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Tazas «certificadas», humor en campaña

Me escriben una vez más los demócratas de Estados Unidos. Y me ofrecen una taza (o una camiseta) con la foto de Obama, el certificado de nacimiento grabado atrás, y la leyenda «Made in the USA». En el correo se refieren en tono de humor al libro del «conspiranoico» Jerome Corsi, «Where’s the Birth Certificate?», que se pone en venta en estos días. Como ellos mismos dicen, es difícil evitar la teoría de la conspiración con la fuerza de los datos y los hechos, pero «al menos podemos divertirnos un poco con estas ridículas falacias».

2012
Luis –Let me introduce you to Jerome Corsi.This week he released a new book that the publisher says will be a bestseller «of historic proportions.»

The title is «Where’s the Birth Certificate?» — yes, really.

Corsi’s work is a greatest-hits reel of delusions, ranging from 9/11 conspiracies to claiming that there is an infinite supply of oil in the Earth’s core. In 2008, he published a book about Barack Obama claiming, among other things, that he (a) is a secret Muslim; (b) is secretly anti-military; (c) secretly dealt drugs; and (d) secretly supported terrorist actions when he was eight years old. So many secrets!

FactCheck.org called Corsi’s work «a mishmash of unsupported conjecture, half-truths, logical fallacies and outright falsehoods.»

There’s really no way to make this stuff completely go away. The only thing we can do is laugh at it — and make sure as many other people as possible are in on the joke.

So let’s just do this — get your Obama birth certificate mug here:

Get your limited-edition mug

https://donate.barackobama.com/USA-Made-Mug

Last year, the President said, «I can’t spend all of my time with my birth certificate plastered on my forehead.»

This is about as close as we can get.

If the facts can’t make these ridiculous smears go away, we can at least have a little fun with it.

And then we’ll get back to the important work of supporting the President as he tackles real problems like high gas prices, the deficit, and unemployment.

Thanks,

Julianna

Julianna Smoot
Deputy Campaign Manager
Obama for America

P.S. — Mug not your thing? How about a T-shirt?

Paid for by Obama for America
Contributions or gifts to Obama for America are not tax deductible.
This email was sent to: l.arroyo@asesoresdecomunicacionpublica.comUpdate address | Unsubscribe

Cómo resultar más persuasivo al hablar: tres recomendaciones

Hablar moderadamente rápido, con pausas frecuentes y sin demasiada animación, es la manera de persuadir mejor a la gente en lo que respecta a la voz.  

Eso es lo que explica un estudio del Institute for Social Research de la Universidad de Michigan, que se presentó el pasado día 14 en la reunión anual de la Asociación Americana para la Investigación de la Opinión Pública (AAPOR). Se analizaron 1.380 llamadas telefónicas que trataban de persuadir a la gente para que participara en una encuesta. Los entrevistadores eran 100, tanto mujeres como hombres. Se registró el tono, la velocidad y la cadencia.

Del estudio podemos extraer tres recomendaciones sobre la llamada «prosodia» (la combinación de volumen, tono y ritmo):

1. Hablar a un ritmo de unas 3.5 palabras por segundo, 210 por minuto. Este es un ritmo moderadamente rápido. Un ritmo pausado es de unas 130 o 150 por minuto, y, en contra de lo que yo mismo he defendido hasta ahora, esa velocidad es demasiado lenta según el estudio. Hablar demasiado deprisa atiborra a quien escucha y da sensación de demasiado ímpetu. Hablar demasiado despacio de torpeza o de arrogancia.

2. Hacer pausas a menudo. Hacer pausas frecuentes imprime credibilidad y eficacia. Lo natural es parar como unas cuatro o cinco veces por minuto. Con menos pausas no dejas digerir el discurso y, además, pareces demasiado sometido a un texto, demasiado «guionizado». El silencio es sonido también, y su uso puede ser fundamental en la comprensión de lo que se dice.

3. Tono no demasiado animoso ni estridente. Los hombres que hablaban con tono alto persuadieron menos que los que tenían un tono bajo. Con las mujeres no se percibieron diferencias significativas.

(Más recomendaciones en este viejo post:  «Cómo dar discursos como Kennedy»).

Las claves de la campaña española en su ecuador

Quedan siete días de campaña para las Elecciones Locales y Autonómicas en España. Algunas claves, buena parte de ellas contenidas en el estupendo artículo de Oscar Santamaría en la revista Man de este mes:

– No es una campaña nacional, como pretende el PP, pero lo nacional (especialmente la crisis) afecta al elector, como no quisiera el PSOE.

– Los resultados de unas locales no determinan para nada los que luego se ven en las generales. Ha habido locales en las que ganó en número de votos quien luego perdió en las generales, y también lo contrario.

– Internet ya está amortizado: no se juega nadie nada en Facebook ni en Twitter, aunque haya que estar.

Y yo añado:

El PSOE es mejor siempre en campaña: tiene más talento, más masa crítica, más tradición. Las campañas le van bien al PSOE.

La corrupción no va a pasar factura alta al PP, pero tengo la sensación de que es más bien por la ausencia de alternativas potentes.

– De tanto abusar de la crisis como tema de campaña, el PP se arriesga a pasar por antipatriota, algo que el PSOE ya está aprovechando.

– La retirada de Zapatero fue inteligente y oportuna. Demasiado tarde, para mi gusto. Ha dejado al PP con un argumento mucho más débil. Quienes pensaron que el PSOE entraría en primarias antes de tiempo, se equivocaron. Los dos posibles candidatos, y los demás, han mantenido un exquisito respeto por los tiempos.

La política «cuestión de huevos». Reedición a propósito de Strauss-Khan

Escribí aquí hace meses que la política, según el libro de Adolf Tobeña, es «cuestión de huevos».

La fuerza selectiva última que conduce a los chimpancés machos a sus intentos agresivos de mejorar su estatus debería ser la maximización de su potencial reproductivo a costa del de sus competidores…

Así escribe Jane Goodall a propósito de los chimpancés, y así lo cita Arnold Ludwig en King of the Mountain (página 50), para hablar de la promiscuidad de los políticos macho. Según su minuciosa cuenta, el 87 por ciento de los «·monarcas» son promiscuos. El porcentaje suma entre los tiranos (95%) y baja pero se mantiene muy alto, entre los visionarios (72%), autoritarios (54%), transicionales (64%), y demócratas (40%). En su censo de gobernantes del siglo XX, Ludwig detecta una impresionante propensión a la infidelidad entre los líderes mundiales de todo tipo.

Al final vamos a ser tan animales como los monos… o menos: yo no sé si los monos van por ahí violando a monas… Dicho con respeto por la presunción de inocencia que asiste al director del FMI.

Obama en Internet, antología

La mejor presentación (120 diapositivas) que he visto de la hipercitada campaña 2.0 de Obama. Después de tantas cosas dichas, más o menos reales e inteligentes, este resumen está muy bien.

La mejor campaña de la historia – Un estudio del caso.

Cómicos en campaña

En estas elecciones locales y regionales en España hay algunas candidaturas más o menos cómicas: el partido Ciudadanos en Blanco, que pretende que la gente no vote en blanco para que el voto en blanco sea computado. No sé… me produce un sentimiento contradictorio este preciosismo democrático… O, por supuesto, los fascistas, que, como son pocos pero mal avenidos, van divididos en una miriada de partidos ridículos, como la Falange, la Falange Española, la Falange Auténtica, o la Falange de las JONS… (búscate tú las páginas, no cuentes conmigo en eso…). Básicamente lo mismo, claro: nacionalismo, racismo, etc. Mejor que se mantengan ahí, cada cual en su pisito.

Ninguno le llega ni al talón al gran comediante de la política, que fue el genial Pat Paulsen, un humorista estadounidense que se presentó a las elecciones en varias contiendas entre 1968 y 1996, simplemente por hacer el ganso (aunque algunos votos obtuvo…).

 Algunas de sus frases fueron:

  •  
    • «Todos los problemas que enfrentamos en Estados Unidos tienen su origen en la poco brillante política de inmigración de los nativos indios». 
    • «No me presentaré si soy nominado y si soy elegido no seré presidente».
    • Su eslogan de campaña: «He elevado mis exigencias. Ahora, eleva las tuyas».
    • Y otro: » Si soy elegido, ganaré». 
    • «Lo único a lo que debemos tener miedo es al miedo mismo… y por supuesto al hombre del saco».
    • «Si el ala derecha o el ala izquierda se hicieran con el control del país, probablemente volarían alrededor en círculos».
    • «No soy ni del ala derecha ni del ala izquierda. Soy más bien de pechuga».
    • «La marihuana debería ser legalizada y puesta a salvo de los adolescentes. Es demasiado buena para ellos.»

Hay unas imágenes muy divertidas de Paulsen como candidato en este programa reportaje: Parte 1; Parte 2; Parte 3; Parte 4; Parte 5; Parte 6.

El New Yorker publica un artículo sobre los humoristas en las campañas en Estados Unidos, que toma como última y genuina incorporación al comiquísimo Donald Trump, que no va tan en broma como Paulsen.

Usted puede ser tertuliano

LIBROS - USTED PUEDE SER TERTULIANO: ESPAÑA A TRAVES DE SU TELEVISION

Javier Valenzuela acaba de poner en las librerías su libro Usted puede ser tertuliano: España a través de su televisión. Promete ser un divertido e ilustrativo recorrido por las frases más destacadas de nuestra historia reciente. Javier es un hiperperiodista, hoy en El País, y tertuliano (sabe de lo que habla, pues) en varios medios de comunicación en España. Javier tiene una amplísima trayectoria internacional, que incluye haber viajado con el presidente Zapatero durante año y medio como director de información internacional en Moncloa. De allí salió Viajando con ZP, una crónica sobre los viajes oficiales del presidente español, como excusa para hablar de su política exterior en los comienzos de su presidencia, desde 2004 a 2006 aproximadamente.

Por encima de todo, Javier es un amigo increíblemente divertido, culto e inteligente.

Aquí la nota sobre el libro:

España a través de su televisión: ¿Quién es quién? Y las cuarenta principales de nuestras frases televisivas inolvidables.

Historia de los útimos treinta años de España a través de la imágenes más impactantes de TV.

En las extraplanas de las casas o en las más pequeñas de los móviles, portátiles y tabletas, los españoles vemos hoy más televisión que nunca. La tendencia iniciada hace medio siglo continúa imparable y, para la gran mayoría de nosotros, la tele es la principal fuente de información, opinión, entretenimiento y publicidad. Del “Franco ha muerto” de Arias Navarro al “¿Por qué no te callas? del rey Juan Carlos, de la exhuberancia de Sabrina a la nariz de Belén Esteban, de la borrachera de Fernando Arrabal al beso de Iker y Sara tras la victoria de La Roja, pasando por el corazón, las tertulias y los debates, Javier Valenzuela da cuenta —sin prejuicios antitelevisivos y, en muchas ocasiones, en clave de humor— de la apasionada relación de la España democrática con su televisión. Un medio que, de reflejo de nuestra plural realidad, ha pasado a ser —como bien analiza el autor— forjador de esa misma realidad. Usted puede ser tertuliano también puede leerse, su parte práctica e irónica, como un manual, a contracorriente, de cómo dar bien en nuestra querida pantalla cotidiana.

Certificado contra la idiotez

¿Por qué Obama publicó su certificado de nacimiento sabiendo que no va a convencer a nadie más ni de una cosa ni de la contraria? Aquí lo explico, en un artículo publicado hoy domingo en Público, que te dejo en versión algo más larga que hubo que recortar:

Certificado contra la idiotez

Donald Trump sólo ha añadido unos cuantos grados más al esperpento que Obama involuntariamente protagoniza desde hace ya casi tres años. El 12 de junio de 2008, en plena campaña presidencial, su equipo tuvo que mostrar el certificado de nacimiento del candidato, en la versión corta que actualmente emiten las autoridades de Hawai, para demostrar que había nacido en Honolulu, y no en Kenia como algunos afirman. Aún hoy puede verse en aquella vieja web,www.fightthesmears.com, la respuesta a ésta y otras tonterías que se decían contra el improbable candidato Barack Hussein Obama, como que no era cristiano sino musulmán, o que tenía una estrecha relación con el incendiario pastor Bill Ayers, o que odiaba y escondía la bandera de Estados Unidos.
Desde entonces la cifra de creyentes no ha cambiado casi. Siempre ha sido aproximadamente un 20 por ciento del conjunto de la población, y un 40 por ciento de los votantes o simpatizantes republicanos, quienes con toda seguridad o con dudas, que viene a ser lo mismo, consideran que su presidente no nació en Estados Unidos, es decir, que es un presidente ilegítimo. El movimiento «nativista» (de los «birthers», como allí se les denomina), ha sido animado por un grupo nada despreciable de agitadores: políticos republicanos como Sarah Palin, Newt Gingrich o Mike Huckabee entre otros muchos; presentadores y tertulianos estrella de la radio y la televisión ultraconservadora, como Sean Hannity o Rush Limbaugh (las emisoras y canales de la Fox, del Grupo News Corporation que dirigen Rupert Murdoch, José María Aznar y otros 15 miembros de su Consejo de dirección, son el gran altavoz); también celebridades como Chuck Norris o Charlie Sheen.
Es imposible que la Casa Blanca no sepa que es inútil tratar de convencer a los creyentes en las conspiraciones. Uno de los más reconocidos expertos en la materia, el profesor Cass Sunstein, autor del librito Rumorología, trabaja allí como director de la Oficina para la Información y Asuntos Regulatorios. El profesor Sunstein explica que cuanto más tratas de evitar que una teoría de la conspiración se asiente, más se refuerza entre los devotos. Un buen número de investigaciones (en buena parte resumidas en el artículo académico titulado «When corrections fail: the persistence of political misperceptions» de los profesores Brendan Nyhan y Jason Reifler) explican que, ante las refutaciones, los creyentes se refuerzan en la creencia: «¿ves?… si hasta el propio presidente tiene que explicarse es que algo hay…»; «el certificado es falso, y falso seguirá siendo por mucho que lo muestren..»; «todo esto no es más que la prueba de que hay poderes ocultos ahí arriba capaces de todo»…
La dificultad en el desmentido de los rumores y las teorías de la conspiración (aún hoy muchos creen que el hombre no llegó a la Luna, que a Kennedy lo mató la CIA o que hay un «imperio invisible» que gobierna el mundo), está en un mecanismo mental descubierto hace décadas por los psicólogos, que llamamos «disonancia cognitiva»: cuando nos presentan datos que contradicen lo que creemos, buscamos excusas para que nuestra visión del mundo se mantenga. La mayoría de la gente no lee varios periódicos para buscar el punto de equilibrio, ni cambia de tertulia de radio buscando la verdad de las cosas, ni contrasta datos… La mayoría busca cada día hechos que confirman sus posiciones, y si encuentra datos que las desmienten, entonces olvida los datos o los cuestiona, aunque sea apelando a fuerzas y conspiradores misteriosos.
Jonah Lehrer, autor del superventas How We Decide, lo explica bien: «Aunque creemos que tomamos decisiones políticas sobre la base de los hechos, la realidad es mucho más sórdida. Somos máquinas de afiliación, y editamos el mundo para que afirme nuestras ideologías paritidistas.» Podría pensarse que cuanta más información tiene uno o una, más se sabe de los asuntos y más se resiste ante la desinformación, de manera que una sociedad de ciudadanas y ciudadanos más informados debería tener un conocimiento más preciso de los asuntos públicos. Pero lo cierto es que no es así. Un estudio reciente de la profesora Kimberly Nalder («The paradox of Prop. 13: The informed public’s misunderstanding of California’s Third Rail») explica que un 41 por ciento de los ciudadanos de California cree que el mayor gasto público allí se destina al mantenimiento de las prisiones, y sólo un 21 por ciento cree – correctamente- que se dedica a la educación; y que esos porcentajes son todavía mayores entre los más informados, no entre los menos. Haber vivido largo tiempo en California y seguir de manera más intensa la información política, sólo reconfirma la extendida – pero incorrecta – opinión de que las cárceles son un gasto inasumible para el Estado.
  Aquí en España, la insistencia en la teoría de la participación de ETA en el 11M ha tenido un efecto más o menos constante, desde las primeras mediciones en 2004, en el 20 por ciento de la ciudadanía. Aquí, como en Estados Unidos, la teoría de la conspiración suele esconderse cobarde bajo la exigencia de «querer saber la verdad», o «aún no lo sabemos todo», o «si fue así que muestren las pruebas». En una de sus últimas apariciones, Trump, que se ha mostrado dispuesto a competir como candidato presidencial, dijo simplemente que era «un poco escéptico» con el nacimiento de Obama, y que cualquier ciudadano que pensara como él, y que como él exigiera la dichosa partida de nacimiento, no podía ser despreciado como un simple «idiota». Aquí, la encuestadora que le hace los trabajos al diario que más ha extendido la teoría de la conspiración sobre la autoría del 11M, preguntaba recientemente si «sabemos toda la verdad sobre el 11M». ¿Qué querrían decir El Mundo y Sigma Dos con «toda la verdad»? Las teorías de la conspiración se extienden a fuerza de generar dudas y exigir las pruebas ad infinitum. Trump, después de que Obama le diera el certificado de nacimiento, ya le ha pedido el título de Harvard. Otros terminarán por pedirle hasta las facturas de la luz de su apartamento de juventud en Chicago. Esas insidias, que afirman o insinúan, tienen un efecto de refuerzo, paradógicamente, entre quienes más siguen las tertulias de radio o de televisión que las propalan, y son más bien inocuas entre quienes están más desmovilizados o menos motivados para seguir la información política.
¿Por qué, entonces, Obama se tomó la molestia de solicitar su certificado completo en papel, pidiendo a las autoridades de Hawai que hicieran con él una excepción, y se esforzó luego en mostrarlo y en contestar personalmente, el día 27 de abril, a las imprecaciones de Trump?
La campaña de los demócratas para la reelección acaba de empezar: yo ya he recibido un correo del propio presidente pidiéndome dinero, como lo habrán hecho las dos decenas de millones de personas que están en sus listas de correo. Es probable que la decisión del presidente tenga sentido no como un intento de convencer al pueblo americano de su nacionalidad – las opiniones llevan sin cambiar como hemos visto tres años – sino como un intento de narrar y escenificar dos cosas al mismo tiempo.
Primero, que no se calla y planta cara. El recuerdo de Gore y de Kerry, aquellos extraordinarios candidatos que prefieron no responder a las bobadas de los republicanos y por ello parecieron a muchos débiles y sin criterio, sigue vivo en la memoria de los progresistas estadounidenses.
Segundo, que el otro lado está lleno de cretinos que no tienen otra cosa de la que hablar. Desde un punto de vista electoral, en efecto, a Obama le interesa que se hable de su partida de nacimiento y de otras tonterías, porque eso refuerza a los suyos y constata el peligro de los extremistas y paranoicos. Karl Rove, el listo de los republicanos, advirtió en febrero que seguir con el asunto puede ser «caer en la trampa de la Casa Blanca». A mi me parece que Rove acierta.

Americanos y yihadistas jugando a matarse

Me siento orgulloso de ser español. Aquí el mismo Osama bin Laden que mataron la semana pasada reivindicó también el mayor atentado de la historia de Europa, que mató a 192 ciudadanos el 11 de marzo de 2004. Y la gente no ha salido a la calle a celebrar la muerte del villano.

Por lo que nos distingue del imperio es por lo que aquí en Europa seguramente no tendrían tanto éxito juegos de ordenador en los que se simulan batallas en escenarios y con personajes de nombre real.

Este sábado, Kuma, muy conocida ya por haber creado juegos en operaciones contra Saddam y contra bin Laden, pone en el mercado un juego, Kuma War Episode 107,  en el que se simula la operación estadounidense que dio muerte a bin Laden. «Invade su mansión, mata a sus guardias, no esperes que salga pacíficamente…» dice la publicidad.

Los yihadistas también tienen en el «mercado», como mínimo, un juego en el que se mata a soldados estadounidenses, y que termina con la muerte de Bush si el usuario es habilidoso en el manejo de sus armas. De calidad más bien penosa, el juego, tal como se ve en este vídeo, pone los pelos de punta, pero no menos que los de los colegas estadounidenses.

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Explosión «patriótica» a cuenta de bin Laden

GOT HIM! (BIN LADEN IS DEAD)

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Han tardado horas los fabricantes de camisetas (20 dólares), tazas ($15), abrigos para perros ($18), gorras ($15), corbatas ($35) y demás baratijas en celebrar la muerte de Bin Laden a través de una oferta numerosa de productos de gusto dudoso.

Como explica a USAToday el antropólogo Grant McCracken, autor de Chief Culture Officer: How to Create a Living, Breathing Corporation  «la gente lleva estas cosas para infligir la indignidad final a bin Laden; y 25 dólares no es mucho dinero para ganarte un puesto en el acto nacional de ponerle en ridículo.»

Esta explosión de júbilo colectivo tiene efecto, por tanto, en la cultura popular, pero su origen está en la neurología (la venganza es dulce, literalmente: satisface ciertas zonas del cerebro como lo hacen el sexo, las drogas y el rock&roll) y en la sociología (la muerte de bin Laden es el cierre de una narrativa colectiva que comenzó brutalmente con el ataque a las Torres Gemelas).

El efecto de congregación en torno al acontecimiento de la muerte del malo por el superhéroe, tan americano, se percibe en la audiencia millonaria que tuvo el discurso de Obama anunciando la operación. Con 56 millones y medio de estadounidenses (habría que añadir la gente de otros países) mirando la televisión en directo el domingo por la noche, el breve discurso de nueve minutos del presidente fue el más escuchado de su mandato.

Según las encuestas, la mejoría en la valoración de Obama es sólo relativa. Algunos datos favorables: el 93 por ciento aprueba la operación militar; el porcentaje que cree que Obama es un lider «fuerte y con decisión» ha subido cinco puntos, hasta el 58 por ciento. Otros datos más modestos: La aprobacion sólo sube un punto, cuatro todo lo más. Cuando en 2003 Bush anunció la captura de Sadam, su aprobación aumentó ocho puntos. Algunos esperan que se produzca un efecto mayor de «cierre de filas» (rally round the flag), que eleve su puntuación en los próximos días.