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Los cagarrones de la década en Estados Unidos

En una presentación excelente, Newsweek revisa los errores tácticos más notables de la década que ahora termina. Varios son errores de pura comunicación política. En orden retroactivo:

1. McCain anuncia la suspensión de su campaña y del debate presidencial. 24 de septiembre de 2008. Con gesto grave el candidato republicano anuncia que suspende su campaña para correr a Washington para contribuir a la solución de la crsis financiera del verano. El resultado del viaje es literalmente ridículo, y finalmente McCain  vuelve a la campaña y comparece para el debate.

2. «Misión Cumplida». George Bush llega vestido de militar al portaviones de guerra Abraham Lincoln, y anuncia que la misión se ha complido, con un imponente cartel detrás del atril. Seis años después, la Guerra de Irak continúa.   

3. Kerry prefiere no contestar a las mentiras sobre su trayectoria militar. Héroe condecorado en Vietnam y hombre con un pasado intachable de servicio, John Kerry prefirió sin embargo no contestar personalmente a las acusaciones del bando de Bush en la camapaña de 2004, en boca de supuestos veteranos de Vietnam que cuestionaron su liderazgo y su valentía. El tipo que no había siquiera hecho el servicio militar, probablemente por ser hijo de quien era, al calor del miedo agitado por el 11S, logra que Kerry aparezca ante muchos comoun veleta indeciso, débil y sin carácter.

4. Bush sobrevuela Nueva Orleans sin tomar tierra. Con miles de ciudadanos flotando en el agua con sus casas inundadas y otros cientos saqueando tiendas, generando imágenes que recorrían el mundo, Bush decide ir en el helicóptero presidencial, se asoma a la ventana, y ni toma tierra. Constató así lo que ya se intuía: que el presidente no tenía ni idea de qué hacer en tales circunstancias, después de haber nombrado a un impresentable sin experiencia alguna como responsable del aparato de respuesta de crisis del Gobierno de EE.UU.

Las «velinas» o la mujer como jamón: el impacto cultural del viejo Silvio

¿Será que Sivio Berlusconi, con un control del 90 por ciento de la televisión italiana, ha cambiado primero la cultura del país, para luego sacar beneficio político del cambio? Así lo explica Carla Power en un artículo en la revista Time. Y es muy verosímil lo que dice.

El primer ministro italiano, aún con mayor aprobación en su país que Zapatero en España, por poner un ejemplo, lleva mucho más tiempo en la televisión que en la política. Y ha ido construyendo una imagen lamentable de la mujer, que ha impregnado la cultura italiana. Son las velinas o schedine, guapas show girls que visten poca ropa, bailan un poco y dicen menos aún (una muestra un tanto chusquera del gusto berlusconiano tuvimos en España con sus Mama Chicho).  

El caso es que con el paso del tiempo, las chicas de Milán, según una encuesta reciente, quieren ser velinas en primer lugar. Recientemente Berlusconi decidió incluir a alguna de ellas en las listas al Parlamento Europeo, y es conocido que la mismísima ministra de Igualdad del Gobierno de Silvio, Mara Carfagna, fue velina antes. Para los (pocos) defensores serios de esta corriente, para las jóvenes mujeres es cuestión de pragmatismo: esas chicas se encuentran con facilidad con futbolistas y otros profesionales, y pueden hacer dinero fácil con la relación; o con un poco de apoyo de Papi Silvio, pueden ser diputadas o ministras. Antes las jóvenes querían ser abogadas o científicas. Ahora lo pragmático e inteligente parece ser utilizar el cuerpo para llegar arriba. Ese es el cambio que parece haber operado en cierta parte de Italia.

Aunque la izquierda italiana está rota como nunca, hay ya gente lamentándose y protestando por este impresentable tratamiento de la mujer, en manos de un personaje que a muchos nos produce vergüenza ajena.

Impresionante el trabajo solitario y voluntario de Lorella Zanardo, una consultora y directiva de Unilever, que ha decidido hacer su propio vídeo (aquí en su primera, segunda y tercera parte), para mostrar la imagen que ofrece la televisión italiana de la mujer. No te pierdas la última secuencia del vídeo, en la tercera parte desde el minuto 7:10, procedente de un programa de Mediaset, el conglomerado de Papi Silvio: una mujer colgada literalmente entre jamones.

Rita, una amiga calabresa con quien cené en Santo Domingo el viernes, que ahora trabaja en Naciones Unidas allá, me contaba que se sentía exiliada de su propio país, por la triste situación en que lo está dejando el primer ministro. Prefiero la dignidad de mi Gobierno en España, a la basura que cada día ofrece ese tipo pintoresco con la cara acartonada.

Narrar el mal

Así, Narrar el mal (Gedisa), se titula el libro de María Pía Lara, de México, una excelente reflexión (filosófica y muy profunda, pero excelente), sobre la importancia de los relatos de la barbarie como creadores de sentido para una sociedad. Llevo sólo un tercio del libro, pero te dejo aquí dos citas. Si encuentro más, te iré diciendo.

María nos cuenta que tuvieron que pasar 20 años para que los asesinatos masivos de judíos se conocieran de forma general, y nos relata cómo sucedió:

Primero los historiadores comenzaron el proceso de captación de los episodios concretos en narrativas, las posibles razones para que dicha tragedia se produjera y las particularidades concretas de la política asesina de Hitler. Una vez que las historias de los supervivientes y de los testigos comenzaron a hacerse públicas, aparecieron otros temas para su debate. Durante la década de 1950, la gente comenzó a entender que los judíos europeos habían sido víctimas de un genocidio. El término develatorio utilizado fue «el Holocausto», aunque Raul Hilberg no lo usó en su trabajo histórico La destrucción de los judíos europeos, publicado en 1961. El proceso comenzó por definir una forma para denominar a esa catástrofe y con ello aprehender lo que permitía considerarla como un evento singular. El New York Times utilizó ese término primero alrededor de 1959. Para entonces mucha gente ya había escapado de Europa y sus historias y pérdidas familiares habían comenzado a circular en público (…). Se tuvo que esperar algo más de veinte años para que los asesinatos masivos perpetrados contra los judíos fueran ampliamente conocidos. Este proceso se originó por la forma en que las historias acerca de gente concreta comenzó a producir sus efectos en la conciencia pública (…). La miniserie de televisión que en 1978 dramatizó el Holocausto (llamada precisamente  así) fue el momento decisivo para el despertar colectivo oprque se centró en la historia concreta (ficticia) de la familia Weiss. Las atrocidades nazis fueron gráficamente representadas en esta serie rodada para la televisión y el proceso de su recepción indicó que algo había cambiado en la percepción de la gente acerca de la importancia de este evento histórico. El impacto en la audiencia demostró que el público estaba listo para concentrar toda su atención en dicho tema. Las estadísticas mostraron que esta percepción era adecuada, y a que la serie fue vista por 220 millones de espectadores, contando con que al menos 15 millones de ellos eran alemanes (de la entonces República Federal de Alemania).

En otro pasaje del libro, María Pía Lara nos habla de la búsqueda de una palabra «develatoria», que corre el velo de una verdad social, como ella afirma: la palabra «genocidio»:

Considérese, por ejemplo, la forma en que Raphael Lemkin acuñó el concepto de genocidio. Lemkin ya había escrito Axis Rule in Occupied Europe. Como la respuesta a este libro fue crítica, Lemkin comprendió que debía encontrar una nueva palabra para describir la tragedia que supuso el asesinato de millones de judíos durante el régimen nazi. Antes había utilizado la palabra barbarie para describirlo, pero vio que había muchos otros eventos qeu se podían describir con esa misma denominación y que con esto no podía añadir una nueva dimensión moral a la comprensión de este hecho. (…). Lemkin se dio cuenta de que necesitaba una palabra que no se pudiera utilizar en otros contextos y buscó conscientemente un concepto develatorio que pudiera servir como estímulo reflexivo y conducir hasta la idea de que, al oírlo, debíamos conectar dichas acciones con una reacción de condena que fuera provocada, casi de forma inmediata, al oír que se citaba el episodio histórico en cuestión.

Barack me felicita Acción de Gracias sin una sola mención a Dios

Sí, como si fuera su primo. Aquí está la felicitación (a mi y a los 12 o 15 millones de personas que tienen en red, asunto del que ya te conté).

Luis —

Tomorrow, Thanksgiving Day, Americans across the country will sit down together, count our blessings, and give thanks for our families and our loved ones.

American families reflect the diversity of this great nation. No two are exactly alike, but there is a common thread they each share.

Our families are bound together through times of joy and times of grief. They shape us, support us, instill the values that guide us as individuals, and make possible all that we achieve.

So tomorrow, I’ll be giving thanks for my family — for all the wisdom, support, and love they have brought into my life.

But tomorrow is also a day to remember those who cannot sit down to break bread with those they love.

The soldier overseas holding down a lonely post and missing his kids. The sailor who left her home to serve a higher calling. The folks who must spend tomorrow apart from their families to work a second job, so they can keep food on the table or send a child to school.

We are grateful beyond words for the service and hard work of so many Americans who make our country great through their sacrifice. And this year, we know that far too many face a daily struggle that puts the comfort and security we all deserve painfully out of reach.

So when we gather tomorrow, let us also use the occasion to renew our commitment to building a more peaceful and prosperous future that every American family can enjoy.

It seems like a lifetime ago that a crowd met on a frigid February morning in Springfield, Illinois to set out on an improbable course to change our nation.

In the years since, Michelle and I have been blessed with the support and friendship of the millions of Americans who have come together to form this ongoing movement for change.

You have been there through victories and setbacks. You have given of yourselves beyond measure. You have enabled all that we have accomplished — and you have had the courage to dream yet bigger dreams for what we can still achieve.

So in this season of thanks giving, I want to take a moment to express my gratitude to you, and my anticipation of the brighter future we are creating together.

With warmest wishes for a happy holiday season from my family to yours,

President Barack Obama

Paid for by Organizing for America, a project of the Democratic National Committee — 430 South Capitol Street SE, Washington, D.C. 20003. This communication is not authorized by any candidate or candidate’s committee.

This email was sent to: l.arroyo@asesoresdecomunicacionpublica.com

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El presidente aprovecha magistralmente una festividad esctrictamente religiosa, para enviar un mensaje de unidad y de esperanza, que no tiene ni una coma religiosa. En algún pasaje de Los sueños de mi padre, el primer libro del presidente Obama, él habla de sus dudas (que parecen en realidad negación en el texto) sobre la existencia de Dios. La utilización de jerga religiosa y de símbolos religiosos, desde la toma de posesión, la inscripción «In God We Trust» en el dólar y tantas otras, es un hecho en Estados Unidos. Pero esta cartita de felicitación es una constatación de la convivencia pacífica en Estados Unidos de los símbolos religiosos con un respeto por cualquier creencia. Nadie dice «Happy Christmas (feliz Navidad)» allá. Se debe decir «Happy Holidays (felices fiestas)» (como dice Obama en su mensaje). Para que no se ofendan los no cristianos. Feliz fin de semana.

La Iglesia y el «fin de las ideologías» en Latinoamérica

Si hasta Correa tiene que alabar en público el papel de la Iglesia Católica, reconocerse admirador de Juan Pablo II… Si ni el provocador y esperpéntico Chavez se atreve con la Jerarquía, entonces los principios que mandan aquí, en Latinoamérica, están claros: ni interrumpir el embarazo en ningún caso (el debate ha sido negado en prácticamente todo el continente), ni educación sexual, ni control de la natalidad, ni derechos de los homosexuales, ni igualdad real de la mujer…

Me envía David Redoli (que siempre está pescando joyas en la web), el texto del discurso del presidente de Ecuador, Rafael Correa, en Oxford a finales de octubre.  El tipo se educó en Estados Unidos, no se olvide, y la elitista y sofisticada New Yorker habló de él como el posible Obama latinoamericano (con interrogante, es cierto). Correa explica que el Estado no puede llegar a los que tienen discapacidades graves y que siempre ha creído en el valor cristiano de la caridad. El problema es precisamente cuando esto se entiende como caridad y no como justicia, un marco bien distinto. 

Uno de los problemas de Latinoamérica es que nadie ha roto el monopolio de los valores sustentado por la Iglesia Católica, con un discurso más secular. Son notables excepciones Chile, Argentina y Uruguay. Estoy en Santo Domingo, República Dominicana, y en el Listín Diario publica hoy Fray Junípero Casablanca un artículo («Ni derecha ni izquierda«), que afirma que en este país ya no importan las idelogías. Pues vale: así les va. Da igual todo, la política se convierte en un politiqueo cotidiano sin sentido, los gobernantes llegan pobres y se van ricos, los partidos políticos, con décadas de historia aquí, no se distinguen uno de otro, no tienen fuerza, y el Estado tiene tan poca relevancia que se deja usurpar por la «caridad cristiana».

Pues a mi Carla me gusta

… La puja por una foto de Carla Bruni desnuda, tomada en 1993, se ha quedado sin comprador. Se esparaba cobrar por ella entre 6.000 y 9.000 euros, pero nadie los pagó. En realidad, la foto de Carla Bruni vale exactamente 5.800 euros, que fue lo que alguien pujó por ella. Pero era menos que el precio de reserva.

Puedes ver la foto y la historia aquí.

Sí, vale, no pagaría 6.000 euros por la foto, pero a mi la chica me gusta. Estoy convencido de que tres o cuatro puntitos de la aprobación de Sarkozy vienen de su sensual y elegante esposa.  No parece pensar igual el propio Sarkozy, que, preocupado por su bajísima aprobación (39 por ciento), ha pedido a su esposa que baje el perfil. Los críticos del entorno del presidente dicen que es ella quien está detrás del nombramiento del pedófilo Mitterrand, detrás de la defensa de Polanski, y que tiene al presidente absorto. Demasiado simple, arquetípico y machista para ser cierto ese relato de la pérfida Eva.

Menos Twitter y más televisión

Está todo el mundo pidiendo que le ayudemos a poner en marcha «lo de Obama». Así más o menos describen lo que les gustaría tener en su operación web: millones de personas movilizadas a golpe de click, millones de euros, dólares o pesos recaudados, y millones de mensajes enviados directamente a la gente, sin el filtro de los medios de masas. «Ya me gustaría que tú fueras Obama», pienso yo cuando lo piden…

Hablando en serio, se suscita muchas veces el debate de si es preferible poner el peso en las nuevas tecnologías o más bien en la televisión. Ayer mismo andábamos unos cuantos colegas discutiendo si la prensa escrita es más importante que la televisión o la televisión más importante que la web, que si la radio, que si por aquí que si por allá… Mi opinión ha sido y es siempre la misma, y es muy clara: para las cosas que hablamos aquí y que suelen preocupar a los políticos y los altos funcionarios, es decir, para conformar eso que llamamos opinión pública, la televisión es indiscutiblemente el medio estrella, y cuanto más peso pongamos en la televisión, mejor.

Pues en estas estábamos ayer y me encuentro hoy con un artículo (providencial, diría mi padre) de Charles Kenny (experto en innovación y desarrollo) en el Foreign Policy: «Revolution in a Box». El artículo dice que por mucho que se la intente dar por jubilada, la televisión tienen aún un potencial inmenso en el mundo, y produce efectos muy beneficiosos en el desarrollo y en la difusión de valores positivos. Algunos datos y curiosidades que nos cuenta el artículo, aunque te recomiendo que leas completo el texto:

  • En todo el planeta hay una televisión por cada cuatro personas (lo que hace un total de 1.100 millones de aparatos), pero se calcula que aún quedan más de 150 millones por instalar en los próximos cinco años.
  • En India la mitad tiene hoy televisión. En 2001 era sólo un tercio de la población. En Brasil, hoy la tienen en casa cuatro quintos de los ciudadanos. En algunos países pobres, como Vietnam o Argelia, la penetración es del 80 por ciento. La televisión llega antes que el refrigerador, incluso en muchos lugares del mundo ¡antes que la electricidad!, porque muchos la enganchan a sus baterías portátiles en buena parte del mundo en desarrollo.
  • En 2013 la mitad de la población mundial tendrá acceso a televisión digital: la gente disfrutará de muchos más canales. Como todo el mundo sabe, eso nos lo pone más difícil a los comunicadores, porque la audiencia estará mucho más fragmentada (en Estados Unidos la media de canales que se ven en un hogar es 113); aún así, la atomización no es ni mucho menos tan grave como la que afecta al mundo de los internautas.
  • En una análisis de 97 países, resultó que el 60 por ciento de los canales relevantes eran propiedad del Estado. El 30 por ciento era propiedad de empresas familiares.
  • La programación promovida por los gobiernos (desde programas educativos como la cría del cerdo en China, a experimentos como el pintoresco Aló Presidente de Chávez en Venezuela), están a la baja. La gente en todo el mundo prefiere en este orden el deporte, los reality shows y las telenovelas y teleseries. House es hoy líder en el mundo: 82 millones de personas de 66 países la ven.
  • Se ha demostrado que la televisión ayuda a controlar la natalidad, no porque no haya nada mejor que hacer que ver la televisión, que es más que dudoso, sino por los valores que la televisión transmite. Por ejemplo, en un análisis en Brasil, se observó que el 70 por ciento de las mujeres que aparecían en las teleseries no tenían hijos, y un quinto estaba divorciada, en un país con una altísima – pero descendente – tasa de natalidad. En las zonas en que se iban expandiendo las teleseries de Globo, la principal cadena de televisión, iba cayendo antes la tasa.
  •  En otra investigación se llega a la misma conclusión: la televisión hace descender la tasa de natalidad, pero, además, incrementa en cinco años el tiempo que las niñas permanecen en el colegio, refuerza la autonomía de las mujeres, e incrementa las tasas de divorcio.
  • La televisión reduce también el consumo de drogras entre niños y adolescentes del mundo en desarrollo.
  • Los programas educativos tienen efectos tangibles. El programa Telesecundaria, emitido en el México más rural y remoto, eleva los estándares educativos de los 700.000 niños que lo ven.  
  • La televisión moviliza en las catástrofes y agita conciencias en las guerras, porque sugiere al vidente que estamos en un mundo global e interconectado. Recordemos las movilizaciones mundiales contra la Guerra de Irak y el sentido de pertenencia a una comunidad global que muchos tuvimos. O la movilización internacional de apoyo a Indonsesia tras el tsunami, por poner otro ejemplo.
  • La competencia mundial entre conglomerados puede ayudar a una visión del mundo menos sesgada. El hecho de que BBC o CNN estén expandiéndose en Oriente Medio, y Al Jazeera en Occidente, ayudarán sin duda a una comprensión mejor de uno y otro lado.

Kenny termina el artículo con una predicción esperanzadora:

«En un futuro no muy lejano, es muy probable que el mundo esté viendo 24.000 millones de horas de televisión al día – una media cercana a las cuatro horas por habitante. Seguro que alguna de esas horas se podría utilizar en cosas mejores, como plantar árboles, ayudar a las viejecitas a cruzar la calle, o a jugar al cricket, puede ser… Pero ver la televisión pone a la gente ante nuevas ideas y gente diferente. Y ello conlleva mejora de las oportunidades, mayor igualdad, una mejor comprensión del mundo, y una nueva apreciación de las complejidades de la vida para una aspirante a estrella del pop en Afganistán.»

PD: Querido Melvin, un placer estar contigo aquí en Dominicana, en este hermosísimo país tuyo.

Cómo subir los impuestos sin enfadar al personal

Se suscita aquí en Río de Janeiro, entre directores de comunicación y portavoces de bancos centrales y ministerios de Economía de America Latina, la pregunta de cómo se puede explicar a los ciudadanos «una reforma fiscal». Es decir, cómo se pueden subir los impuestos sin que se enfaden. Improviso una respuesta y, ahora más relajado, antes de tomar mi avión, la dejo aquí algo más elaborada.

Hay que decir primero que Europa tiene una presión fiscal que es el doble que la de América Latina: más menos un 40 por ciento del PIB sería la presión en Europa, frente a un 20 por ciento que corresponde a América Latina. Claro que eso parecerá muy bueno para los latinoamericanos y muy malo para los europeos. Al contrario: los expertos explican que sin un 30 por ciento de presión fiscal mínima, no hay posibilidad de construir un Estado que funcione de verdad: educación, sanidad, infraestructuras, instituciones… Si es necesario – y lo es, y de de hecho está sucediendo ya – subir los impuestos en América Latina, ¿cómo hacerlo? Cuatro ideas:

Hay que explicar primero que tenemos un problema. Las políticas deben explicarse. No vale aplicar iniciativas sin más. Expliquemos que tenemos algo pendiente de pagar. Comparemos nuestras cifras con las de otros países de la región y, quizá, con otros países europeos. Toda esta explicación tomará seguro meses, pero serán meses bien invertidos. Contemos con expertos, con terceros, con opinantes. Si no explicamos el problema, la gente no entenderá la solución.

No pongamos toallitas calientes. No creo que sea bueno disimular. Digamos las cosas como son. No más, pero tampoco menos. La mayoría de la gente lo entiende muy bien. Cuesta pagar impuestos, pero la gente entiende su sentido.

Expliquemos qué vamos a pagar con el extra. Demos a los impuestos un sentido finalista. Funciona bien «el céntimo sanitario», incluso la «tasa turística», o similares. La gente sabe que paga un céntimo más por su gasolina, pero sabe que es para financiar la sanidad; o que paga un euro al entrar en una isla, pero sabiendo que es para proteger el medio ambiente. Demos un sentido directo y concreto al «sufrimiento» de pagar.

Reforcemos el control de las evasiones de manera ejemplarizante. Lo que a los argentinos o los mexicanos o los colombianos les enfada, lógicamente, es que sus gobernantes no eviten que los ricos (y todos los demás) evadan sus responsabilidades. Si durante una reforma fiscal se lleva ante los jueces a un par de evasores notables, eso tiene un efecto directo sobre la opinión pública (en España aún recordamos a Lola Flores pidiendo «una pesetita de cada español para poder pagar a Hacienda»).

Demos las gracias. A mi nunca me ha dado las gracias nadie por pagar impuetos, y me gustaría. Me gustaría que me trataran algo mejor en los papeles que me envían, en las comunicaciones que recibo…. ¿Será tan difícil decir a los ciudadanos «gracias» por su solidaridad y explicarles, en dos o tres grandes cifras, a qué se destina su dinero?

Por cierto, aunque los latinoamericanos pagan la mitad que los europeos, no creas que saben lo que pagan. De hecho, les parece mucho. Es curioso que tanto en Estados Unidos, que tiene una presión del 25 por ciento aproximadamente, como en la Unión Europea y como en Iberoamérica, con presiones fiscales tan distintas, más o menos coincida en el 80 por ciento el porcentaje de los que creen que «pagamos demasiados impuestos». La gente no sabe lo que paga y lo que paga siempre le parece mucho. En Suecia, y en México.

Buen fin de semana.

Manuel Castells se me queda en el avión

Con dos o tres más (Linz, Navarro), Manuel Castells es uno de nuestros pocos sociólogos/politólogos prolíficos y triunfantes en EE.UU. Al venir para Río de Janeiro a una cosa del Banco Mundial de comunicación tras la crisis, con directores de comunicación de ministerios de Hacienda y bancos centrales, me he encontrado en el aeropuerto el último libro de Castells: «Comunicación y poder» (Alianza).

Es un libro variopinto, demasiado teórico y, a pesar de tener 600 páginas, sinceramente, poco suculento. Una sesuda descripción del poder, demasiada obsesión con el asunto de sociedad red, recurrente para Castells, y una mezcla de cosas a mi modo de ver poco consistente. En fin, con perdón del maestro, no me ha dolido mucho habérmelo dejado en el avión. Voy a cenar y a tomar una copa con mis socios. Al venir dormiré terminando «40 more years», un panfleto divertido de James Carville, que despelleja a los republicanos de Bush. Menos sesudo y más adecuado al clima tropical que me acoge.

De Eisenhower a Zapatero, una breve historia gráfica

A Javier Valenzuela, amiguito del alma (no sé si tanto como Camps de Correa) y director adjunto de El País, quizá no le guste que lo diga, pero el colega se ha tomado un mes sabático para hacer su próximo libro, sobre la curiosa fauna de los tertulianos. Me dice que le va a faltar tiempo.

Olvidé hace un mes colgar aquí su excelente «cuarta página» sobre la fuerza de las fotografías en las relaciones internacionales, en particular de España con Estados Unidos. Como las fotos no caben en su artículo, te dejo aquí las que he encontrado sin mucho esfuerzo.

Un elegante recorrido por photo opportunities como la foto de los pies sobre la mesa del inefable Bush y Aznar encantado de conocerse, la famosísima foto de las Azores, y antes la foto del abrazo de Franco y Eisenhower e 1959 y de Reagan y González en 1985. Valenzuela menciona también la foto de la Conferencia de Paz en Oriente Medio en Madrid (recuerdo el lío porque yo trabajaba en Sigma Dos, muy cerca del Palacio Real), promovida por Felipe González, en 1991. Luego Marta Sánchez cantó  a los «soldados del amor» en aguas del Golfo, en una imagen televisiva que no olvidaremos los que la vimos. 

Y así hasta la primera vez en que Zapatero y Obama se encontraron, su primer encuentro bilateral en Estambul (Sonia Sánchez tiene un blog que desconocía), o la superdistribuida foto que pretendía ser privada, de las dos familias, Obama y Zapatero, en la Casa Blanca, con el particular atuendo de las adolescentes Alba y Laura (en 2001 eran una niñas riquísimas bailando el Aserejé en el despacho de su padre en el Congreso); sobra colgar la foto aquí después de tanto facha haciendo bromitas con la vida privada de dos jóvenes, sean góticas, románicas o renacentistas.

Gracias, Javier, y ánimo con el libro.