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La voz y el gesto de los poderosos y los sumisos

Investigando para la escritura de El poder en escena, me encuentro dos artículos muy recomendables:

Uno es un curioso experimento de análisis del espectro de voz de Larry King, el superentrevistador americano, en contraste con el de sus invitados, realizado en 1996. El descubrimiento es muy interesante: los entrevistados calificados como más sumisos (por ejemplo Dan Quayle, que fuera vicepresidente y famoso por su debilidad), ajustan su voz a la del entrevistador. Por el contrario, es Larry King quien ajusta su voz a la de los invitados calificados como más poderosos (como Bush, Clinton, o Liz Taylor).

En otro, más reciente, de 2003, se estudia el efecto que tienen los «movimientos de poder» en el público. Si el protagonista se muestra dominante, el público seá moderado en sus gestos. Si se muestra sumiso, el público será expansivo en los gestos. Esa situación de complementariedad (dominancia como complemento de sumisión, o viceversa), resulta más agradable al público que una mera mimetización de los gestos del protagonista y su público.

El poder de una metáfora: el crimen como «virus» o como «bestia»

La manera en que hablamos de ideas complejas y abstractas está envuelta en metáforas. En cinco experimentos investigamos cómo esas metáforas influyen en la la manera de razonar sobre asuntos complejos y de buscar información sobre ellos. Encontramos que incluso la más sutil evocación de una metáfora (en una sola palabra) puede tener una poderosa influencia en cómo la gente trata de resolver problemas sociales como el crimen, y cómo busca información para tomar decisiones “bien informadas”. Resulta muy interesante descubrir que la influencia del efecto de enmarcado de la metáfora es encubierta: la gente no reconoce la influencia de las metáforas en sus decisiones; en su lugar, la gente apunta a información más “sustantiva” (a menudo numérica) como el motivador de su decisión. Las metáforas en el lenguaje parecen evocar estructuras de conocimiento consistentes en sus marcos, e invitan a hacer inferencias que son estructuralmente consistentes. Lejos de ser meras florituras retóricas, las metáforas tienen profundas influencias en cómo conceptualizamos y actuamos con respecto a importantes asuntos sociales. Vemos que incluso la exposición a una sola metáfora puede producir diferencias sustanciales en la opinión sobre cómo resolver problemas sociales: diferencias que son más grandes, por ejemplo, que las diferencias preexistentes en la opinión que tienen demócratas y republicanos.

Este es el resumen de un interesantísimo artículo académico de dos profesores de psicología de Stanford, que demuestran la fuerza que tiene una metáfora (y el marco expresado con ella) en la opinión de la gente: si planteas que el delito es un «virus» que «infecta» a una sociedad, entonces los ciudadanos optan por políticas más progresistas: educación, prevención, reinserción… Pero si presentas el delito como un bestia a la que hay que enfrentarse, entonces la gente opta por políticas más conservadoras: mano dura contra los delincuentes, penas más duras, más policía…

Curiosidades de las máquinas firmadoras

Hay una pequeña polémica en Estados Unidos porque Obama, por primera vez en la historia, ha «firmado» una Ley (la extensión de la Patriot Act de Bush) a distancia, desde Francia, con un «autopen», es decir, una máquina firmadora. La cosa tiene su importancia, porque sin la firma estampada en el texto la ley no vale. Aquí en España es el Rey el que firma las leyes. Hace sólo unos meses hubo una campaña de la derecha católica para que no firmara la reforma de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Incluso algunos pedían su excomunión si lo hacía… Naturalmente, firmó la ley que salió del parlamento.

En realidad la cosa es bastante tonta: se usan máquinas firmadoras desde hace mucho tiempo. En Estados Unidos desde la época de Jefferson. Las celebridades, las grandes empresas en las relaciones con sus clientes y las administraciones las usan para ganar tiempo. Hay un mercado notable en España y fuera de España.

Anecdotario procedente de un artículo de estos días:

– Nixon y Reagan tenían no menos de 26 y 22 tipos de firmas procesadas para su producción automática. En el caso de Reagan, con el nombre Ron o Dutch también, sus nombres de pila para la correspondencia más personal.

– El secretario de Vivienda de Reagan, Samuel Pierce, culpó a su secretaría por un uso fraudulento del «autopen» cuando fue acusado de financiación ilegal. Siendo vicepresidente, Quayle también invocó a su máquina firmadora cuando se vio que había «firmado» una carta que solicitaba enviar a una prisión mejor a un tipo que le había aportado fondos.

– Kennedy la utilizó de manera superextensiva. Hay incluso un libro de 1965, de Charles Hamilton’s: The Robot That Helped to Make a President.

– En sus memorias de 2004, Clinto escribe: «En 1996, los hijos de una de las hermanas de mi padre vinieron por primera vez a nuestra fiesta anual de Navidad en la Casa Blanca y me trajeron un regalo: la carta de condolencia que mi tía había recibido de su congresista, el gran Sam Rayburn, tras la muerte de mi padre. Es sólo una carta formal y corta y parece haber sido firmada con el autopen del momento, pero abracé aquella carta con todo el júbilo de un niño de seis años que recibe de Santa Claus su primer tren.»

– En 2004 se monta un lío en la Casa Blanca cuando se descubre que el secretario de Defensa Rumsfeld ha firmado con la máquina las cartas de concolencia enviadas a los familiares de soldados enviados a Afganistán e Irak. Al principio lo negó, y luego prometió no volver a hacerlo.

El siempre bien informado Michael Scherer, en la revista Time, describe así la firma de la Patriot Act por Obama, con un tono dramático:

La firmadora Autopen de Barack Obama nunca duerme. Y así, a diferencia del presidente, que fue levantado de una cama en un hotel en una villa turística de Francia recientemente a las 6 menos cuarto de la mañana para aprobar en el último minuto una extensión de la Patriot Act, la máquina nunca durmió. Al tiempo que los minutos se acercaban a las 12 de la noche del 26 de mayo en Washington, Obama escribió un documento que autorizaba una llamada inmediata del hotel a la Casa Blanca, donde, en una habitación no conocida en un edificio de al lado, el artefacto se puso en movimiento con su runrún. El bolígrafo palpó la Ley, y se hizo Historia: un robot convirtió un texto legal en Ley.

Chimpancés y políticos, sexo y poder

A propósito de Strauss Khan y otros presuntos violadores, Oscar Santamaría publica hoy en El Mundo un artículo muy interesante sobre la vinculación entre el poder y la testosterona. Como dice Tobeña en su libro Cerebro y poder, y hemos dicho por aquí, «el poder es cuestión de huevos». En el artículo original, recortado para la edición, se explicaba, me dice Oscar, que también en las mujeres el poder y el sexo están unidos hormonalmente. Importante aclaración.

La revolución no será televisada: Scott-Heron in memoriam

Ha muerto el sábado Gil Scott-Heron, el músico y poeta radical estadounidense de los años 60. Uno de los padres del rap y crítico acérrimo del consumismo y de la pasividad, su famoso poema «La revolución no será televisada» hoy tiene mucha actualidad como llamada a los jóvenes que creen estar haciendo una revolución televisada en las plazas de las ciudades españolas y europeas. «La revolución será en vivo», termina diciendo Scott-Heron en su poema más notable.

Ver el vídeo con subtítulos.

El nacimiento de la «homepage»

 

En los años 10, 20 y 30 del siglo XX, un tipo se subía al andamio o la escalera, y, en 140 caracteres o menos, ponía a la vista de todo el mundo las noticias que llegaban vía telégrafo primero, teléfono después. Miles se enteraban por esa vía. Era la puerta del Boston Globe. Hoy las sedes de muchos periódicos en muchos lugares muestran en tiempo real la evolución de las noticias de manera electrónica.

(La primera foto está fechada el 14 de abril de 1945, día de la muerte de Roosevelt; la segunda, muy anterior, es del 28 de octubre de 1925, durante una «retransmisión» deportiva. Estas y otras fotos preciosas aquí).

El Che y Bin Laden: cómo evitar la construcción del mártir, por Jorge Castañeda

Traducción del artículo de Jorge Castañeda en Time: «Grave Lessons: The death of Che Guevara sheds light on a tricky issue: how to avoid creating martyrs».

«Descubrieron su rostro, ahora claro y sereno, y desnudaron su pecho sacudido por 40 años de asma y meses de hambre en la selva del sureste de Bolivia. Luego lo tumbaron en la lavandería del hospital de Nuestra Señora de Malta, levantando la cabeza para que todos pudieran contemplar a la presa caída. Mientras le ponían en la losa de cemento (…) le pidieron a la enfermera que lo lavara, lo peinara y le recortara la barba rala. Para el momento en que comenzaron a desfilar los periodistas y ciudadanos curiosos, la metamorfosis había sido total: el hombre triste, vapuleado y desaliñado del día anterior era ahora el Cristo de Vallegrande … El ejército boliviano había cometido su único error después de la captura de su máximo trofeo de guerra. Había transformado al acorralado y resignado revolucionario… en la imagen mágica de la vida después de la muerte. Sus verdugos le había puesto un rostro al mito que daría la vuelta al mundo.»

Escribí estas líneas sobre la muerte del Che Guevara y las fotos de su cuerpo hace 15 años: en otro tiempo, otro lugar y sobre otra fotografía. Pero aquello puede ayudarnos a comprender el dilema que enfrentaron Barack Obama y Estados Unidos con respecto a una muerte diferente y una imagen que puede que nunca veamos. Una horrible imagen de una cara deformada y un cadáver no confirma nada; la fotografía de un cuerpo limpio y bien tratado, con los ojos abiertos, es prueba de muerte, pero crea un mártir. Con el tiempo, sabremos cuál era la mejor opción: la boliviana o la estadounidense.

Para los admiradores de Guevara, cualquier comparación entre el médico argentino y Osama bin Laden es odiosa; para los fieles de Al Quaeda y muchos otros, cualquier analogía entre su ídolo caído y un infiel comunista es peor que una herejía. Pero los interrogantes derivados de sus respectivas ejecuciones no son distintos.

Guevara fue ejecutado en octubre de 1967 porque no había ninguna solución a las complicaciones que habría supuesto capturarle vivo.  Mantenerlo en Bolivia acarreaba el riesgo de que miles de manifestantes cayeran como una tormenta en las embajadas de todo el mundo y que Fidel Castro enviara equipos de operaciones especiales para rescatarlo; no era una opción. Hacer que los Estados Unidos lo llevaran a la Zona del Canal de Panamá (el equivalente a Guantánamo) habría confirmado simplemente que Guevara estaba luchando contra el imperialismo, y no liderando un ejército boliviano de campesinos y trabajadores pobres.

Algo muy parecido parece haber sucedido en Abotabad. En primer lugar, como en Bolivia, e independientemente de las instrucciones o las intenciones, teniendo a bin Laden vivo habría creado un problema insoluble. Hay cuestiones jurídicas y morales implicadas, pero también preguntas realistas sin buenas respuestas. Si se le hubiera apresado con vida, ¿dónde se le juzga? ¿En Estados Unidos? ¿En Nueva York que no admitió un juicio contra Khalid Sheikh Mohammed? ¿Quién lo habría juzgado? ¿La Corte Penal Internacional, a la que Estados Unidos no pertenece? ¿Un tribunal paquistaní? Todas las contradicciones del proceso de Guantánamo se han reproducido, pero con creces. Por muy debilitados que estuvieran bin Laden y Al Qaeda no habría habido escasez de devotos en todo el mundo musulmán y en otros lugares para protestar o para tomar rehenes estadounidenses y pedir la liberación de bin Laden.

Entonces habría llegado el problema del cuerpo. Incluso después de que Al-Qaeda ha reconocido la muerte de bin Laden, los incrédulos persisten. La mejor manera de desacreditar el escepticismo sobre su muerte sería mostrar las fotografías. Pero hacer con él lo mismo que la CIA y el ejército boliviano hicieron con Guevara casi 45 años antes hubiera sido el mismo hito contraproducente: darle a Osama bin Laden una imagen limpia, serena y ejemplar, perfecta para el martirio.

La analogía se puede llevar un paso más allá. Los bolivianos han estado 40 años pidiendo que el cuerpo de Guevara se incinerara con el fin de evitar la aparición de un mausoleo de ningún tipo. Pero lo cierto es que, según los cubanos, no fue incinerado en absoluto. Sus restos fueron recuperados cerca de un cementerio en Vallegrande y trasladados a Cuba en 2007, donde se contruyó una capilla para alojarlos. Los estadounidenses echaron a bin Laden al mar por muchas razones, pero sin duda una de ellas fue la necesidad de garantizar que no haya ningún santuario, ningún lugar de encuentro, ninguna ubicación en su memoria. 

La decisión de Estados Unidos puede no haber tenido nada que ver con esta especulación histórica; nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es una lección que aprendimos hace casi medio siglo: que la mejor manera de evitar que haya una efigie del martirio es que no se disponga de la base material para ello. Pero hay un inconveniente en el hecho de que no haya cara, cuerpo o imagen: para los ojos de muchos, no hay prueba suficiente de su muerte. Escepticismo frente a glorificación: no es una elección fácil.

Castañeda, profesor emérito de la Universidad de Nueva York, es autor de La vida en rojo, una biografía del Che Guevara

El cuestionable efecto revolucionario de Twitter

Decía aquí hace unos días, que te presentaría un estudio con evidencia empírica de que Twitter tuvo un efecto muy limitado en las revueltas de la Primavera Arabe en Oriente Medio y el Magreb. Por supuesto, todos sabemos el truco: dices que los nuevos medios están generando una revolución, y los medios tradicionales caen fascinados y lo cubren, lo cual alimenta a los nuevos medios, y eso alimenta a los medios tradicionales y eso a los nuevos medios, y así en una cadena…

Pero, efectivamente, el estudio, que puedes ver aquí, demuestra que la inmensa mayoría de la actividad en Twitter sobre los países árabes (Egipto, Túnez, Libio, Bahrein, Yemen, Jordania, Siria…) fue producida desde el exterior. Es posible que en parte por gente de la diáspora de cada uno de esos países, pero desde fuera. Twitter no respondía masivamente a lo que pasaba allí, sino a lo que los medios tradicionales decían en otros países que pasaba allí. En los gráficos que puedes ver en el estudio, se observan los picos de acción en respuesta desde otros países a los eventos principales, como la dimisión de Mubarak o la toma de la residencia de Gadafi y el discurso de su hijo.

Enseñanzas electorales (España, mayo 2011)

Algunas serán contraintuitivas, pero aquí están mis reflexiones:

El PP no arrasa sociológicamente. Las elecciones se juegan en forma de porcentajes y se evalúan en términos de poder. En ese sentido el PP nos deja un mapa azul y ha ganado con toda rotundidad las Elecciones locales y autonómicas. Pero cuidado: el PP pasa de 7,9 millones de votos en las municipales de 2007, a 8,5 en éstas: es decir, tiene 600.000 votos más. No está mal, desde luego, pero no es una revolución.

El PSOE, sociológicamente herido. Es la caída de 1,5 millones de votos del PSOE lo que ha producido la debacle. Los socialistas pasan de 7,8 millones, a 6,3. ¿A dónde han ido? Habrá que esperar al postelectoral del CIS (un mes como mínimo) pero ya podemos adivinar que 200.000 se han ido a IU (eso es lo que ganan ellos, y es improbable que esos nuevos votantes vengan de otro lado) y unos cuantos a UPyD (que obtiene medio millón de votos). Añadamos una miríada de pequeños partidos locales, y ya está hecha la ecuación.

Socialistas aburridos y populares encendidos. Según parece, la abstención ha sido mayor en los distritos típicamente rojos, y menor en los típicamente azules. Muy probablemente los 600.000 votantes nuevos del PP hayan salido en su mayoría de la abstención. Y muy probablemente, puesto que la participación global ha sido muy parecida, el PSOE haya dado unos 600.000 desencantados a la abstención.

Las mayorías las sigue marcando el millón y medio de votantes progresistas de siempre. En efecto, una vez más, es la capacidad o no de encantamiento de la izquierda (por si sola o como reacción ante una derecha más o menos antipática) la que da o quita las mayorías. El PP sigue mantiendo un suelo relativamente estable.

¿Dónde está el efecto de los indignados? Mucho van a tener que twitear para explicarlo. Ojalá lo consigan, pero les va a costar mantener la capacidad de convocatoria. Los medios hoy irán abandonando poco a poco la Puerta del Sol y se irán a ver qué hace el PSOE y qué se cuece en los partidos.

Hay un mandato de giro a la izquierda. A mi me parece clarísimo que el PSOE perdió aquel día de hace un año, en el que Zapatero anunció los «recortes», dejándonos a todos con los ojos abiertos. Y siguió perdiendo con la foto del Ibex 35 y con sus apelaciones a la «prima de riesgo» y a «los mercados».

Con ETA fuera, 300.000. Bildu ha triplicado los típicos 100.000 votos de los abertzales. Quien no quiera oir la señal de que, con ETA paralizada, los vascos están por dejar que los independentistas se expresen pacíficamente, es que no quieren oír. (Lamentables los gritos de los cachorros populares ayer contra Bildu en la calle Génova).

Nada está perdido ni ganado en las Generales. No se olvide: el PSOE tiene ante sí el cambio sí o sí, con una nueva candidatura. Eso será un factor determinante en la nueva configuración electoral. Mi sensación es que la gente progresista no quiere pragmatismo, sino valentía. Pero es sólo una sensación…

15M: maravillosa «Revolución express»

Pobres sindicalistas. Se han dejado las horas en las mesas de negociación con empresarios. Muchos de ellos han perdido dinero y tiempo convocando y participando en huelgas contra las reformas. Padres y madres de familia, muchos en paro o con salarios bajos, sufriendo las consecuencias del dominio de la banca y la especulación en la vida de la gente. Convocaron a cientos de miles en las calles… Y ahora vienen unos cuantos miles de chavales y les roban el escenario, gracias a la fascinación de los medios de comunicación por lo festivo, lo horizontal y lo distinto. Y gracias al componente festivo de las protestas, tan atractivo para los jóvenes.

¿Qué harán dentro de una o dos semanas? Pasarán los camiones de basura y lo dejarán todo limpito. Los chavales se irán a su casa y no quedará nada. Si algo quedara, será una plataforma que se instalará en el sistema: quizá serán recibidos por el presidente del Gobierno y por el líder de la Oposición, y poco más. Aún así, bienvenidos a la revolución express, jóvenes y mayores: hacía falta la protesta, la indignación, la pura expresión de queja porque la economía mande en la gente y no la gente en la economía. Es sano, muy sano, retomar la narrativa de «los débiles frente a los poderosos».

¿Qué hay de original en sus demandas? No mucho, pero gracias a ellos se multiplica su impacto. Todas sus reclamaciones están ya en decenas de manifiestos, programas electorales y plataformas previas. Contra la Ley Sinde, por la Tasa Tobin o similar, por la educación y la sanidad públicas, por el transporte barato, por la reforma electoral… Quizá si hicieran una memoria económica de sus propuestas lo verían de otra manera, por otro lado. Pero lo cierto es que han actuado, están actuando, como un altavoz mundial de lo que antes estaba disperso y acallado.

¿Similitudes con las revueltas en Oriente Próximo y el Magreb? Por dios, un respeto. Allí murió un tipo quemado a lo bonzo, había unos dictadores que ahora están escondidos, se enfrentaron a los tanques y las pistolas, y de allí surgió una guerra con participación internacional. Estos jóvenes más o menos acomodados (urbanos, formados, estudiantes de unos veintitantos y con menos paro que en la media nacional, según análisis de El País de hoy), son la expresión lúdica de un cabreo y una indignación comprensible y lógica, pero más lúdica que militante. Pero merecen un respeto: podrían estar haciendo botellón y están haciendo algo necesario y estimulante.

Habrá cientos de miles mañana y pasado. Claro, tampoco es difícil: vas por allí y te tomas una cerveza al sol de primavera. Nadie se atreverá a desalojarlos. Sería un suicidio político para quien lo hiciera. La gente bailará y disfrutará de la idea de sentirse protagonista de algo por un rato. Revolución express y barata. Hay que leer Join the Club.

El aviso es al Gobierno, claro: Las demandas son progresistas. Los participantes son progresistas en su mayoría. Pero el Gobierno no supo o no pudo responder a esa épica de «la gente contra los poderosos». Seguramente algo tendrá que ver tener que dar explicaciones a 27 socios de los que 22 son conservadores, y también que quienes han prestado dinero a España, al final, son unos tipos sentados en torres en Manhattan o en Londres o en Pekín.

¿Twitter? Si no fuera porque los medios han cubierto profusamente las concentraciones, en la Puerta del Sol habría ahora cincuenta como mucho. ¿Se habrán dado cuenta todos los defensores de los «medios alternativos», que sus datos y sus sistemas de comunicación están en manos de dos empresas privadas propietarias de Twitter y Facebook? ¿Sabrán que Twitter eliminó tras las revueltas árabes los archivos de tráfico para que no pudieran analizarse? Harían bien los manifestantes reclamando también su privacidad y el derecho a un espacio público de expresión en la red.

(Un estudio reciente que traeré aquí en breve, demuestra el papel ridículo que en realidad jugó Twitter en Oriente Próximo, más allá del siempre atractivo argumento periodístico de su utilización).

Efecto nulo en las Elecciones, a menos que el PP se empeñe. Si el PP se empeña en que se desaloje aquello, y en increpar al Gobierno por no hacerlo… ellos sabrán. La extrema derecha y El Mundo parece que van por ahí. IU subirá en voto, pero eso ya estaba detectado desde antes.

Benditos los jóvenes que, aún en forma express, nos dicen que hay espacio. Sí, son alevines al lado de sus hermanos revolucionarios de otros tiempos u otros lugares. Pero esos jóvenes han decidido lanzar al mundo un mensaje de que ya está bien que manden los bancos, los políticos apoltronados, mentirosos y cobardes, y las instituciones inútiles. Sólo por eso, fuerza en la lucha, amigos.

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