadella, en una película audaz, con interpretaciones casi teatrales. La lucha del equipo médico por mantener vivo al jefe del Estado a pesar de su enfermedad para no enfrentar la crisis de su muerte, resulta tragicómica en la película. (Puntuación IMDb: 5,7/10). Trailer.

 

 

Seguimos en breve con la siguiente lista, en el blog de Melvin.

 

Sofactivismo: breve antología de hechos, recursos y ejemplos

«Sofactivismo» (en inglés, slacktivism o clicktivism): el activismo fácil que consiste en actuar a través de las redes sociales, del correo electrónico y del teléfono movil, con poco esfuerzo, en defensa de alguna causa social o política. Algunos ejemplos: firmar una carta dirigida a las autoridades o las corporaciones, circular un vídeo, distribuir peticiones en Facebook o Twitter, donar pequeñas cantidades con sms o similares, etc.

  • A pesar del enorme interés que suscitó el uso de las redes sociales en la Primavera Árabe, lo cierto es que la mayoría de quienes las usaban estaban fuera de los respectivos países, y que los repuntes en su uso respondían al ritmo que marcaban los medios de masas, particularmente Al Jazeera (referencia). Por cierto, por algún motivo, Twitter cambió los términos de uso justo en medio, imposibilitando que se pudieran hacer estudios retrospectivos de su efecto. Los sofactivistas han de recordar que su activismo está básicamente en manos de canales controlados por empresas privadas y puramente comerciales.
  • Algunos sociólogos (por ejemplo Putnam, en su obra Bowling Alone, de 2000), señalan que los medios como la televisión, y también Internet, pueden producir un cierto individualismo y una falsa sensación de participación, que disminuye el compromiso social y sólo genera buena – pero falsa- conciencia.
  • Este fenómeno se denomina social loafing o «flojera social«: la gente se esfuerza menos cuando está en grupo. Cuantos más individuos tiran de una cuerda, menos esfuerzo individual hace cada uno de ellos, como demostró el «efecto Ringelmann«, descubierto hace ya cien años.
  • Alguna investigación (por ejemplo ésta) ha detectado que Internet, en lo que respecta a las actividades «del mundo real», tan solo permite a los ya activos contar con una forma más de participación, pero que no añade ganas de activarse a los previamente inactivos.
  • Ocurre con frecuencia que bajo la imaginaria identidad de blogueros de base, lo que se esconde es una acción política orquestada desde arriba, que adquiere formas pretendidamente más espontáneas. La blogosfera está muy bien para generar escándalos (pueden verse ejemplos y bases teóricas aquí).
  • Un estudio sobre las campañas de correos electrónicos masivos que partían de MoveOn, la conocida plataforma de protesta, hacia la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos, demostró que no tuvieron ningún impacto, porque eran una mera réplica de un mensaje breve, que no suscitaba mayor preocupación en las autoridades.
  • Un buen libro sobre «el mito de la democracia digital» tiene precisamente ese título, y está escrito por un joven profesor de la Universidad George Washington, Matthew Hindman.
  • Y otro buen libro de 2009 sobre la cuestión, The Internet and Democratic Citicenship, del viejo maestro Jay Blumler y de Stephen Coleman, presenta un buen equilibrio sobre los requerimientos para que Internet sea un universo postivo para la ilustración de la ciudadanía. En el libro se señala que las redes electrónicas están frecuentemente desconectadas de la política institucional, lo que puede significar que sean incapaces de controlar a las autoridades. Más aún, las actividades online pueden resultar efímeras, coyunturales en exceso y puramente nihilistas, separándose de la agenda real de la toma de decisiones de un país. El fiasco Kony 2012 es un buen ejemplo.
  • Un breve debate sobre la cuestión de si Internet favorece o no la democracia puede verse (en inglés) aquí.
  • El sofactivismo no es necesariamente malo, pero tampoco necesariamente bueno. Hay alguna investigación que detecta una cierta correlación entre el sofactivismo y el activismo off line o del mundo real, pero hay otra que no detecta esa relación (aquí puede verse un buen resumen del estado de la investigación).
  • Por supuesto, si alguien tiene interés en controlar el sofactivismo son los sátrapas, dictadores y populistas de turno. Promoviendo legiones de coristas del régimen, como hacen los gobiernos chino, ruso o venezolano (ver el capítulo 11 de El poder político en escena).

Deseo por todo ello que los activistas del mundo no se apoltronen y logren encontrar la manera de levantar a la gente de sus sofás para gritar por la justicia no solo en Twitter y Facebook, sino sobre todo en la calle y en la televisión, esa caja que es la que de verdad temen los corruptos y los autoritarios.

(Felicidades a mis amigos de Actuable, que acaba de asociarse a Change.org. Pero me pregunto si Rajoy hará algo tras recibir las 72.000 cartas idénticas que la plataforma le ha mandado para evitar el control gubernamental de RTVE. Quizá sería más eficaz que las pantallas de televisión se fueran «a negro» unos minutos, o que los trabajadores se declararan en huelga…).

¿Uno de los mejores artículos de opinión de la historia? Hechos, descanse en paz

Eso han dicho algunos: que es uno de los mejores artículos de opinión nunca escritos. Seguro que exageran, pero lo cierto es que la pieza es muy buena, y tiene que ver con la comunicación. Se trata de un artículo de Rex Huppke, en el Chicago Tribune de hace unos días. Y viene al caso por lo que aquí en España alguien ha llamado «neolengua»: llamar a las subidas de impuestos optimización fiscal o cosas parecidas, a los recortes ajustes, etc. En El País, a propósito del uso del género femenino en el español, el miércoles Alex Grijelmo hacía un artículo también sobre el asunto.

Aquí está el obituario de Huppke, realmente brillante, traducido:

HECHOS, 360 a.C – 2012

In memoriam. Tras años de enfermedad, Hechos ha fallecido finalmente.

19 de abril de 2012, Chicago Tribune

Una rápida revisión de la larga e ilustre vida de Hechos muestra alguna de sus más celebradas afirmaciones: la gravedad hace que las cosas caigan, 2 + 2 = 4, el cielo es azul. Pero, para muchos, los momentos más memorables de Hechos eran las realidades del día a día, desde la certeza de un niño sobre el amor de su madre,  al reconfortante conocimiento de que el programa favorito de televisión empezaría puntualmente a las 8 de la tarde. Durante siglos, Hechos fue una parte tan importante de la vida de la mayoría de la gente que el filósofo irlandés Edmund Burke llegó a afirmar: «Los hechos son a la mente lo que la comida es al cuerpo.»
Para sorpresa de los seres sensibles, Hechos murió el miércoles, 18 de abril, tras una larga batalla por la superviviencia frente al ciclo informativo de 24 horas al día, los blogs e Internet. Aunque pocos esperaban que Hechos saliera de su larga espiral de decadencia de años, oficialmente murió por los daños sufridos la semana pasada, cuando el congresista republicano de Florida,  Allen West declaró sin rubor que 81 de sus compañeros de la Cámara de Representantes son comunistas.
Hechos se mantuvo durante algunos días tras el ataque – que se produjo sin la más mínima prueba o motivo -, antes de exhalar su último aliento en la paz de su hogar, situado en un libro de física de Secundaria. A la hora de su muerte, Hechos tenía 2.372 años.
«Es muy deprimente,» afirma Mary Poovey, una profesora de Inglés en la Universidad de Nueva York, autora de Una historia del hecho moderno (A History of the Modern Fact).  «Creo que lo que los americanos deberían pensar sobre los hechos es que no hay acuerdo sobre lo que los hechos son. Esto significa que nunca vamos a alcanzar acuerdo sobre nada. Política fiscal, candidatos presidenciales: nunca nos pondremos de acuerdo en nada.»
Hechos nació en la antigua Grecia, hijo intelectual de afamado filósofo Aristóteles. Poovey afirma que, en su juventud, Hechos era conocido por sus «principios universales que todo el mundo acepta» o sus llamadas «asunciones compartidas.» Pero en el siglo XVI, el filósofo y científico inglés Francis Bacon tomó a Hechos bajo su tutela y empezó a desarrollar una nueva manera de pensar: «Hubo un cambio en la palabra ‘hecho’ para significar ahora observación empírica,» afirma Poovey. Hechos se convirtió en un conjunto de observaciones concretas derivadas de evidencias. Hechos estaba creciendo.
A lo largo de los siglos XIX y XX, Hechos alcanzó la madurez mientras el mundo se inclinaba por probar la verdad de las cosas a través de los principios de la física y los modelos matemáticos. Se respetaba a los científicos como árbitros de la verdad, y Hechos alcanzó la cima de su poder. Pero los días de gloria no durarían. Hechos empezó a ser cuestionado por la gente que no entiende cómo funciona la ciencia. Y al mismo tiempo hubo un ascenso del partidismo en la política y un crecimiento del número de medios que diseminarían la información, que rara vez recurrían a la opinión de Hechos. «Cualquier sentido colectivo de lo que era verdad o de cómo debían verificarse las apelaciones a la verdad se erosionó,» dice Poovey.  «La opinión se ha convertido en la nueva verdad. Y mucha gente que ya tiene opiniones ven en las ‘noticias’ una afirmación de la opinión que ya tenían, y que confirma su opinión como un hecho.»
Aunque ya débil, Hechos perserveró durante las últimas dos décadas, a pesar de retrocesos históricos que incluyen los escarceos del presidene Bill Clinton con Monica Lewinsky, la justificación del presidente George W. Bush de invadir Irak y el debate sobre la nacionalidad estadounidense del presidente Barack Obama.
Hechos resultó repetidamente herido durante las recientes elecciones primarias republicanas, casi de forma letal cuando Michele Bachmann afirmó que una vacuna para una enfermedad de transmisión sexual  provoca retraso mental. En diciembre, Hechos fue hospitalizado por unos días, después de que el canal MSNBC contara por error que la campaña del candidato republicano Mitt Romney estaba usando una expresión usada en tiempos por el Ku Klux Klan. Sin embargo, los amigos y conocidos de Hechos dijeron que la afirmación del diputado West de que docenas de políticos demócratas son comunistas era simplemte más de lo que Hechos podía superar.
Con un mundo en duelo el miércoles, muchos eran incapaces de creer que Hechos se hubiera ido de verdad. Como ha dicho Gary Alan Fine, profesor de Sociología de la Universidad de Northwestern, «los hechos no están muertos. Hay muchos ahí fuera. Ha habido una auténtica explosión popular.» Fine se refiere a una de las batallas más grandes de Hechos, el debate sobre el calentamiento global. «Hay todo tipo de estudios – afirma. Hay información más que suficiente para demostrar cualquier cosa que quieras defender. Podría preponderar un tipo de pruebas y hay comunidades que deciden que algo es un hecho, pero hay también hechos suficientes para quienes se oponen a esa afirmación para afirmar lo contrario.» Para algunos, la insistencia de Fine en la supervivencia de Hechos puede evocar la creencia de que aún viven estrellas del rock como Jim Morrison.  «¿Cómo sé yo si Jim Morrison está muerto?» se pregnta Fine. «¿Cómo puedo saber que está muerto excepto que alguien me lo diga?»
Poovey, que conocía a Hechos como nadie, afirma que la defunción de Hechos es un hecho indudable.  «La sociedad americana ha perdido su confianza en que haya una única posibilidad» afirma. «Cualquiera puede expresar una opinión en un blog o cualquier otro lugar y no hay forma de comprobarlo; dices lo que te da la gana, y se magnifica. Es este un mundo extraño en el que la opinión de una persona vale como la de cualquier otra.»
A Hechos le han sobrevivido dos hermanas, Insinuación y Afirmación Enfática, y un hermano, Rumor. El funeral tendrá lugar en la intimidad. En lugar de flores, la familia ruega a los amigos que hagan una donación a su organización política preferida.

¿Eres un sofactivista? Test rápido en 10 preguntas y una excelente infografía

«Slacktivism» o «activismo perezoso» es el que se hace de manera doméstica. Sin mayor compromiso. Un retweet por aquí; una firma en una carta por allá, que ni siquiera tienes que poner en el buzón; un vídeo que pones en tu muro de Facebook… Algunos ciberutópicos piensan que así, con el activismo de sofá, el «sofactivismo,» puede cambiarse el mundo. Son tan visibles que ni siquiera hace falta mencionarles. Uno de sus más activos representantes es mi buen amigo Antoni Gutiérrez Rubí, que ayer, sin ir más lejos, escribía en El País sobre el asunto, reconociendo que, quizá, se trata de una ilusión, pero que bienvenida sea.

Sucede, sin embargo, que para quienes hemos mirado la historia de la comunicación política con algo menos de ilusión, en realidad el ser humano no ha cambiado mucho en los últimos cien mil años, por poner una fecha. La inmensa mayoría observa, y una minoría controla e influye. Pensar que Twitter y Facebook van a cambiar eso es, cuando menos, temerario. Por lo demás, como sugiere el hipercitado Evgeny Morozov, el sofactivismo puede aliviar la conciencia del sofactivista hasta el punto de generar una sensación de participación – «pseudoparticipación» se llama – que inhibe la necesidad de participar con auténtico compromiso: «si yo ya he colgado el vídeo en mi blog, yo ya he cumplido…»

Aún estamos esperando algunos a que alguien nos diga qué verdadera revolución política se ha producido gracias a las redes sociales: sólo una, por favor. ¿Egipto? ¿Dónde está ahora Twitter, una vez que el ejército, ahora sí, ha tomado el control? ¿Siria? ¿Cuántos Tweets evitarán los impactos de bala? ¿China? Allí hay un ejército de blogueros a la pieza que cantan – sin que les fuercen, aunque les den algún yuan por su tiempo – las maravillas del modelo chino. ¿Rusia? ¿Cuba? Y aquí… ¿en España? ¿Qué han conseguido los «internautas»? Una sola causa, por favor, por pequeña que sea… ¿Quizá para la Ley Sinde? La aprobó el PP en el primer Consejo de Ministros y ¿qué pasó?

Recuerdo el gran artículo de Malcolm Gladwell sobre este asunto, que tanto debate ha generado en la red, y el libro de Morozov que se ha convertido en el gurú del ciberrealismo, y que está a punto de salir traducido al español. Morozov estará en Bilbao en nuestro gran encuentro anual de mediados de junio. Una cita que no deberías perderte. Queda sólo una semana para que puedas inscribirte por 50-100 euros.

Para que compruebes si tú también eres un sofactivista, esta buenísima infografía te pregunta si has hecho las siguientes cosas en los últimos días:

1. Hiciste un retweet sobre una causa.

2. Llevas una pulsera sobre una causa.

3. Participaste en un pequeño boicot de corto plazo.

4. Apagaste la luz por una hora.

5. Hiciste una donación por sms.

6. Pusiste una pegatina en tu coche.

7. Cambiaste tu status en Facebook en favor de una causa.

8. Firmaste online una petición.

9. Compartiste un vídeo sobre una causa.

10. Compraste algo cuyo beneficio se destina a una causa.

¿Cuatro o cinco síes? Pues quizá ya seas un sofactivista. Ahora te falta ser un activista. Para eso quizá haya que poner algo más de dinero, de esfuerzo y de compromiso, y eso ya cuesta algo más, ¿verdad? Ni Twitter ni Facebook van a cambiar – creemos algunos – el reducido número de los activistas de verdad, lamentablemente. Y el problema puede ser que nos sintamos reconfortados por enviar un simple mensaje o poner una pegatina: un fenómeno, el de la pseudoparticipación, que ya es un viejo conocido de los sociólogos. Eso no quiere decir que las redes sociales no puedan ayudar. Claro que lo hacen, como los teléfonos, las fotocopias o la radio y la televisión lo hicieron en su tiempo. Cuando la tele o la radio o la fotocopia nacieron, muchos anunciaron la paz mundial y la extensión de la democracia gracias a ellas. Mucha prudencia, pues, mucha prudencia. Y un poco más de perspectiva histórica y conocimiento sociológico. No vaya a ser que distraídos como estamos con Twitter, dejemos de hacer lo que se nos reclama de verdad, que, por lo demás, da mucha más pereza.

 

The Rise of the Slacktivist
Sortable The Rise of the Slacktivist

Por qué Sarkozy quiere tres debates y Hollande solo uno

Por lo de siempre. El que es claro ganador quiere arriesgar poco. Y el perdedor desafiante no tiene nada que perder y arriesga al máximo. A veces eso te puede dejar mal, muy mal, como le pasó a Arenas con Griñán en las elecciones andaluzas, o a Rajoy con Zapatero en 2004. Pero en este caso, muy probablemente Hollande no tendrá ese problema, porque ha aceptado un debate y ha defendido muy bien que sea solo uno: es la tradición de la República en la segunda vuelta.

De manera que, con mucha probabilidad, veremos un solo debate, y podemos intuir qué dos personajes representarán:

Hollande, el presidente: conciliador, positivo, optimista, sin entrar al trapo. A la izquierda, pero no tanto. Porque ese lado ya lo tiene, y necesitará mostrarse tan francés como su adversario, y más capaz que él en lo económico.

Sarkozy, el valiente, claro y agresivo líder que es. Defendiendo su legado y advirtiendo de los desastres de una economía de la pereza y la asistencia, como la de Zapatero y los socialistas en España…

Como las distancias no son abismales, sino más bien cortas, habrá una audiencia millonaria. Ese debate promete.

Muy buena historia del nacimiento y desarrollo de las relaciones públicas en empresas y política: cuatro horas para disfrutar

Una serie magnífica en cuatro partes que me pasa mi hermano Enrique Bueres, en un reportaje de 2002. La historia completa de la persuasión de masas, con un tono apocalíptico bastante exagerado, pero con un resultado sumamente interesante. Hay que creerse la mitad de lo que se ve, pero la serie es magnífica en calidad. Cuatro horas muy interesantes para un fin de semana frío de primavera como éste, y con subtítulos en español:

Parte primera: Máquinas de la felicidad. La historia de la relación de Freud con su sobrino americano, Edy Bernays, que inventó el término «relaciones públicas» en los años 20 del siglo XX, y las aplicó al mundo no de la guerra como hasta entonces, sino del comercio.

Parte segunda: La ingeniería del consenso. Los políticos y los empresasarios, y Bernays, trataron de aplicar el psicoanálisis a las nuevas masas de la sociedad industrial, en la epoca de la radio, los fascismos, etc.

Parte tercera: Hay un policía en nuestras cabezas, y ha de ser destruido. En los años 60, un grupo de psicoterapeutas luchó contra las ideas de Freud, en la era de los movimientos de autoayuda, para resistir a la influencia de las presiones externas.

Parte cuarta: Ocho individuos en una sala. Blair y Clinton, a través del grupo de discusión, empezaron a estudiar los sentimientos profundos de la gente con respecto a la política, como antes se había hecho para los productos.

 

Dos fotos nada espontáneas

El presidente de EEUU, Barack Obama, en el lugar que ocupó Rosa Parks. | Casa Blanca

 

File:Rosaparks bus.jpg

Obama se sentó el jueves en el autobús público en el que Rosa Parks fue obligada a ceder sitio a un blanco en 1955. Obama posa ante el fotógrafo de la Casa Blanca en un autobús de museo. Nada espontáneo, claro. Pero tampoco fue espontáneo el gesto de Rosa Parks:

El autobús amarillo y verde se exhibe restaurado en el Museo Henry Ford, en Estados Unidos. En la época en la que circulaba por las calles de Montgomery, en el estado sureño de Alabama, aquel autobús público tenía unas normas de uso muy estrictas. Los negros, que eran tres de cada cuatro usuarios, podían sentarse a partir de la cuarta fila, pero si llegaba un blanco y no tenía sitio, el negro debía levantarse y sentarse detrás, quedarse de pie o abandonar el vehículo. Los negros debían pagar su billete entrando por la puerta delantera, pero luego debían salir y entrar por su puerta, la de atrás.

El día 1 de diciembre de 1955, en torno a las seis de la tarde, Rosa Parks, una trabajadora de cuarenta y dos años, decidió desafiar las normas de segregación racial de Montgomery y no se levantó cuando el conductor del autobús le exigió que lo hiciera para ceder su sitio a una persona blanca. Fue arrestada y su caso se convirtió en uno de los hitos más celebrados en la larga historia por la defensa de los derechos civiles en el país.

En realidad, la decisión de Parks no fue aislada, ni del todo espontánea, ni natural, ni inocente. Tampoco fue inocente ni casual ni espontánea la expansión de las «sentadas»de los negros en los lugares reservados a los blancos por todo el sur, o la frase histórica «Tengo un sueño» pronunciada por el reverendo King en 1963, o, en el lado contrario, las fotografías aterradoras de las hogueras del Ku Klux Klan. Aquellos hitos condensaban con fuerza significados diversos en torno a una idea largamente gestada, cuya puesta en escena fue preparada a conciencia y que, finalmente, estaba madura para su consumo por la ciudadanía: la idea de la igualdad de derechos civiles de negros y blancos.

….. Continúa en El poder político en escena, capítulo 9: Relatos que se propagan en blanco y negro.

Breve antología de la petición de perdón

El rey de España no lo había hecho nunca, pero es indudable que una petición de perdón a tiempo es una buena manera para la restauración de la reputación. Las condiciones para que la petición tenga efecto en la opinión pública son más o menos las siguientes.

1. Que el error sea un clamor popular. No, una vez más, no eran unos cuantos miles o cientos de miles en Twitter quienes comentaban el periplo de caza del rey. Era todo un país en sus conversaciones de café, y también los medios internacionales, quienes obligaban al rey a afrontar el asunto de cara. En la campaña de primarias demócratas de 2008 el candidato Edwards pidió perdón por una relación extramatrimonial antes de que fuera de conocimiento general, y ese fue el final de su carrera presidencial.

2. Que la petición de perdón sea contundente y sin medias tintas. Basta con decir algo tan sencillo como «lo siento,» o «perdón.» Si, además, como el rey, se dice «no volverá a ocurrir,» mejor aún.

3. Que no vuelva a ocurrir. Sí, parece obvio, pero si el rey fuera sorprendido en algo parecido en los próximos meses tendría un problema de imposible solución. Pedir perdón una vez o dos vale, pero estar todo el día pidiéndolo no sirve.

4. Que el propio afectado purgue simbólicamente su «pecado»: En España sería raro ver al rey, como se vio a Clinton, ir a la Iglesia para pedir el perdón divino tras sus excusas públicas sobre el asunto Lewinsky, o aparecer en prime time con su mujer de la mano, pero sería bueno ver al rey pronto reestablecido, sonriente y con una agenda, quizá, algo más intensa de lo habitual.

Aquí dejamos (gracias, Oscar), una antología limitada y de urgencia de políticos, o casi políticos, pidiendo perdón:

POR HECHOS HISTÓRICOS O ERRORES DE OTROS (ESO PARECE FÁCIL):

POR CUESTIONES PERSONALES Y SEXUALES:

 

 

 

 

Vídeo trailer de El poder político en escena

Pura publicidad esta vez, con perdón: un vídeo promocional. El libro estará el jueves en las librerías y como en un mes en edición electrónica.  Si lo quieres ver mejor déjalo en pausa unos segundos hasta que avance la barra gris, para verlo sin cortes inconvenientes.

El vídeo está dedicado a tantos lectores y lectoras anónimos, unos 5.000 cada mes, que pasan por aquí. Gracias.

Brufau y la diplomacia privada: foto y video recordatorio

Fue en septiembre de 2009. Hugo Chávez estuvo como una hora en la Casa del Libro, en la Gran Vía, en pleno centro de Madrid. Brufau, el presidente de Repsol YPF ahora humillado por Cristina Fernández de Kirchner, no tuvo ningún problema, aparentemente, en reirle las bromas al presidente venozolano, desplazarse donde él estaba y montar en su coche, conducido por el propio presidente… Interesante cobertura del evento por El Mundo, incluyendo vídeo y fotos.

Y aquí un informe interesante de la imagen de las empresas españolas en algunos países de América Latina, a través de la Responsabilidad Social Corporativa, hecho en una Universidad de Perú.